viernes, 27 de julio de 2012

Quieren incluir al síndrome del quemado como enfermedad

El “Síndrome del quemado” es una amenaza para todos los que trabajan en las escuelas, se trata de un mal silencioso y silenciado, resulta valorable las iniciativas como la expresada en el siguiente artículo periodístico.



Ya lo padece uno de cada tres profesionales. Es una mezcla de estrés y desgaste físico y psíquico. Afecta principalmente a médicos y docentes. Un equipo de psiquiatras argentinos está impulsando un proyecto para que la OMS lo reconozca.
   
Síntomas. El síndrome del quemado genera extenuación emocional, insensibilidad, desmotivación, irritabilidad y falta de cuidado con seres queridos.
    Al principio le cuesta dormir, la comida le cae mal, tiene problemas sexuales, el cuello duro y apenas pone un pie en el trabajo siente que se le parte la cabeza. Le parece normal y sigue. Unos meses después empieza a llegar al trabajo arrastrando los pies, tiene la motivación de una ameba, tarda el doble, rinde poco y busca excusas para faltar. Se fastidia, el médico le dice “debe ser estrés” y sigue. Al final, se siente una cosa y empieza a tratar al resto como cosas, piensa que la “realización personal” es una utopía, le da lo mismo que lo premien o que lo echen: se convierte en un robot. El burnout o el “síndrome del quemado” –la sensación de haber fundido motores– ya afecta a 1 de cada 3 profesionales que trabajan con personas . Ahora un equipo de psiquiatras argentinos presentará un trabajo científico en el que proponen que la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo considere una enfermedad laboral.

El tema se tratará por primera vez en el 27° Congreso Argentino de Psiquiatría que comienza hoy en Mar del Plata. Allí, un equipo de expertos propondrá su inclusión en la Clasificación Internacional de Enfermedades, elaborada según criterios de la OMS.

“El burnout ya es un grave problema de salud pública pero no es atendido como tal”, sostiene la psiquiatra Elsa Wolfberg, especialista en medicina del trabajo y miembro del equipo. “Por un lado, es un problema para el trabajador, que no sólo pierde la motivación y la capacidad de responder a las exigencias del trabajo sino que ve afectada toda su vida social. En su casa está irritado, le molesta todo y hasta deja de cuidar a sus seres queridos. En su trabajo, además, se rodea de colegas en la misma situación, por lo que se generan ambientes muy tensos. Pero también es un problema para las empresas porque estos empleados son menos competentes, eficientes y faltan más. Sólo si se empieza a tratar al burnout como una enfermedad laboral se podrá diagnosticar y prevenir”, explica.

Se refiere a que hoy se diagnostica como “estrés” y se manda al profesional a descansar unos días. Pero después vuelve al mismo trabajo monótono, mal pago, sin reconocimiento y repleto de quejas: por lo que vuelve al punto de partida. El equipo de psiquiatras cree que la valoración en el campo médico, además, desembocaría en el reconocimiento jurídico . De ser contemplado por la Ley de riesgos del trabajo podría abrir el camino a indemnizaciones, por ejemplo, para casos que terminan con una incapacidad transitoria o permanente. Comprobar que el origen del síndrome fue el trabajo no sería imposible: para eso existe el cuestionario de Maslach (está online) que permite saber si estamos “quemados” y en qué grado.

El cuestionario fue pensado para médicos porque fue en los primeros que se describió burnout . Docentes y personal de atención al público los siguen en el ranking. Tienen en común la violencia de sus interlocutores: clientes que insultan, pacientes y familiares que agreden y alumnos o padres que atacan. No es difícil entender por qué los psiquiatras creen que podría haber burnout en cualquier otro rubro donde haya personas prestando un servicio a personas.

“No va a ser sencillo. Incluirlo como enfermedad laboral significará que tanto las empresas como el sistema de salud deberán hacerse responsables de que algunos trabajadores se enfermen”, agrega Jorge Berstein, miembro del equipo de la Asociación de Psiquiatras Argentinos que presentará la propuesta y profesor de Medicina Familiar en la Universidad Favaloro. “Los casos más graves se ven en los médicos. Sin embargo, si un chofer trabaja 24 horas seguidas la prensa hace un escándalo, pero si un médico opera después de 24 horas de guardia aparece en un reality como un héroe”.

