lunes, 10 de noviembre de 2014

Variables intrapersonales predictoras de burnout.


Dentro de las variables que predisponen al burnout se encuentran las ambientales, las organizacionales y las intrapersonales. En esta publicación el autor explicará esté último tipo de variables, relacionadas con la persona amenazada por el burnout.

Locus de control externo. Diversos autores encuentran correlaciones significativas entre locus de control externo y aumento del burnout. Cuanto menos control de la situación cree tener el individuo mayores posibilidades habría de que apareciera el síndrome, sobre todo ante situaciones ambiguas, difíciles o novedosas, en las que la persona cree tener poca o ninguna posibilidad de controlar.

Indefensión aprendida. Ensiedel y Tully (1981) plantean el paradigma de la indefensión aprendida para explicar el burnout; dicho paradigma estaría relacionado, entre otras cosas, con el nulo control de la persona sobre la situación o evento aversivo.

Interés social. Ansbacher y Ansbacher (1956) definían esta característica como el interés activo en fomentar el bienestar humano. Según Smith, Watstein y Wuehler (1986) conforme decrece el interés social en la persona aumenta la probabilidad de padecer burnout.

Personalidad resistente. Este patrón de personalidad se caracteriza por un sentimiento de compromiso hacia sí mismo y el trabajo, por una percepción de control del ambiente, así como una tendencia a acercarse a los cambios de la vida con una actitud de desafío antes que de amenaza, que suponen las tres dimensiones que configuran este tipo de personalidad (compromiso, control y desafío). Según Rich y Rich (1987) las personas con este tipo de personalidad previenen o reducen la incidencia del burnout. Otros trabajos han redundado en esta relación, de tal forma que el burnout correlacionaría negativamente con las tres dimensiones de la personalidad resistente.

Sexo. Pines y Kafry (1981) se plantean esta variable no tanto porque por sí misma determine la existencia o no del síndrome, como por el hecho de que a la variable sexo van ligadas una serie de características relacionadas con el trabajo, que le predisponen especialmente; así las mujeres presentan más conflicto de rol, sintomatología depresiva, conflictos familia-trabajo, entre otras, por lo que serán más propensas a presentar el síndrome. También Maslach y Jackson (1986) estarían de acuerdo con esta variable, aunque precisan que la mujer presenta puntuaciones más elevadas en la dimensión agotamiento emocional, pero más bajo en reducida realización personal; anteriormente Maslach y Jackson (1985) habían comprobado que las mujeres eran más propensas que los hombres a las dimensiones agotamiento emocional y reducida realización personal, mientras que los hombres lo eran en la dimensión despersonalización.

Edad. La edad aparece como una variable que puede mediatizar en el proceso del síndrome en el contexto laboral, de tal manera que a mayor o menor edad también se debe encontrar una correspondencia en experiencia y madurez y en la forma de afrontar las diferentes presiones que afectan al individuo. Gould (1985) plantea que cuanto más joven es el trabajador mayor incidencia de burnout hallaremos.

Demandas emocionales. Garden (1989) las plantea como antecedente objetivo del burnout. A mayores demandas mayor probabilidad de padecer el síndrome. Normalmente estas exigencias estarían asociadas con peticiones laborales excesivas, sin embargo no siempre ocurre así. Aquí el aspecto fundamental es el hecho de percibir el individuo que se le hacen dichas demandas emocionales que él considera abrumadoras.

Estrategias de afrontamiento inadecuadas. Lo que supone que el individuo est á empleando unas estrategias de afrontamiento que no son acertadas para hacer frente a la situación, que hace que aumente la posibilidad de padecer burnout. Entre otros autores, parten de este planteamiento puntualiza que las estrategias de tipo escapista aumenta la probabilidad de sufrir burnout, mientras que las de control la disminuyen. En concreto, Kushnir y Melamed manifiestan que es la disminución de los recursos de afrontamiento la característica clara de los individuos que padecen el síndrome.

Autoeficacia. La autoeficacia es entendida como la percepción que tiene el individuo de sentirse eficaz con las tareas que realiza, fundamentalmente con aquellos aspectos donde se requiere "comprobar" la valía personal del individuo. Según Leiter si existe crisis de autoeficacia mayor probabilidad habrá de sufrir burnout. Gil y Peiró (1996) hacen referencia a esta variable al citar la falta de autoconfianza en la propia eficacia laboral.

Patrón de personalidad tipo A. Este patrón caracteriza a los individuos con altos componentes de competitividad, esfuerzo por conseguir el éxito, agresividad, prisa, impaciencia, inquietud, hiperrresponsabilidad... . Nagy y Davis (1985) señalan que este patrón de personalidad predispone claramente al burnout.

Autoconcepto. Planteado como el concepto personal general que la persona tiene de sí mismo; aquí incluiríamos el concepto que el individuo tendría acerca de su actuación profesional. Un autoconcepto negativo de sí mismo predispone al burnout, de ahí que para encontrar conductas no asociadas con burnout el individuo tenga que presentar un autoconcepto positivo (Gould, 1985).

Expectativas personales. Se refiere a aquellas expectativas que el individuo tiene hacia cualquier evento vital. Según Cordes y Dougherty (1993), conforme las expectativas de la persona no se cumplan aumentará el riesgo de padecer burnout.



Autor
TESIS SOBRE EL BURNOUT
Por: Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz

Sobre
Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz
- Profesor de la Universidad de Murcia (Facultad de Psicolog ía), desde 1994
- Master en RRHH por el Centro de Estudios Financieros (Madrid), desde 1992
- Doctor en Psicología por la Universidad de Murcia en 1999
- Profesor de la Escuela de Policías de la Región de Murcia desde 1999
- Jefe de Formación y Proyectos de Algama Desarrollo Empresarial (Grupo Picking Pack) desde 1997
- Autor de diferentes libros, artículos y participaciones en Congresos nacionales e internacionales.



Nota de la edición del blog:
Por razones de lectura del blog, he reducido a su mínima expresión este importante trabajo, si desean leerlo en forma completa, pueden colocarlo en Google (título y autor), y obtendrán 4 archivos pdf, o bien mandarme un mensaje a achristin@gmail.com, y con gusto se los enviaré.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Formas de explicar al burnout.


En esta publicación, el autor nos acerca una explicación completa del síndrome del burnout, planteando aspectos necesarios para la comprensión del mismo, tales como su definición, y caracterización a la luz de las diferentes teorías.


En este epígrafe intentaremos acercarnos a una explicación completa del síndrome, toda vez que se han planteado los diversos aspectos que configuran la comprensión del mismo. Se trata de intentar explicar globalmente el proceso del burnout a partir de la unión de los diversos factores que lo constituyen: definición, variables predictoras y consecuencias.

Los modelos teóricos que describimos a continuación unen sus diversas características e intentan describir cuáles son los planteamientos teóricos que explican el síndrome permitiendo su mejor comprensión.

En este apartado analizaremos los tres modelos teóricos que mayor trascendencia han tenido; así mismo, se incluye un modelo más reciente que defienden Cordes y Dougherty, y que aún se desconoce la influencia que sobre investigaciones posteriores pueda tener.

El modelo de los procesos del burnout de Cherniss.
Cherniss conceptualiza el burnout dentro un marco de interacciones, según el cual las fuentes de estrés, que están en la base de la aparición del síndrome, es preciso conceptualizarlas en relación la influencia del marco laboral, las características de la persona y el cambio de actitudes de la misma.

Según el modelo de Cherniss el marco laboral es uno de los agentes potenciales de estrés, en él se destacan diversos factores: orientación, carga en el trabajo, estimulación, ámbito de clientes y contactos mantenidos, autonomía en el trabajo, estilo de dirección y supervisión, y existencia de aislamiento social. Así mismo, la persona cuenta con otros factores potenciadores o inhibidores del estrés: orientación profesional, apoyos de los que dispone y demandas existentes fuera del trabajo. Todo estos aspectos pueden ocasionar fuentes de estrés: dudas acerca de la competencia personal, problemas con los clientes, interferencias burocráticas, falta de estimulación y realización, y falta de colegiación. En consonancia con esto, el individuo cambia de actitudes dándole lugar a diversas posibilidades de cambio: en las metas laborales, en la responsabilidad personal de los resultados, en el idealismo/realismo ante el trabajo, en la indiferencia emocional, en la mayor o menor alienación en el trabajo, o en los auto -intereses. Lógicamente, según sean estos cambios, las fuentes de estrés decrecerán o se incrementarán dando lugar, en este último caso, a la posible aparición del burnout.

