lunes, 27 de octubre de 2014

Elementos que predicen el burnout en el contexto ambiental.


Las variables que anteceden al burnout, reconocidas por la teoría, pueden ser organizacionales, intrapersonales, o como las que el autor trata en esta publicación, provenientes del contexto ambiental. Consideramos que en la docencia son de fundamental influencia.


Apoyo social. Este factor está centrado fundamentalmente en el apoyo que la persona recibe de familiares y amigos, en relación a su desempeño laboral y las circunstancias que su trabajo le deparan. Algunos investigadores entienden que a menor apoyo social más posibilidades de padecer el síndrome. Smith, Birch y Marchant (1984) mantienen que las relaciones familiares y/o de pareja positivas confieren a la persona cierta inmunidad a padecer el burnout.

Relaciones interpersonales. Son las relaciones mantenidas con familiares y amigos, fundamentalmente, que condicionan que el ambiente habitual de la persona sea agradable o no. Conforme aparecen ambientes más aversivos aumenta la frecuencia de padecer burnout. Sarros, indica que es especialmente en la dimensión despersonalización donde más se aprecia esta variable.

Comunicación. Sarros y Friesen plantean que cuando los flujos comunicativos se deterioran más en el ambiente social del individuo, la aparición de burnout aumenta. Sarros, cree que donde más incidencia tiene es en la dimensión reducida realización personal.

Actitudes de familiares y amigos. Está muy condicionada por las relaciones interpersonales pero, en este caso, se refiere al sentido positivo o negativo de las actitudes que familiares y amigos tienen hacia la persona. Ante actitudes más aversivas más burnout.

Satisfacción vital. Esta variable describe la sensación de felicidad y agrado que el individuo presenta con su estilo de vida y las interacciones que se producen como consecuencia de él. Según Lee y Ashforth a menor satisfacción vital más burnout, en concreto mayor nivel de agotamiento emocional.

Exigencias vitales. Golembiewski y Munzenrider, señalan que las demandas intensas y los requerimientos de un compromiso completo en los diversos aspectos de la vida (matrimonio, familia, amistades, etc...) pueden derivar en burnout.

Problemas familiares. El hecho de que ocurran problemas familiares que estén distorsionando el funcionamiento normal de la dinámica del hogar, predispone a la persona a sufrir burnout según Leiter.

Recursos de afrontamiento familiares. Leiter plantea que cuando la familia facilita la puesta en marcha de diversos recursos para afrontar las situaciones que pueden dar lugar a burnout, la persona presenta menor vulnerabilidad a su padecimiento. Estos recursos de afrontamiento son independientes de los que puede poseer el individuo en su contexto laboral.

Cultura. Pines y Guendelman mantienen que el burnout no afecta de la misma manera a individuos pertenecientes a una cultura u otra, debido fundamentalmente a que ésta marca no sólo la forma de entender el desempeño laboral, sino también la manera de entender las relaciones sociales y los diferentes apoyos que la persona puede recibir. De ahí que estos autores concluyan que la cultura puede ser un mediador relevante en la incidencia del burnout.

Si bien el anterior listado no es exhaustivo sí nos permite acercarnos a la realidad actual acerca de la situación de las investigaciones que analizan las variables predictoras del burnout. Así, podemos acordar a modo de conclusiones que:

-Las variables más analizadas son las que se encuadran en el contexto laboral, teniendo en cuenta los diversos aspectos que pueden condicionar el desarrollo habitual del desempeño del trabajo. En este sentido, se asume la importancia de estas variables por encima del resto ya que no hay que olvidar que el burnout se ha conceptualizado fundamentalmente en el contexto laboral. Por otra parte, la mayoría de trabajos estudiados parten de la presunción de que las diversas variables laborales condicionan, por s í mismas, determinadas reacciones en los individuos que, en determinados casos, podrían conducir al padecimiento del burnout.

-También las variables intrapersonales han sido objeto de estudio, puesto que es indudable que a pesar de que los eventos organizacionales pueden ser suficientemente estresantes, la valoración cognitiva que hace el individuo de dichos eventos es imprescindible para que ocasione en la persona sentimientos que pueden conducir a burnout. Lógicamente, la valoración cognitiva est á mediatizada por las características de personalidad del individuo y, por tanto, la concepción predictora intrapersonal del individuo adquiere un papel relevante. Un aspecto significativo es que los estudios se han centrado en el análisis de características de personalidad (locus de control, patr ón de conducta tipo A, autoconcepto, autoeficacia...), habiendo sido muy escasamente estudiadas variables personales m ás clásicas como neuroticismo, estabilidad emocional, extraversión, psicoticismo, etc.

