lunes, 29 de septiembre de 2014

Definición de burnout desde lo organizacional.


El burnout afecta severamente a las personas, y como se trata de un síndrome proveniente de una ocupación, es un problema para la organización toda, ya que afecta su funcionamiento ¿En qué medida el burnout debe preocupar a la organización?


Intentamos ahondar en la descripción del constructo burnout desde la vertiente organizacional, ya que ha sido en este contexto donde se han originado y desarrollado las diversas líneas de investigación. Hay acuerdo casi unánime en fijar 1974 como el a ño de origen del estudio sobre el burnout, y citar a Freudenberger como el autor que inició dicho estudio, aunque Corcoran (1985) fija el inicio un poco antes (Freudenberger, 1971). También en 1974 aparece otro autor que reflexiona sobre el síndrome (Ginsburg) que, sin embargo, ha sido escasamente citado, tal vez porque a diferencia del primero no tuvo un desarrollo científico tan prolífico.

De lo anterior se deduce que hace poco más de veinte años que se comenzó a investigar sobre el constructo burnout, habiéndose registrado un desarrollo considerable de la investigación al respecto. Gillespie (1980) reflejaba la necesidad urgente de incrementar el conocimiento del síndrome por los altos costos que supone a nivel individual y organizacional, de ahí que Burke (1992) señalara que el interés por la experiencia de burnout psicológico en los contextos organizacionales siga creciendo. Así, mientras Roberts (1986) cifraba en más de 300 las referencias sobre burnout en el periodo 1980-85, Garcés de Los Fayos, Teruel y García Montalvo (1993) la incrementan en más de 1000, siendo el ámbito organizacional sobre el que versan la mayoría de trabajos (más del 97% de los mismos); incluso, Kleiber y Enzman ya habían citado por encima de las 2500 referencias, sólo en el periodo comprendido entre 1974 y 1989. No es extraño, por tanto, que García Izquierdo señale que el burnout es un problema característico de los trabajos de "servicios humanos", es decir de aquellas profesiones que deben mantener una relación continua de ayuda hacia el "cliente": médicos, profesores, enfermeras, asistentes sociales, psiquiatras, psicólogos, policías, etc. Por esta razón, como veremos a lo largo de este capítulo, una de las características propias del síndrome es el "desgaste emocional" que dicha interacción va produciendo en el trabajador. Y puesto que se parte de una situación estresante, la mayoría de autores verán en el burnout un sinónimo de estrés ocupacional, cerrándose la posibilidad a comprender el síndrome en otros contextos, si bien algunos autores  ya indicaron que el burnout no tenía que ser necesariamente producto del estrés ocupacional.

En este sentido, Walker (1986) valorando cuál ha sido el recorrido teórico del constructo observa que el síndrome descrito por Maslach continuó con la concepción del mismo como una enfermedad importante y acabó como enfermedad ocupacional. Sin embargo Walker, que acepta el inicio del estudio del burnout en ciencias sociales a cargo de Freudenberger, matiza que anteriormente Grahan Greene (1960) ya había utilizado el término burnout para describir el estado de "vaciamiento existencial" que una persona sentía como consecuencia del padecimiento de una enfermedad incurable.

Este dato no supone una mera constatación histórica, sino la constatación de la amplitud teórica del concepto que pretendemos investigar. No debemos olvidar que en los años 60 se había utilizado el término para referirse a los efectos que provocaba en la persona el abuso crónico de las drogas. De hecho, aceptando que una persona pueda sufrir burnout sin la presencia de unos antecedentes organizacionales, estamos aceptando que, en principio, cualquier individuo sea cual sea su situación personal y organizacional podría verse afectado por este problema. De hecho, Starrin, Larsson y Styrborn indican que en los años sesenta el término burnout se había utilizado para describir los efectos crónicos del abuso de drogas, hasta que Freudenberger le da la nueva connotación al constructo. Una connotación que est á ligada a la condición psicoanalítica de Freudenberger y su pretensión de caracterizar al burnout como un nuevo síndrome clínico. Sin embargo, esto no nos debe hacer caer en el uso indiscriminado del término burnout para describir diferentes problemas relacionados con el trabajo o con cualquier otro contexto (Maslach).

Lógicamente, aceptar la apertura en la concepción del concepto conlleva el riesgo de destruir su utilidad, pero también es cierto que el interés en su investigación proviene del hecho de tratarse de un problema social antes que de una cuestión teórica (Maslach y Jackson, 1984). Estas autoras precisan muy bien los objetivos de su estudio: el burnout es un problema que afecta a muchas personas y se necesita saber más acerca de él. Con el anterior planteamiento conseguimos reducir tanto la prevalencia como la incidencia (Burke y Richardsen, 1991) de un problema que afecta cada vez a más profesiones (hasta 25 campos profesionales cita Silverstein, 1986), y consecuentemente a más personas. En la Tabla se observan los datos epidemiológicos aportados por diferentes estudios.

Datos epidemiológicos acerca del burnout
Estudio                      Resultados
Kyriacou (1980)         25% en profesores
Pines, Aronson y Kafry (1981)         45% en diversas profesiones
Maslach y Jackson (1982)     20-35% en enfermeras
Henderson (1984)      30-40% en médicos
Smith, Birch y Marchant (1984)       12-40% en bibliotecarios
Rosse, Johnson y Crown (1991)        20% en policías y personal sanitario
García Izquierdo (1991a)      17% en enfermeras
Jorgesen (1992)         39% en estudiantes de enfermería
Price y Spence (1994)           20% en policías y personal sanitario
Deckard, Meterko y Field (1994)     50% en médicos

Estas cifras son indicativas de que podemos encontrarnos ante un problema de gran magnitud, que conlleva consecuencias personales y laborales negativas y que justifican por sí mismas que el desarrollo investigador haya crecido de manera considerable en estos pocos más de veinte años.

Estos altos porcentajes estarían en sintonía con el planteamiento de Freudenberger (1977) según el cual el burnout sería "contagioso", ya que los trabajadores que padecen el síndrome pueden afectar a los demás de su letargo, cinismo y desesperaci ón, con lo que en un corto periodo de tiempo la organización, como ente, puede caer en el desánimo generalizado. Savick (1979) también admitía esta posibilidad de contagio indicando que "el burnout es similar al sarampión" en cuanto a sus efectos epidémicos. En esta misma dirección, Seidman y Zager aceptan la posibilidad de contagio del burnout entre los trabajadores de una misma organización. Smith, Bybee y Raish indicaban incluso que el contagio era especialmente virulento cuando la causa del síndrome está en la dirección organizativa, o cuando el agravamiento de la situación tiene que ver con carencia de comprensión y se está poco dispuesto a pactar con los problemas que van surgiendo. Por último, recientemente Olabarría plantea que el burnout se puede presentar de forma colectiva, a modo de contagio.