En tanto que el modelo de Cherniss parte de que la estrategias de afrontamiento que ponga en marcha el individuo ante la fuente de estrés, serán determinantes en el proceso que sigue el burnout, el proceso que describe Cherniss no es unidireccional, sino representado por las interacciones continuas que la persona y el marco laboral mantienen a partir de los cambios de actitudes que presenta el individuo ante las fuentes de estrés (en definitiva, que el cambio de actitudes que el trabajador ponga en marcha para afrontar dicha fuente de estrés dará lugar a que ésta disminuya o no, con lo que las posibles consecuencias a que dan lugar el marco laboral y las características personales se condicionarán).

Burke, Shearer y Deszca; Burke y Greenglass, entre otros, pusieron este modelo a prueba en docentes y policías, respectivamente, obteniendo un considerable apoyo empírico al mismo. Whitehead concluye que "el modelo más bien simplista de Maslach y Jackson del burnout laboral no es tan apropiado como el modelo más completo de Cherniss". A pesar de estos resultados y de la coherencia teórica del mismo no ha sido tan utilizado para explicar el síndrome como los de Leiter o Golembiewski, quizás porque a diferencia de estos, Cherniss no se apoya en el constructo de burnout que ofrecen Maslach y Jackson. De hecho, para el autor el burnout sería una de las posibles consecuencias del estrés: un estrés laboral y no un síndrome independiente. Burke y Greenglass vuelven posteriormente a encontrar apoyo empírico para este modelo.

El modelo de las fases del burnout de Golembiewski y colaboradores.
Desde que Golembiewski planteara su modelo teórico lo ha ido completando y poniendo a prueba en varios trabajos y con diversos colaboradores. Así, entre otros, podemos comprobarlo en Golembiewski, Munzenrider y Carter (1983). Si bien, Golembiewski ya se había planteado que para comprender el burnout habría que estudiar las cogniciones que el individuo realiza ante los eventos aversivos generadores del síndrome.

Los autores conceptualizan su modelo teórico a partir de la concepción que se obtiene del Maslach Burnout inventory (Maslach y Jackson, 1981). Entienden que la dimensión que mejor describe y predice la aparición del síndrome es la despersonalización, seguida de la reducida realización personal y, por último, el agotamiento emocional.

Dicotomizan las puntuaciones obtenidas en el MBI en altas (A) y bajas (B) con lo que se obtienen ocho posibles configuraciones de burnout, que denominan fases y que clasifican desde la I (bajas puntuaciones de burnout en todas las dimensiones) hasta la VIII (elevadas puntuaciones en todas sus dimensiones), siendo la aparición del síndrome progresiva desde la fase I hasta la VIII. Se consideraría burnout leve los individuos que puntuaran en las fases I, II ó III, burnout medio los que puntuaran en las fases IV ó V, mientras que estaríamos ante burnout elevado cuando los individuos puntuaran en las fases VI, VII u VIII. La progresión del síndrome puede presentarse de dos maneras, dependiendo de la virulencia de la progresión de cada una de las dimensiones del burnout:

-Burnout con desarrollo crónico: en la que su desarrollo pasaría por las fases I, II, IV y VIII. Según Lee y Ashforth, Golembiewski entendería este tipo como el que se desarrolla más frecuentemente en el trabajo.

-Burnout con inicio agudo: en el que su desarrollo pasar ía por las fases I, V y VIII. Según los autores anteriores, Golembiewski aceptaría que este tipo de burnout hubiese podido generarse por un trauma personal, no necesariamente relacionado con el trabajo.

Con esta diferenciación, Golembiewski y colaboradores pretenden conocer no sólo con qué frecuencia las personas presentan burnout, sino también saber si se encuentran ante un inicio insidioso o bien ante un desarrollo crónico. De esta manera podremos predecir qu é desarrollo le espera al trastorno que padece el individuo y adecuar mejor las estrategias de intervención que consideremos convenientes, ya que según en qué fase y tipo de burnout se encuentre la persona, las consecuencias negativas diferirán significativamente.

Burke y Deszca analizaron este modelo obteniendo apoyo empírico al progresivo avance del burnout por fases. Así mismo, Wade, Cooley y Savicki plantean que los resultados de su estudio apoyan la existencia de un principio y una progresión, según explica Golembiewski, aunque se necesitan mayores evidencias empíricas para establecer este patrón. Por otra parte, Nye, Witt y Schroeder (1992) confirman la validez de constructo del MBI según el planteamiento teórico de este modelo. Sin embargo Friesen y Sarros (1989), plantean según sus resultados, que existen diferentes formas de burnout y, por tanto, se hace difícil conceptualizar el burnout según la progresión de las fases. Golembiewski señala que para poder obtener resultados empíricos consistentes se necesita seleccionar muestras determinadas para cada fase, lo que hace difícil metodológicamente contrastar su modelo.

El modelo de los procesos de burnout de Leiter.
Leiter; Leiter y Maslach desarrolla su modelo teórico partiendo de dos premisas básicas: la influencia de cada una de las dimensiones del burnout es determinante en su desarrollo, y cada dimensión mantiene distintas relaciones con las condiciones ambientales y las diferentes características individuales. A partir de esta premisa el autor irá comprobando, realizando diversos análisis de correlación, cómo encajan las distintas variables organizacionales que están interviniendo en el desarrollo del síndrome en su modelo teórico.

El autor parte del agotamiento emocional como dimensión fundamental del burnout, a la que seguiría según el proceso que él plantea la despersonalización y, posteriormente, la reducida realización personal. El agotamiento emocional, por tanto, sería la dimensión que ocasionaría reducida realización personal, estando este proceso mediatizado por despersonalización. Este proceso vendrá determinado por las interacciones que cada dimensión mantenga con los diversos componentes organizacionales: competencia (fomento de habilidades y afrontamiento efectivo), autonomía y participación en la toma de decisiones, colegiación (apoyo del supervisor y de los compañeros), y cooperación con el cliente. Previamente, habrán existido otros componentes organizacionales que habrán dado lugar a agotamiento emocional: tedium (sobrecarga en el trabajo y rutina aburrida) y colegiación negativa (conflicto interpersonal). Según el autor, el agotamiento emocional sería lo que sentiría un individuo con burnout y, por tanto, la dimensión que pondría en marcha el síndrome, siendo reducida realización personal la que daría lugar a las consecuencias observables del burnout (absentismo, rotación, abandono, entre otras), mediatizadas por despersonalización.

Leiter mantiene que su modelo es perfectamente compatible con el desarrollo teórico sobre las estrategias de afrontamiento de Lazarus y Folkman. Como podemos comprobar, a lo largo de las investigaciones del autor, las variables organizacionales son en este modelo especialmente relevantes y, como consecuencia, se apoya menos en las variables cognitivas, que el modelo de Golembiewski sí destaca.

Ambos modelos (el de Leiter y el de Golembiewski) han sido los que más trascendencia han tenido posteriormente en el estudio de burnout, además también fueron objeto de una polémica interesante sobre la mayor validez de uno sobre el otro. Así, Golembiewski critica a Leiter diversos aspectos:

-Que sólo tenga en cuenta en su modelo las fases de burnout I, II, V y VIII, ya que hace que el modelo que ofrece Leiter sea más limitado.

-Que secuencie las dimensiones del burnout en una secuencia temporal que introduce agotamiento emocional en primer lugar, lo que supone una conceptualización del síndrome completamente diferente.

-Que se centre en el desarrollo crónico del burnout, que ser ía el típico que se daría en el contexto organizacional, no abriendo la posibilidad a un inicio agudo que sería más propio fuera del ámbito laboral.

Leiter, por su parte, discrepa de Golembiewski y plantea las siguientes consideraciones sobre su modelo teórico:
-La conceptualización de la que parte para comprender el burnout le obliga a plantear la secuenciación de sus dimensiones como había expuesto; de hecho Maslach apoya esta secuenciación (Leiter y Maslach, 1988).

-No parte de la progresión secuencial de Golembiewski para plantear su modelo, por lo que no acepta que su teorización del burnout se corresponda con alguno de los dos tipos del síndrome desarrollados por aquél.

-No acepta que, para la comprensión del síndrome, se precisen las fases de progresión de Golembiewski y, por tanto, desde esta perspectiva no es comparable con su modelo teórico.