-Las variables ambientales se han considerado en algunos estudios, aunque el número de investigaciones ha sido menor. Parece claro que la relación que un individuo mantiene con los miembros relevantes de su entorno (familiares y amigos, básicamente), el apoyo afectivo y social que reciben de estas personas, las actitudes que el individuo percibe de los demás, entre otras circunstancias, son variables que pueden ocasionar situaciones suficientemente aversivas y, por tanto, potencialmente generadoras de burnout.

-Un último aspecto a resaltar es el que hace referencia a la mutua influencia que las tres categorías de variables mantienen en el origen del fenómeno burnout. Prácticamente ningún trabajo cuestiona que, para comprender la complejidad del síndrome, hay que pensar con una perspectiva amplia de posibles predictores. En este sentido, la conjunción de una confluencia de variables organizacionales, ambientales y personales parece una premisa aceptada por la mayoría de autores.


Autor
TESIS SOBRE EL BURNOUT
Por: Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz


Sobre Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz
- Profesor de la Universidad de Murcia (Facultad de Psicolog ía), desde 1994
- Master en RRHH por el Centro de Estudios Financieros (Madrid), desde 1992
- Doctor en Psicología por la Universidad de Murcia en 1999
- Profesor de la Escuela de Policías de la Región de Murcia desde 1999
- Jefe de Formación y Proyectos de Algama Desarrollo Empresarial (Grupo Picking Pack) desde 1997
- Autor de diferentes libros, artículos y participaciones en Congresos nacionales e internacionales.




Nota de la edición del blog:
Por razones de lectura del blog, he reducido a su mínima expresión este importante trabajo, si desean leerlo en forma completa, pueden colocarlo en Google (título y autor), y obtendrán 4 archivos pdf, o bien mandarme un mensaje a achristin@gmail.com, y con gusto se los enviaré.

lunes, 20 de octubre de 2014

Consecuencias psicológicas del burnout.


El Síndrome del burnout puede producir diversas consecuencias en quienes lo padecen, también a la organización y al contexto ambiental ¿Cuáles son esas manifestaciones? ¿Es posible que se vea afectada sólo una de esas categorías?


El siguiente paso lógico es conocer las consecuencias que para el individuo, y para su contexto vital y laboral, supone su padecimiento.

Buscando una mayor facilidad en su descripción, las analizaremos siguiendo la anterior estructura de tres categorías, aunque es necesario señalar que no siempre los autores las plantean por separado, sino que, al contrario, suelen describir varias categorías al mismo tiempo e, incluso, ofreciendo correlaciones entre ellas.

Consecuencias psicológicas del burnout.
Problemas psicosomáticos. Ante el síndrome de burnout, autores varios encuentran que estos problemas pueden manifestarse en forma de diversas disfunciones de la salud que no tienen unos síntomas físicos claros: dolor de espalda o de cabeza, úlceras, mareos, asma, hipertensión, insomnio, taquicardia, etc.

Actitudes negativas hacia sí mismo. El individuo presenta una constelación sintomática que indica la presencia de uno de los factores evidentes de la depresión, en la que la persona desarrolla sentimientos negativos, así como una actitud negativa general hacia sí mismo. Entre otros autores que han señalado la presencia de estas actitudes en sujetos con burnout encontramos a Burke y Richardsen.

Depresión. Como cabría esperar del apartado anterior se ha comprobado la presencia de depresión en sujetos afectados por el síndrome. Entre otros autores, Jackson y Maslach (1982) han señalado esta consecuencia del burnout. Es interesante destacar aquí que aunque se ha planteado la posibilidad de una cierta similitud entre burnout y depresión, como vimos al principio de este capítulo, Leiter y Durup (1994) encuentran que si bien existen algunas similitudes sintomatológicas entre ambos constructos, se trata de dos trastornos diferentes.

Sentimientos de culpabilidad. En este caso la persona presenta sentimientos de culpabilidad en relación a sus acciones personales, laborales o ambientales. Pines, Aronson y Kafry (1981), entre otros, lo han apreciado en sujetos con burnout, haciendo referencia a estos sentimientos, sin especificar claramente que se pueda tratar de depresión, si bien tanto esta categoría como la anterior están íntimamente relacionadas.

Ansiedad. Es frecuente que el individuo con burnout presente los síntomas propios de los cuadros de ansiedad.

