miércoles, 27 de mayo de 2015

Autoeficacia, autoeficiencia y satisfacción laboral

La autoeficacia es un conjunto de creencias sobre nuestras capacidades para llevar a cabo exitosamente nuestras actividades ¿Cómo se forma? ¿Se modifica en el tiempo? ¿En qué consiste la “satisfacción laboral”? ¿Incide en el desempeño profesional? ¿Se relacionan autoeficiencia y satisfacción laboral?


Desde hace más de tres décadas, Bandura definió la autoeficacia como el conjunto de creencias que poseen los individuos acerca de sus capacidades para llevar a cabo con éxito determinada tarea o actividad. Algunos investigadores reportan que la autoeficacia de los profesores mantiene una relación positiva con la motivación, el entusiasmo y el compromiso de los docentes hacia su profesión, así como con el aprendizaje de sus estudiantes. En concordancia, Holzberger, Philipp y Kunter mostraron evidencias del efecto positivo que tiene la autoeficacia de los docentes sobre la calidad de su instrucción.

Caprara, y otros propusieron algunas variables para analizar la eficacia docente, entre las que se encuentran la eficacia en la enseñanza, la gestión del aula y el compromiso con los estudiantes; estas variables ejercen cierta influencia tanto en los resultados de aprendizaje de los estudiantes, como en la satisfacción laboral de los docentes.

La autoeficacia de los profesores es más maleable y cambiante en las primeras etapas de la carrera docente, por tanto, conforme ganan experiencia los docentes en su ejercicio profesional, dicha variable tiende a fijarse. La autoeficacia parece configurarse mediante la influencia de una experiencia exitosa en el pasado; el apoyo verbal por parte de los directores, los estudiantes, los compañeros y los padres de familia, y las oportunidades para la observación de los compañeros. Paradójicamente, Klassen y Chiu reportan una disminución en la percepción de autoeficacia en las etapas finales de la carrera docente.

Por otro lado, algunos autores encontraron que la percepción de autoeficacia de los profesores se relaciona con diversas variables tales como el nivel educativo en el que se imparte la instrucción, la formación docente y el género. Por ejemplo, Wolters y Daugherty  encontraron que los docentes de primaria reportan mayores niveles de autoeficacia en comparación con los profesores de secundaria y de educación media superior. Asimismo, Woolfolk-Hoy y Burke investigaron la relación entre la formación de los docentes y la percepción de autoeficacia; reportaron un aumento significativo en el nivel de autoeficacia durante el periodo de formación e identificaron también un descenso al final del primer año de enseñanza.

En cuanto a la satisfacción laboral, Locke la definió como la sensación de plenitud y complacencia al realizar determinada ocupación o trabajo. De acuerdo con este autor, la satisfacción laboral puede desagregarse en dos componentes: el que se relaciona con el ejercicio de la profesión y el que tiene que ver con el ambiente de trabajo; estos componentes pueden ser independientes uno de otro. En este sentido, algunos autores demostraron que los docentes que se encuentran satisfechos con su desempeño laboral (tareas que realizan en la escuela y crecimiento profesional) pueden estar insatisfechos en otros aspectos, como las condiciones de trabajo, las relaciones interpersonales y el salario. Además, Wolters y Daugherty concluyeron que las mujeres manifiestan tener menores niveles de satisfacción laboral en comparación con los hombres, sobre todo en lo relativo a condiciones de trabajo.

Por lo anterior, la satisfacción laboral puede tener implicaciones en el compromiso con la escuela, en el desempeño profesional y, en consecuencia, en el rendimiento académico de los estudiantes. En síntesis, la satisfacción laboral parece desempeñar un papel relevante en las actitudes del profesor y en los esfuerzos que realiza para llevar a cabo las actividades relacionadas con la enseñanza.

Ahora bien, diversas investigaciones encontraron que hay una estrecha relación entre la satisfacción laboral del docente y su percepción de autoeficacia. En algunos estudios realizados en diversos entornos culturales se encontró que la autoeficacia y la satisfacción laboral docentes suelen asociarse de manera positiva. En consonancia, en un estudio realizado en cinco países de América del Norte y Asia, encontraron una relación estadísticamente significativa entre ambas variables.

En contraste, una pobre percepción de autoeficacia docente suele asociarse con mayores niveles de estrés y poca satisfacción laboral de los profesores, así como con la aparición de problemas de conducta de los estudiantes.

Por otra parte, Klassen y Chiu señalan que las creencias de autoeficacia y de satisfacción laboral no son variables estáticas y que se encuentran en un permanente desarrollo que fluctúa en consonancia con las características personales y las circunstancias cambiantes del entorno.

En este sentido, algunos autores encontraron que la cultura de los profesores puede influir en el grado en que se relacionan ambas variables.

