lunes, 29 de noviembre de 2010

DEFINICIÓN DE ESTRÉS

La primera vez que se utilizó el concepto estrés, fue en un trabajo realizado en 1.936 por Hans Selye. En él se define el estrés como: "una respuesta no específica del cuerpo a cualquier requerimiento. Se desarrolla como reacción a un estímulo llamado stressor e implica un proceso de adaptación que se manifiesta mediante cambios en los niveles hormonales".
Basándose en esta definición, Esteve pone de manifiesto la dimensión biológica del estrés, es decir, el ser humano como un todo responde orgánicamente, con cambios en el organismo a todo estresor que incide sobre la persona.
Trianes, 2002, en el libro “Estrés en la Infancia” afirma: El concepto de estrés implica al menos cuatro factores:
Presencia de una situación o acontecimiento identificable.
Dicho acontecimiento es capaz de alterar el equilibrio fisiológico y psicológico del organismo.
Este desequilibrio se refleja en un estado de activación marcado por una serie de consecuencias para la persona de tipo neurofisiológico, cognitivo y emocional.
Estos cambios, a su vez, perturban la adaptación de las personas”.
Si se analiza todas estas definiciones el estrés se produce en la persona, que como un todo unitario responde a un estímulo, tanto interior como exterior, pero ese estrés no se mide directamente como el peso o masa, sino que el organismo responde alterando su funcionamiento y esta alteración produce unas síntomas internos y externos que definen el estrés. Por lo tanto, las definiciones dadas sobre ese concepto se podrían agrupar en tres enfoques:
1º estrés como estímulo.
2º estrés como respuesta
3º enfoque interactivo
En primer lugar, se define el Estrés como estímulo o condición ambiental cuando se dedica a identificar las diferentes fuentes de presión que inciden en las personas y al estudio de las respuestas fisiológicas, cognitivas, y conductuales consecuencias de dicha presión. Ejemplo de eso sería el trabajo excesivo, responsabilidad alta en un acontecimiento, etc.
Si se considera como respuesta se define el Estrés como los indicios de tensión, es decir, son las respuestas psicofisiologicas y conductuales las que definirían el estrés .Se refiere a las alteraciones en los sentimientos, emociones, comportamientos
Y por último, el enfoque interactivo trata de integrar las dos posturas anteriores y se define como la interacción del individuo con el medio, es decir, en la valoración que el sujeto hace de la situación. Esta postura es la más aceptada en la actualidad y casi todos los autores actuales siguen este enfoque.
Estos enfoques expuestos anteriormente permiten definir el estrés como una respuesta adaptativa ante un estímulo exterior es decir, como una herramienta del individuo para superar determinadas situaciones, y en sus primeras etapas de desarrollo, una reacción positiva. Así en 1986 Lazarus y Folkman lo consideran como “Una relación particular entre el individuo y el entorno
Todos los seres vivos, incluido los seres humanos, responden bioquímicamente a su ambiente como mecanismo universal de adaptación al medio circundante, y en ocasiones la demanda exterior se percibe como una amenaza o con la sensación de peligro. Los humanos, además de esta respuesta como ser vivo, también responden psicológicamente y en algunas ocasiones no se dispone de recursos por lo que las respuestas de estrés son intentos fallidos del organismo por adaptarse a las condiciones externas del ambiente o tratar de cambiarlo.
Sin embargo, el estrés no es ni bueno ni malo, porque esa respuesta que da la persona es necesaria para mantenerse en alerta, necesaria para muchos individuos en su vida; sólo cuando se dan las condiciones de no poder responder a las exigencias físicas o psicológicas, y se producen alteraciones no deseadas en la persona se habla de estrés en sentido de malestar.
En la revista de Ciencias Sociales, (2003) en el volumen 9, en el artículo : “Estrés en docentes universitarios” de Marhilde Sánchez de Gallardo y Luz Maldonado Ortiz, afirman: “… la consideración del estrés como negativo, cuando se experimenta excesiva cantidad, durante un periodo de tiempo demasiado largo y puede traer consecuencias conductuales (absentismo, rotación, accidentes, abuso de sustancias); cognitivos (toma de decisiones deficientes, falta de concentración, negligencia); fisiológicas (tesión arterial, colesterolemias, cardiopatías).