Cólera. La persona con burnout puede presentar reacciones de ira, indignación y/o enojo que manifiesta en sus interacciones habituales.

Aburrimiento. Friedman (1991) señala que una característica llamativa del sujeto con burnout es la presencia de sentimientos de aburrimiento en las actividades que realiza, que se convierte en un hastío emocional generalizado en las tareas laborales cotidianas.

Baja tolerancia a la frustración. Freudenberger (1986) indica, como propio de la persona afectada por el fenómeno burnout, la existencia de una gran frustración con cualquiera de las acciones habituales que realizan y que no acaban con el resultado positivo esperado inicialmente.

Abuso de drogas. Lemkau et al (1988) mantienen que las personas que sufren el síndrome pueden presentar grandes ingestas de sustancias tóxicas (café, alcohol y otras drogas consideradas duras). Según Burke (1993) las personas que presentan reducida realización personal tienden a este abuso.

Consecuencias del burnout en el contexto organizacional.
Disminución del rendimiento. Investigadores varios observan en el trabajador una disminución significativa del rendimiento en su quehacer cotidiano, en comparación con momentos anteriores, que no tienen una causa objetiva para que ocurra: cambios en la política de empresa, instalación de nuevas tecnologías, etc.

Actitudes negativas hacia el trabajo y falta de motivación. El trabajador, que ha perdido buena parte de su motivación hacia el trabajo, desarrolla constantes sentimientos negativos hacia su desempeño laboral.

Actitudes negativas hacia el cliente. García Izquierdo (1991a) encuentra que el trabajador desarrolla sentimientos negativos hacia el cliente al que trata de forma cínica y "despersonalizada".

Incapacidad para realizar adecuadamente el trabajo. El trabajador, a pesar de su interés por el trabajo, comprueba que es incapaz de realizarlo correctamente.

Rotación. Los sujetos con burnout presentan un índice de rotación superior al considerado habitual. Parecen necesitar un cambio continuo de los puestos que desempeñan.

Intención de abandonar el trabajo o abandono real. El trabajador, al que le cuesta cada vez más aguantar la situación provocada por el síndrome, tiende a abandonar el trabajo. Según Schwab et al (1986) en profesores la dimensión que está incidiendo para que se manifieste esta variable es agotamiento emocional.

Absentismo, retrasos y largas pausas durante el trabajo. El trabajador comienza a incumplir sus obligaciones en el trabajo, manifestándose en retrasos, largas pausas durante los descansos y/o absentismo. Recientemente, Yaniv (1995) ha planteado que el absentismo ocurre de forma involuntaria debido a la aparición del burnout, siendo una consecuencia inevitable del mismo.

Insatisfacción en el trabajo. Diversos investigadores encuentran que el trabajador se halla muy insatisfecho con el trabajo, tanto en relación a lo que hace en el puesto desempeñado, como en relación a lo que el contexto laboral le ofrece. Burke (1993) indica que esta consecuencia se aprecia sobre todo en relación con las dimensiones agotamiento emocional y reducida realización personal.

Disminución con el compromiso. Leiter señala que cuando una persona presenta el síndrome, especialmente la dimensión agotamiento emocional, se puede observar una disminución del compromiso que presentaba con el trabajo, en cuanto a ilusión, metas, sentimientos positivos, entre otras características.

Consecuencias del burnout en el contexto ambiental..
Actitudes negativas hacia la vida en general. El individuo desarrolla sentimientos negativos hacia los diversos contextos vitales: familia, amistades..., estando esta variable claramente relacionada con la presencia de depresión,  hace especial hincapié en el deterioro de las interacciones personales.

Disminución de la calidad de vida personal. Jackson y Maslach (1982); encuentra en los individuos afectados por el síndrome un empeoramiento de su calidad de vida, que se refleja en una disminución de su bienestar personal y social.

De la anterior descripción de las posibles consecuencias a las que puede dar lugar el burnout, podemos concretar algunos aspectos en relación a la revisión realizada:

-El burnout se presenta como un síndrome complejo que acarrea consecuencias muy variables, lo que le hace ser un problema de difícil interpretación, ya que si bien los diversos autores analizados plantean las distintas consecuencias como propias del burnout, también lo es que muchas de ellas se han identificado en otros constructos (estrés laboral, insatisfacción laboral, depresión...). Por otra parte, algunas de las consecuencias descritas son síndromes con conceptualizaciones teóricas propias (depresión o ansiedad, por ejemplo), lo que incide en lo desarrollado a lo largo del capítulo: el fuerte solapamiento existente entre burnout y otros constructos, probablemente debido a que el síndrome de "estar quemado" está constituido por una constelación sintomática muy similar a los recogidos en otros síndromes y, lógicamente, las consecuencias que se manifiestan pueden coincidir o, al menos, ser similares dado que la percepción de sufrimiento y la evaluación que se haga en de él en el contexto organizacional también será parecida.