No obstante que no se conoce a bien la dirección o causalidad de las asociaciones entre la autoeficacia y la satisfacción laboral, Caprara, Barbaranelli, Steca y Malone concluyen que la percepción de eficacia de los docentes afecta el grado de satisfacción laboral en su centro de trabajo



Extraído de:
Segundo Estudio Internacional sobre la Enseñanza y el Aprendizaje (TALIS 2013)
Resultados de México
Sylvia Schmelkes del Valle

Consejera Presidenta de la Junta de Gobierno

miércoles, 20 de mayo de 2015

Bienestar y salud laboral del docente


La autora de los párrafos que publicamos afirma: “Marrau señala que actualmente resulta necesario considerar los aspectos de bienestar y salud laboral a la hora de evaluar la eficacia de una determinada organización, pues la calidad de vida laboral y el estado de salud física y mental que conlleva, tiene repercusiones sobre la institución” En esta publicación prestaremos especial atención al Síndrome del docente quemado.


En la sociedad contemporánea, donde el conocimiento se valora cada vez más como un recurso estratégico para su propio bienestar, la relevancia de la educación superior es evidente dado que es el ámbito por tradición en donde el conocimiento se genera, se aplica, se transmite y se transforma. El responsable de llevar a cabo lo anterior a través de la ejecución de las funciones de docencia, investigación y difusión, es el personal académico, actor clave de la educación superior. Los académicos tienden a enfrentar retos que hacen que la naturaleza de su trabajo se vuelva cada vez más compleja, propiciando su reconfiguración. Estos retos demandan del docente su cumplimiento en las tareas, el uso de tecnologías para el desarrollo de su quehacer educativo, adaptarse a los cambios que exige la época actual, entre otras respuestas, situación que puede generarle una sensación de presión y estrés y en consecuencia, afectar su desempeño como educador.

Aspectos como el tipo de institución (federal o descentralizada), la categoría laboral del docente (titular o interino), la edad y el sexo, son variables que, de acuerdo con la bibliografía revisada, podrían incidir en el surgimiento de estos riesgos psicosociales. Determinar el nivel en que éstos se manifiestan en los docentes permitirá contar con información que coadyuve al planteamiento de propuestas de intervención que puedan ser de utilidad al gestor educativo para prevenir y controlar el surgimiento del SDE y, paralelamente, incrementar la satisfacción de los docentes.

Sobre la actuación del docente en su ámbito de trabajo, Marrau señala que actualmente resulta necesario considerar los aspectos de bienestar y salud laboral a la hora de evaluar la eficacia de una determinada organización, pues la calidad de vida laboral y el estado de salud física y mental que conlleva, tiene repercusiones sobre la institución (por ejemplo: ausentismo, rotación del personal, disminución de la productividad, disminución de la calidad, etcétera).

Ante esto, los docentes pueden padecer diversos tipos de riesgos que van desde el estrés, hasta riesgos menos violentos ligados al trabajo en ambientes insalubres como la hipoacusia y las afecciones de la voz, entre otros.

Con relación a estos riesgos, años atrás Blase documentó lo que denominó ‘ciclo de ineficaz (degenerativo) rendimiento’ del maestro. Dicho ciclo, metafóricamente representado como proceso de ‘combustión’, lo describe como un conjunto de condiciones en las que el esfuerzo y la competencia del docente son insuficientes para alcanzar las metas de su actividad educativa; ese conjunto aparece como productor de tensión, de ‘estrés’, resultado de sentimientos negativos, de insatisfacción y decremento de la motivación por el trabajo; tales consecuencias negativas, a su vez, aumentan la posibilidad de una posterior actividad ineficaz, fracasada, que conducirá a agravar la tensión y el sentimiento de inutilidad completa. De este proceso cíclico y degenerativo sale como producto final el maestro ‘quemado’.

Ese estado en el docente es el que en el idioma inglés se conoce como Burnout, del que en la literatura castellana se ofrecen alrededor de diecisiete denominaciones, siendo algunas de ellas: ‘quemarse por el trabajo’, ‘quemazón profesional’, ‘síndrome del estrés laboral asistencial’, ‘síndrome de desgaste emocional’, ‘síndrome del desgaste profesional’, ‘estar quemado profesionalmente’ y ‘desgaste psíquico’, entre otras.

Sobre el Burnout, o mejor nominado en el idioma español el Síndrome de Desgaste Emocional (SDE), Marrau manifiesta que existe un grupo de individuos que sintomáticamente puede padecer esta enfermedad; éstos son los profesionales con contacto con personas, como el personal sanitario, de la enseñanza, asistentes sociales, etc. A éstos, Maslach los define como profesionales de ayuda.

Se considera que el profesional dedicado a la enseñanza, en el ejercicio cotidiano de su labor, puede llegar a desarrollar el SDE en detrimento de su calidad de vida, lo que se refleja en una tendencia a estar insatisfecho con su trabajo. En la actualidad, se han realizado estudios que señalan el hecho de que los docentes conforman un grupo con alto riesgo de manifestar el SDE, situación que fue reportada años atrás, en otros estudios realizados.