3. ESTRÉS LABORAL
El estrés laboral, según Mc Grath, es un desequilibrio sustancial (percibido) entre la demanda y la capacidad de respuesta (del individuo) bajo condiciones en las que el fracaso ante esta demanda posee importantes consecuencias (percibidas).
El principal síntoma del estrés laboral es la percepción de estar viviendo una situación que le supera y que no puede controlar. Esta situación puede llegar a impedir realizar correctamente su trabajo.
Norfolk (2000) describe el estrés como un ingrediente inevitable de la vida, similar al hambre o a la sed. Esta afirmación supone que todos tenemos estrés, el problema surge cuando esa tensión producida en el organismo ante un estímulo es negativa y agobia a las personas. Toda persona tiene un nivel de ansiedad que mejora el rendimiento y por encima de ese nivel pueden surgir consecuencias perjudiciales.
Los estudios realizados por Levine (1.975) y presentados por Esteve (1.994), señalan tres etapas en el proceso de manifestación del estrés.
Estas tres etapas, señaladas por estos autores, son:
Fase de alarma como una etapa de incertidumbre y de confusión. En ella se plantea la situación de estresante y el individuo debe movilizar mayor energía para pode afrontar la situación.
Fase de resistencia en la que el organismo pone en marcha mecanismos biológicos para superar la crisis. Si la amenaza es constante, se puede producir la rotura de ese equilibrio que se consigue con los mecanismos puestos por la persona para contrarrestar la crisis.
Fase de agotamiento en la que el organismo ya no puede mantener respuestas adaptativas y puede dar lugar a alteraciones fisiológicas que pueden derivar en importantes daños patológicos.
Si hablamos de mecanismo de afrontamiento de estrés y de respuestas producidas por el individuo, es necesario tener en cuenta la individualidad, ya que cada persona responde de manera distinta ante un mismo estimulo. Por ello, Esteve, en 1.994 afirma que al hablar de estrés hay que considerar la existencia de respuestas individuales. Ivancevich y Mattteson (1995) señalan que los estresores individuales están asociados directamente al papel que se desempeña o a las tareas asignadas en la organización laboral

Efectivamente, el informe "El Estado de la seguridad y la salud ocupacional en la Unión Europea", publicado por la Agencia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo, afirma que casi un tercio de la muestra de los/las trabajadores/as utilizada en el estudio sufre de estrés y que el ámbito dónde son prioritarias medidas urgentes preventivas es el psicosocial, y en particular, el estrés.

¿QUÉ ES EL ESTRÉS LABORAL DOCENTE?
Eloisa Guerrero Barona de la Facultad de Psicología. U.N.E.D. escribe que la primera motivación a la hora de escribir sobre la salud mental del profesorado es instar a las administraciones educativas a que se fomenten y financien investigaciones rigurosas sobre el tema del estrés. Hoy, en el momento actual, los docentes están sometidos a grandes presiones en su trabajo por múltiples causas, y estas tensiones afectan negativamente a este colectivo, convirtiéndose que es una de las causas más frecuentes de las bajas profesionales por enfermedad.
La investigación sobre malestar docente realizada por el profesor de Psiquiatría Seva Diaz (1986) destacó el alto porcentaje de inadaptación del profesorado de Bachiller y universitario, estando más desajustado psicológicamente que la población general. Es cierto, que se producen consecuencias disfuncionales, como tensión muscular en el cuello, dolor de cabeza, irritabilidad, cambios en el estado de animo, agotamiento, ansiedad, falta de motivación en todos los colectivos, pero las estadísticas de los éltimoa años vienen a corroborar la anteriormente expuesto.
En el informe de la OIT (1993) "El trabajo en el Mundo” se reconoce que el estrés y el síndrome de burnout no son fenómenos aislados, sino que ambos se han convertido en un riesgo ocupacional significativo de la profesión docente, que afecta de manera muy particular al profesorado según ilustran los datos que a continuación se detallan:
• En el Reino Unido, el 20% del personal docente padece problemas de ansiedad, depresión y estrés.
• En EE.UU. el 27% de los educadores investigados han padecido problemas crónicos de salud como consecuencia de la enseñanza. El 40% reconoce tomar medicamentos a causa de problemas de salud relacionados con su trabajo.
• En Suecia se llegó a la conclusión de que el 25% de los educadores están sujetos a tensión psicológica, en un grado que puede ser considerado de alto riesgo.
• En nuestro país la investigación sobre la salud de los profesores no se ha abordado como tal ni de manera unitaria.
¿Pero que es el estrés docente? Se han dado múltiples definiciones entre las que vamos a señalar la de Kyriacou y Sutcliffe (1978), el estrés del profesor se define como aquella experiencia de emociones negativas y desagradables, tales como enfado, frustración, ansiedad, depresión y nerviosismo, que resultan de algún aspecto de su trabajo y que van acompañadas de cambios fisiológicos y bioquímicos (Muchinsky, 2000).
Toda situación de estrés laboral puede estar generada por:
- Una respuesta ante las presiones o tensiones a las que se ve sometido el profesional.
- Un estímulo que alerta de situaciones indeseadas.
- Un desequilibrio entre las exigencias del puesto de trabajo y las capacidades individuales.




Extraído de
Cómo afrontar el estrés docente
Autora
Pilar Sanchez
Fuente y trabajo completo en:
http://pisaal.blogia.com/2010/112601-investigacion-sobre-estres-docente.-datos-de-la-investigacion.php

domingo, 28 de noviembre de 2010

SINDROME DE BURNOUT

El síndrome de Burnout, es una de las consecuencias más documentadas hoy día, también llamada, síndrome de "estar quemado/a" (SEQ). Se define el término burnout, término anglosajón cuya traducción más próxima al castellano es desgastado, exhausto, pérdida de ilusión por trabajar, "quemado", en términos coloquiales.

Guerrero, 1997, escribe: "la historia sobre burnout es reciente porque a Europa no llega a estudiarse hasta entrados los años 80, aunque desde entonces han sido múltiples las líneas de investigación surgidas y todas coinciden en afirmar que en el desgaste psíquico están implicados factores que van desde los personales y el contexto organizacional, hasta aquellos relacionados con la formación académica (exceso de contenidos teóricos y escasas actividades prácticas) que estos profesionales reciben en escuelas o centros universitarios".


