lunes, 15 de agosto de 2016

El estrés docente: un hecho al que casi nadie parece importar.

Desgraciadamente, cada vez más docentes sienten en su trabajo ese malestar personal, esa sensación de no servir para nada, de que su esfuerzo no es reconocido como debería serlo, y que en muchas ocasiones se le exige hacer cosas que no son ni mucho menos de su competencia.
Además, muchos de ellos tienen que soportar y aguantar escenarios de presiones y reuniones con familias poco respetuosas y maleducadas. Igualmente, se puede dar el caso de que algunos de ellos no tengan buenas relaciones con los demás compañeros del centro y que se sientan desplazados del grupo. Si al tiempo que dedica el docente a estar en clase, le sumamos el que invierte en corregir exámenes, trabajos, actividades y preparar las clases de toda la semana, podríamos decir perfectamente, que es un trabajo que genera un estrés elevado. Y sí, así es, pero a la mayoría de las personas parece no importarle.

Me parece a mí, que todavía se cree en el rol de los maestros de las civilizaciones clásicas: ese rol que definía al docente como un “semidios”, que todo lo sabía, que sabía darle explicaciones a casi todas las cosas, y uno de los seres más sabios e inteligentes del lugar. Así pues, se defendía que los profesores podían con todo y que en ningún momento podrían necesitar ayuda de vez en cuando. Esa creencia era absurda hace décadas y lo sigue siendo ahora.
Los docentes son personas de carne hueso (oh, qué gran sorpresa), que sienten y padecen. Y que en más casos de los que les gustarían, sufren un malestar que posiblemente no sepan explicar. Ese malestar, no provoca únicamente estrés (que ya es suficiente), sino que puede desembocar en fatigas, excesivo cansancio, dolores musculares, dolor de huesos, de cabeza, problemas al conciliar el sueño, en la alimentación, en sus relaciones personales e incluso en una depresión laboral.
Estas situaciones, como os podéis imaginar no han suscitado demasiada importancia en los medios. Ni siquiera en los centros educativos. Son muy pocos colegios o institutos los que hacen algo para evitar lo anteriormente citado. La mayoría de programas, de actividades, de reuniones son en referencia a los alumnos, y eso está bien. ¿Pero quién “cuida” a los docentes? ¿Quién se encarga de su bienestar en el trabajo? Sí, la respuesta más sencilla es que ellos mismos. Pero es que ellos mismos, en muchas ocasiones se sienten tan agotados y menospreciados que no tienen ni ánimos para motivarse por sí solos.
Muchos, por ejemplo, no han desarrollado habilidades para enfrentarse a estos conflictos, o no están preparados para una situación concreta. Algunos, se implican demasiado con los alumnos y les termina afectando también a ellos.
Desgraciadamente, más personas de las que me gustaría, se estarán preguntando: “estrés docente, ¿es eso posible?”. Parece ser que algún sector de la sociedad española, todavía no se ha dado cuenta que el personal educativo es uno de los peores reconocidos y tratadas desde hace algunos años. ¿Qué puede provocar entonces ese malestar en los docentes? A mí se me ocurren un montón de cosas a exponer:
◦Muchos alumnos para un único profesor: pues sí, en muchas ocasiones, hay aulas compuestas por 30 alumnos para un único docente. ¿Es eso normal? No, por supuesto que no. Habitualmente, el maestro o profesor se encuentra sólo en clase. Tiene que enfrentarse a estudiantes diferentes, con distintas habilidades y capacidades, con ritmos de aprendizaje muy dispares, y con un sin fin de intereses. Cada día, tiene que adaptar sus clases, tiene que centrarse en todos los alumnos y dejar a un lado esa atención personalizada e individualizada que muchos centros dicen tener y muchos padres quieren que se de. ¿Pero cómo se va a llevar a cabo ese deseo? Para llegar a esa cumbre, haría falta por lo menos tener a tres docentes por aula todos y cada uno de los días. ¿Estarían dispuestas las autoridades a eso? No, me temo que no.
◦Lo que se aprende en la universidad, está lejos de ser práctico: es cierto, los que estudian magisterio no aprenden a tratar las dificultades de aprendizaje, por ejemplo. Y tampoco las necesidades específicas de los alumnos. En muchos casos, los docentes se encuentran con estudiantes de altas capacidades y no saben qué hacer. No por falta de capacidad ni de habilidades, sino simplemente porque no les han enseñado. Pueden tener apuntes, pueden saberse la teoría de memoria. ¿Pero qué pasa en la práctica? Y se sienten perdidos.