Ante esta posibilidad, Murillo, Calderón y Torres consideran que la gestión de toda organización requiere, por parte de sus líderes, comprender tanto elementos técnicos como socioculturales; uno de éstos lo constituyen el bienestar y la satisfacción de los trabajadores, por cuanto está relacionado con resultados económicos, manejo de conflictos, satisfacción de los clientes y logro de eficiencia organizacional. Diego, Diego y Olivar señalan al respecto, que el interés por la satisfacción laboral reside posiblemente en su capacidad para predecir la permanencia de la persona en el trabajo así como su productividad laboral.

Sobre este constructo, Kalleberg expuso desde 1977 que la justificación para estudiarla puede plantearse desde tres posiciones: porque está asociada al desarrollo y dignidad de los trabajadores como personas, porque es un componente de la calidad de vida y por último, porque un trabajador satisfecho tiende a presentar un comportamiento más pro-organizacional que uno menos satisfecho.

Por lo antes expuesto, y de acuerdo con Albanesi, De Bortoli y Tifner, se estima que el estudio de trastornos en profesionales de la enseñanza como el SDE y la baja satisfacción laboral son factores importantes a considerar, pues constituyen un riesgo al que están permanentemente expuestos.





Extraído de
BASES EMPÍRICAS EN PRO DEL CONSTRUCTOR DE BIENESTAR COMO PERSPECTIVA DE INVESTIGACIÓN EN EL AGENTE EDUCATIVO
Verónica Isabel Ac Avila
Universidad Anahuac
Mayab Pedro Sánchez Escobedo
Universidad Autónoma de Yucatán

miércoles, 13 de mayo de 2015

Profesores, clima organizacional y burnout

¿El ambiente escolar es percibido como agresivo por los docentes? ¿Qué consecuencias puede traer esto? ¿Qué elementos pueden ser causa del burnout en la docencia?


Las investigaciones realizadas en el profesorado señalan que existiría un correlato entre burnout y clima, debido principalmente a que el entorno social puede ser un factor protector como también facilitador del síndrome. Es así como en ambientes en los cuales los profesores perciben como hostiles por problemas comunicacionales, de información y/o poder, son altamente potenciadores de la sintomatología de burnout.

Estudios realizados en Chile indican que el clima organizacional aversivo percibido por los miembros de ella sería uno de los factores de riesgo para contraer la psicopatología.

El burnout sería una consecuencia de un estrés crónico generado producto de una excesiva presión, conflictos y un bajo nivel de recompensas, reconocimiento y éxito laborales.

Asimismo, Domich y Faivovich demostraron que existe una alta relación entre las condiciones de trabajo con el burnout. Méndez y Bernales señalaron una serie de factores asociados al estrés en el ejercicio docente, donde los factores institucionales juegan un rol preponderante. La presión del ambiente, carencia de objetivos claros y de proyectos educativos, ausencia de trabajo en equipo, excesiva carga administrativa, malas relaciones con los colegas, remuneración insuficiente y excesivo número de horas de trabajo, actuarían como antecedentes de la generación de agotamiento en los docentes.

Kyriacou y Sutcliffe encontraron que factores como clases difíciles, problemas conductuales de los alumnos, elevado trabajo burocrático, escasez de trabajo en equipo y demandas de tiempo después de la escuela, eran los principales elementos causantes de burnout en los docentes y, como consecuencia, se encuentran conductas como actitud negativa hacia los alumnos y su trabajo.

La congruencia en los objetivos de la escuela, el rol del Director como líder, las expectativas de rendimiento del profesor, las relaciones positivas tanto internas del establecimiento como con el exterior, son factores que influyen en la calidad del clima dentro de la institución, en la satisfacción de los profesores y los niveles de burnout que estos lleguen a experimentar.

La profesión docente es una de las más exigentes, más aún en profesores principiantes. La inserción de profesionales recién egresados al campo laboral puede resultar una experiencia que provoque una alta ansiedad y agotamiento, dado que aún no cuentan con técnicas o herramientas que los ayuden a afrontar este problema.

En conclusión, el síndrome de burnout en los docentes es una de las causas de baja laboral más importante, producto de la exigencia de un elevado grado de dedicación, implicación, idealismo y atención superiores al resto de las profesiones. Se aprecia que factores laborales e institucionales inciden en la gestación del síndrome del burnout en los docentes. Entonces, es de suma importancia la creación de un clima organizacional positivo dentro de las instituciones, caracterizado por claridad en las reglas, trabajo en equipo, oportunidad de desarrollo, recompensas por el trabajo bien hecho, relaciones cálidas y de consideración entre los docentes y la Dirección, un trabajo motivante, y un estilo de supervisión abierto, apoyador y considerado.