Se trata de una respuesta múltiple derivada de un estrés emocional crónico y que cursa con: agotamiento emocional y psicológico, actitud fría y despersonalizada con los demás, y sentimientos de no adecuarse a las tareas a desarrollar. La persona efectivamente siente que no puede ofrecer nada a nivel afectivo, presenta falta de energía y recursos emocionales. Se suele dar entre los trabajadores docentes, y cuando decimos que el profesional está quemado queremos expresar que la situación le ha desbordado, y su capacidad de adaptación ha quedado reducida.
Bardo P. en 1979;  Alvarez y Fernández, en 1991 y Guerrero y Vicente, en 2001 afirman que entre los efectos del burnout se pueden destacar consecuencias tanto desde el punto de vista profesional (impuntualidad, abundancia de interrupciones, evitación del trabajo, absentismo, impuntualidad, falta de compromiso en el trabajo, un anormal deseo de vacaciones, una disminución en la autoestima, así como una incapacidad para tomarse a la escuela en serio, e incluso al abandono de la profesión); y por ende económico, como desde el aspecto humano  Las personas afectadas parecen presentar una mayor vulnerabilidad a padecer accidentes laborales, síntomas médicos (como depresión, hipertensión, alteraciones de tipo gastrointestinal…), pérdida de la voz e incluso abuso de drogas, incluyendo el tabaco. También influye en el rendimiento académico del alumnado.


Kyriacou, en 1987. afirma que aunque el estrés ocupacional no es específico del profesorado, diversos estudios muestran que el burnout es un problema más importante en la profesión docente que en otras profesiones con similares demandas académicas y personales.


El colectivo de la enseñanza constituye uno de los principales afectados por la depresión, la fatiga psíquica, el estrés y otras dolencias psíquicas o derivadas de ellas, como el denominado síndrome del quemado o burnout.


El modelo de burnout más utilizado en los estudios sobre profesores es el modelo trifactorial de Maslach. Maslach y Jackson (1980, 1981, 1985 y 1986). Afirman que el burnout es un síndrome de Agotamiento emocional, Despersonalización y bajo Logro o realización personal en el trabajo.

Cansancio emocional , la sensación de no poder dar más de sí mismo a los demás, manifestándose por la pérdida de energía, el agotamiento físico y/o psicológico y la fatiga.


Despersonalización, actitud especialmente fría y distante hacia los "clientes" que actúa como mecanismo de defensa para protegerse del sentimiento negativo propio del agotamiento emocional, anteriormente comentado. A través de este mecanismo trata de distanciarse de los miembros del equipo de trabajo mostrándose irritable, irónico e incluso utilizando etiquetas despectivas para aludir a los clientes o usuarios. Esta actitud es una forma de aliviar la tensión experimentada restringiendo la intensidad de relación con los demás para adaptarse a la situación.


Sentimiento de inadecuación profesional y personal al puesto de trabajo, que surge en estos profesionales al verificar que las demandas laborales exceden su capacidad para atenderlas de forma efectiva y competente.


 Los principales síntomas del quemado no aparecen de golpe, forman parte del proceso de desgaste laboral; entre ellos destacan la irritabilidad y repentinos cambios de humor, cansancio crónico y falta de energía, percepción desproporcionada de los propios errores e incapacidad para ver los éxitos laborales, ausencias injustificadas al trabajo, insomnio... Estos síntomas forman parte de una larga lista de dolencias que dan lugar al círculo vicioso del estrés laboral.


El profesorado no recibe ninguna formación específica ni ninguna preparación psicológica para enfrentarse a la desmotivación del alumnado y a la falta de recursos para solucionar los problemas de grupo. De ahí que la impotencia para solucionar los conflictos cotidianos cause problemas psicológicos y tensión laboral. Junto a ello, las malas condiciones educativas y la falta de reconocimiento social de la tarea del docente inciden de manera determinante en el bienestar de los profesores.



 



Extraído de

Cómo afrontar el estrés docente

Autora

Pilar Sanchez

Fuente y trabajo completo en:

http://pisaal.blogia.com/2010/112601-investigacion-sobre-estres-docente.-datos-de-la-investigacion.php

 

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Salud Mental: los más afectados son docentes, médicos y policías

Estas tres profesiones asistenciales son las que padecen más enfermedades psicosociales. Las causas son la sobrecarga horaria, las presiones y "los roces" con los compañeros de trabajo. Ésta fue una de las conclusiones de una jornada que realizó el Colegio de Médicos de Santa Fe.

Ester es una docente con muchos años frente al aula y no sabía cómo explicar lo que sentía cada vez que se encontraba con sus alumnos: no tenía la energía para hacer su rutina laboral como todos los días, estaba desmotivada y se mostraba sin interés por algo que antes la estimulaba y daba sentido a su vida.


Las presiones, la sobrecarga de responsabilidades y los roces con sus compañeros de trabajo habían sido suficientes para completar ese panorama. Cuando consultó a su médico, le dijo lo que pensaba: padecía estrés laboral.


