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miércoles 11 de noviembre de 2009

CAMBIO DOCENTE PARA LA PREVENCIÓN Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS



No se puede pasar por la vida


sin poder vivir,


sin hacer vivir...


S. Beckett.


Hemos analizado como la crisis en el profesorado se manifiesta de diversas formas y hemos analizado especialmente el síndrome del profesor gastado (burnout) porque el estudio de los síntomas que lo componen permite una aproximación globalizadora y un análisis de las relaciones de causalidad entre las manifestaciones que definen el proceso de conflicto en docentes.


Recordemos la gravedad de la incidencia de los componentes y que hemos establecido una relación de causalidad lineal entre los componentes a través de las dos figuras siguientes:


En nuestro análisis insistimos en que el factor causal radica en la no consecución de metas personales en el ejercicio de la profesión de forma crónica, originando sentimientos asociados a manifestaciones como las reflejadas en el cuadro siguiente


BAJA REALIZACIÓN PERSONAL EN EL TRABAJO.


No consigo logros ni éxitos a través de la enseñanza.


AGOTAMIENTOEMOCIONAL.


No logro influir positivamente en los alumnos con mi trabajo.


DESPERSONALIZACIÓN


No soy eficaz en la atención de los problemas que presenta mi alumnado, su problemática escapa de mi alcance.


FACTORES EN EL SÍNDROME DEL BURNOUT.


Etc.


En este contexto, el esfuerzo prolongado sin logros es interpretado como esfuerzo sin sentido, que propicia la fatiga y el desánimo, generando pensamientos, diálogos internos, determinados por ideas negativas, como:


Me esfuerzo demasiado para el rendimiento que obtengo.


Trabajar cada día con alumnos me resulta muy desagradable.


Me siento frustrado en mi trabajo docente.


Me encuentro demasiado cansado al final de las clases y desanimado cuando me levanto para ir a clase.


Me siento gastado, acabado para la enseñanza, pero tengo que continuar en esta profesión.


Etc.


Así, al continuar los problemas y dificultades cotidianamente en el aula o claustro, al sentirse presionado, es fácil ver al otro como al enemigo, el que causa mis problemas... por lo que se desarrollan estrategias defensivas como son:


El distanciamiento.


La frialdad en el trato.


La desimplicación.


La insensibilidad...


Las cuales son dirigidas hacia ese alumnado que da razón de ser a la profesión, así como a los compañeros, viendo a ambos como negativos, despreciables, culpables de nuestras frustraciones...


 


Extraído de;


CAMBIO DOCENTE PARA LA PREVENCIÓN Y


RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS.


Autor: Luis Gómez Pérez


Generalitat Valenciana


Consellería de Cultura Educación y Ciencia


Fuente: http://www.edu.gva.es/per/docs/rlestres_1.pdf


 

lunes 2 de noviembre de 2009

Profesores quemados

El tema del malestar docente raramente es tratado en los medios de comunicación, y al encontrar algo, que además está bien tratado, lo reproduzco en el blog. A continuación, una nota publicada en un medio español.

PRESIÓN El acoso escolar y la agresividad contra los profesores rezuman por todas las aulas. Ello supone un esfuerzo psíquico adicional para realizar la tarea educativa, junto a demandas crecientes y constantes de la escuela, falta de reconocimiento social y una evidente escasez de recursos humanos.
22.10.2009 -
JOSÉ ANTONIO FLÓREZ LOZANO CATEDRÁTICO DE CC DE LA CONDUCTA DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO
GASPAR MEANA

El ámbito de la enseñanza no es ajeno a los episodios de estrés, ansiedad y depresión que caracterizan el mundo laboral. Obviamente, no son sólo las deficientes condiciones físicas u organizativas las que desencadenan inexorablemente el estrés en los equipos educativos. La mayoría de los profesores de Primaria o Secundaria sienten una creciente impotencia ante unos niños y adolescentes que se muestran cada vez más indiferentes, agresivos y violentos. El 61% de las bajas laborales por estrés, depresión y ansiedad corresponde a profesores de Secundaria, lo que explica que, posiblemente, son los profesores sometidos a mayor presión. Ello parece lógico si tenemos en cuenta la crisis de la adolescencia, la agresividad, las conductas antisociales de algunos alumnos, la desmotivación de los alumnos, la rebeldía, la crisis de los valores y la poca o nula participación de los padres en el proceso educativo. Algunos profesores comentan: «he perdido la voz tratando de que mis alumnos atiendan». La degradación es tal que algunos profesores sienten miedo a entrar en las aulas y enfrentarse día a día a la tarea docente.