Extraído de:
Clima organizacional y estrés laboral asistencial (Burnout) en profesores de enseñanza media: Un estudio correlacional
Psicología Educativa
Andrea Miño Sepúlveda
Universidad de Santiago de Chile

Santiago, Chile

miércoles, 6 de mayo de 2015

Síndrome de Burnout en la docencia

¿A qué se llama “Síndrome del Burnout”? ¿Cuántas dimensiones se le reconocen? ¿Cuál es su incidencia?


El Síndrome de Burnout es considerado por la Organización Mundial de la Salud como una enfermedad laboral que provoca detrimento en la salud física y mental de los individuos. 
Freudenberger en 1974, introdujo el concepto de burnout describiéndolo como una sensación de fracaso y un fuerte desgaste que resultaba de una sobrecarga laboral. 
El burnout se entiende como una manera de acoso psicosocial en la organización, en la que el trabajador percibe una sensación de desbordamiento e impotencia relacionada con su entorno laboral (Gil-Monte).

Apiquian (2007) comenta que, aun cuando no hay una sola definición reconocida sobre burnout, si hay consenso en que se trata de una respuesta al estrés laboral crónico que involucra emociones, sentimientos y actitudes con implicaciones desfavorables para los sujetos y la organización, y generalmente se produce en el entorno laboral de las profesiones abocadas a la prestación de servicios y atención al público.

Maslach y Jackson (1981) concretaron el concepto de burnout como un síndrome tridimensional y es el que se tomará de base para esta investigación. Esta perspectiva tridimensional está caracterizada por: agotamiento emocional; definido como cansancio y fatiga física o emocional, el sujeto experimenta una sensación de no poder dar más de sí mismo a los demás. La segunda dimensión es la despersonalización; la persona desarrolla  emociones, sentimientos, actitudes y respuestas negativas hacia los que reciben el servicio que presta, mostrando una actitud irritable y una falta de motivación en el trabajo. La tercera dimensión es el sentimiento de baja realización profesional y/o personal; surge cuando el sujeto percibe que las demandas que le requieren exceden su capacidad para atenderlas eficazmente, esquiva las relaciones personales y profesionales, muestra un bajo rendimiento laboral, es incapaz de trabajar bajo presión, además de desarrollar una baja autoestima e insatisfacción generalizada. 

Gil-Monte y Peiró, perciben el burnout desde dos aspectos: clínico y psicosocial. Visto desde el aspecto clínico, el burnout es un estado al que llega el sujeto como consecuencia del estrés laboral; y el aspecto psicosocial concibe al burnout como un proceso con una serie de fases que se van generando por la interacción de las características personales del sujeto y el contexto laboral.

La definición de Freudenberger (1974) se ubica precisamente en esta perspectiva clínica y se caracteriza por un estado de agotamiento por el trabajo intenso, sin tomar en cuenta las propias necesidades; se considera que se presenta con más frecuencia en los sujetos más comprometidos y en los que trabajan bajo presión. 

La definición de Maslach y Jackson (1986), que es la que se utilizará en esta investigación, se ubica en la perspectiva psicosocial, se considera al burnout como una respuesta principalmente emocional, ubicando los factores laborales y los organizacionales como condicionantes y antecedentes.

En los años ochenta, la comunidad científica acepta como prueba psicológica para medir el burnout: el Maslach Burnout Inventory (MBI) de Maslach y Jackson (1981); posteriormente y con base en esta prueba, han surgido algunas formas como el MBI Form Ed (Maslach, Jackson & Schwab, 1986) que es una adaptación para los docentes; y más recientemente el Cuestionario Breve de Burnout (CBB), que se propone como un cuestionario complementario para la evaluación de los factores presentes en el proceso del burnout: antecedentes, síndrome y consecuentes, y cuyo objetivo no es evaluar específicamente las dimensiones, sino obtener una evaluación global del mismo. Dadas las características de esta investigación cuyo interés es evaluar de forma general las dos variables en estudio, se consideró pertinente utilizar este Cuestionario Breve de Burnout.
En las revisiones efectuadas, se ha encontrado que la investigación realizada sobre el síndrome de burnout, está referido principalmente a las profesiones asistenciales y sociales, de ayuda o del sector servicios, debido a que la incidencia del síndrome en estas profesiones es mayor que en otras (Gil- Monte, 2005); sin embargo, el trabajo de Silverstein (1986) muestra más de 25 campos profesionales distintos.

El caso de los profesionales de la educación, tal y como lo han manifestado numerosos investigadores son de los más expuestos a padecer el síndrome de burnout, con todo lo que esto implica para los alumnos.

Se circunscribe el objeto de estudio a aquellos trabajos que están involucrados con experiencias realizadas en el ambiente educativo, y se tiene el trabajo de Rubio Jiménez (1997) quien realiza una investigación con la finalidad de conocer las características del síndrome burnout en los orientadores de Institutos Extremeños (IES) y analizar las relaciones entre el burnout y un grupo amplio de variables personales y organizacionales, subraya que la orientación en IES puede ser considerada una profesión de riesgo.