A pesar de todo lo anterior, la conceptualización del burnout sigue siendo un obstáculo para la investigación. Hay que tener en cuenta que independientemente de que el síndrome sea similar al estrés laboral o, por contra, consecuencia de éste, el primer problema que encontramos es la imprecisión y ambigüedad del concepto estrés; además, como señala este autor, actualmente no existe consenso para definir estresor ocupacional (antecedente del burnout). No es extraño, por tanto, que mientras Meier (1984) mantuviese que el constructo burnout demostraba cumplir los criterios de validez convergente y discriminante, Moreno, Oliver y Aragoneses (1991) plantearan que la validez del constructo era muy criticada. As í, podemos encontrar que mientras Pines, Aronson y Kafry (1981) defendían la concepción del burnout como fenómeno social, Freudenberger había partido del planteamiento más individualista y clínico de la depresión, ya que este autor consideraba que la depresión era uno de los síntomas más característicos del burnout. En este sentido, Davidoff (1980) establece que puesto que la semejanza entre burnout y otros constructos es tan grande, quizás estemos utilizando un nuevo término para definir antiguos problemas.

Oswin y otros se plantean que es probable un solapamiento entre los constructos depresión y burnout. Es posible, como señalan Oliver, Pastor, Aragoneses y Moreno (1990), que sea necesario fragmentar un constructo tan amplio como estrés para ayudar a conceptualizar los diversos fenómenos asociados, como el burnout. Tal es la relevancia que está adquiriendo la investigación acerca del síndrome que, como indica Neveu, en 1990 se celebró en Cracovia la Conferencia Europea de Burnout Profesional, continuación de la que se celebró dos años antes en Helsinki, y en la que se establecieron dos ejes sobre los que se articula la investigación sobre burnout: Maslach y Jackson que, como más adelante veremos, son los autores que están influyendo de forma decisiva en el estudio de este fenómeno.

Pretendemos ahondar en los diversos aspectos conceptuales y metodológicos relacionados con el síndrome, intentando aclarar, en la medida de lo posible, el constructo que estamos analizando. Partimos para ello de la afirmación que realizan Burke y Richardsen en su amplia revisión, y que muestra la complejidad del constructo: "existe un acuerdo general en que el burnout ocurre a un nivel individual, es una experiencia psicológica interna envuelta de sensaciones, actitudes, motivos y expectativas, y es una experiencia negativa que da lugar a problemas de distrés y disconfort".



Extraído de:
TESIS SOBRE EL BURNOUT
Por: Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz

lunes, 22 de septiembre de 2014

Variables predictoras del burnout.


Conocer las variables que anteceden al burnout nos ayuda a conocer el problema, y puede ser la forma de prevenirlo. La teoría reconoce variables intrapersonales, organizacionales y las ambientales ¿Cuáles son? ¿Son todas igualmente importantes?


Por variables predictoras entendemos aquellas variables que anteceden a la ocurrencia del burnout y pueden ayudarnos a comprender mejor el origen del mismo. Las formas de acceder a la identificación y análisis de las mismas pueden ser diversas que van desde planteamientos eminentemente teóricos hasta los estrictamente empíricos. En este sentido, lo más habitual es utilizar un instrumento de medida del burnout, fundamentalmente el MBI, junto a otros instrumentos que evalúen las posibles variables predictoras. Por esta razón las escalas, inventarios y cuestionarios utilizados han sido variados y han medido locus de control, ambigüedad y conflicto de rol, patrón de personalidad tipo A, características de personalidad "clásicas", como la ansiedad, la extroversión, el neuroticismo, etc..., distintas variables sociodemográficas, compromiso organizacional, y estresores laborales diversos, entre otras.

El listado es amplio y nos permite entender que las variables a analizar se han enfocado desde varias perspectivas: variables más relacionadas con aspectos puramente personales del individuo, con características propias del contexto laboral, o con aspectos relacionados con circunstancias externas al trabajo. Lógicamente, situarse en una perspectiva u otra es una cuestión simplemente teórica, en tanto que nosotros entenderemos que las posibles causas del burnout se encuentran relacionadas con el individuo, con el trabajo, con la familia, con los amigos, ... y esto, obviamente, condiciona el plantemiento de esta investigación.

Los trabajos que se han centrado en el estudio de las variables predictoras del burnout son muchos. Quizás no seamos exhaustivos, pero sí queremos mostrar la amplia línea de investigación que este aspecto del síndrome ha provocado. Hay que pensar que Aveni y Albani encuentran en su trabajo 23 variables predictoras del síndrome. Blostein y otros, señalan más de 40 en sus revisiones. Antes, Schaufeli (1990) indicaba más de 100 variables asociadas al burnout. Lógicamente, sería complicado plantearnos en este trabajo todas las variables antecedentes del burnout que se han descrito; sin embargo, sí intentaremos identificar aquellas que han tenido mayor relevancia. Para hacer más fácil la descripción de las mismas, y siguiendo a Nagy y Nagy (1992), dividimos las variables en tres categorías que se relacionan con los tres planos desde donde puede enfocarse su estudio, según se haya considerado más importante una categoría u otra; en concreto, las tres categorías son:

-Intrapersonales. Son variables propias del individuo y hacen referencia a aspectos de su personalidad, sus sentimientos y pensamientos, sus emociones, sus actitudes, etc.

-Profesionales u organizacionales. Son variables intrínsecas a la organización que pueden por sí mismas generar situaciones aversivas, o bien juegan un papel importante en la interacción continua trabajador-puesto de trabajo.

-Interpersonales o ambientales. Son variables no relacionadas con el contexto laboral y sí con otros ámbitos que pueden originar fricciones importantes: familia, amigos, estilos de vida, etc.

De hecho, Helliwell (1981), en su formulación del origen del burnout, ya dejaba claro que era necesaria una perspectiva amplia, en cuanto a contextos influyentes en la aparición del burnout, para comprender el síndrome y planteaba la siguiente ecuación:

Génesis del burnout=susceptibilidad individual+Sobrecarga laboral y/o crisis vital.
LeCroy y Rank (1986) indicaban que los resultados apuntan a que el burnout es más consecuencia de la situación laboral que de las variables de personalidad, que es un planteamiento coincidente con el original de Maslach (1978). Smith, Bybee y Raish (1988) señalaban que las características situacionales y de personalidad están subyaciendo al estrés y al burnout. Garden, que no rechaza la importancia de las variables organizacionales, hace especial hincapié en las de personalidad, ya que es a través de éstas como se filtran y valoran cognitivamente los diversos eventos y situaciones aversivas.

La autora (Garden) considera que existen diferentes causas de burnout según los diversos "tipos" de personas, siguiendo la tipología jungiana, pues esto podría permitir algún orden a las diversas variaciones que se pueden hallar en los límites de la personalidad humana. Su planteamiento le hace considerar la "enantiadromía" (emergencia de una oposición inconsciente en el curso del tiempo) como parte de los procesos del burnout. Las características de este fenómeno ocurrirían cuando la tendencia de un extremo se hace dominante sobre el otro y domina la vida consciente. Esto implica que el burnout tiene un propósito, que es lograr mantener el balance psíquico (aspecto este que también señalaría Loehr, 1994 en el contexto deportivo, como veremos en un próximo capítulo). Esta teoría está en consonancia con Freudenberger (1983) consideraba que el burnout tiene una función homeostática.

