martes, 28 de enero de 2014

Estrés y angustia social


¿Cómo se vinculan el estrés y la angustia social? ¿Qué relación podemos encontrar entre la angustia y la violencia social? ¿Cómo enfrentar la angustia social? ¿Cómo podemos ayudarnos?

El estrés está relacionado con manifestaciones de alto nivel como reacciones de angustia, que implican fenómenos definidos de sufrimiento.

La angustia se refiere a episodios profundos de preocupación, caracterizados por percepciones de amenaza asociadas a temores generalizados o específicos en los que hay una impresión de indefensión ante una situación dada. Esta indefensión conlleva valoraciones subjetivas de inminente daño en caso de suceder la situación temida.

Las situaciones que están asociadas con episodios de angustia son de diversa naturaleza:

         Fenómenos naturales incontrolables. Incendios, terremotos, erupciones volcánicas, deslizamientos, inundaciones, entre otras.
         Fenómenos accidentales. Accidentes aéreos, de tráfico vehicular, deportivos, etc. Se percibe en ellos mayor controlabilidad o previsión.
         Eventos sociales. Atracos, violaciones, secuestros, atentados terroristas, extorsiones. Se relacionan con sentimientos de resentimiento y culpabilización.
         Fenómenos biológicos y psíquicos. Temor a contraer una enfermedad específica o a sufrir un trastorno mental cualquiera, así como la sensación de poder perder el control sobre sí mismo.

En la medida en que haya una mayor percepción de dominio sobre la situación, habrá mayores posibilidades de definir estrategias de afrontamiento adaptativas ante el evento específico.

El sufrimiento asociado a las manifestaciones de angustia se relaciona con una preocupación característica ligada a las implicaciones o consecuencias que ésta pueda tener en su vida. Las personas temen consecuencias nefastas de la situación o temen perder el control sobre sí mismo, de manera que no den cuenta conciente de sus manifestaciones.

Los antecedentes relacionados con la situación temida generan una sensación de mayor probabilidad de la ocurrencia del evento. A mayor impacto emocional del hecho, mayor el temor de que esté vuelva a suceder. Los episodios traumáticos son los más relevantes en el momento de la generación de la angustia.

La dimensión de la situación traumática es proporcional a los acontecimientos que implican enfrentarse a la posibilidad de un perjuicio (daño, muerte o enfermedad). La magnitud del trauma puede determinar el grado de procesamiento de información, que genera un mayor impacto en el sujeto.

De esta manera, se asume que las manifestaciones traumáticas inciden en la dimensión de la angustia, en tanto la representación hecha de la situación conlleva a manifestaciones anticipatorias diferentes, que suscitan distintos niveles de amenaza.

Angustia y violencia social
Es claro pensar que algunas manifestaciones de angustia tienen que ver con fenómenos sociales característicos de nuestro medio. Si asumimos que vivimos en un medio de por sí amenazante, tomaríamos las manifestaciones de angustia como reacciones normales ante las condiciones ambientales.

Sin embargo, el hecho de su supuesta normalidad no implica que deban asumirse como naturales y que se debe permitir su evolución espontánea. Debido al sufrimiento asociado con la angustia, se deben buscar estrategias de acción para aminorar su impacto negativo en el sujeto.

Siguiendo la teoría de la evaluación y el afrontamiento, se toma que las interpretaciones subjetivas del entorno se refieren a imaginarios sociales, presentados como conjuntos de representaciones individuales y colectivas que llevan a la aprehensión de los fenómenos característicos de lo social.

De esta manera, la interpretación subjetiva que hace cada individuo del fenómeno social, está sesgada por una construcción colectiva que lleva a reacciones propias de un contexto determinado. La angustia, entendida en su relación con los fenómenos de estrés y ansiedad, se entiende desde la percepción subjetiva de inminente amenaza asociada con las condiciones y costumbres de un contexto social específico.

Sin embargo, así hallan condiciones colectivas que insertan los fenómenos sociales en el marco referencial de los individuos, se deben entender que cada persona asume una posición diferente frente a la realidad y por lo tanto sus manifestaciones son exclusivas. El fenómeno de la angustia debe entenderse desde una perspectiva individual, tomándose a cada persona como un universo diferente con manifestaciones características.