-De las investigaciones revisadas, las consecuencias personales, de carácter psicológico y físico, y las organizacionales, además de estar íntimamente relacionadas, han sido las más estudiadas.

En este sentido, al igual que ocurría con las variables predictoras del síndrome, parece que el planteamiento teórico y las investigaciones consecuentes apuntan a que los autores centran fundamentalmente sus estudios en estos contextos.

-En cuanto a las consecuencias ambientales no podemos afirmar que se hayan descrito pocas, sino más bien que se han valorado en categorías mucho más amplias que las analizadas en relación a las personales u organizacionales. Así se refleja en las dos que hemos descrito: actitudes negativas hacia la vida en general y disminución de la calidad de vida personal. En cualquier caso esta categoría, por los motivos teóricos apuntados, ha sido menos estudiada que el resto.

-Pocos autores discuten que las consecuencias que produce el burnout se interrelacionen en las tres categorías, ya que resulta difícil comprender que una persona afectada en uno de sus planos vitales (personal, organizacional o ambiental) no esté también afectada en los otros.


Autor
TESIS SOBRE EL BURNOUT
Por: Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz

Sobre
Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz
- Profesor de la Universidad de Murcia (Facultad de Psicolog ía), desde 1994
- Master en RRHH por el Centro de Estudios Financieros (Madrid), desde 1992
- Doctor en Psicología por la Universidad de Murcia en 1999
- Profesor de la Escuela de Policías de la Región de Murcia desde 1999
- Jefe de Formación y Proyectos de Algama Desarrollo Empresarial (Grupo Picking Pack) desde 1997
- Autor de diferentes libros, artículos y participaciones en Congresos nacionales e internacionales.



Nota de la edición del blog:
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lunes, 13 de octubre de 2014

Contextualizando al síndrome de burnout


¿El síndrome de burnout debe ser considerado como una enfermedad? En este contexto ¿Qué significa “bienestar”? ¿Y “malestar”? ¿Cuál es la relación de estos conceptos con el de “salud mental”? ¿Qué condiciones debe reunirse para considerarse como “persona sana”? ¿Qué debe investigar la salud pública? ¿En qué consiste la “vigilancia epidemiológica”?



Herbert Freudenberger describió en 1974 el síndrome de agotamiento profesional o burnout, una condición mental caracterizada por disminución del desempeño laboral, con una sensación de impotencia, frustración e incapacidad para alcanzar objetivos o metas laborales. Sus síntomas incluyen agotamiento emocional (de ahí su nombre), cinismo y desapego, sensación de inefectividad y de incapacidad profesional, acompañado de otros síntomas como insomnio, irritabilidad o conflictos interpersonales; todos estos en conjunto precipitan al sujeto afectado a estados de depresión, ansiedad y adicción.

Para algunos autores, burnout es un conjunto de signos y síntomas considerado como ambiguo, mal delimitado o que no debe ser considerado como enfermedad sino como manifestación de otras afecciones. Para otros, el burnout es una enfermedad en sí misma y un potencial problema de salud pública; se ha observado y reportado frecuentemente en servicios hospitalarios de la sociedad occidental, se ha achacado a períodos largos bajo estrés en entornos laborales, y se ha considerado desde su descripción inicial como multidimensional.

Así, el agotamiento profesional debe asumirse como una enfermedad y a la vez como un problema de salud pública susceptible de investigación, vigilancia y detección en función de sus condiciones y entornos predisponentes. Para tal fin, se proponen algunas nociones esenciales como marco de referencia, se analizan a continuación las posiciones contrarias o favorables a esta posición, y finalmente se enumeran las implicaciones del tema y sus posibles líneas de investigación en salud pública.