Burke y Richardsen (1991), sin restarle importancia a las variables de personalidad y tras la revisión que realizan sobre diversos trabajos, encuentran una gran disparidad en las características de personalidad que se han ofrecido relacionadas con el burnout: unos han planteado empatía, sensibilidad, delicadeza, idealismo y orientación hacia los dem ás; otros, sin embargo, han señalado características tales como ansiedad, obsesión, entusiasmo y susceptibilidad a identificarse con otros, lo que les hace concluir en el sentido de la gran dificultad que conlleva entrar en el terreno de las variables de personalidad para identificar un "patrón tipo" del individuo con burnout.

En esta misma línea, Moreno y Oliver (1993) plantean que los factores personales, aun jugando un papel importante en la aparición del síndrome, no son tan importantes como los organizacionales que se muestran como causa principal en la configuración del burnout. Pedrabissi, Rolland y Santinello (1993) plantean que el burnout no puede explicarse exclusivamente a partir de los rasgos de personalidad particulares. De igual forma, Huebner (1993) mantiene que el síndrome emerge como una función compleja en la que se interrelacionan estresores ambientales y diferencias individuales de personalidad; sin embargo, Olabarría (1995) lo conceptualiza en el ámbito laboral -organizacional exclusivamente.

Un planteamiento intermedio, que recoje la realidad de la investigación acerca de las variables predictoras del burnout, es el de Kremer y Hofman (1985) que resaltan la importancia tanto de las variables individuales como de las organizacionales. Quizás sea esta la línea a retomar, ya que como indica Piedmont la mayoría de los estudios acerca del síndrome se han planteado desde una perspectiva situacional, siendo necesario reivindicar la incidencia que las variables de personalidad tienen, sin lugar a dudas, en la aparición del síndrome. De hecho este autor concluye que la correlación entre las dimensiones fundamentales de personalidad (neuroticismo, extraversión, entre otras) y el síndrome es inequívoca.

Por último, como indican Maslach y Jackson (1984), no todas las variables asociadas al burnout tienen la misma capacidad predictora del síndrome, sino que las variables estarán relacionadas, de manera diferente, con cada una de sus dimensiones.

Teniendo en cuenta todos estos aspectos y, a partir de la revisión teórica realizada sobre algunos de los trabajos que se han centrado en esta línea de investigaci ón, describimos a continuación aquellas variables que más se han analizado como descriptores del burnout. Aparecen divididas en tres categorías, siguiendo los criterios de Nagy y Nagy (1992). El que su presentación sea en categorías no implica que unas variables sean independientes de las otras, ya que a veces los autores ofrecen correlaciones de diversas variables pertenecientes a diferentes categorías. La categorización pretende dotar de mayor claridad a la exposición.

Variables predictoras del burnout
Del contexto organizacional
Negativa dinámica del grupo
Inadecuación profesional
Sobrecarga en el trabajo
Poca realización profesional
Negativas interacciones trabajador-cliente
Conflicto de rol
Ambigüedad de rol
Poca o nula participación en la toma de decisiones
Poca o nula recompensa laboral
Falta de apoyo organizacional
Frustración en las expectativas laborales
Negativa relaciones con los compañeros
Rigidez organizacional
Insatisfacción en el trabajo
Adicción al trabajo
Falta de desafíos en el trabajo
Falta de autonomía en el trabajo
Estresores económicos
Disminución del compromiso

Intrapersonales       
Locus de control externo
Indefensión aprendida
Sexo
Demandas emocionales
Estrategias de afrontamiento inadecuadas
Percepción de falta de autoeficacia
Patrón de personalidad tipo A
Frustración de las expectativas personales
Negativo autoconcepto
Disminución del interés social
Carencia de personalidad resistente
Edad

Del contexto ambiental      
Falta de apoyo ambiental
Relaciones interpersonales negativas
Negativa comunicación o ausencia de ella
Actitudes negativas de parientes y amigos
Insatisfacción vital
Exigencias vitales
Problemas familiares
Inadecuados recursos de afrontamiento familiares
Cultura



Autor
TESIS SOBRE EL BURNOUT
Por: Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz


Sobre
Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz
- Profesor de la Universidad de Murcia (Facultad de Psicolog ía), desde 1994
- Master en RRHH por el Centro de Estudios Financieros (Madrid), desde 1992
- Doctor en Psicología por la Universidad de Murcia en 1999
- Profesor de la Escuela de Policías de la Región de Murcia desde 1999
- Jefe de Formación y Proyectos de Algama Desarrollo Empresarial (Grupo Picking Pack) desde 1997
- Autor de diferentes libros, artículos y participaciones en Congresos nacionales e internacionales.




Nota de la edición del blog:
Por razones de lectura del blog, he reducido a su mínima expresión este importante trabajo, si desean leerlo en forma completa, pueden colocarlo en Google (título y autor), y obtendrán 4 archivos pdf, o bien mandarme un mensaje a achristin@gmail.com, y con gusto se los enviaré.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Definición de burnout.


Si bien se trata de un Síndrome reconocido recientemente, no existe unanimidad al definirlo, lo que habla de la riqueza de las investigaciones y la importancia del tema. Conocer las distintas versiones nos ayudará a conocer más. Si bien existe esta gran diversidad, no es lo mismo a la hora de medirlo.


Uno de los temas fundamentales tratados en el estudio del burnout ha sido su definición, as como diferentes aportaciones conceptuales a la comprensión del burnout que, como ya vimos anteriormente, se ha presentado y se sigue presentando con diferentes obstáculos por la dificultad de conceptualizar un proceso complejo como es este síndrome, así como porque su similitud, cuando no igualdad, con el concepto estrés aplicado a las organizaciones (estrés laboral) ha supuesto cuestionar continuamente el constructo. Starrin, Larsson y Styrborn señalan que un aspecto importante del burnout es que instintivamente todos saben lo que es, aunque la mayor ía puedan ignorar su definición; así el discernimiento en la literatura sobre el síndrome acerca de su definición tiene que ver con la discusión sobre el papel que tiene la sociedad y las condiciones sociales que producen este fenómeno. Estos autores parten de que el burnout afecta de forma individual a una sociedad abstracta. Con un planteamiento más radical Grebert entiende el burnout "como una construcción cultural que permite a los profesionales de la relación de ayuda manifestar cuáles son sus sufrimientos y dificultades", llegando a conceptualizarlo como un planteamiento defensivo de la profesión.