Cada caso presentado debe abordarse desde el malestar subjetivo padecido por el individuo. En el caso de la angustia presentada por la interpretación de los fenómenos sociales, se debe comprender lo subyacente de la manifestación de cada individuo.

Buscando opciones ante la angustia social
Ante la pregunta de qué hacer frente a la angustia producida por la interpretación de los fenómenos sociales, se debe hacer una diferencia entre dos estrategias diferentes y posibles ante un hecho determinado: La preocupación y la planeación.

La preocupación se remite a la anticipación de las consecuencias negativas de una situación, con la percepción de no tener las habilidades o capacidades para hacerle frente. El sujeto se centra fundamentalmente en la supuesta emoción negativa que tendrá si el evento temido ocurriera, sin prepararse para la ocurrencia del evento por focalizarse en desear que no ocurra.

La planeación implica la anticipación de diversas consecuencias (positivas y negativas), anticipándose también a posibles estrategias efectivas para enfrentar el evento. Se focaliza en posibilidades de acción si el hecho ocurriera, viendo a éste como una eventualidad y no como una inminencia.

Para que la persona se asuma más en actitudes de planeación que de preocupación, se debe tener en cuenta las siguientes condiciones:

• La persona debe entender que la preocupación es una típica forma de llegar a prolongar una emoción a través del pensamiento. La angustia es una emoción secundaria producto de sesgos evaluativos a nivel de anticipaciones cognitivas.
• La preocupación está relacionada con una sensación de impredecibilidad o incontrolabilidad. El resultado de ello es la incertidumbre, pues la mente se encarga de convertir algo posible en algo probable.
• La preocupación es una trampa perfecta que lleva a la sensación de indefensión. La indefensión no es más que producto de la mente.
• Como la angustia es producida por el pensamiento, constituye una emoción artificial y no natural. El sujeto debe entender que una situación real no necesariamente va a experimentar la ansiedad que experimenta al imaginar la situación.
• En una situación real, nuestro pensamiento estaría al servicio de la elaboración de la emoción y la situación. Es decir, en una situación amenazante real no nos ponemos a pensar en lo horrible de la situación sino que se dirige a reducir la emoción y vigilar la amenaza, para sufrir el mínimo daño.

Algunas preguntas orientadoras.
Hay algunas preguntas fundamentales con las cuales las personas pueden enfrentar su angustia, para que puedan cuestionar sus esquemas estresógenos:

* ¿Fuera de incrementar mi malestar social, sirve de algo mi preocupación?
* ¿La preocupación me permitiría vivir de forma más adecuada si se presentara la situación temida?
* ¿La preocupación me crea habilidades y me hace más eficiente?
* ¿Dónde está la evidencia de la ocurrencia de la situación? ¿Cuál es su probabilidad?
* ¿Hay otra manera diferente de mirar la situación?
* ¿Qué es lo peor que podría suceder?, ¿Podría yo afrontarlo?
* ¿Qué estrategias de afrontamiento puedo asumir ante la situación?
* ¿Hay factores importantes que estoy descuidando al valorar la situación?
* ¿Quién dijo que yo no puedo afrontar eso?



Extraído de
Estrés y angustia social: base real o imaginaria
Revista Poiesis
NÚMERO 4 • JUNIO 2002
Rodrigo Mazo Zea
Psicólogo especialista en terapia cognitiva

lunes, 20 de enero de 2014

Estrategias de intervención social de prevención del Burnout



El Burnout está entre nosotros, afecta en menor o mayor grado a muchas personas, debemos actuar desde todos los frentes. En esta publicación nos dedicamos a las actividades de prevención y afrontamiento desde el punto de vista social ¿Qué puede hacer la organización para “cuidar al que cuida”?  


Con ellas se busca romper el aislamiento y mejorar los procesos de socialización al potenciar el apoyo social a través de políticas de trabajo cooperativo. Se ha demostrado que el apoyo social amortigua los efectos perniciosos de las fuentes de estrés laboral e incrementa la capacidad del individuo para afrontarlas. Sandín afirma que el apoyo social actúa sobre la salud de forma directa. Asegura que disfrutar de una óptima red de apoyo facilita las experiencias individuales de autoestima, afecto positivo y sensación de control, que protegen al individuo de posibles trastornos y que posiblemente mejoren el sistema inmunológico.