◦Seamos sinceros; no todos los alumnos tienen ganas de aprender: pues sí, es de sobra conocido, que muchos alumnos presentan falta de interés y poca motivación. Que se sienten desanimados y que no tienen ganas de aprender cosas nuevas. El docente, se esforzará en crear un innovador y atractivo proceso de enseñanza-aprendizaje, para llamar la atención de los estudiantes, pero hay veces que las expectativas no se cumplen y no se ha generado el clima ni la actitud que ellos esperaban.
◦Sí, hay familias que insultan a los docentes. Y no sólo en una ocasión: desgraciadamente, hay familias que culpan a los maestros de todo lo que le pase a sus hijos. Se crea un escenario de críticas, de malas palabras, de acusaciones y de ofensas hacia el profesor. Hay padres, que están lejos de ser personas civilidades y con buena comunicación. Y algunos de ellos, pueden llegar a insultos e incluso a acosar al profesor.
◦Los futbolistas son más importantes que los docentes: ya se puede dar el caso de que un profesor haya hecho algún logro importante, que seguramente no será reconocido por las demás personas ni por los medios de educación. Hay muchos docentes que cada día se esfuerzan y dan lo mejor de sí mismos para los alumnos. Pero claro, da más audiencia que Cristiano Ronaldo haya dejado a su novia.
¿Hay algo que se puede hacer al respecto? Evidentemente, sí. Los expertos dicen, que practicar deporte en cualquier situación de estrés es beneficioso, ya que reduce el riesgo de ansiedad. Evidentemente, los docentes necesitan tiempo para ellos mismos, y en muchas ocasiones, ese tiempo de ocio o de estar con sus familias y amigos, lo dedican a corregir exámenes, trabajos, actividades o a preparar las clases, y eso les genera más sensación de malestar. No se debería dar casos en que los maestros dejaran de hacer cosas que les gustan por exceso de trabajo (ojo, ni los maestros ni ningún trabajador).   También, es muy importante que el docente fomente su autoestima y que potencie las actitudes positivas que tenga a lo largo del día. Que sea consciente de los obstáculos que ha superado y de que su esfuerzo ha merecido la pena. Y que por supuesto, en situaciones límites que no sepa cómo actuar (porque… ¡oh, madre mía!, el docente no lo sabe todo), pida ayuda a los pedagogos, directores y demás personal educativo del centro.
Como es obvio, desde el propio centro también se pueden plantear diversas actividades para reducir el estrés docente en las aulas, como por ejemplo diferentes cursos de formación, reuniones mensuales para que los maestros hablen de sus experiencias, de sus dudas, de sus inquietudes, fomentar la comunicación y la relación entre el personal educativo creando grupos de trabajo y de colaboración entre ellos, apoyándose en las situaciones y casos en las que sean posible. Quizás, empezando por eso, los docentes se sentirían valorados por el lugar del trabajo, y estarían más motivados en las clases. Pero, ya sabemos que en gran parte de los colegios, institutos y universidades, realizar esos programas, les parece una pérdida de tiempo, y en muchas ocasiones, los propios docentes se ven obligados a buscar ayuda externa para no verse superados.
Aunque a la gente le cueste creerlo, la docencia es una de profesionales que más estrés produce. Muchos psicólogos dicen que el número de maestros que pasan por sus consultas está ascendiendo a un ritmo vertiginoso. Algunos de ellos, afirman haber pasado por depresiones provocadas por el exceso de trabajo y el poco reconocimiento y estima que se les tiene. Lo que es cierto, es que como la mayor parte de la sociedad sigue sin darse cuenta de lo que realmente llegan a hacer los profesores, como no son conscientes de su implicación con los alumnos, me temo que este problema tardará en solucionarse y que estará presente durante varios años más. Además, como viene siendo habitual, estas situaciones pasarán desapercibidas por la mayor parte de las personas. Pero, ¿no son los docentes superhéroes camuflados? Pues no, señores míos, está claro que no lo son.