Lee y Ashforth plantean que los modelos de Leiter y Golembieswki coinciden en que la reducida realización personal está afectada por la despersonalización, y ven el burnout como un proceso que se va desarrollando. Por tanto, la clave sería comprobar si agotamiento emocional es el final o el inicio del proceso, lo cual es muy importante porque de este aspecto depende la línea de prevención y recognición que se marquen para el tratamiento del síndrome. Los autores, que ponen a prueba los dos modelos, concluyen que ninguno de los dos presentan resultados concluyentes, si bien el modelo de Leiter parece más consistente, y plantean que el modelo de este autor podría configurarse de la siguiente manera: agotamiento emocional como forma de tensión en el trabajo, basada en la fatiga emocional; despersonalización como estrategia de afrontamiento a esa tensión; para terminar con reducida realización personal como resultado de este proceso.

Burke, aunque reconoce la validez de los dos modelos teóricos, plantea que es más completo el de Golembiewski. Sin embargo, el autor se cuestiona el hecho de que ambos modelos se asienten sobre la conceptualización y construcción del MBI (Maslach y Jackson) cuando su validez y fiabilidad no es totalmente aceptada y todavía algunos autores, como ya vimos, se cuestionan sí es el instrumento adecuado para medir el burnout.

Marco conceptual de proposiciones del burnout de Cordes y Dougherty.
Cordes y Dougherty (1993) plantean, a partir de una revisión integradora de las diversas investigaciones sobre burnout, un marco conceptual que permite una comprensión amplia del síndrome dando lugar a un modelo teórico-explicativo del mismo, partiendo del planteamiento de Leiter y Maslach (1988).

Según el marco teórico que plantean los autores, las demandas estresantes individuales (altas expectativas de realización, altas expectativas organizacionales, compromiso con el trabajo, interés central en la vida y edad) y organizacionales (sobrecarga de rol, conflicto de rol, y la franqueza, frecuencia, duración e intensidad de las interacciones personales) pueden ocasionar agotamiento emocional en el sujeto que, como respuesta de afrontamiento al estrés provocado, desarrollaría despersonalización (esta dimensión es conceptualizada en este modelo como una respuesta al estrés única y específica del burnout). En este momento están mediando factores que son parte de un sistema impersonal, controlador y determinante, que se caracteriza por permitir escasa participación del individuo en la toma de decisiones y por puniciones no contingentes con las conductas de éste. Como consecuencia de los altos niveles de despersonalización aparecerían una serie de causas (despreciativas, inefectivas o inadecuadas), entre las que se encontrarían sobrecarga de rol, ambigüedad de rol, escasa utilización de las habilidades o retos en el trabajo, falta de realización y recompensas en el trabajo y no realización de las expectativas de realización ni de las expectativas en la organización, y que ocasionarían la aparición de reducida realización personal.

A lo largo del proceso, agotamiento emocional-despersonalización-reducida realización personal, irían apareciendo consecuencias individuales y organizacionales de tipo conductual, físico, emocional, actitudinal e interpersonal. La virulencia de este proceso, por otra parte, podría estar amortiguada por la disposición de recursos de afrontamiento, fundamentalmente la existencia de apoyo social organizacional (de supervisores y compañeros) y personal (de pareja, familia y amigos).

Los autores amplían el marco conceptual del modelo descrito por Leiter, pero ateniéndose a la concepción de burnout como proceso, a la vez que mantienen el carácter central del agotamiento emocional como aspecto inmediato de la aparición del burnout, la reducida realización personal como consecuencia del proceso de burnout iniciado, y la despersonalización como variable mediadora, en forma de estrategia de afrontamiento inadecuada, entre agotamiento emocional y reducida realización personal.

La reciente incorporación de este modelo explicativo de burnout a la línea de investigación relacionada con la comprensión del síndrome, no ha permitido que existan contrastaciones del mismo y, por tanto, se ignora su validez empírica, aunque parece que su fundamentación teórica es bastante adecuada, si la comparamos con el planteamiento de Leiter y Maslach (1988); si bien, y en el marco del contexto deportivo, Olmedilla, Jiménez, Jara y Garcés de Los Fayos (1997) están de acuerdo con el modelo, en lo referente a algunas de las consecuencias estimadas, no así en los antecedentes del burnout. Por otra parte, resulta interesante el intento de adaptación teórica que García Montalvo y Garcés de Los Fayos (1996) hacen en este mismo contexto.


Autor
TESIS SOBRE EL BURNOUT
Por: Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz


Sobre
Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz
- Profesor de la Universidad de Murcia (Facultad de Psicolog ía), desde 1994
- Master en RRHH por el Centro de Estudios Financieros (Madrid), desde 1992
- Doctor en Psicología por la Universidad de Murcia en 1999
- Profesor de la Escuela de Policías de la Región de Murcia desde 1999
- Jefe de Formación y Proyectos de Algama Desarrollo Empresarial (Grupo Picking Pack) desde 1997
- Autor de diferentes libros, artículos y participaciones en Congresos nacionales e internacionales.


Nota de la edición del blog:
Por razones de lectura del blog, he reducido a su mínima expresión este importante trabajo, si desean leerlo en forma completa, pueden colocarlo en Google (título y autor), y obtendrán 4 archivos pdf, o bien mandarme un mensaje a achristin@gmail.com, y con gusto se los enviaré.

lunes, 27 de octubre de 2014

Elementos que predicen el burnout en el contexto ambiental.


Las variables que anteceden al burnout, reconocidas por la teoría, pueden ser organizacionales, intrapersonales, o como las que el autor trata en esta publicación, provenientes del contexto ambiental. Consideramos que en la docencia son de fundamental influencia.


Apoyo social. Este factor está centrado fundamentalmente en el apoyo que la persona recibe de familiares y amigos, en relación a su desempeño laboral y las circunstancias que su trabajo le deparan. Algunos investigadores entienden que a menor apoyo social más posibilidades de padecer el síndrome. Smith, Birch y Marchant (1984) mantienen que las relaciones familiares y/o de pareja positivas confieren a la persona cierta inmunidad a padecer el burnout.

Relaciones interpersonales. Son las relaciones mantenidas con familiares y amigos, fundamentalmente, que condicionan que el ambiente habitual de la persona sea agradable o no. Conforme aparecen ambientes más aversivos aumenta la frecuencia de padecer burnout. Sarros, indica que es especialmente en la dimensión despersonalización donde más se aprecia esta variable.

Comunicación. Sarros y Friesen plantean que cuando los flujos comunicativos se deterioran más en el ambiente social del individuo, la aparición de burnout aumenta. Sarros, cree que donde más incidencia tiene es en la dimensión reducida realización personal.

Actitudes de familiares y amigos. Está muy condicionada por las relaciones interpersonales pero, en este caso, se refiere al sentido positivo o negativo de las actitudes que familiares y amigos tienen hacia la persona. Ante actitudes más aversivas más burnout.

Satisfacción vital. Esta variable describe la sensación de felicidad y agrado que el individuo presenta con su estilo de vida y las interacciones que se producen como consecuencia de él. Según Lee y Ashforth a menor satisfacción vital más burnout, en concreto mayor nivel de agotamiento emocional.

Exigencias vitales. Golembiewski y Munzenrider, señalan que las demandas intensas y los requerimientos de un compromiso completo en los diversos aspectos de la vida (matrimonio, familia, amistades, etc...) pueden derivar en burnout.

Problemas familiares. El hecho de que ocurran problemas familiares que estén distorsionando el funcionamiento normal de la dinámica del hogar, predispone a la persona a sufrir burnout según Leiter.

Recursos de afrontamiento familiares. Leiter plantea que cuando la familia facilita la puesta en marcha de diversos recursos para afrontar las situaciones que pueden dar lugar a burnout, la persona presenta menor vulnerabilidad a su padecimiento. Estos recursos de afrontamiento son independientes de los que puede poseer el individuo en su contexto laboral.

Cultura. Pines y Guendelman mantienen que el burnout no afecta de la misma manera a individuos pertenecientes a una cultura u otra, debido fundamentalmente a que ésta marca no sólo la forma de entender el desempeño laboral, sino también la manera de entender las relaciones sociales y los diferentes apoyos que la persona puede recibir. De ahí que estos autores concluyan que la cultura puede ser un mediador relevante en la incidencia del burnout.