Adler y Matthews han comprobado que el apoyo social se relaciona significativamente con la salud física y psicológica. Señalan que favorece la salud, porque se relaciona negativamente con el comienzo de las enfermedades, o bien porque facilita la recuperación de los pacientes con algún tipo de trastorno.

Se ha propuesto como estrategia útil la creación de dinámicas potentes de apoyo social con el aumento de las reuniones de grupos profesionales para romper el aislamiento laboral. En este sentido, Esteve sugiere actuar prioritariamente respecto al apoyo social que el profesor recibe. Para García el trabajo en equipo y los equipos multidisciplinares contribuyen a disipar las actitudes negativas y a mejorar la comprensión de los problemas.

Estrategias de intervención organizacional
Estamos convencidos de que las acciones específicas de los programas de intervención organizacional se han de dirigir a la modificación de los aspectos disfuncionales en la estructura de la organización, la comunicación, la formación de los profesionales, los procesos de toma de decisiones, el ambiente físico, los turnos, el reparto de tareas, etc. Parkes afirma de manera categórica que es ingenuo e incluso éticamente discutible el someter a los trabajadores a programas de entrenamiento contra el estrés mientras persistan en la empresa las exigencias excesivas o las condiciones de trabajo inapropiadas.

En los profesionales docentes, aumentar la competencia profesional mediante la formación inicial y continua es una estrategia organizacional recomendada habitualmente para la prevención y el tratamiento del estrés laboral y del burnout. Oliver propone que los planes de formación del profesorado se fundamenten en una información realista que incluya tanto los aspectos relacionados con las tareas y funciones que deberán desempeñar los docentes, como lo relativo a sus derechos y obligaciones. Asimismo, deberá incluir orientación referente a la problemática a la que usualmente se verán sometidos e información sobre el síndrome de burnout, su génesis y desarrollo, y las estrategias para su manejo y control.

Más recientemente, Fernández-Garrido ha puesto de manifiesto que mediante planes de carrera adecuadamente concebidos se reduce el efecto de las fuentes de estrés laboral, además de que dichos planes constituyen un importante factor motivacional. Del mismo modo, las organizaciones han de prestar atención especial a los aspectos relacionados con el tiempo (turnos, tipo de jornada laboral, plazos de realización, etc.). Es recomendable disponer no sólo de diversas estrategias para reducir los tiempos de exposición al estrés, como la elección de los turnos de trabajo y los horarios flexibles, sino de una adecuada planificación que evite la percepción de urgencia en el trabajo. GilMonte y Peiró, en cambio, han sugerido como estrategias preventivas la implementación de sistemas de evaluación y retroinformación adecuados.

Aumentar la participación de los trabajadores en la toma de decisiones, darles formación sobre conocimientos y destrezas para el desempeño eficaz de tareas, formarlos para la toma de decisiones, el trabajo en grupo y el desarrollo de habilidades interpersonales, son otras estrategias organizacionales. Resultan especialmente beneficiosos los estilos de dirección participativos, pues aumentan el control sobre el propio trabajo y protegen de los efectos del estrés.

Finalmente, la aparición de conflictos en el ámbito laboral es algo lamentablemente habitual, lo que requiere tanto de la elaboración de planes de actuación que ayuden a reducir dicha aparición como de la creación de procedimientos de arbitraje y de mediación de conflictos.

Consideraciones finales
Los distintos trabajos que hemos revisado ponen de manifiesto que, para explicar la complejidad del síndrome de burnout, éste se ha de enfocar desde una perspectiva amplia, lo que a su vez nos lleva a plantear que la forma más eficaz de abordar la prevención y el tratamiento sea integral, con intervención en todas sus dimensiones. El modelo cognitivo-conductual permite desarrollar un tratamiento fundamentado en la interacción persona y medio, centrado en conductas específicas actuales y en las variables que las controlan en el momento presente. Con base en este modelo, hemos propuesto el diseño de un programa de intervención con formato grupal cuyo objetivo es equipar a los participantes con estrategias de afrontamiento que les permitan mejorar su salud, calidad de vida laboral y comodidad personal. Al lector interesado en profundizar en el tema, lo remitimos a Guerrero y Vicente en cuyo trabajo se detalla sesión a sesión el proceso completo de intervención.