No hay más que observar el lenguaje fuertemente saturado de insultos, amenazas, palabras soeces y de una interminable sarta de procacidades. Atados de pies y manos, los profesores no pueden imponer una disciplina absolutamente necesaria para el proceso educativo. También es cierto que muchos profesores no tienen un perfil de personalidad ideal para mantener una relación idónea con el niño; no saben cómo hacer frente a los conflictos emocionales de los niños, a sus cambios emocionales o, simplemente, a la hipercinesia natural de los pequeños.

Así, se puede producir una escalada de autoritarismo en la relación 'profesor-alumno'; pero a mayor énfasis en la disciplina, más difícil se pone el alumno: el profesor siente que el estudiante se porta mal y éste que el profesor no le entiende. El final puede ser la estigmatización del alumno, lo cual origina un descenso de su autoestima y la desmotivación reactiva. El profesor, para combatir esa inseguridad, centra su atención en la disciplina, una conducta de afrontamiento ineficaz que aumentará su estrés. Ante la incomprensión de la Administración, la sociedad y los padres, los profesores tiran la toalla y renuncian a lo esencial de su profesión, educar, al tiempo que excluyen el reconocimiento y la gratificación de lo más importante y trascendental de la labor educativa.

Tratar con cierto tipo de niños (difíciles) y de padres (conflictivos) se convierte en un factor determinante del síndrome de estar 'quemado' ('burnout'). El exceso de horario lectivo, la atención a los niños con déficit de aprendizaje, la delegación de problemas y conflictos que corresponden a las familias y los problemas disciplinarios, constituyen tóxicos esenciales en la formación del síndrome de 'burnout' del profesorado. Los problemas disciplinarios inducen un estrés insoportable y merman el rendimiento general de la clase. El profesor tiene que asumir responsabilidades más allá de la docencia.

El virus de la desmotivación y la desesperanza comienza a hacer su particular efecto demoledor sobre el psiquismo del profesor. Desmotivación e indisciplina actúan demoliendo el equilibrio emocional del profesor. Si a ello añadimos que las relaciones interpersonales, en muchos casos, están preñadas de un nivel considerable de tensión emocional, parece lógico que algunos profesores especialmente vulnerables sucumban ante el 'burnout'.

Así pues, el grupo de compañeros que debería ser un recurso eficaz de apoyo, valoración y estímulo del profesor 'quemado', se puede convertir en un elemento amenazador y conflictivo que alimenta la intensidad y patología del estrés. De esta suerte, el profesor percibe el choque psicológico que se genera en su interior y que posibilita la aparición de conflictos psicológicos inherentes al estrés patológico. Todos estos factores van minando la salud integral de nuestros docentes. El acoso escolar y la agresividad contra los profesores rezuman por todas las aulas. Ello supone un esfuerzo psíquico adicional para realizar la tarea educativa, junto a demandas crecientes y constantes de la escuela, falta de reconocimiento social y una evidente escasez de recursos humanos. Ilusión y frustración se entremezclan en la mente del docente, hasta el punto de horadar su propio nivel de autoestima.

Finalmente, el profesor fracasa en el proceso de adaptación a su entorno laboral y se hace evidente el desgaste psíquico. Lo más probable es que aparezcan entonces dos cuadros patológicos: la depresión y la transformación de su personalidad en un ser extremadamente autoritario. La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo destaca que el 15% del sector educativo ha sufrido malos tratos físicos y psicológicos en el desempeño de sus labores docentes y educativas. De esta forma, surge con toda virulencia un estrés crónico capaz de explicar la mayoría de las enfermedades que sufren los profesores. Hasta un 40 % de profesores sufren de diversas enfermedades psicosomáticas, siendo el colon irritable y la depresión las más frecuentes. El 70% de las bajas laborales se relaciona con la depresión y el alto grado de conflictividad que presentan algunos alumnos y sus familias. Una sociedad hedonista (sociedad de consumo), permisiva, huérfana de valores en la que el éxito se concibe en clave económica y la consigna es pasarlo bien sin ninguna contrapartida, supone un caldo de cultivo esencial para que aparezca el profesor 'quemado'.