Si bien el anterior listado no es exhaustivo sí nos permite acercarnos a la realidad actual acerca de la situación de las investigaciones que analizan las variables predictoras del burnout. Así, podemos acordar a modo de conclusiones que:

-Las variables más analizadas son las que se encuadran en el contexto laboral, teniendo en cuenta los diversos aspectos que pueden condicionar el desarrollo habitual del desempeño del trabajo. En este sentido, se asume la importancia de estas variables por encima del resto ya que no hay que olvidar que el burnout se ha conceptualizado fundamentalmente en el contexto laboral. Por otra parte, la mayoría de trabajos estudiados parten de la presunción de que las diversas variables laborales condicionan, por s í mismas, determinadas reacciones en los individuos que, en determinados casos, podrían conducir al padecimiento del burnout.

-También las variables intrapersonales han sido objeto de estudio, puesto que es indudable que a pesar de que los eventos organizacionales pueden ser suficientemente estresantes, la valoración cognitiva que hace el individuo de dichos eventos es imprescindible para que ocasione en la persona sentimientos que pueden conducir a burnout. Lógicamente, la valoración cognitiva est á mediatizada por las características de personalidad del individuo y, por tanto, la concepción predictora intrapersonal del individuo adquiere un papel relevante. Un aspecto significativo es que los estudios se han centrado en el análisis de características de personalidad (locus de control, patr ón de conducta tipo A, autoconcepto, autoeficacia...), habiendo sido muy escasamente estudiadas variables personales m ás clásicas como neuroticismo, estabilidad emocional, extraversión, psicoticismo, etc.

-Las variables ambientales se han considerado en algunos estudios, aunque el número de investigaciones ha sido menor. Parece claro que la relación que un individuo mantiene con los miembros relevantes de su entorno (familiares y amigos, básicamente), el apoyo afectivo y social que reciben de estas personas, las actitudes que el individuo percibe de los demás, entre otras circunstancias, son variables que pueden ocasionar situaciones suficientemente aversivas y, por tanto, potencialmente generadoras de burnout.

-Un último aspecto a resaltar es el que hace referencia a la mutua influencia que las tres categorías de variables mantienen en el origen del fenómeno burnout. Prácticamente ningún trabajo cuestiona que, para comprender la complejidad del síndrome, hay que pensar con una perspectiva amplia de posibles predictores. En este sentido, la conjunción de una confluencia de variables organizacionales, ambientales y personales parece una premisa aceptada por la mayoría de autores.


Autor
TESIS SOBRE EL BURNOUT
Por: Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz


Sobre Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz
- Profesor de la Universidad de Murcia (Facultad de Psicolog ía), desde 1994
- Master en RRHH por el Centro de Estudios Financieros (Madrid), desde 1992
- Doctor en Psicología por la Universidad de Murcia en 1999
- Profesor de la Escuela de Policías de la Región de Murcia desde 1999
- Jefe de Formación y Proyectos de Algama Desarrollo Empresarial (Grupo Picking Pack) desde 1997
- Autor de diferentes libros, artículos y participaciones en Congresos nacionales e internacionales.




Nota de la edición del blog:
Por razones de lectura del blog, he reducido a su mínima expresión este importante trabajo, si desean leerlo en forma completa, pueden colocarlo en Google (título y autor), y obtendrán 4 archivos pdf, o bien mandarme un mensaje a achristin@gmail.com, y con gusto se los enviaré.

lunes, 20 de octubre de 2014

Consecuencias psicológicas del burnout.


El Síndrome del burnout puede producir diversas consecuencias en quienes lo padecen, también a la organización y al contexto ambiental ¿Cuáles son esas manifestaciones? ¿Es posible que se vea afectada sólo una de esas categorías?


El siguiente paso lógico es conocer las consecuencias que para el individuo, y para su contexto vital y laboral, supone su padecimiento.

Buscando una mayor facilidad en su descripción, las analizaremos siguiendo la anterior estructura de tres categorías, aunque es necesario señalar que no siempre los autores las plantean por separado, sino que, al contrario, suelen describir varias categorías al mismo tiempo e, incluso, ofreciendo correlaciones entre ellas.

Consecuencias psicológicas del burnout.
Problemas psicosomáticos. Ante el síndrome de burnout, autores varios encuentran que estos problemas pueden manifestarse en forma de diversas disfunciones de la salud que no tienen unos síntomas físicos claros: dolor de espalda o de cabeza, úlceras, mareos, asma, hipertensión, insomnio, taquicardia, etc.

Actitudes negativas hacia sí mismo. El individuo presenta una constelación sintomática que indica la presencia de uno de los factores evidentes de la depresión, en la que la persona desarrolla sentimientos negativos, así como una actitud negativa general hacia sí mismo. Entre otros autores que han señalado la presencia de estas actitudes en sujetos con burnout encontramos a Burke y Richardsen.

Depresión. Como cabría esperar del apartado anterior se ha comprobado la presencia de depresión en sujetos afectados por el síndrome. Entre otros autores, Jackson y Maslach (1982) han señalado esta consecuencia del burnout. Es interesante destacar aquí que aunque se ha planteado la posibilidad de una cierta similitud entre burnout y depresión, como vimos al principio de este capítulo, Leiter y Durup (1994) encuentran que si bien existen algunas similitudes sintomatológicas entre ambos constructos, se trata de dos trastornos diferentes.

Sentimientos de culpabilidad. En este caso la persona presenta sentimientos de culpabilidad en relación a sus acciones personales, laborales o ambientales. Pines, Aronson y Kafry (1981), entre otros, lo han apreciado en sujetos con burnout, haciendo referencia a estos sentimientos, sin especificar claramente que se pueda tratar de depresión, si bien tanto esta categoría como la anterior están íntimamente relacionadas.

Ansiedad. Es frecuente que el individuo con burnout presente los síntomas propios de los cuadros de ansiedad.

Cólera. La persona con burnout puede presentar reacciones de ira, indignación y/o enojo que manifiesta en sus interacciones habituales.

Aburrimiento. Friedman (1991) señala que una característica llamativa del sujeto con burnout es la presencia de sentimientos de aburrimiento en las actividades que realiza, que se convierte en un hastío emocional generalizado en las tareas laborales cotidianas.

Baja tolerancia a la frustración. Freudenberger (1986) indica, como propio de la persona afectada por el fenómeno burnout, la existencia de una gran frustración con cualquiera de las acciones habituales que realizan y que no acaban con el resultado positivo esperado inicialmente.

Abuso de drogas. Lemkau et al (1988) mantienen que las personas que sufren el síndrome pueden presentar grandes ingestas de sustancias tóxicas (café, alcohol y otras drogas consideradas duras). Según Burke (1993) las personas que presentan reducida realización personal tienden a este abuso.

Consecuencias del burnout en el contexto organizacional.
Disminución del rendimiento. Investigadores varios observan en el trabajador una disminución significativa del rendimiento en su quehacer cotidiano, en comparación con momentos anteriores, que no tienen una causa objetiva para que ocurra: cambios en la política de empresa, instalación de nuevas tecnologías, etc.

Actitudes negativas hacia el trabajo y falta de motivación. El trabajador, que ha perdido buena parte de su motivación hacia el trabajo, desarrolla constantes sentimientos negativos hacia su desempeño laboral.

Actitudes negativas hacia el cliente. García Izquierdo (1991a) encuentra que el trabajador desarrolla sentimientos negativos hacia el cliente al que trata de forma cínica y "despersonalizada".

Incapacidad para realizar adecuadamente el trabajo. El trabajador, a pesar de su interés por el trabajo, comprueba que es incapaz de realizarlo correctamente.

Rotación. Los sujetos con burnout presentan un índice de rotación superior al considerado habitual. Parecen necesitar un cambio continuo de los puestos que desempeñan.

Intención de abandonar el trabajo o abandono real. El trabajador, al que le cuesta cada vez más aguantar la situación provocada por el síndrome, tiende a abandonar el trabajo. Según Schwab et al (1986) en profesores la dimensión que está incidiendo para que se manifieste esta variable es agotamiento emocional.

Absentismo, retrasos y largas pausas durante el trabajo. El trabajador comienza a incumplir sus obligaciones en el trabajo, manifestándose en retrasos, largas pausas durante los descansos y/o absentismo. Recientemente, Yaniv (1995) ha planteado que el absentismo ocurre de forma involuntaria debido a la aparición del burnout, siendo una consecuencia inevitable del mismo.

