sábado, 11 de diciembre de 2010

Preparación para enfrentar el estrés debería formar parte de planes de prevención en el área de salud

“Estrés, estrés, estrés, una palabra que está en boca de todo el mundo, sin embargo, ¿estamos conscientes del impacto para el sistema inmune, y por lo tanto para la salud, de un estrés crónico que se viva con depresión, tristeza, desesperanza y miedo?” Esta es una frase de la Dra. Marianela Castés, fundadora y directora de Creando Salud, una organización venezolana integrada por un equipo transdisciplinario de especialistas en inmunología e inmunología clínica, medicina, psicología, psiquiatría, nutrición y terapia psicocorporal, quienes han venido trabajando juntos desde hace 15 años (inicialmente como Fundasinein) en pro de la divulgación, la docencia e investigación y las metodologías terapéuticas integrativas basadas en la Psiconeuroinmunología (PNI).

Según la química-inmunóloga, “originalmente el estrés fue definido en términos biológicos como la reacción no específica del organismo a cualquier exigencia que se le haga. Es normal y hasta deseable que los mamíferos superiores tengamos un sistema que nos permita dar una respuesta rápida y eficaz ante cualquier alteración del medio ambiente que ponga en peligro la sobrevivencia, lo que se conoce también con el nombre de respuesta de lucha y huída. Sin embargo, hoy en día, las personas están sometidas a otro tipo de estrés que tiene que ver con aspectos emocionales, el cual produce los mismos cambios en el organismo pero con el agravante de que permanecen en el tiempo”, como es el caso del estrés ante un desastre natural.

El estrés emocional cambia la química del cuerpo “Cuando las personas perciben que las circunstancias de la vida han superado su capacidad para enfrentarlas sufre un estrés emocional que afecta al sistema inmune al ser procesado por una vía neuroendocrina, a nivel de la corteza cerebral en el sistema límbico, lo cual activa el eje Hipotálamo-Pituitaria-Adrenal con producción de diversas hormonas, entre ellas la ACTH, la cual estimula en las glándulas suprarrenales la producción de los glucocorticoides, entre ellos el cortisol. Todos los experimentos hechos in vivo o in vitro demuestran que en presencia de cortisol hay supresión de la respuesta inmune”, explica Castés.

Es así como los deprimidos crónicos cursan con altos niveles de esta hormona y se enferman más de enfermedades infecciosas y también de cáncer, como lo demuestran muchos estudios epidemiológicos. Por la vía autonómica, la vía eléctrica, en respuesta a un estrés físico, se producen catecolaminas (adrenalina y noradrenalina). La adrenalina también es un fuerte supresor de la respuesta inmune cuando el estrés es crónico. Este es el tipo de estrés que padecen los ejecutivos, los corredores de bolsa o las personas altamente competitivas.

Estudio de caso: Sistema inmune en desastres naturales “Para entender este aspecto, explica Castés, nos basaremos en los resultados de una investigación pionera realizada por el Dr. George Solomon (1998) en la que se relaciona estrés, emociones y respuesta inmune. El estudio consistió en la evaluación psicológica, emocional e inmunológica de 68 personas afectadas por el terremoto de Los Angeles, en 1994. La evaluación comenzó a los 11 días de ocurrido el terremoto y culminó 4 meses después. En dicho estudio se evaluó el trastorno objetivo de la vida de las personas en término de pérdidas concretas causadas por el terremoto, como por ejemplo: la pérdida de un familiar, de la vivienda, o del vehículo, la destrucción del colegio de los niños, o la del sitio de trabajo, entre otros. También se evaluó la reacción emocional frente al terremoto (alexitimia) que no es otra cosa que un déficit en el procesamiento de las emociones. Finalmente se realizó una evaluación de la capacidad de la respuesta inmune en función del tiempo.

Los individuos fueron ubicados en diversos grupos según el tipo de respuesta obtenida. Así, el grupo conformado por individuos que habían tenido un alto trastorno de la vida diaria medido por la prueba especificada anteriormente, fue comparado con el de aquellos que habían tenido poca o ninguna pérdida. También se pudieron diferenciar otros dos grupos: los que experimentaron una alta respuesta emocional (distrés) y aquellos que tenían un bajo disturbio emocional. En estos diversos grupos se midió su capacidad de afrontamiento inmunológico frente al terremoto.

El primer grupo, integrado por personas con bajo distrés y bajo trastorno de la vida constituye el grupo control normal. En estas personas la respuesta inmunológica es normal o ligeramente elevada, lo cual sirve de línea de base para compararla con los otros tres grupos. En el segundo grupo caracterizado, por personas con alto distrés y bajo trastorno de la vida, se observa una disminución de la respuesta inmune. A este grupo pertenecen las personas que se preocupan por todo y aunque en este caso el terremoto no las haya afectado materialmente, aún así tienden a magnificar las situaciones, lo cual cursa con una disminución de la respuesta inmune. En el tercer grupo, compuesto por personas con bajo distrés y un alto trastorno de la vida, en un principio pudiéramos pensar que debiera observarse una respuesta inmune elevada o por lo menos normal; sin embargo, se observó todo lo contrario puesto que es el grupo que tiene la respuesta inmune más baja. A este grupo pertenecen las personas que tienen dificultad para expresar sus emociones, que son auto-controladas, estoicas, o que simplemente niegan las circunstancias que están viviendo. Finalmente el cuarto grupo, integrado por individuos que están en alto distrés porque efectivamente tuvieron un alto trastorno de la vida por causa del sismo, paradójicamente, mostró una respuesta inmune normal, similar al grupo control. En este caso las personas están expresando una respuesta emocional elevada, acorde a las pérdidas que tuvieron que enfrentar como consecuencia del terremoto.

La conclusión más importante de este trabajo es que se debe expresar la emoción adecuada a las circunstancias que se están viviendo. Si usted tiene un distrés emocional porque algo serio le está ocurriendo en la vida, el sistema inmune lo entiende y colabora para que no se enferme, activando su respuesta. Así que cuando alguien le diga, tienes que tener pensamiento positivo y no puedes estar triste, porque sino el sistema inmune se te deprime, no le crea. Exprese sus emociones sanamente, es decir, experimentando lo que siente de acuerdo a las circunstancias que está viviendo.

Qué hacer en momentos de crisis. “En general en Venezuela tenemos poca cultura en el área de prevención, que es el escenario ideal a manejar: que todos aprendiéramos desde niños a conocer el sistema inmune, cómo protegerlo y activarlo. En Creando Salud hemos desarrollado herramientas de imaginación guiada (varios CD´s de diferentes temas y “Guardianes del cuerpo”, un video especial para niños , jóvenes y educadores) que están a disposición del público por un precio muy módico. También trabajamos contantemente la divulgación y formación de PNI mediante nuestros talleres (el último del año es el próximo sábado 10 de diciembre). En cuanto a una crisis que se presente de improviso lo indicado es solicitar asistencia psicológica y apoyo psicosocial, áreas en las que también contamos con un buen grupo de especialistas y en la que trabajamos en alianza con otras ONG y sociedades médicas, como la Sociedad Venezolana de Psiconeuroinmunlogía”, informa Castés.




Autora Esperanza Castillo Ocando
Fuente
http://www.enoriente.com
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