En investigación educativa, la preocupación por el profesorado ocupa un lugar privilegiado como tema de actualidad. Los profesores son pieza clave y de sustancial importancia en la construcción de un futuro mejor y, por ello, la investigación dentro de este ámbito ha de seguir siendo una prioridad en los años venideros.

La sociedad de la información ha cambiado su modelo y necesita profesionales que se adapten a los constantes cambios tecnológicos, sociales y culturales. Ante esto se requiere una formación actualizada y continua, necesaria para hacerle frente. Nos referimos a programas de formación integral que contemplen el desarrollo de competencias personales, emocionales, sociales y profesionales que serán las que faciliten la comunicación, el desempeño del trabajo en grupos, la autogestión de las emociones, la creatividad, la innovación, etc.

La necesidad de analizar la problemática que afecta a los profesionales de la docencia y de estudiar el síndrome de burnout viene unida a nuestro interés por tratar los procesos de estrés laboral y los estresores. Es importante insistir en la sensibilidad que las organizaciones y administraciones públicas han de tener respecto a la salud dentro de la vida laboral que procuren a sus empleados y a la sociedad en general.

Tenemos el convencimiento de que en un futuro, no sólo la puesta en marcha y el desarrollo de programas preventivos, sino su evaluación, se realizarán mediante un riguroso seguimiento, y deseamos que su afianzamiento sea una medida más de seguridad, higiene y salud mental.




Extraído de:
ESTRATEGIAS DE PREVENCIÓN E INTERVENCIÓN DEL “BURNOUT”
EN EL ÁMBITO EDUCATIVO
Eloísa Guerrero Barona
Jesús Carlos Rubio Jiménez

domingo, 5 de enero de 2014

Antecedentes del Estrés laboral y Síndrome de Burnout


A pesar de que el Síndrome de Burnout es un mal de la actualidad, ya tiene su historia ¿Cuáles fueron las primeras señales observadas? ¿Qué evidencias físicas se encontraron? ¿Qué dimensiones se estudian?

El concepto de Estrés encuentra los antecedentes de su construcción hacia el siglo pasado en las inmediaciones de los años 30’s, cuando un joven estudiante de segundo año de la carrera de medicina en la Universidad de Praga, de 20 años de edad, Hans Selye, observó que muchos de los enfermos a quienes estudiaba, presentaban síntomas comunes y generales: cansancio, pérdida del apetito, baja de peso, entre otros. Esto llamó mucho la atención a Selye, quien lo denominó el "Síndrome de estar Enfermo".

Una vez convertido en médico continuo realizando estudios que le permitieron profundizar más en el tema. Con el paso del tiempo, surgió la Psiconeuroinmunología, la cual es una disciplina que estudia la autorregulación psicofisiológica del organismo; es decir, la interrelación entre los procesos psicológicos y los tres sistemas que mantienen la homeostasis del organismo: nervioso, endócrino e inmunológico.

Se ha descubierto que a un nivel biológico, el estrés tiene que ver con mecanismos celulares y moleculares involucrados en estos procesos, que son llamados interacciones neuroendocrino-inmunológicas. Estas interacciones se caracterizan por la comunicación constante multidireccional y concertada entre el sistema nervioso, el sistema endocrino y el sistema inmunológico, mediada por una compleja red que incluye vías neurales y mediadores solubles como citocinas, hormonas, neuropéptidos y sus receptores.

Ante los estímulos estresantes ya sean físicos o psicosociales la red neuroendocrino-inmunológica se activa, provocando el estrés, que se puede definir como la respuesta de alarma del organismo ante los eventos productores de una “tensión” psicológica o biológica que rompa la homeostasis o regulación.

Así, durante el estrés, las citocinas proinflamatorias (moléculas características de la respuesta inmunológica) que se producen en respuesta a un daño físico en el sitio de la lesión, o son liberadas por el cerebro como consecuencia de un evento estresante de tipo emocional, incrementan la actividad del sistema nervioso simpático, produciendo noradrenalina (NA) y estimulando la médula de las glándulas suprarrenales para liberar adrenalina (A) y activan al hipotálamo para que a través de la hipófisis libere cortisol en la corteza de las glándulas suprarrenales.