El estrés y el agobio surgen desde múltiples puntos de la práctica educativa habitual: una mala estimación de la tarea que comienzan, una defectuosa planificación de las tareas educativas, una inadecuada distribución del tiempo, una falta de confianza en su propia capacidad, un fallo de credibilidad en lo que uno puede hacer, un miedo a lo desconocido, etcétera, nos llevan a la desesperación, a la angustia y finalmente al 'burnout'. La persona afectada por este mal se queda como paralizada, estupurosa; le puede asfixiar una inmensa melancolía y percibe la vida como una angustiosa experiencia. Nadie le escucha, nadie le oye; es como cuando uno intenta hacerse oír durante los sueños y nadie oye las propias palabras (¡de desaliento!, ¡de no poder más!). El profesor ha quedado anegado por la monotonía de las ideas, por la superficialidad de las relaciones laborales, por la frialdad de los compañeros y de sus familiares. En el 'burnout', uno se asoma a un abismo y, por ello, corre el riesgo de desaparecer, de destruir su propia personalidad. Se trata de un síndrome que produce un vaciamiento existencial, un declive progresivo de su energía y capacidad de iniciativa y una imposibilidad para ayudar a los otros; todo ello cristaliza en un autoconcepto negativo de «sí mismo» ('self-handicapping').

Lentamente, surge una cierta incapacidad laboral. Se constata un cierto desencanto o cansancio junto a sentimientos de abandono o desesperanza, falta de expectativas laborales y una mayor dificultad en las relaciones sociales. Se va formando una situación patológica cristalizada en un síndrome entendido como «un cansancio emocional que lleva a una pérdida de motivación y eventualmente progresa hacia sentimientos de inadecuación y fracaso». Los diferentes investigadores han expresado su convicción de que el síndrome se encuentra muy relacionado con el estrés personal subsecuente a las relaciones laborales y educativas. Sus consecuencias se extienden desde el absentismo y los retrasos hasta diversas repercusiones en la salud de los afectados: depresión, cefaleas, polialgias, fatiga, trastornos digestivos diversos... Asimismo, el malestar se acompaña con conflictos en el centro educativo, demandas de traslado, bajas por asuntos personales, bajas médicas... Pero, de cualquier manera, lo trascendental y realmente importante es que se trata de un síndrome que tiene la fuerza necesaria como para llegar a producir incapacidad laboral (¡y esto es especialmente grave!), porque: ¿cuántos maestros y profesores se encontrarán en este trance? En estos casos hay una historia muy angustiosa, en la que la realidad y los tormentos psíquicos de nuestro gran protagonista se mezclan componiendo un todo inasible, ciertamente angustiante, debido a ese entorno de acoso, incomprensión y frustración sin límites.

La puesta en marcha de grupos terapéuticos en profesionales especialmente vulnerables, como los profesores, es el mejor antídoto para neutralizar el síndrome de «estar quemado». Resulta evidente la necesidad de poner en funcionamiento programas terapéuticos diversos de profilaxis frente al estrés laboral. Las interacciones 'profesor-alumno' son un espacio socioemocional ideal para la búsqueda y aprendizaje de estrategias emocionales. Es decir, un centro educativo que sea capaz de aportar los componentes de confianza, seguridad y respeto. La formación de directores y del propio personal es urgente. Igualmente, el desarrollo de programas psicoterapéuticos individuales (afrontamiento del estrés laboral) o en grupo es absolutamente imprescindible. Las estrategias individuales reducen la experiencia emocional del estrés. La desensibilización sistemática, el 'counseling', las prácticas de simulación, el entrenamiento en asertividad, el aprendizaje de destrezas sociales, las habilidades relacionales y de comunicación, las habilidades de 'coping' y la reconstrucción de pensamientos e ideas sobre la enseñanza, suelen ser eficaces para evitar esa figura del profesor 'quemado'. En fin, las exigencias modernas de calidad y de adaptación a las nuevas tecnologías imperantes exigen un cuidado y una protección integral de la salud del profesor. Este es el reto de nuestra sociedad.


http://www.elcomerciodigital.com/prensa/20091022/opinionarticulos/profesores-quemados-20091022.html

sábado 24 de octubre de 2009

SÍNDROME DEL DOCENTE GASTADO.

El término burnout se utilizó inicialmente entre los deportistas de alto rendimiento para definir el estado de estar quemado por la falta de éxito en las competiciones tras prolongados periodos de ilusión, esfuerzo y duros entrenamientos. En la literatura sobre psicología el término es introducido en 1974 por Freudenberg, para referir la sensación de agotamiento, decepción y pérdida de interés por la actividad laboral, como consecuencia del desgaste diario, en personas que se dedican a profesiones de servicios a los seres humanos (educación, sanidad, servicios sociales…) Freudenberg lo define como “el resultado de gastarse en el seguimiento de un conjunto imposible de expectativas"”(Freudenberg, 1975, en Gil-Monte, P. 1992)

Para evitar el término inglés que ya está bastante introducido en los ámbitos universitarios, Seisdedos (1997), en la adaptación española del Inventario de Burnout (MIB) propone utilizar la perífrasis síndrome del estrés laboral asistencial.