La docencia -al igual que el área de seguridad y de la salud- es una de las profesiones que tiene más incidencia en la afectación de la salud mental por cuestiones laborales, según alertó el Dr. Eduardo Goldberg, médico psiquiatra, quien recientemente tuvo a su cargo de la Jornada de Salud Mental Laboral, organizada por el Colegio de Médicos de la provincia. Incluso, aseguró que Santa Fe es la primera ciudad de la provincia con más ausentismo laboral docente por salud mental.


Goldberg explicó que los trabajos asistenciales no son iguales a los de oficina. "Como hay un involucramiento humano no es muy fácil cortar; entonces, el estrés se sostiene y, cuando aumenta, pasa a denominarse distrés. Esto sucede cuando el estímulo es demasiado potente y depende de la vulnerabilidad de la persona. Gesta una patología ocupacional con un trasfondo de estrés, con complicaciones como los trastornos de ansiedad", analizó el especialista, que es auditor del Pami Santa Fe y se desempeñó en las Juntas Evaluatorias de Salud Laboral dependientes del Ministerio de Educación provincial.


Viciado y enfermizo

Tras aclarar que, "antes, en los docentes ganaban más terreno las patologías orgánicas, como las otorrinolaringológicas (disfonías), las cardiopatías o las osteoarticulares", mencionó que en la actualidad la situación ha cambiado y que se advierten en ellos -al igual que en las otras profesiones mencionadas- las denominadas enfermedades psicosociales.


"Parten de un desequilibrio en la comunicación entre los integrantes de una comunidad, cuando se corre del terreno de la salud al de la enfermedad, y se transforma en un ámbito viciado y enfermizo, y empiezan a sufrir tanto el cuerpo como la mente del que está involucrado", planteó.


Al respecto, aseguró que "también puede haber una manifestación de tipo depresiva, con la desmotivación o incapacidad de tener la energía suficiente para enfrentar una determinada rutina laboral. Si había vocación y se perdió, se demuestra en falta de interés. Antes, ese trabajo era el cable a tierra de esa persona y, luego, pierde el sentido, el eje. Es como si al médico le molestara estar con sus pacientes. Se empieza a sentir rechazo por lo que antes atraía".


Goldberg aseguró que el desequilibrio se instala como una situación de estrés sostenido. "Si partimos de que se supone que al trabajo lo hacemos vocacionalmente, porque nos gusta (si no, estamos mal predispuestos), comienza a evidenciarse una desmejoría en la actividad; se pierde placer y gana terreno el dolor, motivo que lleva a analizar por qué se da esto", advirtió.


Ir a las raíces

Por último, el profesional aconsejó que, "si uno llega a este tipo de situación límite, se pueden dar dos alternativas: afrontar la situación o evitarla. Si no hay recursos para solucionarla, no te queda otra solución que correrte y evitar el estímulo por una cuestión de supervivencia (por eso existe la licencia, el alejamiento laboral). Pero esto no soluciona del todo el problema, si no sólo por un tiempo, para refrescar la cabeza; sin embargo, cuando esa persona vuelve a su ámbito laboral, se encuentra con la misma situación o peor".


En este sentido, el especialista planteó que "hay que solucionar la raíz del problema, pero también hacer prevención, acercándose a esas situaciones problemáticas y tratar de entenderlas para ver qué pasa y aportar soluciones. Para eso, hay que organizar un sistema de recursos humanos (desde los jerárquicos hasta los más básicos) que se comprometan a sanear esa institución. Lo ideal sería tener mediadores, por ejemplo".


Una de las conclusiones de Goldberg fue que, para que "los soldados que están en la trinchera (docentes, médicos, policías) se sientan mejor, deben estar dirigidos por "generales’ de calidad, que respondan con responsabilidad ante una determinada situación, sin mirar para otro lado y dejándolos solos. Por eso, las esferas jerárquicas deberían recibir capacitación para saber cómo desarrollar habilidad social y, luego, se deben aplicar recursos de organización, que incluyan cómo disponer de los tiempos de manera de hacer prevención de sobrecarga de trabajo en algunos empleados, sin entrar en el facilismo".


Cable a tierra

"Ante el desequilibrio laboral nos debemos calibrar", recomendó el Dr. Eduardo Goldberg, y propuso algunas actividades: "Si hay mucha tensión, tenemos que distendernos (a través de la relajación o la actividad física); si pasó la tormenta, hay que tratar de gestar en esa persona habilidades para comunicarse, promover las buenas relaciones; en los directivos, se deben promover los incentivos y reconocimientos, de manera de tener la capacidad de reconocer al otro; no significa desembolso monetario, sino saber escucharlo y ponerse en el lugar del otro. También tenemos que tratar de corrernos del pensamiento emocional y que sea más analítico: esto se consigue con psicoterapia".


Y dejó otro consejo: "Fortalecer la autoestima para que esa persona se autorrespete y se haga respetar. Si uno demuestra debilidad o falto de autocariño, el otro lo va a notar y lo va a usar porque es la víctima ideal. Tenemos que tratar de optimizar nuestro tiempo de ocio. Cuando uno está alterado, en situaciones de estrés, todo lo quiere ya y no es así. Hay cosas que se pueden postergar y dar prioridad a las más importantes. Tenemos que dedicarnos más tiempo a nosotros mismos (tanto en lo físico como lo mental, o en darnos nuestros gustos) para poder responder a las necesidades de los otros".