 FUENTE: TU DOCENTE

https://docentesprimero.wordpress.com/2016/07/26/el-estres-docente-un-hecho-al-que-casi-nadie-parece-importar/

lunes, 25 de julio de 2016

COMBATIR LA ANSIEDAD: SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO

Tips y ayuda psicológica de la vida real para combatir la ansiedad.

La ansiedad es cada vez más común entre diversos sectores de la sociedad en México y numerosos países del mundo y aunque frecuentemente se oye que no tiene cura, sí existen tratamientos efectivos para combatir la ansiedad. Actualmente ha sido abordada incluso en películas, de las que podemos obtener información útil para su tratamiento:
Dentro de la historia de la película “Iron Man 3” de Marvel que se exhibió en la Ciudad de México, el personaje principal, Tony Stark, sufre ataques de ansiedad cuando no tiene cerca su armadura, dejando ver que en cierto grado, depende de algo externo a el para sentirse seguro.
Cuando no puede tener su armadura en momentos que la necesita, vemos que empieza a tener algunos síntomas comúnmente asociados con la ansiedad, como ataques de pánico, taquicardia y palpitaciones, mareo, visión borrosa, insomnio, sobresaltos nocturnos, pesadillas, y varios más.
Quienes no somos superhéroes también nos creamos nuestras propias armaduras o protecciones, que pueden ser fármacos, hábitos repetitivos, fantasías y conductas diversas que, aunque nos ayudan a sentirnos tranquilos por momentos, frecuentemente son también una manera de seguir encubriendo las causas profundas de nuestros problemas.
Síntomas de ansiedad en hombres y mujeres
Es importante que las personas que sufren ataques de ansiedad recuerden que esta no va a desaparecer de la noche a la mañana, ni por arte de magia, pues si hoy la sienten con más o menos fuerza, es porque se ha ido formando a lo largo de los años, a través de problemas y situaciones no resueltas en tu vida.
Cuando estas situaciones ya han pasado, pero no han sido resueltas, pueden sentir algunos síntomas, además de los que describí arriba. Entre los principales síntomas de la ansiedad también se encuentran estos:
  • fantasías catastróficas (contigo o con seres queridos);
  • dolor muscular y tensión nerviosa (cuello, espalda);
  • sentir adormecimiento en brazos y piernas;
  • sudoración excesiva en manos o pisé;
  • sensación de falta de aire;
  • miedo a volverte loco o miedo a poder morir;
  • miedo al futuro;
  • miedo a los espacios donde hay mucha gente;
  • mareos, etcétera.
Estos síntomas son generales y es muy posible que en tu caso existan algunos de estos y varios otros, pero a fin de cuentas, todos ellos te están avisando que existe algún problema emocional que necesitas resolver dentro de ti, aunque en este momento tal vez todavía no sea claro cuál es.
El alcohol y el tabaco han ayudado a adormecer estos síntomas, de manera que el problema sigue ahí y frecuentemente crece con el tiempo, pero las personas que beben o fuman por ansiedad pueden seguir adelante con sus vidas… hasta cierto punto.
Estas sustancias, igual que muchos fármacos, no son de ninguna manera una solución real, sino únicamente te quitan las molestias sin preocuparse por ir a la raíz. Por esto es que resulta muy importante saber pedir ayuda psicológica cuando ya no puedes tu sol@ con lo que te está pasando.