En el inicio Freudenberger describe el burnout como una "sensación de fracaso y una existencia agotada o gastada que resultaba de una sobrecarga por exigencias de energías recursos personales o fuerza espiritual del trabajador", que situaban las emociones y sentimientos negativos producidos por el burnout en el contexto laboral, ya que es éste el que puede provocar dichas reacciones. El autor afirmaba que el burnout era el síndrome que ocasionaba la "adicción al trabajo" (entendiéndola, según Machlowitz (1980), como "un estado de total devoción a su ocupación, por lo que su tiempo es dedicado a servir a este propósito"), que provocaba un desequilibrio productivo y, como consecuencia, las reacciones emocionales propias de la estimulación laboral aversiva.

Pines y Kafry definen el burnout "como una experiencia general de agotamiento físico, emocional y actitudinal" que posteriormente tendría un desarrollo más completo y que influiría en los planteamientos teóricos de diversos autores, como veremos. Posteriormente, Dale es uno de los que inician la concepción teórica del burnout entendiéndolo como consecuencia del estrés laboral y con la que mantiene que el síndrome podría variar en relaci ón a la intensidad y duración del mismo. Freudenberger  aporta otros términos a la definición, así ya habla de un "vaciamiento de sí mismo" que viene provocado por el agotamiento de los recursos físicos y mentales tras el esfuerzo excesivo por alcanzar una determinada expectativa no realista que, o bien ha sido impuesta por él, o bien por los valores propios de la sociedad. El trabajo como detonante fundamental del burnout va a ser básico en todas las definiciones posteriores. Cherniss es uno de los primeros autores que enfatiza la importancia del trabajo, como antecedente, en la aparición del burnout y lo define como "cambios personales negativos que ocurren a lo largo del tiempo en trabajadores con trabajos frustrantes o con excesivas demandas". El mismo autor precisa que es un proceso transaccional de estrés y tensión en el trabajo, tensión en el trabajo y acomodamiento psicológico, destacando tres momentos:
·      Desequilibrio entre demandas en el trabajo y recursos individuales (estrés).
·      Respuesta emocional a corto plazo, ante el anterior desequilibrio, caracterizada por ansiedad, tensión, fatiga y agotamiento (tensión)
·      Cambios en actitudes y conductas (afrontamiento defensivo).

Con esta conceptualización, el autor ser á uno de los defensores iniciales de la importancia de las estrategias de afrontamiento como mediadoras en el proceso que conduce al trastorno.

Otros autores que aportan una definición de burnout en esta misma línea son Edelwich y Brodsky (1980), que lo definen "como una pérdida progresiva del idealismo, energía y motivos vividos por la gente en las profesiones de ayuda, como resultado de las condiciones del trabajo" Proponen cuatro fases por las cuales pasa todo individuo con burnout:
1.-Entusiasmo, caracterizado por elevadas aspiraciones, energía desbordante y carencia de la noción de peligro.
2.-Estancamiento, que surge tras no cumplirse las expectativas originales, empezando a aparecer la frustración.
3.-Frustración, en la que comienzan a surgir problemas emocionales, físicos y conductuales. Esta fase sería el núcleo central del síndrome.
4.-Apatía, que sufre el individuo y que constituye el mecanismo de defensa ante la frustración.

En esta misma época, Gillespie intentando resolver la ambigüedad definicional, que según el autor existe, clasifica al burnout según dos tipos claramente diferenciados: burnout activo, que se caracterizaría por el mantenimiento de una conducta asertiva, y burnout pasivo en el que predominarían los sentimientos de retirada y apatía. El activo tendría que ver, fundamentalmente, con factores organizacionales o elementos externos a la profesión, mientras que el pasivo se relacionar ía con factores internos psicosociales. El autor abre, de esta forma, la posibilidad de la existencia de varias manifestaciones del burnout que, posteriormente, otros autores retomarían para intentar explicar la complejidad del síndrome.

En 1981, Maslach y Jackson entienden que el burnout se configura como "un síndrome tridimensional caracterizado por agotamiento emocional, despersonalización y reducida realización personal". Siguiendo a Sarros, podemos entender las tres dimensiones citadas de la siguiente manera

*          Agotamiento emocional: haría referencia a las sensaciones de sobreesfuerzo físico y hastío emocional que se produce como consecuencia de las continuas interacciones que los trabajadores deben mantener entre ellos, así como con los clientes
*          Despersonalización: supondría el desarrollo de actitudes y respuestas cínicas hacia las personas a quienes los trabajadores prestan sus servicios
*          Reducida realización personal: conllevaría la pérdida de confianza en la realización personal y la presencia de un negativo autoconcepto como resultado, muchas veces inadvertido, de las situaciones ingratas

Esta definición, que no se aparta de la asunción de las variables del trabajo como condicionantes últimos de la aparición del burnout, tiene la importancia de no ser teórica, sino la consecuencia empírica del estudio que las autoras habían ido desarrollando (Maslach y Jackson).

En el mismo periodo de tiempo, Pines, Aronson y Kafry (1981) definen el burnout como "un estado de agotamiento físico, emocional y mental causado por estar implicada la persona durante largos periodos de tiempo en situaciones que le afectan emocionalmente". Esta definición, que también tiene un soporte empírico dará lugar, al igual que en el caso de Maslach y Jackson (1981), a un inventario para la evaluación del síndrome, aunque presenta la ventaja de no circunscribir exclusivamente el burnout en el contexto organizacional. Introducen el término "tedium" para diferenciar dos estados psicológicos de presión diferentes. Para ellos burnout sería resultado de la repetición de la presión emocional, mientras que tedium sería consecuencia de una presión crónica a nivel físico, emocional y mental. El constructo tedium, por tanto, sería más amplio que el de burnout. En concreto, Pines y Kafry (1978) habían planteado que el tedium "se caracteriza por sentimientos de depresión, vaciamiento emocional y físico y una actitud negativa hacia la vida, el ambiente y hacia sí mismo, y ocurriría como resultado de un evento vital traumático súbito y abrupto, o como resultado de un proceso lento y gradual diario de "machaque". Como puede comprobarse el tedium no sólo es un constructo más amplio, sino que además trasciende al ámbito organizacional y permite la posibilidad de aparición del síndrome ante cualquier evento o proceso suficientemente aversivo que cumpla la anterior caracterización.

De otra parte, burnout, según estos mismos autores, sería el síndrome que padecerían los profesionales de los trabajos relacionados con servicios humanos, mientras que tedium quedaría para describir a las demás profesiones (si nos centramos en el contexto organizacional). La relevancia de esta diferenciación radica en que es la primera vez que el burnout no se circunscribe a unos determinados trabajos, sino que se amplía aunque, como indican Maslach y Jackson (1984), las profesiones de "ayuda humana" han sido el origen del estudio acerca del burnout y, por tanto, las que más investigaciones han generado y donde m ás resultados se han ofrecido para la explicación del síndrome. A pesar de todo el desarrollo teórico, Pines et al (1981), Burke y Richardsen (1991) no aprecian la diferenciación entre burnout y tedium, ya que para estos autores ambos conceptos son idénticos en términos de definición y sintomatología.