Lo que no tiene que pasar en el trabajo


Alerta. En un ámbito laboral viciado y enfermizo se comienzan a presentar las siguientes manifestaciones.

Desequilibrio. En la comunicación entre los miembros.

Fatiga. Que puede ser física o psíquica.

Estrés ocupacional. Cuando llega a un nivel máximo de intolerancia produce una sintomatología somática y psíquica importante, y produce el síndrome del "burn out" (quemado).

Hostigamiento o acoso laboral. Ocurre en forma personalizada, cuando una persona de jerarquía abusa de esa posición de poder. Las víctimas, en general, suelen tener una personalidad débil y manipulable


De la redacción de El Litoral

http://www.ellitoral.com

lunes, 15 de noviembre de 2010

EL BURNOUT DE LOS PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA UNA REALIDAD A EXAMEN

En las últimas décadas existe un notable consenso entre teóricos e investigadores acerca de que el "oficio de enseñar", fundamentalmente en los niveles de enseñanza secundaria, se convierte en un factor de riesgo del burnout. La evidencia documentada en distintos estudios acerca de la creciente incidencia y prevalencia de este fenómeno en este colectivo, los elevados costes que conlleva (laborales, sanitarios, sociales) y la urgente necesidad de diseñar propuestas preventivas y de intervención con garantías de eficacia, han sido los principales argumentos esgrimidos para reivindicar mayores esfuerzos desde la investigación.


Desde esa siempre obligada mirada retrospectiva que nos acerque al status quo de la cuestión cabe señalar que, si lo comparamos con épocas pretéritas, el mundo que rodea a los docentes de enseñanza secundaria ha sufrido una profunda transformación. La literatura previa se hace eco de algunas casuísticas que ejemplifican la dimensión menos amable del cambio: los ánimos están ahora más exaltados, existe mayor percepción del profesor de falta de apoyo desde distintos sectores (políticos, legisladores, padres…), han aumentado las críticas y el cuestionamiento de su labor, mayor dejación de las responsabilidades en la educación de los hijos por parte de algunas familias, mayor diversidad cultural de los alumnos, devaluación de la imagen del docente al que se responsabiliza (cual chivo expiatorio) de los males del sistema educativo, disminución de la motivación del alumno para estudiar, cambios en los contenidos curriculares, demanda de renovaciones metodológicas, reformas y más reformas, cambios en las relaciones profesor-alumno (aumento de la percepción de riesgo por parte del docente de agresiones verbales de los alumnos, por ejemplo), incremento de la conflictividad en las aulas y fuera de ellas, aumento de la edad de escolarización obligatoria (en ocasiones, los docentes se convierten en "vigilantes" de la permanencia en las aulas de algunos alumnos que se sienten retenidos contra su voluntad), sobrecarga laboral-múltiples tareas (docentes, administrativas, tutoriales, actividades extraescolares, claustros, reuniones, tareas de coordinación, vigilancia de recreos...), etc.


En suma, son muchos los profesores que apuntan que en la actualidad las demandas son excesivas: buen enseñante, pedagogo y psicólogo eficaz, capacidad para integrar la diversidad, eficaz solucionador de situaciones potencialmente conflictivas, habilidad para compaginar distintos roles contradictorios (compañero y evaluador del alumno). El resultado es que algunos profesores (afortunadamente no todos) han entrado en un camino de difícil retorno: su proyecto ilusionante al iniciar la carrera docente se ha visto cercenado por la realidad del día-a-día en las aulas, su sentido profesoral roza la sin-razón en un sistema aquejado (en ocasiones) por el menosprecio del saber, su tribulación cotidiana se encuentra desvalida ante las críticas de otros sectores (alumnos, padres, administración)… En fin, algunos profesores se han instalado en una fase de desencanto, de cansancio emocional, de acusada percepción de juicio social contra su labor, manifestando, a la postre, su malestar laboral.


Llegados a este punto, y conscientes de que no existen respuestas simples para problemas complejos, parecía oportuno realizar una investigación que contribuyera decididamente al conocimiento acumulativo en cuanto a la naturaleza y el alcance del burnout en este colectivo docente, sin descuidar la identificación de cuáles son las variables con mayor capacidad predictiva de este fenómeno. A este respecto, y siguiendo un diseño longitudinal de cohorte transversal, se evaluaron, a lo largo de tres años consecutivos, tres muestras representativas de profesores de enseñanza secundaria de la Comunidad Autónoma de Galicia -conformando la muestra agregada un total de 3.281 docentes-. Hemos explorado, transversal y longitudinalmente, múltiples aspectos en relación al burnout: datos de prevalencia en función de variables biográficas y ocupacionales, principales fuentes de estrés y agrupación, estrategias de afrontamiento más utilizadas, variables con mayor capacidad predictiva, etc. Así mismo, y en clara consonancia con la vocación integradora del estudio (interesaba lo cuantitativo, pero sin descuidar lo cualitativo), hemos realizado entrevistas en profundidad a 100 profesores interesándonos en sus experiencias, vidas y opiniones acerca del desempeño laboral en este ciclo educativo.