“Todos saben de qué hablamos pero el burnout está en un limbo”, dice Wolfberg. “Estamos hablando de profesionales que se vuelven desapegados, cínicos, que bloquean sus emociones y se robotizan”. Todos saben de qué hablamos. Por eso muchos añoran a los médicos que tenían tiempo para escuchar antes de prescribir. O a los docentes que eran como padres para los alumnos. O a los telemarketers que, al menos, intentaban resolvernos el problema.


Por Gisele Sousa Dias
Fuente
Clarín de Argentina

jueves, 19 de julio de 2012

¿Por qué se están quemando los profesores?

Son muchas las preguntas que se pueden formular sobre el Burnout docente, y el título expresa tal vez, la que nos resulta importante, pero además ¿Cómo repercute este mal? ¿Qué recursos cuenta el docente? Una respuesta la encontraremos en los resultados de la siguiente investigación

En este artículo se presentan los principales hallazgos de la investigación sobre "Burnout" e profesores realizado por el equipo WONT_Prevenció Psicosocial de la Universitat Jaume I. Se aporta información relevante sobre qué es y cómo se manifiesta el "burnout" docente, cuáles son los obstáculos y las demandas que producen ese Malestar entre los docentes, así como cuáles son los recursos y facilitadores laborales para afrontarlo. Por último se discuten las principales acciones e prevención e intervención psicosocial en este colectivo ocupacional.

¿Por qué se están "quemando" los Profesores?
Los profesores se enfrentan a un nuevo curso escolar, y algunos lo hacen con un ánimo algo bajo. Muchos de ellos arrastran uno de los problemas psicosociales más acuciantes en el mundo laboral hoy día: el burnout o síndrome de quemarse por el trabajo. Año tras año el profesor vuelve a las clases y no espera recibir mucho aliciente de ellas porque sabe que encontrará otra vez a los "alumnos" con diferentes nombres que el año anterior, pero en el fondo con las mismas caras. Unas caras que reflejan emociones poco entusiastas: aburrimiento, apatía, pasotismo, ira, agresividad, etc. Pero, ¿las nuevas generaciones "son" así? ¿Los profesores los "ven" así? ¿Qué está ocurriendo realmente en las aulas?

El rol del profesor en la sociedad actual es retador, pero a la vez estresante. Esto es una verdadera "ambivalencia" que se siente y que se manifiesta de modos muy diversos. Del profesor se espera que eduque, que forme, que oriente, pero a la vez que ejerza, en muchas de las ocasiones, la función de los padres. Esta responsabilidad junto con las elevadas exigencias cada vez más complejas tanto por parte de los alumnos, familiares como de los cambios y reformas de los planes de estudio y de la reestructuración del sistema educativo, están convirtiendo la docencia en una profesión de alto riesgo.

El estrés ocupacional se produce cuando hay demandas del trabajo que exceden los recursos de que dispone el trabajador. Cuando existen muchas demandas y pocos recursos para afrontarlas, suele producirse un estado psicológico negativo en el trabajador que se puede manifestar de modos diversos como por ejemplo la insatisfacción laboral o el burnout (síndrome de quemarse por el trabajo). Por el contrario, si el trabajador tiene recursos suficientes, tanto personales como laborales, para afrontar las demandas, su estado psicológico será positivo con resultados como la satisfacción en su trabajo o el engagement (vinculación psicológica con el trabajo).

Desde el año 2001 hasta la actualidad, el equipo WONT está llevando a cabo un proyecto subvencionado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología (CICYT) y la Fundació Bancaixa junto con la Universitat Jaume I, para analizar el efecto que las demandas y recursos de la actividad docente tienen en el bienestar psicológico, y la influencia de variables que pueden amortiguar sus efectos negativos como es el caso de la autoeficacia. La muestra estudiada son los profesores de enseñanza secundaría de la provincias de Castellón y Valencia. Los resultados de esta investigación han sido difundidos a través de la participación en diferentes congresos nacionales e internacionales, mediante la elaboración de diferentes artículos científicos, y la organización de unas jornadas de Burnout en Profesores, en donde presentamos los principales hallazgos de la investigación a los profesores que participaron en el estudio y al resto de asistentes a las jornadas y que están publicados en Salanova. Los resultados más interesantes se presentan a continuación:

1. ¿Cuáles son los obstáculos y demandas del profesor?
Los obstáculos son aquellas características del ambiente laboral que impiden la realización adecuada de las tareas y que reducen el desempeño laboral. Nuestros resultados ponen de manifiesto que los profesores perciben dos tipos de obstáculos: obstáculos de tipo social y de tipo técnico. Los obstáculos sociales se refieren a la indisciplina de los alumnos, desinterés y falta de motivación y actitudes negativas de los padres hacia el aprendizaje de los hijos. Por otro lado, los obstáculos técnicos son: los problemas con los recursos tecnológicos del centro, problemas con el material didáctico y fallos o averías en la infraestructura o instalaciones. De hecho, son los profesores que imparten Educación Secundaria Obligatoria los que perciben mayores obstáculos de tipo social. Además, son los profesores que tienen un destino provisional en centros públicos los que manifiestan mayores obstáculos técnicos.

En cuanto a las demandas a las que los profesores se encuentran más sometidos se destacan las siguientes: sobrecarga mental y sobrecarga emocional. El trabajo del profesor se caracteriza por la exigencia de altos niveles de concentración, precisión, y atención diversificada que implica tener que estar pendiente de muchas cosas a la vez y recordarlas (esto es la sobrecarga mental). Además, se les exige que se impliquen a nivel emocional con los estudiantes, padres y compañeros, relaciones que en muchas ocasiones pueden ser conflictivas (esto es la sobrecarga emocional).

2. ¿Cuáles son los recursos y facilitadores laborales del profesor?
Los profesores consideran que la autonomía y el apoyo social que reciben de sus compañeros resultan los recursos más importantes para afrontar las demandas y los obstáculos de su puesto de trabajo. El hecho de que los profesores perciban que tienen el suficiente grado de control para decidir qué tareas, cuándo y cómo realizarlas, así como el apoyo que reciben de sus compañeros a la hora de llevar a cabo sus tareas, son unos amortiguadores importantes del estrés. Con respecto a aquellos factores del ambiente laboral (facilitadores) que los profesores consideran más importantes para mejorar o facilitar el desempeño del profesor, se destacan el hecho de llevarse bien con los alumnos, la participación de los alumnos en clase, la gestión eficaz de reuniones y acceso fácil a la información y materiales, entre otros.

3. ¿Qué repercusiones tiene todo ello sobre el bienestar psicológico del profesor?
Una de las consecuencias psicosociales que más atención ha suscitado en los últimos años ha sido el estudio del burnout o síndrome de estar quemado en el trabajo. El burnout expresa un estado en que el trabajador se siente como una "vela que se apaga", como "una batería que se acaba", o como "un fuego que se extingue". Las personas que sufren burnout manifiestan consecuencias negativas tanto para la propia persona como para la institución en la que trabajan. Los síntomas del profesor quemado son agotamiento, acompañado de malestar psicológico, sensación de baja competencia, disminución de la motivación por el trabajo y el desarrollo de actitudes cínicas hacia el trabajo y los estudiantes, que a largo plazo podrían desembocar en problemas de ansiedad y depresión. Todo esto se traduciría en absentismo laboral, disminución del desempeño, bajas laborales, falta de calidad de la enseñanza y el aprendizaje de los alumnos.

Los resultados de nuestro estudio muestran que si bien los niveles de burnout en los profesores no son elevados, sí se observa un incremento del agotamiento y de la manifestación de actitudes cínicas, así como una disminución de los niveles de competencia profesional a medida que avanza el curso escolar. Si comparamos estos datos con los obtenidos con una muestra de profesores de Universidad observamos que los profesores de Instituto muestran mayores niveles de cinismo y menores en eficacia profesional.

A todo esto la siguiente cuestión sería: ¿cuál es el perfil socio-laboral del profesor "quemado"? Los resultados muestran que:
o                      Son las mujeres las que se encuentran más agotadas, menos eficaces y las que muestran mayores síntomas depresivos.
o                      Son los profesores entre 43-57 años los que muestran mayores niveles de cinismo, menos eficacia profesional, más síntomas depresivos y menos satisfacción laboral.

Son los que imparten grupos mixtos de Enseñanza Secundaria y Enseñanza Obligatoria los que muestran mayores niveles de agotamiento y cinismo. Siendo los que imparten ESO los que muestran mayores niveles de ansiedad.