Insatisfacción en el trabajo. Diversos investigadores encuentran que el trabajador se halla muy insatisfecho con el trabajo, tanto en relación a lo que hace en el puesto desempeñado, como en relación a lo que el contexto laboral le ofrece. Burke (1993) indica que esta consecuencia se aprecia sobre todo en relación con las dimensiones agotamiento emocional y reducida realización personal.

Disminución con el compromiso. Leiter señala que cuando una persona presenta el síndrome, especialmente la dimensión agotamiento emocional, se puede observar una disminución del compromiso que presentaba con el trabajo, en cuanto a ilusión, metas, sentimientos positivos, entre otras características.

Consecuencias del burnout en el contexto ambiental..
Actitudes negativas hacia la vida en general. El individuo desarrolla sentimientos negativos hacia los diversos contextos vitales: familia, amistades..., estando esta variable claramente relacionada con la presencia de depresión,  hace especial hincapié en el deterioro de las interacciones personales.

Disminución de la calidad de vida personal. Jackson y Maslach (1982); encuentra en los individuos afectados por el síndrome un empeoramiento de su calidad de vida, que se refleja en una disminución de su bienestar personal y social.

De la anterior descripción de las posibles consecuencias a las que puede dar lugar el burnout, podemos concretar algunos aspectos en relación a la revisión realizada:

-El burnout se presenta como un síndrome complejo que acarrea consecuencias muy variables, lo que le hace ser un problema de difícil interpretación, ya que si bien los diversos autores analizados plantean las distintas consecuencias como propias del burnout, también lo es que muchas de ellas se han identificado en otros constructos (estrés laboral, insatisfacción laboral, depresión...). Por otra parte, algunas de las consecuencias descritas son síndromes con conceptualizaciones teóricas propias (depresión o ansiedad, por ejemplo), lo que incide en lo desarrollado a lo largo del capítulo: el fuerte solapamiento existente entre burnout y otros constructos, probablemente debido a que el síndrome de "estar quemado" está constituido por una constelación sintomática muy similar a los recogidos en otros síndromes y, lógicamente, las consecuencias que se manifiestan pueden coincidir o, al menos, ser similares dado que la percepción de sufrimiento y la evaluación que se haga en de él en el contexto organizacional también será parecida.

-De las investigaciones revisadas, las consecuencias personales, de carácter psicológico y físico, y las organizacionales, además de estar íntimamente relacionadas, han sido las más estudiadas.

En este sentido, al igual que ocurría con las variables predictoras del síndrome, parece que el planteamiento teórico y las investigaciones consecuentes apuntan a que los autores centran fundamentalmente sus estudios en estos contextos.

-En cuanto a las consecuencias ambientales no podemos afirmar que se hayan descrito pocas, sino más bien que se han valorado en categorías mucho más amplias que las analizadas en relación a las personales u organizacionales. Así se refleja en las dos que hemos descrito: actitudes negativas hacia la vida en general y disminución de la calidad de vida personal. En cualquier caso esta categoría, por los motivos teóricos apuntados, ha sido menos estudiada que el resto.

-Pocos autores discuten que las consecuencias que produce el burnout se interrelacionen en las tres categorías, ya que resulta difícil comprender que una persona afectada en uno de sus planos vitales (personal, organizacional o ambiental) no esté también afectada en los otros.


Autor
TESIS SOBRE EL BURNOUT
Por: Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz

Sobre
Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz
- Profesor de la Universidad de Murcia (Facultad de Psicolog ía), desde 1994
- Master en RRHH por el Centro de Estudios Financieros (Madrid), desde 1992
- Doctor en Psicología por la Universidad de Murcia en 1999
- Profesor de la Escuela de Policías de la Región de Murcia desde 1999
- Jefe de Formación y Proyectos de Algama Desarrollo Empresarial (Grupo Picking Pack) desde 1997
- Autor de diferentes libros, artículos y participaciones en Congresos nacionales e internacionales.



Nota de la edición del blog:
Por razones de lectura del blog, he reducido a su mínima expresión este importante trabajo, si desean leerlo en forma completa, pueden colocarlo en Google (título y autor), y obtendrán 4 archivos pdf, o bien mandarme un mensaje a achristin@gmail.com, y con gusto se los enviaré.

lunes, 13 de octubre de 2014

Contextualizando al síndrome de burnout


¿El síndrome de burnout debe ser considerado como una enfermedad? En este contexto ¿Qué significa “bienestar”? ¿Y “malestar”? ¿Cuál es la relación de estos conceptos con el de “salud mental”? ¿Qué condiciones debe reunirse para considerarse como “persona sana”? ¿Qué debe investigar la salud pública? ¿En qué consiste la “vigilancia epidemiológica”?



Herbert Freudenberger describió en 1974 el síndrome de agotamiento profesional o burnout, una condición mental caracterizada por disminución del desempeño laboral, con una sensación de impotencia, frustración e incapacidad para alcanzar objetivos o metas laborales. Sus síntomas incluyen agotamiento emocional (de ahí su nombre), cinismo y desapego, sensación de inefectividad y de incapacidad profesional, acompañado de otros síntomas como insomnio, irritabilidad o conflictos interpersonales; todos estos en conjunto precipitan al sujeto afectado a estados de depresión, ansiedad y adicción.

Para algunos autores, burnout es un conjunto de signos y síntomas considerado como ambiguo, mal delimitado o que no debe ser considerado como enfermedad sino como manifestación de otras afecciones. Para otros, el burnout es una enfermedad en sí misma y un potencial problema de salud pública; se ha observado y reportado frecuentemente en servicios hospitalarios de la sociedad occidental, se ha achacado a períodos largos bajo estrés en entornos laborales, y se ha considerado desde su descripción inicial como multidimensional.

Así, el agotamiento profesional debe asumirse como una enfermedad y a la vez como un problema de salud pública susceptible de investigación, vigilancia y detección en función de sus condiciones y entornos predisponentes. Para tal fin, se proponen algunas nociones esenciales como marco de referencia, se analizan a continuación las posiciones contrarias o favorables a esta posición, y finalmente se enumeran las implicaciones del tema y sus posibles líneas de investigación en salud pública.

Un marco de referencia
El agotamiento profesional fue descrito inicialmente por Freudenberger como una condición mental con consecuencias físicas. Posteriormente, Manderscheid explicó cómo, tras los estudios del Instituto de Salud Mental de EUA en la década de 1980, cambió la noción de enfermedad mental desde un diagnóstico clínico e individual únicamente hacia una nueva comprensión de dos nociones paralelas: bienestar –el grado de entusiasmo y actitud positiva ante la vida, incluyendo la capacidad de manejar sentimientos y comportamientos, ser autónomo y manejar efectivamente el estrés- y malestar – como una percepción de sentirse mal, o estar enfermo, que involucraba no sólo una percepción individual sino una comunitaria, en pos de su recuperación y reintegración laboral. El mismo instituto también definió categorías cualitativas para valorar la respuesta a tratamiento, cualquiera fuese éste.

Desde la misma época, los asuntos relativos a salud mental se volvieron paulatinamente importantes para el público en general. Un motivo subyacente fue la transformación de la sociedad hacia una economía basada en la prestación de servicios, en cuyo interior se encuentran individuos sometidos a toda clase de presiones en pos de una mejor y más eficiente atención al público –a menudo identificadas con el término estrés (stress)– en especial cuando enfrentan los dilemas profesionales y éticos que impone el sector salud. Una situación así puede dar pie a trastornos mentales, que también afectan la salud física individual, y verse reflejado en las condiciones de trabajo, de servicios de salud y en la estabilidad de las sociedades en su conjunto –si se consideran ejemplos como el ausentismo y la pérdida de productividad en cuanto consecuencias. Expresado de otro modo, en el siglo XXI el estudio de circunstancias como éstas y aquellas relacionadas con burnout -así como las propuestas para su solución o mitigación- constituyen un gran desafío para áreas del conocimiento y quehaceres como la Salud Pública, que se vería beneficiada de un análisis y seguimiento de cómo los profesionales y técnicos de salud en particular –y de otros sectores prestadores de servicios en general- perciben y sienten su salud mental y física en su entorno.