Maslach se había referido ya a finales de los 70 a lo que consideraremos uno de los factores componentes del síndrome, “la pérdida de interés por las personas con las que se trabaja”. Un agotamiento emocional en el que el profesional ya no tiene ningún sentimiento positivo, simpatía o respeto hacia los alumnos o pacientes”. (Maslach, 1979, citado en Gil-Monte, P. 1992) Los clínicos constatan una constelación de afecciones psicosomáticas asociadas.

La clave de los factores componentes del burnout ya era indicada por los servicios de salud franceses, a principios de los ochenta, según recogíamos más arriba: la Dirección de los Servicios de Salud Mental franceses destacaba, en los docentes, los aspectos tensionales, ansiosos o de fatiga, especialmente la frustración y la depresión con manifestaciones de apatía, desinterés, dificultad de concentración, desvalorización personal, desesperanza… junto al insomnio y la ansiedad, pero Álvarez Gallego y Fernández Ríos (1991) operativizan el concepto clasificando con mayor detalle los síntomas asociados al síndrome de burnout,

ANÁLISIS DE SÍNTOMAS EN EL SÍNDROME DE BURNOUT. PSICOSOMÁTICOS: FATIGA CRÓNICA, CEFALEAS,
PROBLEMAS DE SUEÑO, DESÓRDENES
GASTROINTESTINALES, DOLORES MUSCULARES…

CONDUCTUALES: ABSENTISMO LABORAL, INCREMENTO DE
AGRESIVIDAD Y CONDUCTAS VIOLENTAS,
ABUSO DE DROGAS …

EMOCIONALES: IRRITABILIDAD, DISTANCIAMIENTO AFECTIVO,
INCAPACIDAD DE CONCENTRACIÓN, BAJA
AUTOESTIMA, DESEOS DE ABANDONO DEL
TRABAJO, IDEAS DEPRESIVAS…

DEFENSIVOS: NEGACIÓN DE EMOCIONES, IRONÍA,
ATENCIÓN SELECTIVA, RACIONALIZACIÓN,
DESPLAZAMIENTO DE AFECTOS…



CRISIS PERSONAL DOCENTE: MÁS QUE ESTRÉS.
Autor: Luis Gómez Pérez
Generalitat Valenciana
Consellería de Cultura Educación y Ciencia
Fuente: http://www.edu.gva.es/per/docs/rlestres_1.pdf

jueves 15 de octubre de 2009

ESTRÉS EN DOCENTES.

Hemos analizado en post anteriores el concepto de estrés y su relación con los procesos ansiosodepresivos desde una perspectiva médica. Sabemos ya que el término estrés, en la acepción de Cannon a principios de los años treinta, informa de pérdida de equilibrio en un organismo que sufre cambios neuroendocrinos como respuesta a estímulos nocivos y que la investigación fisiológica ha tenido un gran auge, que no era acompañado por la investigación psicológica hasta la aparición de las primeras escalas de medición del estrés de Taylor, en 1953. Incluso la teoría del Síndrome General de Adaptación, de Seyle, desde los años 50, potenció el estudio del estrés, pero a costa de “solapar el análisis psicológico del estrés bajo la explicación biológica y ocultar los concomitantes emocionales bajo la investigación de los cambios fisiológicos”.

Hasta que aparece una teoría o modelo explicativo del estrés desde una perspectiva psicológica, consolidada gracias a trabajos como los de Lázarus y Folkman (1986) y de Meichembaum (1983, 1989) no se resalta cómo en la perspectiva psicológica los procesos cognitivos de evaluación son claves esenciales para la explicación del comportamiento humano. En los procesos de evaluación inciden tanto los factores personales (como son las creencias o los compromisos personales impulsores de las estrategias de afrontamiento) como de factores situacionales.

Y esto es de gran importancia, ya que el estrés NO depende exclusivamente de los estímulos agresores externos (estresores). No todos los docentes reaccionan igual forma al ser insultados en público por un alumno agresivo. La experiencia nos dice que el mismo agente estresor (el insulto del alumno, la asignación de un curso conflictivo o de un horario indeseado, la entrevista conflictiva con los padres de una alumna, etc.) no provoca los mismos comportamientos en personas distintas: depende de individuos... Hemos comprobado que el mismo estresor no provoca en nosotros iguales reacciones siempre que se presenta: depende de circunstancias... Incluso hemos podido comprobar que el mismo estresor en similares circunstancias tampoco produce en nosotros la misma respuesta: depende de cómo nos lo tomemos...