Pero, ¿cuáles son las fuentes del malestar docente? La presencia de obstáculos y altas demandas en el trabajo junto con la falta de facilitadores y recursos para afrontarlos tiene como consecuencia la aparición del malestar docente. De hecho, la presencia de obstáculos tiene efectos directos sobre el bienestar docente, produciéndose altos niveles de ansiedad y depresión. Por otro lado, la presencia de altas demandas produce un incremento del burnout a corto plazo, que influye a su vez en un incremento de la ansiedad docente. De forma más específica, las fuentes de estrés que los profesores consideran más importantes son, por orden de importancia:

·   La cantidad de trabajo que les "sobrepasa" ya sea por falta de tiempo o de exceso de tareas,
·   La sobrecarga de tipo emocional (se les exige que se impliquen a nivel personal con los alumnos, padres, sociedad... en relaciones que son conflictivas),
·   Ambigüedad de rol o grado en el que el profesor no tiene claro cuál es su rol como docente, qué se espera de él/ella por parte del Centro, los alumnos, los padres y la sociedad en general,
·   Conflicto de rol o grado en el que el profesor percibe instrucciones contradictorias respecto a cuáles son sus cometidos laborales,
·   Falta de apoyo social por parte de compañeros, centro, etc.
·   Falta de coordinación entre los compañeros en realizar trabajo en equipo,
·   Desmotivación, apatía e indisciplina por parte de los alumnos,
·   Obstáculos técnicos como problemas en el material didáctico y fallos y/o averías en la infraestructura y/o instalaciones.

Un nuevo empuje de la Psicología desde un polo más positivo es lo que se ha venido denominando "Work Engagement" o vinculación psicológica con el trabajo. Entendido como el opuesto al burnout, el engagement es un estado en el que el trabajador se siente lleno de energía, está muy implicado en el trabajo y el tiempo "le pasa volando" debido a que está concentrado y absorto en sus tareas. Del mismo modo que hemos señalado que el nivel de burnout en los profesores no es elevado, tampoco lo es el nivel de engagement. Es decir, no están "quemados", pero su bienestar psicológico tampoco es el más óptimo. Estudios longitudinales demuestran que la presencia de facilitadores en el centro educativo incrementa los niveles de engagement en el profesor.

4. ¿Pero con qué recursos personales cuenta el profesor?
El recurso personal por excelencia en la investigación es la autoeficacia. Bandura la define como la "creencia en la propia capacidad para organizar y ejecutar los cursos de acción requeridos para manejar situaciones futuras". La autoeficacia afecta a la agencia humana en la forma de actuar, pensar y sentir de las personas. Se tiende a evitar aquellas actividades que creemos exceden nuestras capacidades y realizamos aquellas actividades que somos capaces de dominar. Determinan el esfuerzo para realizar las tareas y la persistencia, cantidad de intentos y tiempo que se invertirá ante los obstáculos. Afecta a cómo pensamos y nos sentimos, un sentido de autoeficacia negativo está asociado con burnout, depresión, ansiedad y desamparo. La autoeficacia positiva se asocia con la persistencia, la dedicación y la satisfacción en las acciones que realizamos, así como la autoeficacia negativa se asocia con el malestar, el burnout y la insatisfacción.

De forma más concreta, cobran especial importancia las creencias del docente sobre sus competencias para afrontar con éxito problemas en el aula, con los compañeros, etc.). Estas creencias influyen en el hecho de que el profesor se perciba competente y en función de eso, perciba una situación como una amenaza o como un reto. ¿Qué hace que el profesor se sienta eficaz o no? Una de las fuentes de autoeficacia son los estados afectivos. En este sentido, nuestros estudios rebelan la existencia de dos posibles vías responsables de los niveles de autoeficacia. Siguiendo la vía negativa, aquellos profesores que perciben la existencia de mayores obstáculos para la realización de sus tareas como docente, son los que muestran mayores niveles de burnout, y como consecuencia, menores niveles de autoeficacia. De este modo, aquellos profesores que tienen alumnos problemáticos en clase, poco apoyo de los compañeros, problemas técnicos en el centro, etc. son los que se muestran más agotados, manifiestan actitudes más cínicas o distantes hacia el trabajo y se sienten menos competentes en el desempeño de su rol como docente. Todo esto hace que el profesor no se sienta capaz para enfrentarse a esta situación en un futuro. Por otro lado, existe otra vía responsable del incremento de la autoeficacia en el docente que es la vía positiva o motivacional. Aquellos profesores que perciben mayores facilitadores, muestran mayores niveles de engagement, que a su vez incrementa los niveles de eficacia futuros. La historia no se acaba aquí, puesto que estos niveles de eficacia hacen que el profesor perciba mayores facilitadores y comience de nuevo todo el proceso, generándose una espiral positiva de la autoeficacia.