Ahora, las nociones de salud y de enfermedad han tenido diferentes percepciones a lo largo del tiempo y las culturas. La noción de salud ha cambiado según la comprensión que de ella tenga el común de la gente, científicos de los siglos XIX y XX –salud como ausencia de enfermedad u homeostasis entre medios interno y externo-; instituciones como la OMS -un “completo estado de bienestar físico, psíquico y social”, y no sólo la ausencia de enfermedad o achaque- o la reflexión posterior sobre su alcance y completitud o su significado en términos de la potencialidad para una función plena y con calidad de vida, influenciado por lo biológico humano, el estilo de vida, los ambientes (físico y comunitario, que pudieran asimilarse al “entorno”) y la estructura social. Por su parte, la noción vulgar de enfermedad esconde una noción dicotómica y de aplicación universal para reconocer a otro sujeto como “enfermo”: según Scully, si se tienen en cuenta especialmente grupos humanos, contextos culturales e incluso épocas, sería muy difícil dar una acepción final y definitiva; en otras palabras, la noción de la enfermedad en el siglo XXI va mucho más allá de un razonamiento de consultorio, cuarto de hospital o de laboratorio (clínico, farmacéutico o de salud pública), donde un conjunto de signos y síntomas conllevan el confirmar la presencia o ausencia de un microorganismo y prescribir un tratamiento a la medida del mismo. Así, las nociones de salud y de enfermedad han cambiado en función de mejores capacidades de diagnóstico pero también de mayores expectativas de salud, calidad de vida, desempeño técnico/profesional, comprensión del carácter finito (más que escaso) de los recursos en salud y escándalo frente a las relaciones non-sanctas entre industria farmacéutica y asociaciones científicas o de pacientes.

Entonces, la salud pública –traducida en acción investigativa- debe no sólo estudiar y propender por la mejor salud de las poblaciones, sino también por la de su grupo de profesionales y técnicos, denominados según el momento y el grupo interesado talento humano, trabajadores de salud o –despectivamente- insumo humano o carga de gastos en salud. Este objetivo está inscrito tanto en su definición y propósitos como en sus funciones. La Salud Pública es para Malagón y para Gómez un quehacer, una manifestación de una organización racional, consensual, colectiva, de las acciones y condiciones dirigidas a proteger a la población de los factores de riesgo que inciden sobre el estado de salud, mejorar la convivencia y la calidad de vida, donde el ser humano es protagonista activo en el mejoramiento de las condiciones personales y de la sociedad en la cual vive; por su parte, para Benach y cols. es una tecnología social basada en las ciencias sociales y de salud cuyo objetivo es precisamente uno de mejoramiento a través de acciones sobre el medioambiente, el empleo y el trabajo, los asuntos políticos y sociales, y la atención sanitaria.

Un intento de convertir estos objetivos en categorías operativas, caracterizables y medibles, fue a través de las llamadas funciones esenciales en Salud Pública (FESP), originalmente pensadas para rescatar el carácter obligatorio de la salud pública, el desarrollo humano sostenible y el respeto a la integridad del ser humano, el fortalecimiento de la infraestructura y la práctica de la salud pública, pero que también tienen presentes la vigilancia de salud pública, la investigación y control de riesgos y daños en salud pública, el desarrollo de recursos humanos y capacitación en salud pública, y la garantía de calidad de los servicios de salud individual y colectivos.

Sin embargo, la vigilancia en salud pública está afincada sobre la epidemiología, específicamente la noción de vigilancia epidemiológica de eventos centinelas en salud: un evento de interés o centinela en salud pública es considerado una enfermedad prevenible o muerte prematura cuya ocurrencia es señal de alarma para mejorar la calidad de la atención médica preventiva o terapéutica. Por esta misma naturaleza, un sistema de vigilancia epidemiológica tradicional no está en principio adecuadamente preparado para la detección, la confirmación, el análisis o el seguimiento de eventos crónicos dados el empleo, el sitio de trabajo y el entorno, tal como sucede con el agotamiento profesional.

El burnout -en español, “agotamiento profesional” o “desgaste profesional”- recibió una connotación definitivamente profesional y que podía afectar grupos de pacientes a partir de los estudios con maestros de escuela por parte de Maslach y Jackson (EUA), creadoras del instrumento psicométrico más utilizado para su estudio. Schwartz y Will  y otros reportaron sus observaciones y buscaron explicar sus causas, entre ellas su carácter progresivo y dinámico (aunque pueda ser reversible) y la noción subyacente de riesgo psicosocial. Un problema con el estudio del burnout es que, desde sus orígenes, el esfuerzo se ha concentrado en la descripción del problema, a partir de las manifestaciones somáticas del individuo, y por la acción de profesionales cuya formación de base era Medicina, Psicología o Ciencias Sociales, no Epidemiología o Salud Pública; a la fecha, escasean los estudios de carácter analítico o experimental que lo hayan abordado.

Mientras que los primeros reportes se basaron en métodos cualitativos, basados siempre en observaciones metódicas, entrevistas y estudio de casos, muy rara vez en colectivos y nunca cuestionando que su origen y causas pudiera involucrar la organización de las instituciones o el entorno de trabajo, los estudios de comienzos del siglo XXI se aproximaron al problema en dos sentidos:
a) un modelo medicalizado (paciente como sujeto pasivo), y
b) un modelo de apoyo social. Por ejemplo, Gil-Monte, desde una perspectiva sociológica y cultural, enumeró tres motivos por los que se ha visto cada vez más burnout en trabajadores: a) desarrollo del sector de servicios, con cambios en el entorno socioeconómico (de cómo se hacen transacciones) y laboral (flexibilización) en presencia de mayor presión en pro de la eficiencia; b) cambios demográficos que se centran alrededor de la migración (mayor movilidad, más heterogeneidad poblacional y por ende, de prestadores como de receptores de servicios); y c) avance y masificación de tecnologías de información y comunicación (con mayor desinformación y desorientación de prestadores y receptores).


Extraído de:
Agotamiento profesional (burnout): concepciones e implicaciones para la salud pública
Burnout para la salud pública
Omar Segura
Doctorado Interfacultades en Salud Pública, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, D.C., Colombia
Grupo de Estudios Sociohistóricos de la Salud y la Protección Social, Centro de Historia de la Medicina “Andrés Soriano Lleras”, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, D.C., Colombia

lunes, 6 de octubre de 2014

Estado de la discusión sobre el síndrome de burnout


¿Existe el estado de agotamiento profesional? ¿Se trata de una enfermedad creada por el periodismo? ¿O estamos en presencia de otras enfermedades que se enmascaran con este rótulo? ¿El desgaste profesional es una manifestación del estrés laboral? ¿La solución pasa por lo individual o por lo colectivo?


Desde comienzos del siglo XXI, se viene hablando mucho del incremento dramático de los casos de burnout, primero en las publicaciones científicas, luego en la prensa especializada y finalmente en Internet. Eventos como el 21º. Congreso Europeo de Psiquiatría, celebrado en Nantes (Francia) en abril de 2013, o el incremento de los reclamos a las compañías de seguros alemanas por una “interferencia por burnout”, han fomentado el debate.

Autores como Hamman y cols. o Höschl han propuesto que el burnout es un mito, y que es un mero tratamiento periodístico atribuirlo a fenómenos sociales tales como “globalización”, “desaparición de límites entre vidas laboral y privada”, “demandas incrementadas”, “excelencia y calidad”, entre otros. Mientras que autores como Rössler  o Mateen han sugerido no sólo que el agotamiento profesional (burnout) sí existe, sino que se relaciona precisamente con las circunstancias sociales antes mencionadas, y que de la investigación sobre el problema se ha concluido que es una diferente entidad nosológica y psicológica, derivada de la respuesta a factores causantes de estrés interpersonal crónico en el trabajo, y que además no es un concepto teórico y exclusivo del mundo desarrollado.

Otros autores explican su posición más detalladamente: para Keresztesi, por ejemplo, burnout es un término que no es médico, sino una metáfora y una expresión estadounidense para designar alguien de permiso (discharged), empezando por aplicar un concepto físico: si está “quemado”, debe haberse “incinerado”, equiparando un ser humano a un fusible; en su criterio, el término en cuanto diagnóstico no existe, e incluso considera peor la situación cuando se le agrega el vocablo “síndrome de fatiga”: presumiendo que la causa subyacente es estrés prolongado o depresión.