Las principales conclusiones del estudio son las siguientes:

El 25,7% de los docentes de la ESO de la Comunidad Autónoma de Galicia presentan altos niveles de burnout confirmándose, además, una tendencia ascendente de esta problemática en el periodo temporal analizado.

Existen diferencias significativas en función del sexo tanto en el burnout total, como en cada una de sus dimensiones. En concreto, las profesoras, cuando se las compara con sus compañeros varones, informan de mayores niveles de desgaste laboral, siendo especialmente elevadas sus puntuaciones en cansancio emocional. No obstante, cabe reseñar que en ambos sexos los niveles de burnout experimentan un incremento progresivo a lo largo del tiempo.

Se ha constatado la existencia de una relación curvilínea entre la edad y el burnout. Específicamente, los profesores que se encuentran en etapas intermedias de la vida (intervalo 40-49 años) informan de mayores niveles de burnout, diferenciándose a niveles estadísticamente significativos, de aquellos que están comenzando (menos de 30 años) o terminando su carrera profesional (60 años o más).

Por lo que respecta al ciclo de docencia, los profesores que imparten clase en el segundo ciclo de la ESO han manifestado, durante los distintos años evaluados, mayor burnout que los docentes de primer ciclo (estas diferencias alcanzaban, en todos los años evaluados, la significación estadística). Además, cabe reseñar que mientras los profesores de segundo ciclo informaban de mayor cansancio emocional y despersonalización, los docentes de primer ciclo presentaban mayor logro personal.

Los niveles de burnout se relacionan significativa y positivamente con la presencia de síntomas en los distintos momentos temporales analizados. En concreto, a mayor burnout laboral mayor era también la frecuencia de síntomas físicos (fatiga, dolor de cabeza, problemas de sueño), emocionales (irritabilidad, hostilidad, depresión, ansiedad) y cognitivos (dificultad para concentrarse, autoverbalizaciones negativas y excesiva preocupación).

Los estresores que mayor impacto psicológico percibido tienen en los docentes de secundaria se refieren, en general, a: falta de apoyo social, cuestiones disciplinarias y conflictos (alumnos, padres, compañeros, superiores…), pasividad del alumnado y cambios en el sistema educativo. No obstante, las tareas inherentes al "oficio de enseñar" (dar las clases, preparar y vigilar los exámenes) y la zona en que está situado el centro son, de todos los estresores evaluados, aquellos que menor tensión generan a los docentes.


Ahondando en la cuestión, cabría señalar que:

- La falta de apoyo de las familias en asuntos disciplinarios, las agresiones verbales por parte de los alumnos, las agresiones entre ellos y el tener que solventar sus problemas de conducta, constituyen los cuatro pilares fundamentales de la experiencia de burnout en las distintas "cohortes" de profesores de la Comunidad Autónoma Gallega. En definitiva, a juicio de los docentes, el no contar con las familias en cuestiones de disciplina unido a la conflictividad en las aulas (y fuera de ellas), son los principales "disparadores" de su malestar laboral; la actitud pasiva de los alumnos en las clases, la frustración percibida por el docente al no ver el fruto de su esfuerzo, el vandalismo en las instalaciones del centro, el que algunas sanciones que se aplican no sean eficaces y la falta de consenso entre los profesores en asuntos disciplinarios, se sitúan entre los diez principales estresores.

La "estructuración" de las temáticas que subyacen a esta problemática en la muestra de docentes, ha permitido identificar, mediante un análisis factorial, un total de 10 dimensiones que, en su conjunto, explican el 51% de la varianza. El factor que hemos denominado como "conductas problemáticas de los alumnos y cuestiones disciplinarias" se confirma como el "tema" más relevante para los profesores de enseñanza secundaria al explicar el 31,28% de la varianza total. Así, cuestiones tales como las referidas a problemas de conducta de los alumnos (ej., "El que los alumnos intenten "probarte" a cada instante"), la adopción de pautas de actuación agresivas y vandálicas por parte de los jóvenes (ej., "Las agresiones verbales de los alumnos", "El vandalismo en las instalaciones del centro") y las dificultades para mantener ciertos niveles de disciplina en el centro educativo (ej., "La falta de apoyo de algunos familiares en asuntos disciplinarios", "El que algunas sanciones que se aplican en el centro no sean eficaces") se confirman como los elementos definitorios de esta temática. La competencia/seguridad percibida del docente, los aspectos funcionales y relacionales en el centro, la labor docente, las motivaciones, actitudes y características de los alumnos, la sobrecarga laboral del docente, los cambios en la enseñanza, la promoción del docente, las condiciones de trabajo, y los aspectos estructurales del centro conforman, en este orden, los restantes factores.

Desde lo cualitativo, las narrativas de los profesores de la ESO complementarían las casuísticas que, a su juicio, contribuyen a la experiencia delburnout. Las más citadas se refieren a aspectos tales como:


- Los problemas disciplinarios del alumnado y la falta de consenso entre los distintos sectores implicados en la tarea educativa (familia, autoridades extra-académicas, colectivo de profesores), constituyen la principal comunalidad de los relatos.