Sutherland y Cooper (1991) han mostrado, en un modelo interactivo del estrés, como los estresores de nuestro entorno y factores del propio individuo se combinan en el proceso que desencadena la respuesta de estrés, de modo que la modificación de cualquiera de los dos elementos (factores estresores del entorno) la modificación de los factores personales (actitudes, valores, atribuciones... del individuo) puede controlar las situaciones de estrés. Hemos elaborado el siguiente diagrama para reflejar gráficamente estos conceptos.

De este modo, los sucesos que nos agreden desde el entorno resultan solamente estresores potenciales: la agresividad en el alumno del ejemplo citado, el enfrentamiento con otro docente, las exigencias desconsideradas de los padres de la alumna... únicamente serán estresores si nosotros desarrollamos estrés, y nuestras expectativas, creencias, actitudes... acerca de lo esperable en el ejercicio de la profesión y sobre nuestras competencias en la enseñanza, entre otras variables, constituyen los factores personales que determinan si respondemos al problema con o sin estrés. Y la respuesta ajustada a la eficacia posible es la que conllevará a la superación.

En este mismo contexto algunos autores remarcan la relevancia de las variables cognitivas en la investigación de lo que en cada caso se ha dado en llamar estrés docente (Shutz y Long 1988, Hall 1989, Dunham 1986, etc.), burnout en la enseñanza (Kyriacou 1987, Hock, 1988), malestar docente (Esteve 1993), crisis del profesorado (Gómez y Serra 1989). Los estudios realizados insisten en la necesidad de utilizar técnicas cognitivas en la prevención primaria y secundaria de las alteraciones comportamentales que muestran algunos docentes (Bornas y Martínez Abascal 1995, etc.)

Esta línea de intervención está también justificada, ya que en contextos generales -no limitados a la enseñanza- está comprobado que “la forma en que un individuo interpreta una situación y decide afrontarla determina que dicha situación provoque una respuesta de estrés” (Labrador 1992) del mismo modo que en cualquiera de los procesos psicológicos, por ejemplo en la depresión (principales teorías: Seligman, Beck, Rehm …), se insiste en la relevancia de las variables cognitivas del sujeto.

Teniendo en cuenta estas consideraciones, las manifestaciones de conflicto personal en los docentes reciben una mejor explicación desde el modelo explicativo del burnout, que incluye la sintomatología asociada a procesos de estrés y ansiosodepresivos, pero considera factores cognitivos y relacionales que describen con mayor precisión las conductas docentes. El concepto de burnout está más próximo a factores como insatisfacción personal, frustración en el ejercicio de la profesión, fatiga emocional, distanciamiento del alumnado, etc.



CRISIS PERSONAL DOCENTE:
MÁS QUE ESTRÉS.
Autor: Luis Gómez Pérez
Generalitat Valenciana
Consellería de Cultura Educación y Ciencia
Fuente: http://www.edu.gva.es/per/docs/rlestres_1.pdf

sábado 3 de octubre de 2009

CRISIS PERSONAL DOCENTE: MÁS QUE ESTRÉS

La recompensa está en el esfuerzo, no en el resultado. Un esfuerzo total, es una victoria completa. M.Gandhi

INTRODUCCIÓN.
En la actual conflictividad que vive el profesorado, las manifestaciones clínicas están siendo erróneamente consideradas, de facto, como el objeto mismo del conflicto. Desde una perspectiva frecuente en la práctica clínica parece lógico que en los procesos de ansiedad se trate la angustia, y en la depresión la depresión. Pero también puede entenderse que la agitación, la tensión nerviosa, el miedo mal diferenciado, la apatía, la desilusión, la tristeza, el sufrimiento, la caída de la actividad, etc. son las manifestaciones sintomáticas de una crisis más profunda que hace exteriorizar tales manifestaciones de desequilibrio en parte del profesorado, tal vez en los más vulnerables, acaso en los más sensibles o en los más implicados; seguramente en quienes disponen de menos recursos personales y sociales para superar la crisis.

Pero inclusive desde el origen de los modelos clínicos se conceptúa el síntoma no como el signo de una enfermedad, sino como la expresión más florida de un conflicto. Desde esta concepción la fiebre que acompaña a un proceso infeccioso puede, debe, tratarse en sí misma si alcanza los niveles de máxima tolerancia del organismo humano, pero ningún clínico olvida la intervención sobre el proceso que la genera.