Algunos estudios encontrados se realizan con docentes de educación básica, entre ellos el de Aldrete, Pando, Aranda y Balcázar (2003) del Instituto Regional de Investigación en Salud Pública, quienes determinan la prevalencia del síndrome de burnout y su relación con las actividades que realizan los maestros de educación básica de la zona metropolitana de Guadalajara, Méx., entre los resultados que reportan es que el 26% de los maestros presenta un alto nivel de agotamiento emocional.

Hermosa (2006) estudia la relación entre la satisfacción laboral y el síndrome de burnout en profesores de educación primaria y secundaria de un colegio de Ibagué; encuentra una correlación de tipo negativo entre el burnout y la satisfacción laboral.  

El trabajo de Cordeiro, Guillén, Gala, Lupiani, Benítez y Gómez (2003), es desarrollado con docentes de educación primaria de la Bahía de Cádiz, la investigación se centra en la determinación del grado de salud laboral del docente a través del estudio del nivel de burnout y depresión. Entre las conclusiones a las que llegan es la detección de una alta prevalencia del Síndrome de burnout (41%) y depresión (25%).

Se presentan a continuación algunos de los trabajos realizados con  maestros de educación media; Miño (2003) desarrolla un estudio correlacional del estrés laboral asistencial (burnout) y el clima organizacional en profesores de enseñanza media de liceos Científico - Humanistas Municipalizados y Particulares - Subvencionados de la comuna de Santiago y encuentra correlaciones significativas entre las dos variables.

El trabajo reportado por Acosta (2006) tiene como objetivo general, identificar el síndrome de burnout presente en los profesores del Colegio de Ciencias y Humanidades de la Universidad Juárez del Estado de Durango, una de las conclusiones a las que llega la autora, es que dichos docentes presentan un nivel bajo de síndrome de burnout. 
Moriana y Herruzo (2004) revisan los diferentes hallazgos e investigaciones realizadas sobre el estrés y burnout en profesores; en su trabajo señalan que los resultados obtenidos marcan a la profesión docente como una de las más afectada por el síndrome de burnout.

Dentro de los trabajos recuperados que tienen como sujetos de estudio a los docentes de nivel superior, se presenta una investigación desarrollada por Guerrero (2003) con docentes de la Universidad de Extremadura (España), sobre la incidencia del síndrome del quemado y modos de afrontamiento del estrés laboral en el profesorado universitario, reporta que las puntuaciones que presentan los docentes los ubica en un grado medio de burnout.

Pando, y otros, presentan un estudio que tuvo entre otros objetivos determinar la prevalencia específica de burnout en los docentes de la Universidad del Valle de Atemajac, Guadalajara, Méx., y establecer cuáles factores psicosociales negativos del trabajo son los que se asocian a la presencia del burnout en esta población. Entre algunos resultados se discuten como factores de riesgo: pertenecer al género femenino, la carga de trabajo y las características de la tarea.

Barraza, Carrasco y Arreola (2007), desarrollan un estudio que tiene entre sus objetivos: identificar el nivel del síndrome de burnout en profesores y médicos de la ciudad de Durango y determinar si las variables sociodemográficas establecen alguna diferencia entre los dos grupos. Reportan un nivel leve de Burnout tanto en médicos como en profesores y no encuentran diferencia entre las variables sociodemográficas estudiadas. 



Extraído de:
SÍNDROME DE BURNOUT Y SALUD MENTAL POSITIVA EN LOS
DOCENTES DE POSGRADO
Adla Jaik Dipp
Roberto Villanueva Gutiérrez
Jorge Alberto Tena Flores

CIIDIR IPN, Unidad Durango

martes, 28 de abril de 2015

Antecedentes teóricos del Síndrome de Quemarse por el Trabajo

El Síndrome de Burnout es una preocupación en el ambiente docente ¿Cuáles son los antecedentes desde la investigación? ¿Cómo se lo define? ¿Qué dimensiones lo caracterizan?


El Síndrome de Quemarse por el Trabajo no es un problema nuevo, sin embargo, hoy en día éste se encuentra de forma más frecuente y preocupante entre los profesionales, principalmente de las áreas de la salud, educación, servicios sociales, entre otras, que tienen en común la atención o el servicio directo a otras personas. 