- La sobrecarga laboral (acentuada por la necesidad de desempeñar múltiples y diversas tareas administrativas), unida a los continuos y, en ocasiones, poco afortunados, cambios en política educativa diseñados sin "escuchar" a los profesores son también elementos "nucleares" de las narrativas.

Con respecto a las estrategias de afrontamiento los profesores que informan de bajos niveles de burnout utilizan fundamentalmente estrategias de carácter activo centradas en el problema (resolución de problemas y reestructuración cognitiva); por el contrario, las estrategias pasivas (ej., evitación de problemas, autocrítica, retirada social) caracterizan el "estilo" de enfrentar los problemas de aquellos que declaran estar "quemados". Parece oportuno reseñar, además, que este patrón se mantiene a lo largo de los distintos años analizados.

Por último, y en cuanto a la vinculación y capacidad predictiva de "otras variables" (personales, sociales y extralaborales) en el burnout, cabría señalar que:

- La ausencia de apoyo social (de la familia y amigos), un bajo nivel de optimismo y personalidad resistente, la presencia de un patrón conductual Tipo A y la ocurrencia de contrariedades cotidianas y acontecimientos vitales, se asocian con elevados niveles de burnout en los docentes de secundaria

- El burnout es explicado satisfactoriamente por variables de tipo personal (optimismo, personalidad resistente y patrón de conducta Tipo A), relacional (apoyo de familia y amigos) y extralaboral (contrariedades cotidianas). En concreto, la ausencia de apoyo social por parte de los "colegas", la visión pesimista de la realidad docente y la presencia de un patrón de conducta Tipo A son, en este orden, los principales predictores del desgaste laboral de los profesores de secundaria.

Cabe reseñar que cuando se incluyen, además, las variables del ámbito laboral son las "conductas y/o actitudes problemáticas de los alumnos", "la tensión que genera en el docente el manejo de conflictos" y "la falta de apoyo/consenso en asuntos disciplinarios" los principales "argumentos" explicativos del burnout; se constata, así mismo, la existencia de una vinculación diferencial entre los determinantes laborales y cada una de las dimensiones. Específicamente, mientras que el estrés derivado de "las conductas y/o actitudes problemáticas de los alumnos" es el principal predictor del cansancio emocional del docente, "la falta de apoyo/consenso en asuntos disciplinarios" es la variable que mejor da cuenta de los sentimientos fríos y despersonalizados; "la dificultad percibida en el manejo de conflictos" supone también un importante menoscabo en la realización personal del profesor.


Así pues, y a tenor de estas conclusiones, se puede afirmar que si queremos prevenir o intervenir eficazmente en el burnout del colectivo de profesores de la ESO debemos, necesariamente, incidir en variables personales, psicosociales y extralaborales. Específicamente:

1. Potenciar las redes de apoyo social; los compañeros de trabajo deberán constituir un objetivo focal de cualquier actuación, aunque sin descuidar a otras fuentes fundamentales de apoyo (la familia y los amigos). En definitiva, concienciar y fomentar las relaciones afectivamente positivas con los "otros" constituye un buen comienzo de cara a frenar el impacto que el burnout tiene en este colectivo. Algunas propuestas concretas podrían orientarse tanto a mejorar las habilidades interpersonales (entrenamiento y manejo de conflictos), como a potenciar las habilidades de comunicación (entrenamiento en asertividad, por ejemplo).

2. Rediseñar aquellas tareas que "exijan" un comportamiento Tipo A. Se trata de incidir en una adecuada planificación y racionalización de las distintas demandas laborales del docente (la percepción del docente de "que le requieren en varios sitios a la vez" es indicativa del estado de la cuestión). Específicamente, a la existencia de múltiples demandas laborales del docente (dar las clases, preparar las clases, tutorías...) se suman otras (reuniones, cuestiones administrativas-excesivo papeleo, guardias de recreo...) que acentúan la vulnerabilidad al malestar laboral.

3. Incidir en la "satisfacción-bienestar" en el trabajo con la seguridad de que se fortalecerá la creencia de que las cosas "irán bien" (optimismo) y de que se pueden controlar y tienen un "sentido" (personalidad resistente).

4. Entrenar a los docentes que experimentan malestar laboral en distintas técnicas (resolución de problemas, reestructuración cognitiva...) que le posibiliten afrontar con éxito las múltiples contrariedades derivadas de su ejercicio profesional.

En definitiva, pergeñados algunos derroteros por donde creemos que debiera discurrir la actuación sobre el burnout, sólo nos queda esperar que se cumpla nuestro deseo de que el "malestar docente" abandone las aulas.



 



 

Autores:

Universidad de Santiago de Compostela

José Manuel Otero-López, doctor en Psicología y diplomado en Criminología, es Profesor Titular de Psicología de la Personalidad en el Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la Universidad de Santiago de Compostela. Cuenta, además, con el Título de Especialista en Psicología Clínica. Sus líneas de investigación se enmarcan tanto en el ámbito de las conductas adictivas (consumo de drogas y adicciones comportamentales) y delincuencia, como en el campo del malestar laboral. Ha sido director de distintos proyectos de investigación sobre el tema del estrés y burnout en los colectivos de profesores y profesionales de la salud.