El estrés, al igual que la fiebre, constituye la respuesta indiferenciada a un desajuste en el que el organismo busca reequilibrarse en situaciones en la que la demanda del medio, o del propio sujeto, no está ajustada a sus capacidades y recursos.

El estrés docente es más que estrés. Constituye una manifestación de desequilibrio entre las demandas que recibe el docente y su capacidad y recursos para responderlas adecuadamente, constituye un avisador que estimula al cambio e informa de su necesidad.tá en la intervención sobre ese desequilibrio de forma que la resolución del mismo conlleve un desarrollo en el individuo y no un estancamiento. Tal vez la relevancia que superficialmente se le ha dado al concepto de estrés docente en algunos ámbitos sensacionalistas hubiera que focalizarla en el contexto del estrés docente, en la crisis que lo provoca.

Recordemos la investigación del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Manchester, en la que se refleja como en el contexto británico la enseñanza no es una de las profesiones más afectadas por el estrés, sino que ocupa el noveno lugar, por detrás de otras como la construcción, enfermería, policía, periodista o minero.

10 profesiones con mayor estrés.
Minero ___________________________________ 8,30
Policía __________________________________ 7,70
Trabajadores Construcción __________________ 7,50
Periodista ____________________________ 7,50
Piloto aviación. _________________________ 7,50
Dentista ___________________________ 7,30
Médico ______________________ 6,80
Enfermería ___________________ 6,50
Profesorado___________________ 6,30
Jefe de personal __________________6,00
Fuente: Instituto de Ciencia y Tecnología. Universidad de Manchester. (Ref. Aguayo y Lama 1996. Estrés ocupacional. En Mapfre Seguridad. 62.

Resaltamos la aparente contradicción de los datos ofrecidos por este estudio que sitúa el nivel de estrés en la docencia en un noveno lugar, mientras que en otras investigaciones, las cifras de alteraciones comportamentales asociadas a procesos ansiosodepresivos que se registran en la enseñanza están muy por encima de las correspondientes a esos mismos procesos en el resto de las profesiones. También parece contradictorio que el lugar de la enseñanza en la clasificación de profesiones por su nivel de estrés sea el noveno mientras que la literatura especializada insiste en la difusión de investigaciones acerca del estrés docente, la enfermedad de la enseñanza, el malestar de los enseñantes, el burnout en la docencia, la depresión en el profesorado y similares. Entendemos que ello es debido a una manifestación más de la focalización que las investigaciones suelen realizar sobre aspectos concretos de un mismo problema. No obstante debemos insistir en la necesidad de ser más rigurosos en el uso de los términos, aunque en ocasiones se requiera emplear términos conocidos en las publicaciones de carácter divulgativo.

Del mismo modo, algunos cuestionarios utilizados para la evaluación del estrés docente desde protocolos clínicos valoran esencialmente las manifestaciones de síntomas psicosomáticos asociados a los procesos de estrés y ansiedad, otros se centran en manifestaciones de las fuentes de presión en el trabajo, con ítems como los recogidos en el cuadro Cuestionario sobre estrés en la enseñanza. Las presiones a las que se enfrenta en su trabajo, de Travers y Cooper (1997). En otros, como el publicado por Calvete y Villa (1997) se valora algunas manifestaciones del burnout, aunque el título del cuestionario asocia estrés y burnout.

Cuestionario de estrés y burnout del profesor.
Evaluación e intervención en el estrés docente.
Me siento deshecho al final de la jornada laboral.....
Me siento emocionalmente cansado a causa de mi trabajo.....
He conseguido muchas cosas valiosas en este trabajo.
Trabajar con gente todo el día es realmente una tensión para mí...
Me preocupa que este trabajo me esté endureciendo emocionalmente.
No me importa mucho lo que les suceda a algunos alumnos.
Me siento muy animado y contento al trabajar de forma próxima a mis alumnos.
Me abstengo de corregir a algunos alumnos por evitarme problemas.
Creo que trato a algunos alumnos como si fueran objetos, impersonalmente....
Con mi trabajo estoy influyendo positivamente en la vida de otras personas.
Etc.

El cuestionario íntegro puede hallarse en: Programa Deusto 14-16. II Anexo III Ed.:Mensajero y más delante se encuentra la adaptación del MBI de Maslach que

A pesar de que el uso de estos cuestionarios en el contexto de investigaciones rigurosas exija la correspondiente validación psicométrica, la utilidad de este tipo de instrumentos para potenciar la reflexión sobre la práctica docente y sobre el desarrollo personal, y para estimular la toma de decisiones de cambio... es evidente.