Este síndrome conocido internacionalmente como Burnout tiene una corta vida en la investigación educativa. En 1974, el término fue acuñado en primer lugar por Herbert Freudenberger (1980), quien mostró gran interés al observar el agotamiento físico y mental que experimentaban tanto él como sus compañeros de trabajo en una clínica psiquiátrica. Otra pionera en el estudio del Síndrome fue Cristina Maslach (1982), quien tomó el término por la forma en que coloquialmente se nombraba en Estados Unidos a las personas que padecían abuso crónico de alguna droga y también era usado por los abogados para referirse a manifestaciones similares al fenómeno investigado en ambientes de pobreza.
El término ha sido difundido y consolidado como un síndrome tridimensional derivado de un estrés emocional crónico, considerado así a partir de estudios realizados por Maslach y Jackson (en Guerrero & Rubio, 2005). Aunque el concepto varía entre los diferentes autores que lo han trabajado, la base para la conceptualización del Burnout generada por Maslach permanece. 

Actualmente y después de diversos estudios se ha llegado a diversas definiciones, este trabajo estuvo basado en la que desarrolló Gil-Monte (2001): 

…una respuesta al estrés laboral crónico integrado por actitudes y sentimientos negativos hacia las personas con las que se trabaja y hacia el propio rol profesional, así como por la vivencia de encontrarse emocionalmente agotado. Esta respuesta ocurre con frecuencia en los profesionales de la salud y, en general, en profesionales de organizaciones de servicios que trabajan en contacto directo con los usuarios de la organización.

De este modo el Síndrome de Quemarse por el Trabajo se relaciona con los procesos organizacionales del centro de trabajo así como las tareas propias del trabajo realizado.
El SQT para ser llamado así debe presentar las tres dimensiones que lo caracterizan:
a) Desgaste Psíquico que se refiere a la aparición de agotamiento emocional y físico;
b) la Indolencia que es la manifestación de actitudes negativas de indiferencia y cinismo hacia los clientes de la organización;
c) Ilusión por el trabajo (ausencia de ella), definida como el deseo del individuo de alcanzar las metas laborales porque supone una fuente de placer personal. En algunos casos esto se agrava con la presencia de sentimientos de culpa por el comportamiento y las actitudes negativas desarrolladas en el trabajo, en especial hacia las personas con la que se establecen relaciones laborales, su aparición es posterior a las otras tres dimensiones. Esta cuarta dimensión, ya había sido contemplada por estudiosos del tema entre ellos, Maslach y Freudenberger, sin embargo, es Gil Monte quien la sistematiza ante diversos estudios y observaciones del fenómeno y la incluye como parte del SQT y advierte que ésta puede o no presentarse en los individuos, ya que su aparición puede estar predispuesta por los valores sociales y la ética profesional del individuo (Gil-Monte, 2006). 



Extraído de:
EL SÍNDROME DE QUEMARSE POR EL TRABAJO (BURNOUT)  EN EDUCACIÓN BASICA
  Adriana Mercado Salas
Verónica Silvia Noyola Cortés

Universidad Autónoma de Aguascalientes

domingo, 19 de abril de 2015

Salud mental positiva

¿Cómo promover el bienestar laboral de los docentes? Ciertamente un punto fundamental está relacionado con su salud, en especial la psicológica. Es vital ocuparse de esos aspectos ¿Cuál es el significado de “Salud Mental”? ¿Cuál es el funcionamiento óptimo de un sujeto? ¿Qué criterios son los adoptados?  


La salud mental como tema de investigación, está cobrando importancia en el ámbito médico-educativo, en la medida que se relaciona no sólo como el aspecto tradicional de enfermedad mental, sino como un estado de salud y bienestar.

A partir de que surge el concepto de salud mental, la Organización Mundial de la Salud señaló que la salud es el estado de bienestar físico, psíquico y social y no la mera ausencia de enfermedad o minusvalía, por lo que en teoría, el concepto se ha utilizado para referirse tanto a estados de salud como de enfermedad. Por un lado, se trata de romper con el principio del modelo clínico tradicional de que la salud mental es simplemente la ausencia de enfermedad y responde a la necesidad de tratar los trastornos mentales con curación, tratamiento y rehabilitación; y por otro, se intenta favorecer la vertiente positiva que define la salud mental a través de la salud, fundamentándose en que la salud es igual a algo más que ausencia de enfermedad y pugna por la prevención y la promoción.

La OMS (1992) señala que la salud mental es un constructo que implica la capacidad que tiene un individuo, para establecer relaciones positivas con otros y participar constructivamente en la modificación del ambiente, implica también la capacidad para enfrentar conflictos y desarrollar estrategias adecuadas para manejar el estrés, además de una percepción de autoeficacia, buen autoconcepto y adaptación al trabajo. 

Esta perspectiva positiva concibe la salud mental como el estado de funcionamiento óptimo del sujeto y defiende que hay que promover las cualidades de las personas y facilitar su máximo desarrollo.

Se ha demostrado que existen fortalezas humanas que actúan como amortiguadoras contra el trastorno mental y al parecer hay suficiente evidencia empírica para aseverar que determinadas características positivas actúan como barreras contra esos trastornos. De hecho, en años recientes, se han ido retomando ideas de la psicología humanista que pugna por el estudio de la parte positiva de la existencia humana, y se han aportado soportes empíricos y científicos que han dado lugar a lo que ahora se conoce como psicología positiva y se considera como una rama de la psicología que indaga los procesos que subyacen a las cualidades y emociones positivas del ser humano, tales como el optimismo, la resiliencia, la tranquilidad, el bienestar, la creatividad, el buen humor, etc.