Un marco de referencia
El agotamiento profesional fue descrito inicialmente por Freudenberger como una condición mental con consecuencias físicas. Posteriormente, Manderscheid explicó cómo, tras los estudios del Instituto de Salud Mental de EUA en la década de 1980, cambió la noción de enfermedad mental desde un diagnóstico clínico e individual únicamente hacia una nueva comprensión de dos nociones paralelas: bienestar –el grado de entusiasmo y actitud positiva ante la vida, incluyendo la capacidad de manejar sentimientos y comportamientos, ser autónomo y manejar efectivamente el estrés- y malestar – como una percepción de sentirse mal, o estar enfermo, que involucraba no sólo una percepción individual sino una comunitaria, en pos de su recuperación y reintegración laboral. El mismo instituto también definió categorías cualitativas para valorar la respuesta a tratamiento, cualquiera fuese éste.

Desde la misma época, los asuntos relativos a salud mental se volvieron paulatinamente importantes para el público en general. Un motivo subyacente fue la transformación de la sociedad hacia una economía basada en la prestación de servicios, en cuyo interior se encuentran individuos sometidos a toda clase de presiones en pos de una mejor y más eficiente atención al público –a menudo identificadas con el término estrés (stress)– en especial cuando enfrentan los dilemas profesionales y éticos que impone el sector salud. Una situación así puede dar pie a trastornos mentales, que también afectan la salud física individual, y verse reflejado en las condiciones de trabajo, de servicios de salud y en la estabilidad de las sociedades en su conjunto –si se consideran ejemplos como el ausentismo y la pérdida de productividad en cuanto consecuencias. Expresado de otro modo, en el siglo XXI el estudio de circunstancias como éstas y aquellas relacionadas con burnout -así como las propuestas para su solución o mitigación- constituyen un gran desafío para áreas del conocimiento y quehaceres como la Salud Pública, que se vería beneficiada de un análisis y seguimiento de cómo los profesionales y técnicos de salud en particular –y de otros sectores prestadores de servicios en general- perciben y sienten su salud mental y física en su entorno.

Ahora, las nociones de salud y de enfermedad han tenido diferentes percepciones a lo largo del tiempo y las culturas. La noción de salud ha cambiado según la comprensión que de ella tenga el común de la gente, científicos de los siglos XIX y XX –salud como ausencia de enfermedad u homeostasis entre medios interno y externo-; instituciones como la OMS -un “completo estado de bienestar físico, psíquico y social”, y no sólo la ausencia de enfermedad o achaque- o la reflexión posterior sobre su alcance y completitud o su significado en términos de la potencialidad para una función plena y con calidad de vida, influenciado por lo biológico humano, el estilo de vida, los ambientes (físico y comunitario, que pudieran asimilarse al “entorno”) y la estructura social. Por su parte, la noción vulgar de enfermedad esconde una noción dicotómica y de aplicación universal para reconocer a otro sujeto como “enfermo”: según Scully, si se tienen en cuenta especialmente grupos humanos, contextos culturales e incluso épocas, sería muy difícil dar una acepción final y definitiva; en otras palabras, la noción de la enfermedad en el siglo XXI va mucho más allá de un razonamiento de consultorio, cuarto de hospital o de laboratorio (clínico, farmacéutico o de salud pública), donde un conjunto de signos y síntomas conllevan el confirmar la presencia o ausencia de un microorganismo y prescribir un tratamiento a la medida del mismo. Así, las nociones de salud y de enfermedad han cambiado en función de mejores capacidades de diagnóstico pero también de mayores expectativas de salud, calidad de vida, desempeño técnico/profesional, comprensión del carácter finito (más que escaso) de los recursos en salud y escándalo frente a las relaciones non-sanctas entre industria farmacéutica y asociaciones científicas o de pacientes.

Entonces, la salud pública –traducida en acción investigativa- debe no sólo estudiar y propender por la mejor salud de las poblaciones, sino también por la de su grupo de profesionales y técnicos, denominados según el momento y el grupo interesado talento humano, trabajadores de salud o –despectivamente- insumo humano o carga de gastos en salud. Este objetivo está inscrito tanto en su definición y propósitos como en sus funciones. La Salud Pública es para Malagón y para Gómez un quehacer, una manifestación de una organización racional, consensual, colectiva, de las acciones y condiciones dirigidas a proteger a la población de los factores de riesgo que inciden sobre el estado de salud, mejorar la convivencia y la calidad de vida, donde el ser humano es protagonista activo en el mejoramiento de las condiciones personales y de la sociedad en la cual vive; por su parte, para Benach y cols. es una tecnología social basada en las ciencias sociales y de salud cuyo objetivo es precisamente uno de mejoramiento a través de acciones sobre el medioambiente, el empleo y el trabajo, los asuntos políticos y sociales, y la atención sanitaria.