CRISIS PERSONAL DOCENTE:
MÁS QUE ESTRÉS.
Autor: Luis Gómez Pérez
Generalitat Valenciana
Consellería de Cultura Educación y Ciencia
Fuente: http://www.edu.gva.es/per/docs/rlestres_1.pdf

miércoles 23 de septiembre de 2009

ALGUNOS RECURSOS PARA LA REDUCCIÓN DE ESTRÉS.

En esta publicación coloco algunos recursos que se pueden utilizar, para lograr una mejora en pos de la reducción del nivel de estrés(Adaptado de Friedman y Ulmer).
1.- Participa en actividades sociales con la familia y amigos.

2.- Lee libros de novela, biografía, ciencia, naturaleza…no relacionados con tu trabajo.

3.- Visita museos o galerías de arte por su valor estético, sin más.

4.- Dedica unos minutos por día a recordar tu pasado, mira fotos de familia y amigos.

5.- Ve al cine, al ballet, al teatro, a conciertos… Matricúlate en algún curso de arte o empieza a tocar el violín, el piano…

6.- Acuérdate cada día que la vida no se acaba en ese momento. No es necesario que todos tus proyectos estén acabados en una determinada fecha.

7.- Pregunta a tus familiares qué es lo que han hecho durante el día, y escúchales atentamente mientras te lo cuentan. Escribe cartas a tu familia y a tus amigos.

8.- Reemplaza tus sentimientos irracionales por estas sugerencias:
  • Di a tu pareja o a tus hijos o a tus padres que les quieres.
  • Procura hacer nuevos amigos
  • Haz saber a tus amigos que estás dispuesto a ayudarles.
  • No hables con determinadas personas de ciertas materias sobre las que ya sabes que mantenéis opiniones diferentes.
  • Busca la belleza y goza de las cosas.
  • Párate si corres demasiado. Juega a perder de cuando en cuando.
  • Expresa tu aprecio ayudando y animando a los demás.
  • Mírate al espejo varias veces al día. Busca en tu cara signos de gravedad y angustia y pregúntate si tienes necesidad de ofrecer semejante aspecto.
9.- Camina despacio y expansiónate. Conduce más despacio y ahorrarás energía, y multas.

10.- Reduce los estimulantes como la cafeína. No comas vorazmente.

11.- No te comas las palabras. Habla lentamente e interrumpe menos frecuentemente.

12.- Levántate antes para sentarte y relajarte. Escucha música mientras te aseas...

13.- Sal antes de casa y dirígete a tu trabajo por una ruta más pintoresca que la de siempre. Evita las horas punta.

14.- Procura no usar el coche. Usa transportes públicos: lee y observa a la gente.

15.- No hagas dos cosas a la vez.

16.- Espacia las responsabilidades. No tengas prisa. Aplaza lo menos importante.

17.- Tómate algún tiempo para ti mismo (escucha música, haz deporte, relájate, lee, medita…)

Añade otras que tu conoces, de las que te agradaban tiempo atrás:

18.- …

19.- …

20.-



EL ESTRÉS DEL DOCENTE DESDE LA PERSPECTIVA
MEDICO-LABORAL.
Autora: Ana Gómez Seguí
Generalitat Valenciana
Consellería de Cultura Educación y Ciencia
Fuente: http://www.edu.gva.es/per/docs/rlestres_1.pdf

lunes 14 de septiembre de 2009

ORIENTACIONES Y SUGERENCIAS PRÁCTICAS

Evidentemente, la intervención será diferente dependiendo del estadío en que nos encontremos.

La promoción y protección de la salud psíquica, y concretamente el aprendizaje de habilidades y recursos de protección frente al estrés, junto a la adquisición de hábitos psicológicos saludables pueden ejercerse desde la infancia.

Dentro del ámbito laboral de la docencia, tanto privada como pública, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales determina elaborar estrategias en el medio laboral para proteger la salud del trabajador y prevenir aquellas enfermedades que el Reglamento de Servicios de Prevención denomina “enfermedades relacionadas con el trabajo”, aunque no formen parte de la lista oficial de enfermedades profesionales (como es el caso del estrés del docente).

La intervención terapéutica psicológica más eficaz es la psicoterapia cognitivo-conductual, tanto las técnicas de relajación (método de Jacobson y similares), terapias cognitivas (no olvidar que el estrés comienza por una cognición amenazante), entrenamiento en habilidades sociales y puede utilizarse la terapia de exposición (inoculando cantidades progresivamente crecientes de estrés).