Si bien estos han sido algunos de los resultados más interesantes obtenidos en el contexto educativo, lo importante de la investigación es también aportar conocimientos prácticos en materia de prevención e intervención psicosocial. En este sentido, una de las acciones prácticas que hemos realizado ya, ha sido la presentación de informes sobre los riesgos psicosociales en los 34 centros educativos que participaron en el estudio, así como la organización de las jornadas de sensibilización y difusión de resultados que se celebraron en la Universitat Jaume I en Diciembre de 2002 y cuyos resultados se pueden encontrar en Salanova (2003). Respecto al futuro, nuestro equipo continúa trabajando en esta línea de investigación. En materia de investigación-acción, una de nuestras acciones más inminentes será la realización de un tiempo 3 del proyecto de investigación cuya información va a permitir la obtención de relaciones causa-efecto a más largo plazo, así como probar la eficacia de algunos programas de intervención realizados previamente.

Llegado este punto nos planteamos ¿cuáles son las acciones preventivas óptimas para el sector de la Educación Secundaria? Es necesario continuar (y en muchos casos "empezar") con la evaluación de riesgos psicosociales genéricos y/o específicos a un colectivo y/o a centros específicos. También realizar acciones informativas y divulgativas de concienciación en materia de cultura preventiva. En este sentido, sería sumamente conveniente el diseño y realización de acciones de formación continua, como acciones preventivas en temas específicos (Ej. Prevención del burnout docente, estrategias de motivación y engagement, incremento de la autoeficacia en el rol docente), así como la elaboración de programas preventivos y de intervención mediante la realización de talleres de trabajo ("workshops") para la prevención del estrés laboral y del burnout que en otros países Europeos, con mayor tradición en este campo, están ya realizando desde hace bastantes años.

En suma, estos han sido nuestros resultados en materia de prevención psicosocial del colectivo docente, y esperamos que permitan generar nuevas perspectivas de investigación-acción con el objetivo de mejorar la calidad de vida de unos profesionales que merecen un reconocimiento por su indiscutible papel como agentes de socialización básica de nuestros jóvenes. Sin ninguna duda, estas acciones innovadoras y los resultados de la investigación-acción generados podrán generalizarse como modelos de actuación a otros colectivos del ámbito educativo, así como a otros grupos ocupacionales. En nuestro país, este tipo de iniciativas nos permitirían salir de los últimos puestos que mantenemos en la lista de países europeos en materia de prevención de riesgos laborales, y como consecuencia, dejar de ocupar los primeros puestos en materia de accidentabilidad y siniestros laborales.


Autores
Marisa Salanova
Susana Llorens
Mónica García-Renedo
Universitat Jaume l. Castellón



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miércoles, 11 de julio de 2012

Sobreviviendo al desgate cotidiano

El “estrés malo” está en las escuelas, y se quedará ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo enfrentarlo? En el siguiente artículo, Joaquín Rocha, Psicólogo, Especialista en Educación para la Comunicación, nos aconseja sobre el tema.



El burn out es una patología de orden psicológico que afecta el equilibrio emocional, físico y cognitivo de un persona. Casi siempre se da en el área laboral por eso muchos autores lo consideran producto de exigencias y presiones de las empresas y organizaciones sobre los individuos. Aunque también se da en familiares o amigos que deben cuidar a una persona enferma o con deterioro.

Es también llamado síndrome de desgaste profesional, síndrome del trabajador degastado, síndrome del quemado entre muchas otras denominaciones. Todas denominan lo mismo: un padecimiento psicosomático como respuesta a un estrés prolongado con gran sobrecarga emocional.

Se manifiesta en aquellas situaciones donde los individuos son exigidos en forma excesiva y no encuentran solución a todo los que se les presentan. Muchas de las veces estas exigencias se han vuelto un hábito inconsciente y socialmente valorado.

Los más afectados son los profesionales de la salud y los de la educación.

El psiquiatra Herbert Freudenberger, el primero en describir este síndrome, lo define “como una sensación de fracaso y una existencia agotada o gastada, que resultaba de una sobrecarga por exigencia de energía, recursos personales o fuerza espiritual del trabajador”. Este autor afirmaba que la “adicción al trabajo” era la principal causa.