Keresztesi afirma que, en vez de burnout, deberían tenerse en cuenta otras enfermedades como hipotiroidismo, diabetes, enfermedad cardiovascular, hipovitaminosis o depresión, para evitar que el término lleve a pasividad, aprovechamiento de la enfermedad en beneficio del individuo y conductas defensivas, y propone que el trabajo no sería una causa de “burnout”, sino su remedio, porque el sujeto encontraría empoderamiento y contexto social dónde apoyarse; como ejemplo presenta al sujeto con cáncer, que recibe tratamiento durante unas semanas y luego vuelve al seno de su familia y su trabajo aunque sea con limitación de su tiempo laboral.

En Alemania, por ejemplo, burnout no es considerado un diagnóstico médico. Berger (6,7) ha señalado el carácter intenso del debate en ese país sobre la noción del estrés psicológico en el entorno de trabajo moderno y los riesgos potenciales que puede tener las condiciones de éste en la salud mental. Para él, sin embargo, el problema estriba en que cambiar esas condiciones implica diferenciar las diversas entidades nosológicas que afectan el bienestar de los sujetos, para prevenirlas a su vez: explica que es un problema que afecta tanto a los servicios de salud (en cuanto al diagnóstico se refiere) como a las compañías (en cuanto a las excusas médicas se refiere), y todo esto lleva a un punto común: el aseguramiento, en términos de cómo se valida que el causante es burnout, y que –aparentemente- hay medios para intervenir el desgaste profesional.

Por su parte, Hillert o Kapfhammer consideran que el burnout es un término procedente de la psicología laboral, el cual describe síntomas de una desadaptación sostenida en el tiempo a condiciones estresantes laborales, sin ser un diagnóstico per se de acuerdo con sistemas de clasificación tradicional. Un documento de posición de la Sociedad Alemana de Psiquiatría, Psicoterapia, Medicina Psicosomática y Neurología (DGPPN, Deutsche Gesellschaft für Psychiatrie und Psychotherapie, Psychosomatik und Nervenheilkunde) estableció que el burnout es un estado de riesgo hacia otras enfermedades, y que el término es apenas uno de carácter “periodístico”.

La aproximación alemana al problema se ha basado mucho en un enfoque clínico y de laboratorio: si el burnout no se encuentra en un estudio experimental, entonces no existe. Los autores alemanes consultados advierten, en mayor o menor medida, que lo que denominan el “síntoma cardinal” (fatiga, agotamiento) debe ser clarificado a través de una completa historia tanto médica y neurológica como biopsicosocial, y el ejercicio de un cuidadoso diagnóstico diferencial de condiciones psiquiátricas tipo depresión o ansiedad o intentos de suicidio, con un tratamiento multimodal, ajustado a la condición subyacente y severidad del cuadro del paciente. Sin embargo, la evaluación de las posibles medidas, usualmente orientadas hacia el sujeto (person-directed) –v.g. los cambios de turno- o hacia el trabajo, -v.g. las reuniones de grupo- no han mostrado resultados satisfactorios en términos de eficacia, efectividad y eficiencia a largo plazo, situación señalada en dos revisiones sistemáticas de la Colaboración Cochrane.

Frente a estas posiciones, se encuentran aquellos que piensan que el burnout sí existe como afección; existe división sobre si el problema parte del mismo sujeto o si, por el contrario, deriva de su interacción con su entorno, especialmente el laboral. Por ejemplo, Gil-Monte propone que el desgaste profesional debe ser considerado como una manifestación del estrés laboral; Brooks plantea que el trabajo de un profesional (un médico, en particular) o técnico de salud es uno de alta presión y muchos factores causales de estrés –donde el burnout es apenas una de sus manifestaciones; propone factores de riesgo individuales – tales como rasgos de personalidad o antecedentes psicológicos- y ocupacionales –clínicos y estructurales- que causan directamente estrés. Trollope-Kumar ha señalado que el burnout existe y está ligado a la noción de riesgo, resultado a su vez de una inadecuada respuesta del profesional de salud a las exigencias de su actividad, sean éstas carga de trabajo o alejamiento del hogar, o peor aún, de la detección de incongruencias entre su trabajo y su vida personal, o de la impotencia resultante ante ciertos casos, como aquellos en pacientes oncológicos o de cuidados paliativos.

En cambio, las posiciones de Kay –canadiense- o de Rakovec-Felser –eslovena- son diferentes: ninguna de ellas niega la existencia del burnout, pero recalcan que la solución no pasa por lo individual, sino por lo comunitario/organizacional, en términos de un cambio del entorno laboral y cultural. Kay sugiere una “sobredramatización” del carácter individual de la condición, lo que ha suscitado medidas de carácter y alcance limitado y –sobre todo- estigmatización; Rakovec-Felser propone que el burnout puede ser consecuencia de un pérdida de balance entre tres niveles de intercambio social – el interpersonal, el de equipo y el organizacional-, más que a causa del trabajo per se.
Hay quienes consideran que el burnout existe y constituye un problema que necesita atención por parte de la Salud Pública. Kacenelenbogen –belga- y Cebrià-Andreu –español- escriben que la insatisfacción, la desmotivación, la desilusión y la frustración en los profesionales de salud conllevan erosión física, cansancio acumulado, falta de energías y alteraciones del sueño, traduciéndose en fatiga emocional. Señalan que, aunque el cuestionario diseñado por Maslach no representa un diagnóstico confirmatorio y final per se, sí es la puerta de entrada para su detección. Pero ellos van aún más lejos en su conceptualización. Cebrià-Andreu asume el burnout en dos dimensiones: a) como un fenómeno clínico cuya analogía reproducible en laboratorio es la generación de estrés de larga duración en ratones, pudiendo demostrar –mediante análisis bioquímicos- que sus cuerpos generan hormonas y neurotransmisores que tienen por consecuencia generarles ansiedad, deprivación de sueño e irritabilidad; b) como un fenómeno social insuficientemente estudiado pero relacionado con asuntos laborales, organizacionales o de la sociedad, con consecuencias en la calidad de la actuación que presta el profesional de salud, sea de cuidado o de diagnóstico y manejo (enfermería o medicina, respectivamente).

Kacenelenbogen sugiere lo mismo y agrega dos dimensiones más: c) las consecuencias que puede tener el burnout en médicos generales, que se traducen en trastornos de carácter comportamental, cognitivo/afectivo y físico, y d) la necesidad de acción tanto desde el levantamiento de datos y estadísticas precisas sobre el síndrome en los médicos de su país (una visión claramente epidemiológica causal) como desde la integración y acción multi/transdisciplinar investigativa y preventiva a partir de la medicina del trabajo, de la psiquiatría y la psicología, de los respectivos administradores de salud y de la sociedad misma (una acción que claramente se enmarca en lo que es salud pública). Por consiguiente, si los profesionales de salud se sienten mal cuidados o están exhaustos, es la sociedad la que termina perdiendo; por consiguiente, por una cuestión de inteligencia (Cebrià) o porque el sistema de salud mismo puede estar en peligro (Kacenelenbogen), las autoridades competentes deben prestar atención no sólo a su condición de salud-enfermedad sino a su bienestar.


Autor
Agotamiento profesional (burnout): concepciones e implicaciones para la salud pública
Burnout para la salud pública
Omar Segura
Doctorado Interfacultades en Salud Pública, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, D.C., Colombia
Grupo de Estudios Sociohistóricos de la Salud y la Protección Social, Centro de Historia de la Medicina “Andrés Soriano Lleras”, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, D.C., Colombia

lunes, 29 de septiembre de 2014

Definición de burnout desde lo organizacional.


El burnout afecta severamente a las personas, y como se trata de un síndrome proveniente de una ocupación, es un problema para la organización toda, ya que afecta su funcionamiento ¿En qué medida el burnout debe preocupar a la organización?


Intentamos ahondar en la descripción del constructo burnout desde la vertiente organizacional, ya que ha sido en este contexto donde se han originado y desarrollado las diversas líneas de investigación. Hay acuerdo casi unánime en fijar 1974 como el a ño de origen del estudio sobre el burnout, y citar a Freudenberger como el autor que inició dicho estudio, aunque Corcoran (1985) fija el inicio un poco antes (Freudenberger, 1971). También en 1974 aparece otro autor que reflexiona sobre el síndrome (Ginsburg) que, sin embargo, ha sido escasamente citado, tal vez porque a diferencia del primero no tuvo un desarrollo científico tan prolífico.