Un intento de convertir estos objetivos en categorías operativas, caracterizables y medibles, fue a través de las llamadas funciones esenciales en Salud Pública (FESP), originalmente pensadas para rescatar el carácter obligatorio de la salud pública, el desarrollo humano sostenible y el respeto a la integridad del ser humano, el fortalecimiento de la infraestructura y la práctica de la salud pública, pero que también tienen presentes la vigilancia de salud pública, la investigación y control de riesgos y daños en salud pública, el desarrollo de recursos humanos y capacitación en salud pública, y la garantía de calidad de los servicios de salud individual y colectivos.

Sin embargo, la vigilancia en salud pública está afincada sobre la epidemiología, específicamente la noción de vigilancia epidemiológica de eventos centinelas en salud: un evento de interés o centinela en salud pública es considerado una enfermedad prevenible o muerte prematura cuya ocurrencia es señal de alarma para mejorar la calidad de la atención médica preventiva o terapéutica. Por esta misma naturaleza, un sistema de vigilancia epidemiológica tradicional no está en principio adecuadamente preparado para la detección, la confirmación, el análisis o el seguimiento de eventos crónicos dados el empleo, el sitio de trabajo y el entorno, tal como sucede con el agotamiento profesional.

El burnout -en español, “agotamiento profesional” o “desgaste profesional”- recibió una connotación definitivamente profesional y que podía afectar grupos de pacientes a partir de los estudios con maestros de escuela por parte de Maslach y Jackson (EUA), creadoras del instrumento psicométrico más utilizado para su estudio. Schwartz y Will  y otros reportaron sus observaciones y buscaron explicar sus causas, entre ellas su carácter progresivo y dinámico (aunque pueda ser reversible) y la noción subyacente de riesgo psicosocial. Un problema con el estudio del burnout es que, desde sus orígenes, el esfuerzo se ha concentrado en la descripción del problema, a partir de las manifestaciones somáticas del individuo, y por la acción de profesionales cuya formación de base era Medicina, Psicología o Ciencias Sociales, no Epidemiología o Salud Pública; a la fecha, escasean los estudios de carácter analítico o experimental que lo hayan abordado.

Mientras que los primeros reportes se basaron en métodos cualitativos, basados siempre en observaciones metódicas, entrevistas y estudio de casos, muy rara vez en colectivos y nunca cuestionando que su origen y causas pudiera involucrar la organización de las instituciones o el entorno de trabajo, los estudios de comienzos del siglo XXI se aproximaron al problema en dos sentidos:
a) un modelo medicalizado (paciente como sujeto pasivo), y
b) un modelo de apoyo social. Por ejemplo, Gil-Monte, desde una perspectiva sociológica y cultural, enumeró tres motivos por los que se ha visto cada vez más burnout en trabajadores: a) desarrollo del sector de servicios, con cambios en el entorno socioeconómico (de cómo se hacen transacciones) y laboral (flexibilización) en presencia de mayor presión en pro de la eficiencia; b) cambios demográficos que se centran alrededor de la migración (mayor movilidad, más heterogeneidad poblacional y por ende, de prestadores como de receptores de servicios); y c) avance y masificación de tecnologías de información y comunicación (con mayor desinformación y desorientación de prestadores y receptores).


Extraído de:
Agotamiento profesional (burnout): concepciones e implicaciones para la salud pública
Burnout para la salud pública
Omar Segura
Doctorado Interfacultades en Salud Pública, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, D.C., Colombia
Grupo de Estudios Sociohistóricos de la Salud y la Protección Social, Centro de Historia de la Medicina “Andrés Soriano Lleras”, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, D.C., Colombia

lunes, 6 de octubre de 2014

Estado de la discusión sobre el síndrome de burnout


¿Existe el estado de agotamiento profesional? ¿Se trata de una enfermedad creada por el periodismo? ¿O estamos en presencia de otras enfermedades que se enmascaran con este rótulo? ¿El desgaste profesional es una manifestación del estrés laboral? ¿La solución pasa por lo individual o por lo colectivo?


Desde comienzos del siglo XXI, se viene hablando mucho del incremento dramático de los casos de burnout, primero en las publicaciones científicas, luego en la prensa especializada y finalmente en Internet. Eventos como el 21º. Congreso Europeo de Psiquiatría, celebrado en Nantes (Francia) en abril de 2013, o el incremento de los reclamos a las compañías de seguros alemanas por una “interferencia por burnout”, han fomentado el debate.

