lunes, 1 de septiembre de 2014

Implicaciones del burnout en salud pública

Publico las conclusiones de un trabajo de investigación sobre los efectos del Burnout en la salud pública ¿Qué consecuencias tiene el burnout para el individuo y su entorno? ¿Cuáles son las líneas de investigación posibles?

Finalmente, las implicaciones del burnout para la salud pública pueden agruparse en dos grandes ítems. El primero consiste en la relevancia de su estudio, que entraña preguntas por la enfermedad en sí misma, por las consecuencias que ésta tiene para el individuo, o por aquellas condiciones de trabajo o de entorno que lo afectan. El segundo, el cómo debe ser tipificado e investigado, no sólo respecto a las posibles preguntas que puede generar, sino a los métodos que pueden ser utilizados para tal fin.

La importancia del estudio del agotamiento profesional en salud pública Presentados estos puntos de análisis y, pese a ser denominado síndrome en cuanto conjunto de signos y síntomas, el burnout debe ser asumido como una enfermedad ya que:
a)  existen condiciones del entorno, del trabajo o condiciones del mismo sujeto (v.g. edad, género) que inciden sobre él mismo, afectándolo negativamente;
b)  es posible caracterizarlo a partir de las percepciones del individuo y las observaciones metódicas de los profesionales de salud, particularmente los médicos, e incluso intentar determinar niveles de gravedad o seriedad;
c)  sus manifestaciones pueden detectarse con instrumentos especialmente diseñados, clasificarse y separarse de otras condiciones parecidas o propuestas, tales como “sufrimiento mental”, “estrés”, “fatiga por compasión” o los síndromes “de cansancio a toda hora” y “fatiga crónica” que no estén relacionados con cáncer o sarcopenia;
d)  afecta uno o más sistemas orgánicos del ser humano -con el agravante de comprometer no sólo la salud mental;
e)  puede tener curación con medios no-farmacológicos o con medicamentos –lo que no previene su recaída;
f) su presencia y sus condiciones predisponentes puede ayudar a un médico a ofrecer un pronóstico, aunque sea basado en la frecuencia de ocurrencia y de recaída de burnout;
g)  ha sido estudiado en un entorno multidisciplinar o transdisciplinar que incluye disciplinas médicas como psiquiatría o epidemiología clínica, ciencias sociales como psicología o ciencias matemáticas y bioestadística;
h)  genera desequilibrio e impotencia en los sujetos en busca de su mejor ideal o perfeccionamiento;
i) profesionales y técnicos de salud afectados trabajan por debajo de su mejor nivel y comodidad, con lo cual puede aumentar la frecuencia de errores de juicio o de procedimiento, que pueden tener consecuencias negativas para sus pacientes y sus familias, para otros usuarios y para sus sitios de trabajo.

Dado que el burnout se ha observado también en actividades profesionales relacionadas con la prestación de servicios de diverso tipo, como salud, transporte o educación, o en profesiones y técnicos de salud, como médicos, enfermeras y odontólogos, es factible considerarlo como un problema de Salud Pública que puede y debe ser investigado.

Líneas de investigación posibles.
Varios autores consultados han sugerido realizar investigaciones en dos sentidos: a) estudios poblacionales de la distribución del burnout por profesiones o estratos; b) estudios de procesos biológicos, morbilidad y mortalidad asociables a burnout.

Estas propuestas corresponden a la noción tradicional de riesgo, que conlleva la de daño (harm) y magnitud del daño, usualmente abordadas por la epidemiología “multicausal”; no obstante, el agotamiento profesional suscita interrogantes que van más allá de la priorización tradicional por magnitud, gravedad o relevancia –pensada originalmente para lidiar con enfermedades infecciosas-, y obliga a superar problemas tales como reducción (sólo un tipo de conocimiento), rigidez secuencial (de lo básico a lo aplicado) o la visión meramente utilitarista (sólo sirve lo aplicable y a la vez rentable). Una alternativa puede estar en los planteamientos que hacen otras corrientes, tales como la epidemiología social, la cual aborda los problemas de salud en función de los denominados “sistemas sociales”, más que los factores de riesgo. Puntualmente, no sólo deben considerarse los efectos de la organización del trabajo sobre las esferas física, mental y social del sujeto como individuo y como parte de un colectivo –usualmente, profesional- sino también cómo está diseñado el ambiente donde pasa la mayor parte del tiempo –lo que incluye procedimientos, equipo, herramientas y sistemas que utiliza y áreas donde labora- y, más importante aún, cómo identificar y prevenir nuevos problemas que emerjan con el tiempo, nociones que se encuentran en diversos planes gubernamentales de salud pública, situación que valida una constante indagación sobre el tema, una línea de investigación y un desarrollo expresado en formas novedosas de prevenir, entender y manejar el burnout como enfermedad.

Una segunda línea de investigación reside en los métodos estadísticos. La mayoría de las investigaciones sobre burnout publicadas en el sector salud se han basado en la descripción, que no en el análisis, lo que implica realizar estudios con carácter multidisciplinar, de mayor alcance en el tiempo y usar otras herramientas, tales como los análisis de tipo multinivel, con el objetivo en mente de delinear mejor lo que el burnout es en realidad, y separarlo mejor de otras entidades nosológicas.
Una tercera línea de investigación podría formarse tanto para estudiar las consecuencias del burnout sobre la fuerza laboral en salud como para estudiar, evaluar e implementar medidas para su prevención: la mayoría del trabajo sobre el tema ha sido descriptiva de la frecuencia, pero no de las acciones o intervenciones asumidas para su prevención y manejo. Tampoco se han estudiado asuntos posiblemente asociables como los costos derivados de un pobre desempeño profesional, del ausentismo, de la rotación de profesionales y técnicos de salud, o los desenlaces en salud de aquellos pacientes atendidos por personal de salud afectado por agotamiento profesional.

Finalmente, una cuarta línea de investigación sobre burnout puede abordar aspectos misceláneos; por ejemplo: a) el carácter independiente o no de cada dimensión del agotamiento profesional (física, emocional, laboral), su tiempo de desarrollo o su secuencia; b) cuáles características emocionales pueden relacionarse con el agotamiento profesional –v.g., frecuencia de contacto interpersonal, severidad de problemas personales, o c) qué características de empleo, del espacio de trabajo y del entorno influyen en su génesis y persistencia. En suma, el agotamiento profesional todavía tiene muchos asuntos por debatir, sus implicaciones en salud pública pueden tener largo alcance, y constituye una oportunidad para desarrollar investigación y reflexión en el ramo, especialmente si un salubrista se preguntase, en términos de aseguramiento o de la garantía de la prestación de servicios en salud o de la investigación y desarrollo, ¿quién cuida a los que cuidan?




Autor
Agotamiento profesional (burnout): concepciones e implicaciones para la salud pública
Burnout para la salud pública
Omar Segura
Doctorado Interfacultades en Salud Pública, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, D.C., Colombia
Grupo de Estudios Sociohistóricos de la Salud y la Protección Social, Centro de Historia de la Medicina “Andrés Soriano Lleras”, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, D.C., Colombia

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