martes, 28 de abril de 2015

Antecedentes teóricos del Síndrome de Quemarse por el Trabajo

El Síndrome de Burnout es una preocupación en el ambiente docente ¿Cuáles son los antecedentes desde la investigación? ¿Cómo se lo define? ¿Qué dimensiones lo caracterizan?


El Síndrome de Quemarse por el Trabajo no es un problema nuevo, sin embargo, hoy en día éste se encuentra de forma más frecuente y preocupante entre los profesionales, principalmente de las áreas de la salud, educación, servicios sociales, entre otras, que tienen en común la atención o el servicio directo a otras personas. 

Este síndrome conocido internacionalmente como Burnout tiene una corta vida en la investigación educativa. En 1974, el término fue acuñado en primer lugar por Herbert Freudenberger (1980), quien mostró gran interés al observar el agotamiento físico y mental que experimentaban tanto él como sus compañeros de trabajo en una clínica psiquiátrica. Otra pionera en el estudio del Síndrome fue Cristina Maslach (1982), quien tomó el término por la forma en que coloquialmente se nombraba en Estados Unidos a las personas que padecían abuso crónico de alguna droga y también era usado por los abogados para referirse a manifestaciones similares al fenómeno investigado en ambientes de pobreza.
El término ha sido difundido y consolidado como un síndrome tridimensional derivado de un estrés emocional crónico, considerado así a partir de estudios realizados por Maslach y Jackson (en Guerrero & Rubio, 2005). Aunque el concepto varía entre los diferentes autores que lo han trabajado, la base para la conceptualización del Burnout generada por Maslach permanece. 

Actualmente y después de diversos estudios se ha llegado a diversas definiciones, este trabajo estuvo basado en la que desarrolló Gil-Monte (2001): 

…una respuesta al estrés laboral crónico integrado por actitudes y sentimientos negativos hacia las personas con las que se trabaja y hacia el propio rol profesional, así como por la vivencia de encontrarse emocionalmente agotado. Esta respuesta ocurre con frecuencia en los profesionales de la salud y, en general, en profesionales de organizaciones de servicios que trabajan en contacto directo con los usuarios de la organización.

De este modo el Síndrome de Quemarse por el Trabajo se relaciona con los procesos organizacionales del centro de trabajo así como las tareas propias del trabajo realizado.
El SQT para ser llamado así debe presentar las tres dimensiones que lo caracterizan:
a) Desgaste Psíquico que se refiere a la aparición de agotamiento emocional y físico;
b) la Indolencia que es la manifestación de actitudes negativas de indiferencia y cinismo hacia los clientes de la organización;
c) Ilusión por el trabajo (ausencia de ella), definida como el deseo del individuo de alcanzar las metas laborales porque supone una fuente de placer personal. En algunos casos esto se agrava con la presencia de sentimientos de culpa por el comportamiento y las actitudes negativas desarrolladas en el trabajo, en especial hacia las personas con la que se establecen relaciones laborales, su aparición es posterior a las otras tres dimensiones. Esta cuarta dimensión, ya había sido contemplada por estudiosos del tema entre ellos, Maslach y Freudenberger, sin embargo, es Gil Monte quien la sistematiza ante diversos estudios y observaciones del fenómeno y la incluye como parte del SQT y advierte que ésta puede o no presentarse en los individuos, ya que su aparición puede estar predispuesta por los valores sociales y la ética profesional del individuo (Gil-Monte, 2006). 



Extraído de:
EL SÍNDROME DE QUEMARSE POR EL TRABAJO (BURNOUT)  EN EDUCACIÓN BASICA
  Adriana Mercado Salas
Verónica Silvia Noyola Cortés

Universidad Autónoma de Aguascalientes

domingo, 19 de abril de 2015

Salud mental positiva

¿Cómo promover el bienestar laboral de los docentes? Ciertamente un punto fundamental está relacionado con su salud, en especial la psicológica. Es vital ocuparse de esos aspectos ¿Cuál es el significado de “Salud Mental”? ¿Cuál es el funcionamiento óptimo de un sujeto? ¿Qué criterios son los adoptados?  