Jahoda propone un modelo de salud mental positiva basado en seis criterios generales:
a) Actitudes hacia sí mismo;
b) Crecimiento y autoactualización;
c) Integración;
d) Autonomía;
e) Percepción de la realidad; y
f) Dominio del entorno. 

El último criterio -dominio del entorno- es el que más frecuentemente se selecciona como criterio de salud mental positiva y distingue entre otras dimensiones: la adecuación en el trabajo y en las relaciones interpersonales, la habilidad para satisfacer las demandas del entorno y la resolución de problemas. 

Lluch reporta una escala para evaluar la salud mental positiva que integra 6 factores: satisfacción personal, actitud prosocial, integración, autonomía, autoactualización y habilidades de relación interpersonal; dada la naturaleza de esta investigación, este instrumento se toma de base para explorar la salud mental positiva.

Por su parte Navarro reporta un trabajo realizado en Barranquilla, cuya población son alumnos universitarios del área de salud, los resultados muestran que los estudiantes presentan indicadores de salud mental positiva, principalmente en los factores de autocontrol y habilidades de relaciones personales. 

Linares y Gutiérrez realizan una investigación en la Universidad Nacional Autónoma de México que tuvo como propósito determinar qué aspectos del trabajo promueven una mejor satisfacción laboral en profesores y cómo esos aspectos afectan su percepción de salud mental. Entre los resultados obtenidos reportan que el principal factor que incide en el nivel de salud mental de los profesores es la relación con los compañeros y el factor que incide de manera más importante sobre la salud mental deficitaria fue la naturaleza del trabajo.




Extraído de:
SÍNDROME DE BURNOUT Y SALUD MENTAL POSITIVA EN LOS DOCENTES DE POSGRADO
Adla Jaik Dipp
Roberto Villanueva Gutiérrez
Jorge Alberto Tena Flores
CIIDIR IPN, Unidad Durango


miércoles, 8 de abril de 2015

El problema del Burnout

¿Cuáles son los problemas más frecuentes en la salud mental del docente? ¿En qué consiste el síndrome de Burnout? ¿Qué incidencia tiene? ¿En qué se diferencia el estrés del burnout?  


La tarea docente evoluciona a la par de los cambios sociales. Cada vez se torna una actividad más compleja y las consecuencias de estos cambios afectan a todos los involucrados, particularmente a quienes viven cotidianamente la educación: profesores y alumnos. Si bien los estudiantes representan el foco de atención del proceso educativo, de los maestros depende en buena parte el éxito de esta empresa, pues ellos planean, dirigen y evalúan el desarrollo y desempeño de los estudiantes. 
En esta perspectiva, la salud mental del maestro se convierte en piedra angular de la educación. Cuando un docente sufre alguna enfermedad física, un efecto regular es que se ponga en reposo, fuera de la escuela, hasta que esté en condiciones deseables para regresar al aula; pero cuando sufre un problema de salud mental, sobre todo del tipo del estrés, permanece en clase, y muchas veces ni tiene conciencia de su enfermedad, pero las consecuencias se acumulan para él y los alumnos sufren por ello. La síntesis de este problema es expresada por Mouly desde 1978 en las siguientes palabras:  
Parece que algunos maestros tienen las manos tan llenas de sus propios problemas que difícilmente puede esperarse que trabajen bien en el desarrollo de sus alumnos. Solo se necesitan uno o dos en cada escuela para echar a pique el programa de higiene mental en ella. El daño hecho por unos pocos maestros que están mejor en el papel de beneficiarios que de orientadores es a menudo tan irreparable como inexcusable. 

El presente trabajo se centra en elaborar un diagnóstico del nivel de estrés que viven los docentes de diferentes niveles educativos en la ciudad de Villahermosa, Tab., identificando los grados de riesgo y buscando relaciones significativas con algunas variables sociodemográficas, para luego contrastar los hallazgos entre profesores de los diferentes niveles educativos, y así lograr una visión general del problema. En el aspecto conceptual el tema de estrés se aborda desde el constructo denominado “burnout” o sensación de “estar quemado por el trabajo”, desarrollado por Freudemberg en 1975. La evaluación se realiza por medio de la encuesta MBI-ES (Maslach Burnout Inventory Educators Survey), denominada en su versión al español.