Sin embargo, hay muchas situaciones donde no pueden aplicarse simple y directamente las soluciones expuestas hasta ahora: Se trata a veces de docentes cuyo grado de estrés no les permite en ese momento someterse a una terapia psicológica (recuérdese que el propio estrés genera disminución de la concentración, etc.).

Otras veces se trata de docentes en los que hay un evidente cuadro florido de ansiedad o de depresión, que a todas luces no va a permitir un abordaje al principio desde el punto de vista psicológico (sí será necesario posteriormente).


Y finalmente, algunas veces el enfermo no está dispuesto a esperar pacientemente los resultados de la psicoterapia o a participar activamente en ella, y prefiere la alternativa más rápida y menos comprometida de la medicación.


Todos estos casos descritos, más aquellos que por la naturaleza de la enfermedad generadora de ansiedad o depresión tengan una indicación clara de tratamiento farmacológico, pueden beneficiarse de los progresos que la farmacología moderna aporta a la sociedad.


5 Art. 38 del R.D. 39/1997 de 17 de enero por el que se aprueba el Reglamento de los Servicios de Prevención. Esta legislación afecta tanto a la empresa privada como a la Administración Pública.


Hay en algunas personas ciertas actitudes negativas respecto al empleo de medicamentos tranquilizantes y antidepresivos. Esto obedece a varias razones:


Por un lado, al ser un trastorno psíquico, ¿por qué hay que dar un tratamiento químico?


En segundo lugar, el miedo a los efectos secundarios de estos medicamentos, que (basados en efectos de moléculas antiguas) producen sedación siempre y le impiden al sujeto desarrollar sus actividades.


En tercer lugar, el miedo a la dependencia farmacológica a los medicamentos.


La información puede solventar estas dificultades, permitiendo al paciente comprender la necesidad y bondad del tratamiento farmacológico (en los casos que esté indicada su prescripción).


Tanto la ansiedad como la depresión tienen unos fundamentos biológicos, basados fundamentalmente en la inhibición del GABA (ácido gamma-amino-butírico) que es el responsables de la hiperexcitación neuronal en el caso de la ansiedad, y basados en la facilitación de neurotransmisores sinápticos (serotonina, etc.) que están disminuidos en la depresión. No son por tanto fenómenos psíquicos, sino que la parte biológica del individuo presenta alteraciones.


Por otro lado, los efectos secundarios de los fármacos comúnmente utilizados hoy día no guardan ya relación con los molestísimos efectos sedativos, mareos, visión borrosa, desorientación, etc. que a modo de tributo había que soportar hasta hace pocos años. Y finalmente, si bien existe la posibilidad de generar dependencia, sobre todo los tranquilizantes empleados en la ansiedad, la disminución progresiva de las dosis y la sustitución por otros tranquilizantes, evitará este riesgo.


En cualquier caso, son productos de venta obligatoria con receta y el médico prescriptor conoce sus características. Lo importante que debe conocer el paciente es que tanto los tranquilizantes (los más usados pertenecen a un grupo llamados “benzodiacepinas”) como los antidepresivos (los más comunes son de un grupo llamado “antidepresivos tricíclicos” o de otro llamado “inhibidores de la recaptación de serotonina”) no deben interrumpirse bruscamente, sino según pautas de reducción progresiva.


También debe conocer que se trata de terapias de larga duración. Es incorrecto tomarlas sólo hasta notar mejoría, ya que pronto volverá a estar como al principio y tendrá que volver a empezar el tratamiento.


El médico de familia está capacitado para tratar la mayoría de trastornos de ansiedad y de depresión (se estima en un 90% de los casos). El 10% restante precisa asistencia especializada (psiquiatra), bien en las consultas privadas, bien en los consultorios de las compañías de asistencia que Muface tiene concertadas, bien en las Unidades de Salud Mental que tiene establecidas por zonas geográficas el Servicio Valenciano de Salud.


Las medidas de apoyo constituyen el 4º pilar para mejorar las situaciones de estrés. Cabe destacar el ejercicio físico regular (gimnasia, deporte no competitivo, caminar 1 a 2 h. diarias), las actividades lúdicas (viajes de placer, actividades altruistas, etc.) y una alimentación saludable (eliminar sustancias excitantes como café, colas, té, alcohol y realizar comidas regulares y no copiosas como lucha contra nutrición compulsiva)



EL ESTRÉS DEL DOCENTE DESDE LA PERSPECTIVA

MEDICO-LABORAL.

Autora: Ana Gómez Seguí

Generalitat Valenciana

Consellería de Cultura Educación y Ciencia

Fuente: http://www.edu.gva.es/per/docs/rlestres_1.pdf