La salud mental como tema de investigación, está cobrando importancia en el ámbito médico-educativo, en la medida que se relaciona no sólo como el aspecto tradicional de enfermedad mental, sino como un estado de salud y bienestar.

A partir de que surge el concepto de salud mental, la Organización Mundial de la Salud señaló que la salud es el estado de bienestar físico, psíquico y social y no la mera ausencia de enfermedad o minusvalía, por lo que en teoría, el concepto se ha utilizado para referirse tanto a estados de salud como de enfermedad. Por un lado, se trata de romper con el principio del modelo clínico tradicional de que la salud mental es simplemente la ausencia de enfermedad y responde a la necesidad de tratar los trastornos mentales con curación, tratamiento y rehabilitación; y por otro, se intenta favorecer la vertiente positiva que define la salud mental a través de la salud, fundamentándose en que la salud es igual a algo más que ausencia de enfermedad y pugna por la prevención y la promoción.

La OMS (1992) señala que la salud mental es un constructo que implica la capacidad que tiene un individuo, para establecer relaciones positivas con otros y participar constructivamente en la modificación del ambiente, implica también la capacidad para enfrentar conflictos y desarrollar estrategias adecuadas para manejar el estrés, además de una percepción de autoeficacia, buen autoconcepto y adaptación al trabajo. 

Esta perspectiva positiva concibe la salud mental como el estado de funcionamiento óptimo del sujeto y defiende que hay que promover las cualidades de las personas y facilitar su máximo desarrollo.

Se ha demostrado que existen fortalezas humanas que actúan como amortiguadoras contra el trastorno mental y al parecer hay suficiente evidencia empírica para aseverar que determinadas características positivas actúan como barreras contra esos trastornos. De hecho, en años recientes, se han ido retomando ideas de la psicología humanista que pugna por el estudio de la parte positiva de la existencia humana, y se han aportado soportes empíricos y científicos que han dado lugar a lo que ahora se conoce como psicología positiva y se considera como una rama de la psicología que indaga los procesos que subyacen a las cualidades y emociones positivas del ser humano, tales como el optimismo, la resiliencia, la tranquilidad, el bienestar, la creatividad, el buen humor, etc.

Jahoda propone un modelo de salud mental positiva basado en seis criterios generales:
a) Actitudes hacia sí mismo;
b) Crecimiento y autoactualización;
c) Integración;
d) Autonomía;
e) Percepción de la realidad; y
f) Dominio del entorno. 

El último criterio -dominio del entorno- es el que más frecuentemente se selecciona como criterio de salud mental positiva y distingue entre otras dimensiones: la adecuación en el trabajo y en las relaciones interpersonales, la habilidad para satisfacer las demandas del entorno y la resolución de problemas. 

Lluch reporta una escala para evaluar la salud mental positiva que integra 6 factores: satisfacción personal, actitud prosocial, integración, autonomía, autoactualización y habilidades de relación interpersonal; dada la naturaleza de esta investigación, este instrumento se toma de base para explorar la salud mental positiva.

Por su parte Navarro reporta un trabajo realizado en Barranquilla, cuya población son alumnos universitarios del área de salud, los resultados muestran que los estudiantes presentan indicadores de salud mental positiva, principalmente en los factores de autocontrol y habilidades de relaciones personales. 

Linares y Gutiérrez realizan una investigación en la Universidad Nacional Autónoma de México que tuvo como propósito determinar qué aspectos del trabajo promueven una mejor satisfacción laboral en profesores y cómo esos aspectos afectan su percepción de salud mental. Entre los resultados obtenidos reportan que el principal factor que incide en el nivel de salud mental de los profesores es la relación con los compañeros y el factor que incide de manera más importante sobre la salud mental deficitaria fue la naturaleza del trabajo.