Mª Carmen Pardiñas Añón, doctora en Medicina, especialista en Medicina Interna y en Medicina del Trabajo. Es Directora del Servicio de Vigilancia de la Salud de la Universidad de Santiago de Compostela. Además de su dilatada experiencia asistencial, posee una amplia trayectoria investigadora en torno al área de la epidemiología y prevención del malestar laboral. Ha participado en numerosos proyectos de investigación dirigidos al estudio de distintas casuísticas relativas a la salud laboral.

Mª José Santiago Mariño, doctora en Psicología, es Profesora Ayudante Doctor en el Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la Universidad de Santiago de Compostela. Su línea de investigación se centra en el estudio del malestar laboral en los profesores de universidad y secundaria.

Cristina Castro Bolaño, doctora en Psicología, es Profesora Titular de Psicología de la Personalidad en el Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la Universidad de Santiago de Compostela. Su línea de investigación se enmarca en el campo de la Psicología de la Salud. Ha colaborado en tareas docentes y asistenciales en la Unidad de Dolor del Hospital General de Galicia.

Lourdes Mirón Redondo, doctora en Psicología, es Profesora Titular de Psicología Social en el Departamento de Psicología Social, Básica y Metodología de la Universidad de Santiago de Compostela. Su investigación se ha orientado hacia el campo de la conducta desviada y otras problemáticas psicosociales.

Dolores Ponte Fernández, doctora en Psicología, es Profesora Titular de Psicología en el Departamento de Psicología Social y Básica de la Universidad de Santiago de Compostela. Su trabajo de investigación se centra en el análisis de los procesos atencionales y en el vínculo emociones-salud.

Estíbaliz Villardefrancos Pol, licenciada en Psicología, es Becaria de Formación de Profesorado Universitario (FPU). Está adscrita al Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la Universidad de Santiago de Compostela. Sus intereses investigadores se sitúan en el área de las adicciones comportamentales y del malestar laboral.


 

domingo, 7 de noviembre de 2010

Estrés en los docentes

Estrés Estrés docente
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Estrés Este concepto surge con Selye Las definiciones se podrían agrupar en tres enfoques: 1º estrés como estímulo 2º estrés como respuesta 3º enfoque interactivo
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Estrés como estímulo Se define como condición ambiental Se dedica a identificar las diferentes fuentes de presión que inciden en las personas Estudio de las respuestas fisiológicas, cognitivas, y conductuales consecuencias de dicha presión
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Estrés como respuesta Se defines el estrés como los indicios de tensión, es decir, son las respuestas psicofisiologicas y conductuales las que definirían el estrés
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El enfoque interactivo Trata de integrar las dos posturas anteriores Se define como la interacción del individuo con el medio, es decir, en la valoración que el sujeto hace de la situación.






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Cómo definir el estrés En opinión de numerosos expertos, el estrés no es un mal en sí mismo. el estrés "es una respuesta adaptativa ante un estímulo exterior". Puesto que queda definida como una herramienta del individuo para superar determinadas situaciones es "a priori" y en sus primeras etapas de desarrollo, una reacción positiva.
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Estrés docente La profesión docente está sometida con frecuencia a una situación de estrés que en ocasiones va más allá, convirtiéndose en crónica, y que muchos investigadores identifican con el "síndrome de Burn-out" o "síndrome del quemado“ Las bajas laborales parecen confirmarlo, aunque no lo especifiquen con ese nombre.
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Estresores del docente Relaciones con el alumnado Relaciones con los padres Relaciones con los compañeros Relaciones con el E. Directivo Contenidos del currículo Organización del trabajo
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Cuando se convierte en enfermedad Manifestaciones: Fisiológicas Cognitivas Conductuales
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Síntomas Perdida de ilusión profesional Aumento del esfuerzo Irritación Tensión o miedo al aula Constantes llamadas a la dirección para imponer disciplina
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Síntomas Cambios de humor Ataques de pánico Obsesión compulsiva por el trabajo Facilidad para llorar Pérdida del apetito Cansancio Llagas Tic nervioso
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Despersonalización Falta de logro y de realización personal en el trabajo. . Síndrome de agotamiento de emociones “Profesor quemado”
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Cómo evitar que el trabajo queme: Que el trabajo sea: Motivador No ser repetitivo Tener reconocimiento
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¿Qué influye en el estrés? Fuentes de presión Respuestas a esa presión Respuestas de afrontamiento Creencias sobre la enseñanza Motivación
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¿Qué influye en el estrés docente? Ansiedad Depresión Problemas de comportamiento del alumnado Responsabilidad Adaptaciones del currículo Desmotivación del profesorado Mal afrontamiento
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Características personales del profesorado ( edad, experiencia, género, personalidad) Masificación Recursos Materiales Escasa promoción ¿Qué influye en el estrés docente?
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Estrategias para reducir el estrés Relajación y control de la respiración Conocimiento de nuestra situación Habilidades personales: comunicación, técnicas asertivas Reestructuración cognitiva e inoculación del estrés Solución de conflictos
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