A partir de estas dos definiciones no surgen ya prácticamente conceptualizaciones teóricas originales del burnout, pasándose a un intento de comprensión del síndrome mediante los resultados obtenidos en diversas investigaciones, que posteriormente describiremos. Parece que se admite fundamentalmente la definición de Maslach y Jackson (1981), no habiendo tenido tanta repercusión la de Pines et al (1981). Por tanto, las siguientes definiciones que se aportan suelen girar en torno a la ofrecida por las autoras, y la asunción de la relación estrecha entre estrés ocupacional y burnout es aceptada casi un ánimemente. Emener, Luck y Gohs (1982) indican que todas las definiciones que se habían aportado de burnout hasta ese momento lo que hacían era describir el "síndrome del carbonizado", como ellos denominan a los individuos que padecen este problema. De ahí, que en la actualidad una traducción libre de burnout sea la de "quemado", cuando realmente lo que se está reflejando es una situación cualitativamente más grave ("carbonizado"). Estos mismos autores plantean que burnout tal vez pueda ser descrito como el estado mental y físico resultante de los efectos de debilitamiento experimentados por sensaciones negativas prolongadas, relacionadas con el trabajo y el valor que le merece al empleado el "cara a cara" del trabajo y de los compañeros.

Posteriormente, Martin (1982) sugiere que "el burnout refleja una respuesta al estrés y secundariamente a la depresión como síndrome específico", abriendo la reflexión sobre la íntima relación que puede existir entre burnout y depresión, lo que supone un nuevo problema conceptual puesto que ya no es sólo la similitud entre los constructos burnout y estrés, sino también con depresión.

Perlman y Hartman (1982), compilando las diversas conceptualizaciones utilizadas hasta ese año para definir burnout, encuentra los siguientes tópicos: fracasar y estar agotado, respuesta a un estrés crónico, y síndrome con actitudes inapropiadas hacia los clientes y hacia sí mismo, asociado con síntomas físicos y emocionales, todo ello provocado por una estimulación negativa del trabajo y la organización hacia la persona que desempeña su labor profesional. Este planteamiento se va a acentuar posteriormente. Cunningham (1983) reitera la misma definición que Pines et al (1981), encabezando una serie de autores que se inclinarían más hacia esta acepción del burnout, frente a los que se decantan por la definición de Maslach y Jackson (1981). A pesar de que hasta ese momento parecen existir líneas de definición aceptables, Smith y Nelson (1983b) concluyen que "obviamente no es posible ofrecer una definición concisa del fenómeno", en clara referencia a la complejidad del constructo que se intenta conceptualizar. Elliot y Smith (1984), partiendo de que el burnout podría ser un rasgo de personalidad, entienden que en el proceso del síndrome hay que buscar el equilibrio que se ha perdido, planteando que puesto que la recognición del cambio es la fórmula para afrontar el burnout, habrá que partir de la siguiente ecuación:

Susceptibilidad Individual + Sobrecarga = Burnout.

Se puede apreciar que no se alejan de las proposiciones de otros autores sino que pero intentan operativizarlas. Farber (1984) define el burnout como "manifestaciones conductuales de agotamiento emocional y físico derivadas de eventos situacionales estresantes por no encontrar las estrategias de afrontamiento efectivas", continuando con los planteamientos establecidos hasta ese momento, pero añadiendo un aspecto importante para la comprensión del síndrome: las estrategias de afrontamiento inadecuadas actuar ían como mediadoras entre los eventos estresantes y las manifestaciones de agotamiento emocional y físico

Haciendo especial hincapié en los trabajos de "servicios humanos", Shinn, Rosario, March y Chestnust (1984) entienden el burnout como "tensión psicológica resultante del estrés en el trabajo de servicios humanos", asentándose cada vez más el estrés laboral como antecedente necesario para la aparición del síndrome. Desde este mismo planteamiento, Nagy señala que el burnout "describe un gran número de manifestaciones psicológicas y físicas evidenciadas en trabajadores empleados en profesiones consideradas de interacción humana", añadiendo que burnout y estrés podrían ser conceptos similares y que burnout sería un tipo específico de estrés. Grantham (1985), desde una perspectiva puramente psiquiátrica, entiende que los factores estresantes del burnout no son siempre claramente identificables; sí, en cambio, los relacionados con problemas de personalidad, depresión y ansiedad. Partiendo de estas premisas, plantea la siguiente categoría diagnóstica del burnout:
-Eliminar la presencia de una identidad biológica.
-Eliminar la posible existencia de otro síndrome psicopatológico.
-Reconceptualizar el síndrome como una entidad englobada en "problemas de adaptación".
Para el autor, por tanto, el burnout es un síndrome de adaptación que tendría unas características que lo diferenciaría de otros síndromes.

Walker (1986), que había señalado que el burnout "se caracteriza por la existencia de determinadas respuestas a un prolongado, inevitable y excesivo estrés en situaciones de trabajo", dejaba abierta la posibilidad de que el síndrome pueda ser experimentado por cualquier trabajador, independientemente de su contexto laboral específico. Por último, Kyriacou (1987) retoma la definición de Pines et al y defiende que es la mejor concepción de síndrome para su aceptable comprensión.

Cuando parece que la definición de burnout se va perfilando, Garden (1987) expone la idea de que una definición de burnout es prematura pues existe ambigüedad en la realidad del síndrome que la investigación conocida hasta el momento no ha permitido aclarar. Un año antes, Smith, Watstein y Wuehler, concluían que el burnout describía un sutil patrón de síntomas conductas y actitudes que es único para cada persona, haciendo muy difícil que se pueda aceptar una definición global del síndrome.

Poco después Shirom (1989), que es más optimista que los autores anteriores ante e constructo, plantea que "el burnout es consecuencia de la disfunción de los esfuerzos de afrontamiento, con lo que al descender los recursos personales aumenta el síndrome" retomando la variable afrontamiento como determinante en la comprensión del burnout.

Hiscott y Connop vuelven a la línea clásica en cuanto a la definición del burnout y lo entienden como "un indicador de problemas de estrés relacionados con el trabajo". De hecho, a partir de finales de la década de los ochenta es cuando la definición de Maslach y Jackson reaparece con mucha más fuerza. Por otra parte, el estrés ocupacional adquiere el papel fundamental que en los años ochenta ya se había manifestado. Así, Greenglass, Burke y Ondrack, tras diferenciar estrés vital (concepto general que se refiere al estrés acumulado por los cambios vitales en el hogar y/o en el trabajo) y estrés laboral (que se refiere al estrés específico generado en el trabajo o por los factores relacionados con el mismo), encuadra el burnout en este último.