De lo anterior se deduce que hace poco más de veinte años que se comenzó a investigar sobre el constructo burnout, habiéndose registrado un desarrollo considerable de la investigación al respecto. Gillespie (1980) reflejaba la necesidad urgente de incrementar el conocimiento del síndrome por los altos costos que supone a nivel individual y organizacional, de ahí que Burke (1992) señalara que el interés por la experiencia de burnout psicológico en los contextos organizacionales siga creciendo. Así, mientras Roberts (1986) cifraba en más de 300 las referencias sobre burnout en el periodo 1980-85, Garcés de Los Fayos, Teruel y García Montalvo (1993) la incrementan en más de 1000, siendo el ámbito organizacional sobre el que versan la mayoría de trabajos (más del 97% de los mismos); incluso, Kleiber y Enzman ya habían citado por encima de las 2500 referencias, sólo en el periodo comprendido entre 1974 y 1989. No es extraño, por tanto, que García Izquierdo señale que el burnout es un problema característico de los trabajos de "servicios humanos", es decir de aquellas profesiones que deben mantener una relación continua de ayuda hacia el "cliente": médicos, profesores, enfermeras, asistentes sociales, psiquiatras, psicólogos, policías, etc. Por esta razón, como veremos a lo largo de este capítulo, una de las características propias del síndrome es el "desgaste emocional" que dicha interacción va produciendo en el trabajador. Y puesto que se parte de una situación estresante, la mayoría de autores verán en el burnout un sinónimo de estrés ocupacional, cerrándose la posibilidad a comprender el síndrome en otros contextos, si bien algunos autores  ya indicaron que el burnout no tenía que ser necesariamente producto del estrés ocupacional.

En este sentido, Walker (1986) valorando cuál ha sido el recorrido teórico del constructo observa que el síndrome descrito por Maslach continuó con la concepción del mismo como una enfermedad importante y acabó como enfermedad ocupacional. Sin embargo Walker, que acepta el inicio del estudio del burnout en ciencias sociales a cargo de Freudenberger, matiza que anteriormente Grahan Greene (1960) ya había utilizado el término burnout para describir el estado de "vaciamiento existencial" que una persona sentía como consecuencia del padecimiento de una enfermedad incurable.

Este dato no supone una mera constatación histórica, sino la constatación de la amplitud teórica del concepto que pretendemos investigar. No debemos olvidar que en los años 60 se había utilizado el término para referirse a los efectos que provocaba en la persona el abuso crónico de las drogas. De hecho, aceptando que una persona pueda sufrir burnout sin la presencia de unos antecedentes organizacionales, estamos aceptando que, en principio, cualquier individuo sea cual sea su situación personal y organizacional podría verse afectado por este problema. De hecho, Starrin, Larsson y Styrborn indican que en los años sesenta el término burnout se había utilizado para describir los efectos crónicos del abuso de drogas, hasta que Freudenberger le da la nueva connotación al constructo. Una connotación que est á ligada a la condición psicoanalítica de Freudenberger y su pretensión de caracterizar al burnout como un nuevo síndrome clínico. Sin embargo, esto no nos debe hacer caer en el uso indiscriminado del término burnout para describir diferentes problemas relacionados con el trabajo o con cualquier otro contexto (Maslach).

Lógicamente, aceptar la apertura en la concepción del concepto conlleva el riesgo de destruir su utilidad, pero también es cierto que el interés en su investigación proviene del hecho de tratarse de un problema social antes que de una cuestión teórica (Maslach y Jackson, 1984). Estas autoras precisan muy bien los objetivos de su estudio: el burnout es un problema que afecta a muchas personas y se necesita saber más acerca de él. Con el anterior planteamiento conseguimos reducir tanto la prevalencia como la incidencia (Burke y Richardsen, 1991) de un problema que afecta cada vez a más profesiones (hasta 25 campos profesionales cita Silverstein, 1986), y consecuentemente a más personas. En la Tabla se observan los datos epidemiológicos aportados por diferentes estudios.

Datos epidemiológicos acerca del burnout
Estudio                      Resultados
Kyriacou (1980)         25% en profesores
Pines, Aronson y Kafry (1981)         45% en diversas profesiones
Maslach y Jackson (1982)     20-35% en enfermeras
Henderson (1984)      30-40% en médicos
Smith, Birch y Marchant (1984)       12-40% en bibliotecarios
Rosse, Johnson y Crown (1991)        20% en policías y personal sanitario
García Izquierdo (1991a)      17% en enfermeras
Jorgesen (1992)         39% en estudiantes de enfermería
Price y Spence (1994)           20% en policías y personal sanitario
Deckard, Meterko y Field (1994)     50% en médicos

Estas cifras son indicativas de que podemos encontrarnos ante un problema de gran magnitud, que conlleva consecuencias personales y laborales negativas y que justifican por sí mismas que el desarrollo investigador haya crecido de manera considerable en estos pocos más de veinte años.

Estos altos porcentajes estarían en sintonía con el planteamiento de Freudenberger (1977) según el cual el burnout sería "contagioso", ya que los trabajadores que padecen el síndrome pueden afectar a los demás de su letargo, cinismo y desesperaci ón, con lo que en un corto periodo de tiempo la organización, como ente, puede caer en el desánimo generalizado. Savick (1979) también admitía esta posibilidad de contagio indicando que "el burnout es similar al sarampión" en cuanto a sus efectos epidémicos. En esta misma dirección, Seidman y Zager aceptan la posibilidad de contagio del burnout entre los trabajadores de una misma organización. Smith, Bybee y Raish indicaban incluso que el contagio era especialmente virulento cuando la causa del síndrome está en la dirección organizativa, o cuando el agravamiento de la situación tiene que ver con carencia de comprensión y se está poco dispuesto a pactar con los problemas que van surgiendo. Por último, recientemente Olabarría plantea que el burnout se puede presentar de forma colectiva, a modo de contagio.

A pesar de todo lo anterior, la conceptualización del burnout sigue siendo un obstáculo para la investigación. Hay que tener en cuenta que independientemente de que el síndrome sea similar al estrés laboral o, por contra, consecuencia de éste, el primer problema que encontramos es la imprecisión y ambigüedad del concepto estrés; además, como señala este autor, actualmente no existe consenso para definir estresor ocupacional (antecedente del burnout). No es extraño, por tanto, que mientras Meier (1984) mantuviese que el constructo burnout demostraba cumplir los criterios de validez convergente y discriminante, Moreno, Oliver y Aragoneses (1991) plantearan que la validez del constructo era muy criticada. As í, podemos encontrar que mientras Pines, Aronson y Kafry (1981) defendían la concepción del burnout como fenómeno social, Freudenberger había partido del planteamiento más individualista y clínico de la depresión, ya que este autor consideraba que la depresión era uno de los síntomas más característicos del burnout. En este sentido, Davidoff (1980) establece que puesto que la semejanza entre burnout y otros constructos es tan grande, quizás estemos utilizando un nuevo término para definir antiguos problemas.

Oswin y otros se plantean que es probable un solapamiento entre los constructos depresión y burnout. Es posible, como señalan Oliver, Pastor, Aragoneses y Moreno (1990), que sea necesario fragmentar un constructo tan amplio como estrés para ayudar a conceptualizar los diversos fenómenos asociados, como el burnout. Tal es la relevancia que está adquiriendo la investigación acerca del síndrome que, como indica Neveu, en 1990 se celebró en Cracovia la Conferencia Europea de Burnout Profesional, continuación de la que se celebró dos años antes en Helsinki, y en la que se establecieron dos ejes sobre los que se articula la investigación sobre burnout: Maslach y Jackson que, como más adelante veremos, son los autores que están influyendo de forma decisiva en el estudio de este fenómeno.

Pretendemos ahondar en los diversos aspectos conceptuales y metodológicos relacionados con el síndrome, intentando aclarar, en la medida de lo posible, el constructo que estamos analizando. Partimos para ello de la afirmación que realizan Burke y Richardsen en su amplia revisión, y que muestra la complejidad del constructo: "existe un acuerdo general en que el burnout ocurre a un nivel individual, es una experiencia psicológica interna envuelta de sensaciones, actitudes, motivos y expectativas, y es una experiencia negativa que da lugar a problemas de distrés y disconfort".



Extraído de:
TESIS SOBRE EL BURNOUT
Por: Enrique J. Garcés de Los Fayos Ruiz

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Google+ Badge

Busca en mis blogs