Para Maslach y Jackson el burnout es “la experiencia de estrés individual que se incrusta en un contexto de relaciones sociales. Por lo tanto envuelve las concepciones que una persona tiene de sí misma y el concepto que los demás tienen de ella”. El modelo multidimensional de Maslach y Jackson incluye tres componentes relacionados entre sí, el estrés experimentado, la evaluación de los demás y la autoevaluación. Dicho en otras palabras, estos autores establecen que la persona que padece este síndrome, experimenta agotamiento emocional (estrés), despersonalización (evaluación de los demás) y la baja realización personal en el trabajo (autoevaluación). 
Es de suma importancia identificar la presencia de burnout en los docentes, como un principio para emprender acciones que ayuden a prevenir o corregir las consecuencias que este síndrome provoca tanto para la escuela, para el mismo docente y para la sociedad, empezando con los alumnos y los padres de familia.   

El síndrome de burnout  ha sido considerado como un mal invisible. Tan solo en la Unión Europea se asocia con el 50% de las bajas laborales. En México, a pesar de que cada vez se presta más atención a la salud mental de los trabajadores, el avance en este tipo de atenciones es casi nulo, en consideración con las consecuencias que puede acarrear dicho mal. Esto es porque el burnout  toma fuerza de otras variables biológicas, psicológicas y sociales, que lo disfrazan con algunos malestares físicos o momentos de mal humor.  

Desde el punto de vista conceptual, aunque están íntimamente relacionados, no se debe de confundir el término estrés con burnout. A diferencia de un estrés puro, el burnout siempre está asociado a sentimientos de desvalorización y fracaso. El síndrome del burnout se manifiesta bajo unos síntomas específicos psicosomáticos (cansancio, fatiga crónica, frecuentes dolores de cabeza, malestar general, problemas de sueño, contracturas y algias óseo musculares, úlceras y otros desórdenes gastrointestinales, pérdida de peso, taquicardia, hipertensión, etc.); conductuales (mala comunicación, ausentismo laboral, abuso de drogas, incapacidad para vivir de forma relajada, superficialidad en el contacto con los demás, aumento de conductas violentas, trastornos en más o en menos del apetito y la ingesta, distanciamiento afectivo de los clientes y compañeros; emocionales (distanciamiento afectivo como forma de protección del yo, aburrimiento y actitud cínica, impaciencia e irritabilidad, sentimiento de omnipotencia, desorientación, incapacidad de concentración, disminución de la memoria inmediata, baja tolerancia a la frustración, sentimientos depresivos, sentimientos de vacío, agotamiento, fracaso, impotencia, baja autoestima y pobre realización personal); y laborales (detrimento en la capacidad de trabajo, detrimento en la calidad de los servicios que se presta a los clientes, aumento de interacciones hostiles, comunicaciones deficientes, frecuentes conflictos interpersonales en el ámbito del trabajo y dentro de la propia familia).  
Para efectos operativos, en este estudio, el estrés es la causa principal del burnout, y es evaluado por medio de la prueba de Maslach, por lo que ambos términos identifican al estrés y se manejan indistintamente. Consideraremos la combinación de los puntajes obtenidos en cada una de las escalas de la encuesta de Maslach como indicadores del nivel de burnout, y éste a su vez como un indicador del nivel de estrés del docente. 

Los estudios más recientes han identificado que existen algunas profesiones con más tendencia al síndrome de burnout que otras. Son precisamente las profesiones que pretenden ayudar a las personas. No en vano una de las profesiones en donde se identificó fuertemente por primera vez este tipo de problema es en la médica y posteriormente en los docentes, en donde se ha visto reflejado de manera contundente. 

Maslach y Jackson (1981), desde una perspectiva psicosocial, subrayan la dimensión emocional del burnout como forma de respuesta al estrés. Pero sin llegar al punto de condenar al estrés como algo totalmente negativo, pues  finalmente todo sujeto hace constantes esfuerzos cognitivos y conductuales para manejar adecuadamente las situaciones complejas o difíciles que se le presentan, por eso no todo el estrés tiene consecuencias negativas; en todo caso, éstas se producen cuando la situación desborda la capacidad de control del sujeto. Este resultado lo denominan distrés, a diferencia del estrés positivo o eutrés, que puede ser un buen dinamizador de la actividad laboral. 

Si bien las condiciones de vida de los docentes en la ciudad de Villahermosa, Tabasco, son diferentes en algunos aspectos a las que se viven en las macrociudades del país, donde se presumen mayores niveles de estrés, no deja de ser un referente importante para la comprensión de este problema. Este estudio se realiza en dos instituciones particulares que tienen una presencia reconocida en la ciudad y en las que, sumadas, participan laborando poco más de 200 maestros. 



Extraído de:
BURNOUT EN PROFESORES DE VILLAHERMOSA TABASCO: ANÁLISIS
CORRELACIONAL CON VARIABLES SOCIODEMOGRÁFICAS Y
LABORALES
Flavio Mota Enciso
Laura Mollinedo Riveros
Alejandra Ordóñez Méndez
Iris Marlene Torres Ramírez
Universidad Autónoma de Guadalajara 

Campus Tabasco
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