Extraído de:
SÍNDROME DE BURNOUT Y SALUD MENTAL POSITIVA EN LOS DOCENTES DE POSGRADO
Adla Jaik Dipp
Roberto Villanueva Gutiérrez
Jorge Alberto Tena Flores
CIIDIR IPN, Unidad Durango


miércoles, 8 de abril de 2015

El problema del Burnout

¿Cuáles son los problemas más frecuentes en la salud mental del docente? ¿En qué consiste el síndrome de Burnout? ¿Qué incidencia tiene? ¿En qué se diferencia el estrés del burnout?  


La tarea docente evoluciona a la par de los cambios sociales. Cada vez se torna una actividad más compleja y las consecuencias de estos cambios afectan a todos los involucrados, particularmente a quienes viven cotidianamente la educación: profesores y alumnos. Si bien los estudiantes representan el foco de atención del proceso educativo, de los maestros depende en buena parte el éxito de esta empresa, pues ellos planean, dirigen y evalúan el desarrollo y desempeño de los estudiantes. 
En esta perspectiva, la salud mental del maestro se convierte en piedra angular de la educación. Cuando un docente sufre alguna enfermedad física, un efecto regular es que se ponga en reposo, fuera de la escuela, hasta que esté en condiciones deseables para regresar al aula; pero cuando sufre un problema de salud mental, sobre todo del tipo del estrés, permanece en clase, y muchas veces ni tiene conciencia de su enfermedad, pero las consecuencias se acumulan para él y los alumnos sufren por ello. La síntesis de este problema es expresada por Mouly desde 1978 en las siguientes palabras:  
Parece que algunos maestros tienen las manos tan llenas de sus propios problemas que difícilmente puede esperarse que trabajen bien en el desarrollo de sus alumnos. Solo se necesitan uno o dos en cada escuela para echar a pique el programa de higiene mental en ella. El daño hecho por unos pocos maestros que están mejor en el papel de beneficiarios que de orientadores es a menudo tan irreparable como inexcusable. 

El presente trabajo se centra en elaborar un diagnóstico del nivel de estrés que viven los docentes de diferentes niveles educativos en la ciudad de Villahermosa, Tab., identificando los grados de riesgo y buscando relaciones significativas con algunas variables sociodemográficas, para luego contrastar los hallazgos entre profesores de los diferentes niveles educativos, y así lograr una visión general del problema. En el aspecto conceptual el tema de estrés se aborda desde el constructo denominado “burnout” o sensación de “estar quemado por el trabajo”, desarrollado por Freudemberg en 1975. La evaluación se realiza por medio de la encuesta MBI-ES (Maslach Burnout Inventory Educators Survey), denominada en su versión al español.

Para Maslach y Jackson el burnout es “la experiencia de estrés individual que se incrusta en un contexto de relaciones sociales. Por lo tanto envuelve las concepciones que una persona tiene de sí misma y el concepto que los demás tienen de ella”. El modelo multidimensional de Maslach y Jackson incluye tres componentes relacionados entre sí, el estrés experimentado, la evaluación de los demás y la autoevaluación. Dicho en otras palabras, estos autores establecen que la persona que padece este síndrome, experimenta agotamiento emocional (estrés), despersonalización (evaluación de los demás) y la baja realización personal en el trabajo (autoevaluación). 
Es de suma importancia identificar la presencia de burnout en los docentes, como un principio para emprender acciones que ayuden a prevenir o corregir las consecuencias que este síndrome provoca tanto para la escuela, para el mismo docente y para la sociedad, empezando con los alumnos y los padres de familia.   

El síndrome de burnout  ha sido considerado como un mal invisible. Tan solo en la Unión Europea se asocia con el 50% de las bajas laborales. En México, a pesar de que cada vez se presta más atención a la salud mental de los trabajadores, el avance en este tipo de atenciones es casi nulo, en consideración con las consecuencias que puede acarrear dicho mal. Esto es porque el burnout  toma fuerza de otras variables biológicas, psicológicas y sociales, que lo disfrazan con algunos malestares físicos o momentos de mal humor.  