Sin embargo, Starrin, Larsson y Styrborn matizan que mientras el estrés puede ser experimentado positiva o negativamente por el individuo, el burnout es un fenómeno exclusivamente negativo. De ah í que algunos autores planteen la relación entre ambos constructos en el sentido de que el burnout podr ía ser similar a un estrés negativo. Oliver, Pastor, Aragoneses y Moreno igualan burnout a estrés laboral asistencial, volviendo estos autores a circunscribirse en profesiones con determinadas interacciones humanas. También García Izquierdo señala el burnout como característico de profesiones de "servicios humanos", y lo entiende como consecuencia de un prolongado y creciente estrés laboral y, por tanto, sería equiparable a la tensión que un individuo siente como consecuencia de las demandas físicas y psicológicas que el propio puesto de trabajo genera, o como resultado de un desajuste entre el trabajador y su entorno laboral. Moreno, Oliver y Aragoneses lo definen como "un tipo de estrés laboral que se da principalmente en aquellas profesiones que suponen una relación interpersonal intensa con los beneficiarios del propio trabajo".

Muy similar a esta definición encontramos la de Ganster y Schanbroeck (1991): "el burnout es de hecho un tipo de estrés, una respuesta afectiva crónica como consecuencia de condiciones estresantes del trabajo que se dan en profesiones con altos niveles de contacto personal" Esta respuesta podría estar relacionada con las estrategias de afrontamiento de la persona, según Leiter (1991b). El autor considera el burnout como una función del patrón de afrontamiento del individuo, que está condicionado por las demandas organizacionales y los recursos exigidos. El síndrome incluiría una interacción compleja de factores cognitivos con respecto a las atribuciones causales concernientes al trabajo y a las aspiraciones de progreso profesional. En esta misma línea, Kushnir y Melamed lo definen como "el vaciamiento crónico de los recursos de afrontamiento, como consecuencia de la prolongada exposición a las demandas de cargas emocionales", con lo que se va asentando una corriente de estudios que enlazan burnout y estrategias de afrontamiento que, como vimos, ya había presentado antecedentes investigadores. De hecho, Wallace y Brinkerhoff señalan que paradójicamente la despersonalización, como dimensión del burnout, sería propiamente una estrategia de afrontamiento conducente a combatir el síndrome, abriendo aún más la necesidad de una línea de investigación en este sentido.

Tras la anterior unanimidad en la concepción del burnout, la mayoría de autores utilizan el Maslach Burnout Inventory como instrumento de medida del burnout para sustentar sus diversos resultados, y donde la definición de estas autoras está implícita, cuando no es claramente explícita, en los diversos trabajos de investigación que se están desarrollando. Sin embargo Burke y Richardsen, como ya hiciera Garden, plantean que no existe acuerdo en la definición de burnout a la que llegan los distintos autores que están investigando el síndrome y que, por tanto, se necesitan más trabajos de investigación que ayuden a una mejor comprensión de este fenómeno.

García Izquierdo y Velandrino, que un año antes había dado su propia definición, plantean ahora que "tras casi 20 años desde la aparición del término burnout no hay una definición unánimemente aceptada". De hecho, Grebert incide en que la descripción sintomática del síndrome varía según los autores que lo estudian. Leiter distancia el burnout del estrés laboral y lo define "como una crisis de autoeficacia". Nagy y Nagy señalan, por otra parte, que el concepto burnout se ha convertido en un "llamativo descriptor del estrés laboral", señalando que se ha popularizado tanto que quizás se ha perdido el origen del mismo. Moreno y Oliver retoman la relevancia del afrontamiento e indican que el burnout "sería la consecuencia de un afrontamiento incorrecto de trabajo de asistencia y de las preocupaciones ligadas a él".

Castellón, Albadalejo y García Izquierdo plantean la concepción del burnout centrada exclusivamente en el agotamiento emocional. Por último, Ayuso y López, siguiendo la definición de Pines et al, definen el burnout como "un estado de debilitamiento psicológico causado por circunstancias relativas a las actividades profesionales que ocasionan síntomas físicos, afectivos y cognitivo -afectivos", precisando que "e síndrome de desgaste sería una adaptación a la pérdida progresiva del idealismo, objetivos y energías de las personas que trabajan en servicios de ayuda humana, debido a la difícil realidad del trabajo", concepción que deducen de la definición de Edelwich y Brodsky.

En suma, del recorrido realizado hasta aquí podemos consensuar varios aspectos que nos ayudan a delimitar el concepto de burnout y, por tanto, a comprenderlo mejor

-Parece claro que el burnout será consecuencia de eventos estresantes que disponen al individuo a padecerlo. Estos eventos serán de carácter laboral, fundamentalmente, ya que la interacción que el individuo mantiene con los diversos condicionantes del trabajo son la clave para la aparición del burnout

-Es necesaria la presencia de unas "interacciones humanas" trabajador-cliente, intensas y/o duraderas para que el síndrome aparezca. En este sentido, se conceptualiza el burnout como un proceso continuo que va surgiendo de una manera paulatina y que se va "instaurando" en el individuo hasta provocar en éste los sentimientos propios del síndrome.

-No hay acuerdo un ánime en igualar los términos burnout y estrés laboral, pero sí cierto consenso en asumir la similitud de ambos conceptos; sin embargo, definiciones como la de Freudenberger, Maslach y Jackson o Pines, Aronson y Kafry parecen indicar que existen matices que les hace difícilmente iguales. De hecho, recientemente Singh, Goolsby y Rhoads concluían que burnout y estrés laborales son constructor claramente diferentes.

-Tras la definición de Freudenberger, en la que planteaba una "existencia gastada", y tras las aportaciones de Maslach y Jackson con la tridimensionalidad del síndrome: agotamiento emocional, despersonalización y reducida realización personal, o las que hacen Pines et al con el triple agotamiento: emocional, mental y físico, pocas han sido las aportaciones originales a la definición del burnout, girando todas las aportadas sobre estas tres, incluyendo matices propios del contexto en el que se iban desarrollando las investigaciones y no alterando sustancialmente las originales.

-Por último, aunque algunos autores han señalado la falta de consenso a la hora de dar una definición de burnout, el hecho de que el Maslach Burnout Inventory, planteamiento empírico que justifica la definición de Maslach y Jackson, haya sido utilizado de forma casi unánime por los distintos autores para la realización de sus investigaciones, como veremos en un capítulo posterior, nos hace pensar que sí existe cierto consenso en afirmar que la conceptualización más aceptada de burnout es la que ofrecen estas autoras.


Extraído de:
TESIS SOBRE EL BURNOUT
Por: Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz

lunes, 8 de septiembre de 2014

Agotamiento profesional: ¡mucho más que un síndrome!


Es destacable la frase del autor “cualquier enfermedad, más que un mito, es una realidad a ser indagada, susceptible de interrogación mediante un método científico y de innovación y desarrollo en pos de su curación y, mejor aún, de su prevención” ¿Debemos preocuparnos por el enfermo o por las condiciones laborales que lo llevaron a esa situación? ¿El burnout se limita a una “fatiga profesional”?