Tratamiento humanista para curar la ansiedad
Es muy común escuchar que no hay cura a la ansiedad, pero en mi experiencia esta afirmación se debe a dos causas:
  • Se busca eliminar la ansiedad (que es un síntoma) en vez de ir a la causa real;
  • Trata de atacarse con pensamientos e ideas lo que se originó con hechos.
Las terapias donde sólo se habla y el paciente “entiende” lo que le sucede, no funcionan porque el problema real no es la falta de entendimiento, sino una o varias experiencias que por su fuerza no pudieron ser asimiladas y que se encuentran al nivel de las emociones y por lo mismo carecen de explicación lógica.
Lo primero que deseo compartir es que la ansiedad sí puede Curarse, (así, con mayúsculas) pero NO existen curas milagrosas ni remedios mágicos. Implica un trabajo profundo de parte del paciente que no se conforma con vivir a medias, ni con “entender” para acomodarse lo mejor posible a una situación indeseable.
Una vez dicho esto, el trabajo se dirige al nivel corporal y emocional, que es donde se encuentra el origen del problema del cual la ansiedad es sólo una “alarma” de nuestro propio organismo.
Cuando recibo pacientes para empezar un tratamiento de psicoterapia humanista contra la ansiedad, es común que lleguen preocupados porque su vida se ha vuelto gris en muchos momentos y ya no saben qué hacer para cambiar esa situación, y frecuentemente les afecta en su trabajo o en la relación con sus seres queridos.
Ya arriba decía que la ansiedad te está avisando que algo no está bien en tu vida, así que lo primero que hacemos es identificar las situaciones en las que sientes más ansiedad. ¿Acaso es porque tienes un problema y no sabes si se va a resolver satisfactoriamente? ¿Sabes que necesitas cambiar algo importante en tu vida, pero te da miedo hacerlo y entonces no te atreves? ¿Tal vez es un personaje conocido de tu vida, pero no sabes cuándo ni cómo llegó?
Si la situación es más complicada, porque involucra emociones fuertes de miedo, enojo, soledad, abandono, odio, y otras, sería muy normal que tu sol@ no puedas lidiar con ello, y en estos casos será necesario que acudas a buscar un psicólogo de tu confianza que pueda ayudarte a encontrar las causas reales de tu problema y a solucionarlo, pero cuidando que no sea una terapia únicamente racional ni verbal, sino que trabaje con las emociones y sensaciones que se encuentran en tu cuerpo alrededor del cuadro de ansiedad.
Mi consultorio se encuentra en la Colonia Condesa, Ciudad de México D.F., y si buscas un tratamiento humanista para curar la ansiedad, puedo acompañarte a resolver las situaciones difíciles que estés atravesando. Si vives en otro estado de la República Mexicana, o en otro país, te recomiendo que uses tu buscador favorito y busques ayuda psicológica profesional en un lugar cercano.
Verás entonces que poco a poco vuelves a ganar confianza en ti mism@ y puedes dejar la “seguridad” (y también la pesadez) de tus viejas armaduras para enfrentar los problemas de la vida con mayor confianza.