Desde el punto de vista conceptual, aunque están íntimamente relacionados, no se debe de confundir el término estrés con burnout. A diferencia de un estrés puro, el burnout siempre está asociado a sentimientos de desvalorización y fracaso. El síndrome del burnout se manifiesta bajo unos síntomas específicos psicosomáticos (cansancio, fatiga crónica, frecuentes dolores de cabeza, malestar general, problemas de sueño, contracturas y algias óseo musculares, úlceras y otros desórdenes gastrointestinales, pérdida de peso, taquicardia, hipertensión, etc.); conductuales (mala comunicación, ausentismo laboral, abuso de drogas, incapacidad para vivir de forma relajada, superficialidad en el contacto con los demás, aumento de conductas violentas, trastornos en más o en menos del apetito y la ingesta, distanciamiento afectivo de los clientes y compañeros; emocionales (distanciamiento afectivo como forma de protección del yo, aburrimiento y actitud cínica, impaciencia e irritabilidad, sentimiento de omnipotencia, desorientación, incapacidad de concentración, disminución de la memoria inmediata, baja tolerancia a la frustración, sentimientos depresivos, sentimientos de vacío, agotamiento, fracaso, impotencia, baja autoestima y pobre realización personal); y laborales (detrimento en la capacidad de trabajo, detrimento en la calidad de los servicios que se presta a los clientes, aumento de interacciones hostiles, comunicaciones deficientes, frecuentes conflictos interpersonales en el ámbito del trabajo y dentro de la propia familia).  
Para efectos operativos, en este estudio, el estrés es la causa principal del burnout, y es evaluado por medio de la prueba de Maslach, por lo que ambos términos identifican al estrés y se manejan indistintamente. Consideraremos la combinación de los puntajes obtenidos en cada una de las escalas de la encuesta de Maslach como indicadores del nivel de burnout, y éste a su vez como un indicador del nivel de estrés del docente. 

Los estudios más recientes han identificado que existen algunas profesiones con más tendencia al síndrome de burnout que otras. Son precisamente las profesiones que pretenden ayudar a las personas. No en vano una de las profesiones en donde se identificó fuertemente por primera vez este tipo de problema es en la médica y posteriormente en los docentes, en donde se ha visto reflejado de manera contundente. 

Maslach y Jackson (1981), desde una perspectiva psicosocial, subrayan la dimensión emocional del burnout como forma de respuesta al estrés. Pero sin llegar al punto de condenar al estrés como algo totalmente negativo, pues  finalmente todo sujeto hace constantes esfuerzos cognitivos y conductuales para manejar adecuadamente las situaciones complejas o difíciles que se le presentan, por eso no todo el estrés tiene consecuencias negativas; en todo caso, éstas se producen cuando la situación desborda la capacidad de control del sujeto. Este resultado lo denominan distrés, a diferencia del estrés positivo o eutrés, que puede ser un buen dinamizador de la actividad laboral. 

Si bien las condiciones de vida de los docentes en la ciudad de Villahermosa, Tabasco, son diferentes en algunos aspectos a las que se viven en las macrociudades del país, donde se presumen mayores niveles de estrés, no deja de ser un referente importante para la comprensión de este problema. Este estudio se realiza en dos instituciones particulares que tienen una presencia reconocida en la ciudad y en las que, sumadas, participan laborando poco más de 200 maestros. 



Extraído de:
BURNOUT EN PROFESORES DE VILLAHERMOSA TABASCO: ANÁLISIS
CORRELACIONAL CON VARIABLES SOCIODEMOGRÁFICAS Y
LABORALES
Flavio Mota Enciso
Laura Mollinedo Riveros
Alejandra Ordóñez Méndez
Iris Marlene Torres Ramírez
Universidad Autónoma de Guadalajara 

Campus Tabasco
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