Un primer punto al considerar las implicaciones de este análisis es que la salud es la expresión tanto individual como colectiva de bienestar y de capacidad funcional, tal expresión difiere según las creencias, valores, representaciones sociales y devenir de cada cultura, y que la enfermedad no está ligada únicamente a los síntomas relatados por un paciente o los signos que busca un médico, siendo independiente de la posesión de un carnet o del ejercicio de un derecho de aseguramiento a un sistema de salud. Aceptado esto, cualquier enfermedad, más que un mito, es una realidad a ser indagada, susceptible de interrogación mediante un método científico y de innovación y desarrollo en pos de su curación y, mejor aún, de su prevención.

Un segundo punto es que el burnout no es un término periodístico, ni tampoco vino strictu sensu de la psicología laboral, ni tampoco es una desadaptación. Desde una perspectiva estrictamente biomédica, el burnout difiere en sí mismo de una depresión o una psicosis maniaco-depresiva, por citar dos ejemplos, así parezca tener los mismos síntomas. Pero el mero ejercicio de buscar motivos o de indagar condiciones del propio empleo, de su sitio de trabajo y del entorno social en el cual vive un sujeto con burnout van más allá del estado de ánimo que pueda experimentar, o de su contacto con la realidad: la verdadera situación que debería preocupar a aseguradores en salud y tomadores de decisiones en Salud Pública es que no pueden cambiar de buenas a primeras una infraestructura hospitalaria o de servicios de salud ni un sistema de aseguramiento, ni un sistema de vigilancia epidemiológica.

Desde esta óptica, implica además preguntar por qué tantas excusas médicas se piden por este motivo, y qué de justificación tiene un trabajo dado para primero anunciar burnout, segundo tratarlo y luego compensarlo (permisos, seguros). ¿Cómo afecta eso a las empresas aseguradoras, y cómo se enmarca o encuadra dentro de la noción misma de “riesgo” como posibilidad de ocurrencia de un evento, y de “aseguramiento” como herramienta social y económica para “protegerse contra los problemas que conlleve tal riesgo”? ¿Se podría, siguiendo a Castel, asegurar a la totalidad de la población o sólo a aquél que trabaja, pero con la paradoja de estar éste afectado por burnout y al mismo tiempo ser un individuo, profesional o técnico, desligado de su colega en una sociedad contemporánea? Es claro que el estado actual de estas sociedades (incluyendo las condiciones de trabajo de quienes viven en ellas) implican un desafío para el sistema de salud, en especial para aquellos especialistas dedicados a la atención en salud mental (psicólogos, psicoterapeutas, psiquiatras) debido al incremento de la digitalización, la globalización, los requisitos de educación continua en curso, la agilización y falta de límites de trabajo y el tiempo de ocio.

Un tercer punto a señalar es que una enfermedad, en sí misma, puede tener variantes, manifestaciones que cambian ligeramente entre sujetos y entre grupos humanos. Y que puede parecerse a otras, surgiendo aquí una interrogante: si ejecutado un proceso de diagnóstico diferencial estrictamente médico no se encuentran resultados anómalos desde la biología y persiste el malestar individual, ¿qué ocurre entonces? ¿Significaría, siguiendo a Canguilhem, preocuparse por la enfermedad en sí misma, por las consecuencias que tiene ésta para el individuo, o más bien por aquellas condiciones de trabajo y de entorno que le reducen el margen de tolerancia al sujeto? Devolver al trabajo al sujeto que manifiesta estar enfermo por ese mismo trabajo es aplicar una lógica de “aquello similar cura lo similar”: el argumento de Keresztesi no podría sostenerse, por ejemplo, en el caso de aquellos profesionales y técnicos de salud involucrados en el manejo de un desastre, o en los trabajadores de una planta nuclear siniestrada, o en los voluntarios de salud y los profesores de escuela en quienes originalmente se describió el agotamiento profesional.

Un cuarto punto estriba en la necesidad de establecer qué tanto de físico y qué de emocional tiene el burnout, considerando las diferencias reportadas por sitio de trabajo o profesión, puesto que no todo afectado tiene idénticas manifestaciones. Por ejemplo, el burnout en enfermeras difiere de aquél que padecen los médicos, e incluso parece diferir entre especialidades. La noción de Brooks esconde una noción de riesgo y de “causa necesaria y suficiente” común en la epidemiología “clásica” o “multicausal”. Pero una noción del riesgo es apenas uno entre diversos elementos necesarios para investigar, conceptualizar mejor y prevenir la aparición del agotamiento profesional, o de recuperar a aquellos que ya lo tienen – dada su condición reversible.

Porta, Lahelma o Siegrist, en cambio, mencionan tres conceptos diferentes de enfermedad, pero desde una perspectiva fisiológica, psicológica y socialmente percibida tanto por el sujeto afectado como por la sociedad; por décadas se ha tratado de achacar el burnout al estrés laboral, al “sufrimiento mental”, a la “fatiga por compasión” o al “cansancio a toda hora”. Burnout va más allá de la noción de riesgo, ergo más allá de lo que la epidemiología tiene por definición y alcance (el estudio de los factores de riesgo o protectores que afectan la salud de una población y su modo de prevenirlos o promoverlos), aun cuando ésta resulta ser de vital importancia para la Salud Pública en la actualidad. Para abordar el agotamiento profesional, se requiere incorporar el contexto del trabajo y del entorno, y debe incorporar todos los actores a todos los niveles de una empresa cualquiera y más allá: el nivel del sistema de salud y el nivel político.

Un quinto punto está en la necesidad de comprender cómo los conceptos de salud-enfermedad se ven influenciados o dictados por los sistemas de salud o las políticas de bienestar nacionales, o por las organizaciones multilaterales, o la industria farmacéutica. ¿Puede el burnout ser objeto de migraciones a lo largo de categorías o de clasificaciones, tal como ha sucedido con la homosexualidad, que pasó de ser un “estado” a ser disbalance hormonal, desorden mental orgánico, perversión sexual y ahora a ser elección individual de un sujeto?

Tras examinar lo reportado por Scully o por Moynihan y luego de constatar quiénes son los autores que han generado el mayor número de publicaciones en el tema desde la década de 1980, encontrando que instrumentos de medición como el Inventario de Burnout de Maslach (MBI: Maslach Burnout Inventory) son objeto de regalías de pago obligatorio por reconocimiento de derechos de autor (copyright): ¿puede ser el burnout manipulable como enfermedad a la medida de una sociedad tecnocrática/digital o de una industria farmacéutica, en forma tan cuestionable como lo han sido el síndrome de hiperactividad y déficit de atención o la osteoporosis?



Autor
Agotamiento profesional (burnout): concepciones e implicaciones para la salud pública
Burnout para la salud pública
Omar Segura
Doctorado Interfacultades en Salud Pública, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, D.C., Colombia
Grupo de Estudios Sociohistóricos de la Salud y la Protección Social, Centro de Historia de la Medicina “Andrés Soriano Lleras”, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, D.C., Colombia

lunes, 1 de septiembre de 2014

Implicaciones del burnout en salud pública

Publico las conclusiones de un trabajo de investigación sobre los efectos del Burnout en la salud pública ¿Qué consecuencias tiene el burnout para el individuo y su entorno? ¿Cuáles son las líneas de investigación posibles?