Estos mediadores biológicos a su vez son capaces de modificar otros parámetros físicos, incrementando la presión arterial, los niveles de glucosa (azúcar) y colesterol en sangre, etc.

De esta manera, el trabajo pionero de Selye algunos años más tarde lo llevó a definir el estrés ante la Organización Mundial de la Salud como: "la respuesta no específica del organismo a cualquier demanda del exterior".

A la vuelta de más de 50 años el concepto estrés ha cobrado popularidad, particularmente en las sociedades occidentales, situación que ha posibilitado su seguimiento y estudio en los contextos donde éste se presenta.

El fenómeno del estrés ha sido y es analizado desde diferentes disciplinas, de tal forma que la Medicina y la Psicología, entre otras ciencias al servicio del ser humano, han sido dos de las disciplinas científicas que más han posado su mirada sobre el fenómeno y han estudiado sus diferentes formas y contenidos, de manera particular en las organizaciones humanas.

Como resultado de estas investigaciones, el contexto laboral ha sido uno de los escenarios donde más se ha analizado el fenómeno del estrés, dando como resultado el término estrés laboral o burnout, el cual fue introducido en la literatura científica por Freudenberger como un término que describía el desgaste laboral que experimentaban trabajadores de la salud mental (psiquiátras, psicólogos, enfermeras) que laboraban en instituciones donde se atendían adicciones. Este desgaste era atribuido principalmente al constante contacto con los usuarios de estos servicios. Posteriormente, el constructo fue investigado en otros contextos donde el trabajo implica interactuar con personas. De manera por demás importante, se ha encontrado que la docencia es la actividad que mayores posibilidades de estrés laboral puede llegar a producir.

El burnout o estrés laboral está compuesto por tres dimensiones. De acuerdo con Maslach se forma de cansancio emocional, despersonalización e ineficacia (medida a través de la ausencia de logros personales en el trabajo). La autora explica que el cansancio emocional es sin duda el factor más característico del burnout, y se refiere a sensaciones de agotamiento y de sentirse totalmente “quemado” por la carga de trabajo.

El segundo componente, la despersonalización, tiene que ver con un distanciamiento entre la persona y las personas que reciben sus servicios. En el caso de personas que tienen puestos directivos en universidades, el distanciamiento se puede generar hacia los trabajadores que coordinan o hacia los alumnos mismos, que son los usuarios finales. A menudo, la despersonalización se convierte en actitudes cínicas hacia la actividad por hacer, y en “cosificar” a las personas que atienden. Por último, la ineficacia es la sensación de falta de logro laboral.

La relación entre los tres componentes ha sido motivo de debate y aún no está del todo clara. La secuencia de cansancio emocional que conduce a la despersonalización, es la relación que ha encontrado mayor respaldo en las investigaciones realizadas (Maslach).
La relación con la ineficacia no es del todo evidente. Otros autores como Taris han encontrado evidencia de que el estrés laboral sigue un proceso evolutivo que hace que los tres factores estén conectados de manera interrelacionada, de manera tal que altos niveles de cansancio emocional están relacionados con altos niveles de despersonalización, y altos niveles de despersonalización conducen a altos niveles de cansancio emocional y bajos niveles de logro laboral.

En síntesis, los diversos estudios sobre el tema han reconocido la existencia de una relación casi directa entre el estrés y factores de incidencia laboral, tales como el establecimiento de relaciones interpersonales en el trabajo, las presiones sobre resultados, la complicación en la obtención y mantenimiento del empleo y la situación económica cada vez más difícil, los cuales predisponen estados emocionales de estrés.



Evaluación de estrés laboral en directivos de una Universidad privada del occidente de México: un estudio Exploratorio
Bernardo Enrique Roque Tovar,
Rodrigo González Araiza,
Raymundo Calderón Sánchez
Universidad del Valle de Atemajac
En ESTRÉS, BURNOUT Y BIENESTAR SUBJETIVO
Investigaciones sobre la salud mental de los agentes educativos
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