La logoterapista Dides Lliana Hernández Silveria* sostiene que el común denominador, entre los pacientes que padecen este síndrome, “está referido a que fueron perdiendo lentamente la confianza en si mismos ante la falta de sentido en la vida más allá del ámbito laboral o hallaron hechos decepcionantes e insuficientes. Son personas que se les cuestiono y subestimó la tarea de su vida o cuyo objetivo en la vida fue maltratado.*

Frente a esto se hace necesario, aquel que padece o está a los comienzos del burn out, la búsqueda de estrategias que produzcan un andamiaje que le faciliten minimizar los efectos negativos del síndrome tales como la perdida de empatía, depresiones o enfermedades psicosomáticas.

Varios autores, entre los que se encuentran Viktor Frankl, coinciden en que lo que produce este deterioro no es lo que sucede sino como se toma o se enfrenta a lo que sucede.

En primer lugar es importante un manejo apropiado en la resolución de conflictos y en la asertividad. El respeto por uno y el hacerse respetar respetando al otro es vital.

De esta manera comienzan a diluirse los sentimientos de desamparo, fracaso e impotencia.

Tomarse un tiempo para la relajación y encontrar espacios para el encuentro con otros/as que estén en las mismas condiciones actúa como una excelente prevención y cura. Ayuda a la reconstrucción de la autoestima y a la desaparición del cansancio, dolores osteomusculares, cefalea y hasta insomnio que acompañan al proceso de degaste de este síndrome.

Se debe tener en cuenta el proponerse objetivos cuya consecución sea factible. Adoptar flexibilidad frente a los cambios y producir modificaciones en la rutina cotidiana para encontrar un equilibrio entre la vida personal y la profesional.

Darse cuenta y pedir ayuda a tiempo es condición para la apropiación de una sanidad.

Avivar el descubrimiento y la búsqueda de sentido, como una oportunidad, un camino diferente de la vida, es siempre un desafío. Son pacientes agotados y desganados, llenos de insatisfacción y un gran sentimiento de inutilidad, requieren estimulo constante y poder objetivar logros. Por, sobre todo, necesitan orientación y valoración del sentido en la vida.”*

El autoconocimiento personal es base para resolver las dificultades y problemas que se presentan diariamente como así también la búsqueda de recursos para poder adaptarse a los tiempos que a cada uno le toca vivir.

Se debe tener siempre presente que una buena salud psíquica y física depende de cada uno y de lo que haga para conservarla.




* Dides Lliana Hernández Silveria – El común denominador. Estrategias de abordaje cognitivo en adultos con deterioro. 1° ed.- Buenos Aires: San Pablo, 2011



 Autor
Joaquín Rocha Psicólogo especialista en Educación para la Comunicación 
Joacorocha05@yahoo.com.ar 

martes, 3 de julio de 2012

Estrés no mata pero sí enferma

El estrés es una reacción necesaria para afrontar situaciones, en especial si son novedosas. Se trata de una reacción normal de nuestro organismo, pero ¿Qué sucede si “se queda”? En este caso se constituye en una amenaza a nuestro bienestar ¿Qué puedo hacer? En esta publicación se dan algunas sugerencias, basadas sobre todo en ¡No juzgar!



El estrés ataca a miles de personas en el mundo, cuando sobrepasa sus límites, puede llegar a afectar la salud mental y física de las personas. En un mundo cada vez más caótico, resulta casi imposible tener momentos llenos de paz y tranquilidad, sin embargo, a pesar de que no tengamos mucho tiempo libre para relajarnos, debemos prestar atención en mantener los niveles de estrés lo más bajo que se pueda.

La Organización Mundial de la Salud, define al estrés como “la reacción que tiene un individuo ante exigencias laborales que no se ajustan a sus capacidades y que lo ponen a prueba para afrontar su situación”.

Según el American Institute of Stress, el estrés, se ha convertido en uno de los principales padecimientos en Estados Unidos, debido al ritmo de vida que se vive no sólo en este país sino en el resto del mundo. Además, la misma institución, ha estimado que el 41 por ciento de los adultos viven estresados.

En México, no se tiene una estadística que muestre a cuántas personas afecta el estrés diariamente, sin embargo, se ha comprobado, que tiene relación con enfermedades comunes en el país como hipertensión, obesidad, problemas cardiovasculares, entre otros.