Autores como Hamman y cols. o Höschl han propuesto que el burnout es un mito, y que es un mero tratamiento periodístico atribuirlo a fenómenos sociales tales como “globalización”, “desaparición de límites entre vidas laboral y privada”, “demandas incrementadas”, “excelencia y calidad”, entre otros. Mientras que autores como Rössler  o Mateen han sugerido no sólo que el agotamiento profesional (burnout) sí existe, sino que se relaciona precisamente con las circunstancias sociales antes mencionadas, y que de la investigación sobre el problema se ha concluido que es una diferente entidad nosológica y psicológica, derivada de la respuesta a factores causantes de estrés interpersonal crónico en el trabajo, y que además no es un concepto teórico y exclusivo del mundo desarrollado.

Otros autores explican su posición más detalladamente: para Keresztesi, por ejemplo, burnout es un término que no es médico, sino una metáfora y una expresión estadounidense para designar alguien de permiso (discharged), empezando por aplicar un concepto físico: si está “quemado”, debe haberse “incinerado”, equiparando un ser humano a un fusible; en su criterio, el término en cuanto diagnóstico no existe, e incluso considera peor la situación cuando se le agrega el vocablo “síndrome de fatiga”: presumiendo que la causa subyacente es estrés prolongado o depresión.

Keresztesi afirma que, en vez de burnout, deberían tenerse en cuenta otras enfermedades como hipotiroidismo, diabetes, enfermedad cardiovascular, hipovitaminosis o depresión, para evitar que el término lleve a pasividad, aprovechamiento de la enfermedad en beneficio del individuo y conductas defensivas, y propone que el trabajo no sería una causa de “burnout”, sino su remedio, porque el sujeto encontraría empoderamiento y contexto social dónde apoyarse; como ejemplo presenta al sujeto con cáncer, que recibe tratamiento durante unas semanas y luego vuelve al seno de su familia y su trabajo aunque sea con limitación de su tiempo laboral.

En Alemania, por ejemplo, burnout no es considerado un diagnóstico médico. Berger (6,7) ha señalado el carácter intenso del debate en ese país sobre la noción del estrés psicológico en el entorno de trabajo moderno y los riesgos potenciales que puede tener las condiciones de éste en la salud mental. Para él, sin embargo, el problema estriba en que cambiar esas condiciones implica diferenciar las diversas entidades nosológicas que afectan el bienestar de los sujetos, para prevenirlas a su vez: explica que es un problema que afecta tanto a los servicios de salud (en cuanto al diagnóstico se refiere) como a las compañías (en cuanto a las excusas médicas se refiere), y todo esto lleva a un punto común: el aseguramiento, en términos de cómo se valida que el causante es burnout, y que –aparentemente- hay medios para intervenir el desgaste profesional.

Por su parte, Hillert o Kapfhammer consideran que el burnout es un término procedente de la psicología laboral, el cual describe síntomas de una desadaptación sostenida en el tiempo a condiciones estresantes laborales, sin ser un diagnóstico per se de acuerdo con sistemas de clasificación tradicional. Un documento de posición de la Sociedad Alemana de Psiquiatría, Psicoterapia, Medicina Psicosomática y Neurología (DGPPN, Deutsche Gesellschaft für Psychiatrie und Psychotherapie, Psychosomatik und Nervenheilkunde) estableció que el burnout es un estado de riesgo hacia otras enfermedades, y que el término es apenas uno de carácter “periodístico”.

La aproximación alemana al problema se ha basado mucho en un enfoque clínico y de laboratorio: si el burnout no se encuentra en un estudio experimental, entonces no existe. Los autores alemanes consultados advierten, en mayor o menor medida, que lo que denominan el “síntoma cardinal” (fatiga, agotamiento) debe ser clarificado a través de una completa historia tanto médica y neurológica como biopsicosocial, y el ejercicio de un cuidadoso diagnóstico diferencial de condiciones psiquiátricas tipo depresión o ansiedad o intentos de suicidio, con un tratamiento multimodal, ajustado a la condición subyacente y severidad del cuadro del paciente. Sin embargo, la evaluación de las posibles medidas, usualmente orientadas hacia el sujeto (person-directed) –v.g. los cambios de turno- o hacia el trabajo, -v.g. las reuniones de grupo- no han mostrado resultados satisfactorios en términos de eficacia, efectividad y eficiencia a largo plazo, situación señalada en dos revisiones sistemáticas de la Colaboración Cochrane.