Finalmente, las implicaciones del burnout para la salud pública pueden agruparse en dos grandes ítems. El primero consiste en la relevancia de su estudio, que entraña preguntas por la enfermedad en sí misma, por las consecuencias que ésta tiene para el individuo, o por aquellas condiciones de trabajo o de entorno que lo afectan. El segundo, el cómo debe ser tipificado e investigado, no sólo respecto a las posibles preguntas que puede generar, sino a los métodos que pueden ser utilizados para tal fin.

La importancia del estudio del agotamiento profesional en salud pública Presentados estos puntos de análisis y, pese a ser denominado síndrome en cuanto conjunto de signos y síntomas, el burnout debe ser asumido como una enfermedad ya que:
a)  existen condiciones del entorno, del trabajo o condiciones del mismo sujeto (v.g. edad, género) que inciden sobre él mismo, afectándolo negativamente;
b)  es posible caracterizarlo a partir de las percepciones del individuo y las observaciones metódicas de los profesionales de salud, particularmente los médicos, e incluso intentar determinar niveles de gravedad o seriedad;
c)  sus manifestaciones pueden detectarse con instrumentos especialmente diseñados, clasificarse y separarse de otras condiciones parecidas o propuestas, tales como “sufrimiento mental”, “estrés”, “fatiga por compasión” o los síndromes “de cansancio a toda hora” y “fatiga crónica” que no estén relacionados con cáncer o sarcopenia;
d)  afecta uno o más sistemas orgánicos del ser humano -con el agravante de comprometer no sólo la salud mental;
e)  puede tener curación con medios no-farmacológicos o con medicamentos –lo que no previene su recaída;
f) su presencia y sus condiciones predisponentes puede ayudar a un médico a ofrecer un pronóstico, aunque sea basado en la frecuencia de ocurrencia y de recaída de burnout;
g)  ha sido estudiado en un entorno multidisciplinar o transdisciplinar que incluye disciplinas médicas como psiquiatría o epidemiología clínica, ciencias sociales como psicología o ciencias matemáticas y bioestadística;
h)  genera desequilibrio e impotencia en los sujetos en busca de su mejor ideal o perfeccionamiento;
i) profesionales y técnicos de salud afectados trabajan por debajo de su mejor nivel y comodidad, con lo cual puede aumentar la frecuencia de errores de juicio o de procedimiento, que pueden tener consecuencias negativas para sus pacientes y sus familias, para otros usuarios y para sus sitios de trabajo.

Dado que el burnout se ha observado también en actividades profesionales relacionadas con la prestación de servicios de diverso tipo, como salud, transporte o educación, o en profesiones y técnicos de salud, como médicos, enfermeras y odontólogos, es factible considerarlo como un problema de Salud Pública que puede y debe ser investigado.

Líneas de investigación posibles.
Varios autores consultados han sugerido realizar investigaciones en dos sentidos: a) estudios poblacionales de la distribución del burnout por profesiones o estratos; b) estudios de procesos biológicos, morbilidad y mortalidad asociables a burnout.

Estas propuestas corresponden a la noción tradicional de riesgo, que conlleva la de daño (harm) y magnitud del daño, usualmente abordadas por la epidemiología “multicausal”; no obstante, el agotamiento profesional suscita interrogantes que van más allá de la priorización tradicional por magnitud, gravedad o relevancia –pensada originalmente para lidiar con enfermedades infecciosas-, y obliga a superar problemas tales como reducción (sólo un tipo de conocimiento), rigidez secuencial (de lo básico a lo aplicado) o la visión meramente utilitarista (sólo sirve lo aplicable y a la vez rentable). Una alternativa puede estar en los planteamientos que hacen otras corrientes, tales como la epidemiología social, la cual aborda los problemas de salud en función de los denominados “sistemas sociales”, más que los factores de riesgo. Puntualmente, no sólo deben considerarse los efectos de la organización del trabajo sobre las esferas física, mental y social del sujeto como individuo y como parte de un colectivo –usualmente, profesional- sino también cómo está diseñado el ambiente donde pasa la mayor parte del tiempo –lo que incluye procedimientos, equipo, herramientas y sistemas que utiliza y áreas donde labora- y, más importante aún, cómo identificar y prevenir nuevos problemas que emerjan con el tiempo, nociones que se encuentran en diversos planes gubernamentales de salud pública, situación que valida una constante indagación sobre el tema, una línea de investigación y un desarrollo expresado en formas novedosas de prevenir, entender y manejar el burnout como enfermedad.

Una segunda línea de investigación reside en los métodos estadísticos. La mayoría de las investigaciones sobre burnout publicadas en el sector salud se han basado en la descripción, que no en el análisis, lo que implica realizar estudios con carácter multidisciplinar, de mayor alcance en el tiempo y usar otras herramientas, tales como los análisis de tipo multinivel, con el objetivo en mente de delinear mejor lo que el burnout es en realidad, y separarlo mejor de otras entidades nosológicas.
Una tercera línea de investigación podría formarse tanto para estudiar las consecuencias del burnout sobre la fuerza laboral en salud como para estudiar, evaluar e implementar medidas para su prevención: la mayoría del trabajo sobre el tema ha sido descriptiva de la frecuencia, pero no de las acciones o intervenciones asumidas para su prevención y manejo. Tampoco se han estudiado asuntos posiblemente asociables como los costos derivados de un pobre desempeño profesional, del ausentismo, de la rotación de profesionales y técnicos de salud, o los desenlaces en salud de aquellos pacientes atendidos por personal de salud afectado por agotamiento profesional.

Finalmente, una cuarta línea de investigación sobre burnout puede abordar aspectos misceláneos; por ejemplo: a) el carácter independiente o no de cada dimensión del agotamiento profesional (física, emocional, laboral), su tiempo de desarrollo o su secuencia; b) cuáles características emocionales pueden relacionarse con el agotamiento profesional –v.g., frecuencia de contacto interpersonal, severidad de problemas personales, o c) qué características de empleo, del espacio de trabajo y del entorno influyen en su génesis y persistencia. En suma, el agotamiento profesional todavía tiene muchos asuntos por debatir, sus implicaciones en salud pública pueden tener largo alcance, y constituye una oportunidad para desarrollar investigación y reflexión en el ramo, especialmente si un salubrista se preguntase, en términos de aseguramiento o de la garantía de la prestación de servicios en salud o de la investigación y desarrollo, ¿quién cuida a los que cuidan?




Autor
Agotamiento profesional (burnout): concepciones e implicaciones para la salud pública
Burnout para la salud pública
Omar Segura
Doctorado Interfacultades en Salud Pública, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, D.C., Colombia
Grupo de Estudios Sociohistóricos de la Salud y la Protección Social, Centro de Historia de la Medicina “Andrés Soriano Lleras”, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, D.C., Colombia

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