Trabajo y estrés: mala combinación
Las largas jornadas laborales, los constantes recortes de personal y hasta el mobbing (acoso laboral), son factores que contribuyen a elevar los niveles de estrés en los trabajadores.

En los últimos años, las empresas han puesto especial atención en el estrés laboral, debido a que es uno de los principales factores de rotación y de ausencia en las organizaciones.

Según estadísticas, al menos uno de cada cinco trabajadores ha faltado a su trabajo a causa de este padecimiento.

Algunos de los síntomas del estrés son el cansancio, alteraciones del sueño, dolores de cabeza, palpitaciones, sequedad en la boca, tensión muscular y falta o aumento del apetito.

Para luchar contra este padecimiento, se han utilizado diversas técnicas que permiten a los trabajadores sentirse más relajados.

Una de ellas es la denominada “mindfulness”, técnica que viene del Oriente y que consiste en centrar toda nuestra atención a las experiencias que nos ofrece el presente.

Gustavo Bertolotto, experto en Programación Neuro Lingüística (PNL), explicó al sitio EFE, de qué trata esta técnica que poco a poco comienza a estar presente en Estados Unidos y en otros países.

“La atención plena o ‘mindfulness’ (en inglés mente llena, pero no de ideas sino de la experiencia que se vive en cada momento) logra al enfocar la mente en el momento presente de forma intencional y sin juzgar. Su práctica logra reducir el estrés y los efectos nocivos que éste causa tanto a nivel físico como mental y que nos impiden llevar una vida plena”, explica.

Trabajar sin estrés
Según este experto, este método reduce los niveles de estrés en las personas que tienen una vida laboral muy activa y hasta caótica, ya que los ayuda a percibir la realidad de una manera más positiva.

“Si tratamos de buscar distintas formas de percibir o entender lo que sucede a nuestro alrededor, tendremos una mayor comprensión de los hechos, y estaremos evitando el estrés que generan nuestros sentimientos de incomodidad”, comenta.

Por otra parte, Andrés Martín Asuero, docente formado en la Clínica de Reducción de Estrés de la Universidad de Massachusets, explicó al sitio, que una manera de disminuir el estrés es no quedarse con la primera impresión de un problema, es decir, se deben buscar más posibilidades.

Cuando te encuentres en una situación inesperada y aparentemente negativa, detente un momento y permítete sondear otras posibles percepciones. No te quedes con la primera interpretación que te venga. Pregúntate si de verdad es así o se podría explicar de otra forma. Profundizar en las cosas siempre juega a nuestro favor.

Para profundizar en esa realidad que nos estresa, el Mindfulness enseña diferentes técnicas de meditación: respirando, caminando, a través de la escucha de técnicas guiadas, a través de la toma de conciencia del propio cuerpo”, explica.

Para Asuero “el estrés es un mecanismo que nos activa para la lucha o la huída. Habitualmente, la rabia que sentimos ante lo que no nos gusta prepara nuestro cuerpo para luchar; y el miedo que se deriva de ésta nos prepara para huir. Si interpretamos que en una situación no podemos ni luchar ni huir, surge la tristeza, que mantenida en el tiempo puede dar lugar a la depresión”.

Sobre esta técnica, el experto señaló al sitio que es una nueva forma de enfrentar el estrés. “El mindfulness ofrece una nueva forma de afrontar el estrés, aprendiendo a vivir cada instante de forma más consciente y saludable, y a regular las emociones que surgen en nosotros para que, en lugar de hacernos daño, nos encaucen hacia una vida más feliz y en paz”.

Algunos de los consejos que estos dos expertos dan son:
 Vive cada momento. “La realidad se desarrolla momento a momento. Vívelos sin dejarlos pasar pensando en fantasías sobre el futuro o recuerdos del pasado. Rumiar los problemas causa mucho estrés y ansiedad y no nos ayuda a solucionar, solo nos aprisiona en ellos”.

No juzgues ni te juzgues. “Todo juicio produce cierta tensión emocional y evitarlos nos hace sentir libres y nos abre a nuevas opciones. Recuerda que todos los acontecimientos o comportamientos se producen por una serie de causas, que a su vez son producidas por otras, y así hasta el infinito”.

Confía en ti y en la vida. “La felicidad no depende de factores externos. ¡Créetelo! Trata de ser tú mismo y acepta lo que tienes aquí y ahora: es la única posibilidad real así que trata de vivirla de la mejor manera posible”.

Fuente
La Vanguardia de México
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