Frente a estas posiciones, se encuentran aquellos que piensan que el burnout sí existe como afección; existe división sobre si el problema parte del mismo sujeto o si, por el contrario, deriva de su interacción con su entorno, especialmente el laboral. Por ejemplo, Gil-Monte propone que el desgaste profesional debe ser considerado como una manifestación del estrés laboral; Brooks plantea que el trabajo de un profesional (un médico, en particular) o técnico de salud es uno de alta presión y muchos factores causales de estrés –donde el burnout es apenas una de sus manifestaciones; propone factores de riesgo individuales – tales como rasgos de personalidad o antecedentes psicológicos- y ocupacionales –clínicos y estructurales- que causan directamente estrés. Trollope-Kumar ha señalado que el burnout existe y está ligado a la noción de riesgo, resultado a su vez de una inadecuada respuesta del profesional de salud a las exigencias de su actividad, sean éstas carga de trabajo o alejamiento del hogar, o peor aún, de la detección de incongruencias entre su trabajo y su vida personal, o de la impotencia resultante ante ciertos casos, como aquellos en pacientes oncológicos o de cuidados paliativos.

En cambio, las posiciones de Kay –canadiense- o de Rakovec-Felser –eslovena- son diferentes: ninguna de ellas niega la existencia del burnout, pero recalcan que la solución no pasa por lo individual, sino por lo comunitario/organizacional, en términos de un cambio del entorno laboral y cultural. Kay sugiere una “sobredramatización” del carácter individual de la condición, lo que ha suscitado medidas de carácter y alcance limitado y –sobre todo- estigmatización; Rakovec-Felser propone que el burnout puede ser consecuencia de un pérdida de balance entre tres niveles de intercambio social – el interpersonal, el de equipo y el organizacional-, más que a causa del trabajo per se.
Hay quienes consideran que el burnout existe y constituye un problema que necesita atención por parte de la Salud Pública. Kacenelenbogen –belga- y Cebrià-Andreu –español- escriben que la insatisfacción, la desmotivación, la desilusión y la frustración en los profesionales de salud conllevan erosión física, cansancio acumulado, falta de energías y alteraciones del sueño, traduciéndose en fatiga emocional. Señalan que, aunque el cuestionario diseñado por Maslach no representa un diagnóstico confirmatorio y final per se, sí es la puerta de entrada para su detección. Pero ellos van aún más lejos en su conceptualización. Cebrià-Andreu asume el burnout en dos dimensiones: a) como un fenómeno clínico cuya analogía reproducible en laboratorio es la generación de estrés de larga duración en ratones, pudiendo demostrar –mediante análisis bioquímicos- que sus cuerpos generan hormonas y neurotransmisores que tienen por consecuencia generarles ansiedad, deprivación de sueño e irritabilidad; b) como un fenómeno social insuficientemente estudiado pero relacionado con asuntos laborales, organizacionales o de la sociedad, con consecuencias en la calidad de la actuación que presta el profesional de salud, sea de cuidado o de diagnóstico y manejo (enfermería o medicina, respectivamente).

Kacenelenbogen sugiere lo mismo y agrega dos dimensiones más: c) las consecuencias que puede tener el burnout en médicos generales, que se traducen en trastornos de carácter comportamental, cognitivo/afectivo y físico, y d) la necesidad de acción tanto desde el levantamiento de datos y estadísticas precisas sobre el síndrome en los médicos de su país (una visión claramente epidemiológica causal) como desde la integración y acción multi/transdisciplinar investigativa y preventiva a partir de la medicina del trabajo, de la psiquiatría y la psicología, de los respectivos administradores de salud y de la sociedad misma (una acción que claramente se enmarca en lo que es salud pública). Por consiguiente, si los profesionales de salud se sienten mal cuidados o están exhaustos, es la sociedad la que termina perdiendo; por consiguiente, por una cuestión de inteligencia (Cebrià) o porque el sistema de salud mismo puede estar en peligro (Kacenelenbogen), las autoridades competentes deben prestar atención no sólo a su condición de salud-enfermedad sino a su bienestar.


Autor
Agotamiento profesional (burnout): concepciones e implicaciones para la salud pública
Burnout para la salud pública
Omar Segura
Doctorado Interfacultades en Salud Pública, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, D.C., Colombia
Grupo de Estudios Sociohistóricos de la Salud y la Protección Social, Centro de Historia de la Medicina “Andrés Soriano Lleras”, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, D.C., Colombia

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