Por: Francisco Aguirre
Francisco Aguirre, (2013). Combatir la ansiedad: síntomas y tratamiento. Recuperado de Revista Vinculando: http://vinculando.org/psicologia_psicoterapia/que-hacer-si-sufres-de-ansiedad-y-no-tienes-la-armadura-de-iron-man.html

domingo, 24 de julio de 2016

¿POR QUE SE ESTÁN QUEMANDO LOS PROFESORES?

La docencia está considerada como uno de los trabajos más estresantes. De hecho, en 1993 la Organización Internacional del Trabajo señaló que el estrés es una de las principales causas de abandono en esta profesión. Desde entonces las cifras no han hecho nada más que empeorar, y los datos más recientes indican que la prevalencia del estrés laboral en estos profesionales es alarmate. Según la Encuesta Nacional de Salud (2012) realizada en España, el 26,9% de los docentes consideran que el estrés laboral es frecuente en sus lugares de trabajo; y según el Informe de Enfermedades Profesionales por Ocupación de 2014, también de ese país, se han registrado entre los profesionales de las enseñanza 812 casos de estrés laboral: 423 con baja laboral y 389 sin baja laboral.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de estrés laboral? El estrés es el resultado del desequilibrio entre las exigencias y presiones a las que se enfrenta el individuo, por un lado, y sus conocimientos y capacidades, por otro. Aplicado al ámbito laboral, no solo incluye situaciones en las que la presión laboral excede a la capacidad del trabajador para hacer frente a la misma, sino que también incluye los casos en que no se utilizan suficientemente sus conocimientos y capacidades. Todo ello puede dar lugar a comportamientos disfuncionales y no habituales en el trabajo, contribuir a la mala salud física y mental del individuo, y propiciar el desarrollo del síndrome deburnout(o quemarse en el trabajo), cuyas principales características son: estar cada vez más agotado emocionalmente, perder el interés por el trabajo y no resolver con eficacia los problemas que surjan en el mismo.
¿Por qué se están quemando los profesores? Actualmente el rol del profesor es retador y estresante ya que desarrolla un trabajo con altas responsabilidades y exigencias. En las escuelas del siglo XX, el éxito del profesor estaba vinculado esencialmente a los logros académicos de sus alumnos, esto es, al rendimiento escolar. Sin embargo, en la sociedad actual aparecen nuevas demandas y retos. Ahora no es suficiente conseguir un buen rendimiento académico del alumnado, sino que además los profesores tienen la responsabilidad de facilitar y potenciar el desarrollo integral del individuo, su talento y creatividad (Cabello, Ruiz-Aranda y Fernández-Berrocal, 2010). Para hacer frente a estos objetivos el docente no solamente debe prepararse en nuevas materias, sino que además ha de trabajar en equipo, coordinarse por niveles, ciclos y materias, asumir en algunos casos cargos de gestión (Director, Jefe de Estudios, Secretario, etc.), y pertenecer a órganos colegiados (Claustro de profesores, Consejo Escolar, Comisiones, etc.). Estas responsabilidades, junto con las elevadas demandas por parte de los alumnos y padres, y las continuas reformas de los planes de estudio, están convirtiendo la docencia en una profesión de alto riesgo psicosocial.
La investigación sobre los riesgos psicosociales en el trabajo ha proporcionado resultados interesantes que nos permiten comprender mejor la realidad laboral de las organizaciones modernas. En relación con la profesión docente, los estudios realizados en el ámbito educativo han permitido identificar los principales obstáculos y demandas del profesor, y también sus principales recursos y facilitadores. Entre los obstáculos se incluyen dificultades sociales (indisciplina, desinterés y falta de motivación de los alumnos, y actitudes negativas de los padres hacia el aprendizaje), y problemas técnicos (problemas con los recursos tecnológicos del centro, problemas con el material didáctico, y fallos o averías en la infraestructura o instalaciones). Las demandas hacen referencia la sobrecarga mental y emocional que a menudo supone la actividad docente. Los facilitadores incluyen aspectos relativos al esfuerzo personal, así como a conductas de supervisión y políticas de recursos humanos dirigidas a la eliminación de obstáculos (por ejemplo llevarse bien con los alumnos, y que éstos participen en clase, gestión eficaz de las reuniones, y fácil acceso a la información y materiales. Por último, los recursos incluyen los aspectos laborales e individuales (competencias) que nos ayudan a superar situaciones difíciles, citándose como más relevantes la autonomía, el apoyo social de los compañeros, la autoeficacia, los conocimientos didácticos, la inteligencia emocional y el sentido del humor (Lorente, Salanova, Martínez y Schaufeli, 2008; Salanova, Grau y Martínez, 2005; Salanova, Martínez y Lorente, 2005). Para evitar las consecuencias negativas y potenciar las positivas relativas al trabajo docente, sería interesante formar a los docentes y entrenarlos en el desarrollo de recursos personales que les ayuden a prevenir y/o amortiguar los riesgos psicosociales de su trabajo, a potenciar su bienestar psicosocial, y a mejorar los resultados de su trabajo. Ejemplos de esta aproximación es la aplicación reciente de programas de entrenamiento en inteligencia emocional (IE) en profesores de diferentes niveles educativos, lo cual está aportando grandes beneficios y reduciendo el estrés laboral.
La inteligencia emocional es una capacidad en la que se incluyen 4 habilidades específicas (Mayer y Salovey, 1997): 1)habilidad para identificar y expresar emociones, 2) para usar las emociones en la toma de decisiones, 3) para comprender las emociones, y 4) para regularlas, tanto en uno mismo como en los demás.
En la literatura científica sobre los beneficios de la IE en la actividad docente contamos con estudios que se han centrado en el análisis de la relación entre la IE y los riesgos psicosociales del docente, comprobando que los profesores con más IE experimentan menos burnout (Augusto, López-Zafra, Berrios y Pulido-Martos, 2012), y utilizan estrategias de afrontamiento más positivas y adaptativas ante las situaciones de estrés (Augusto, López-Zafra y Pulido-Martos, 2011). Asimismo, la IE no solo amortigua los efectos de estrés, sino que también facilita elengagement (Pena y Extremera, 2010), la satisfacción laboral (Taliadorou y Pashiardis, 2015) y el bienestar psicosocial del docente (Fernández-Berrocal y Ruiz-Aranda, 2008).En cuanto al efecto que tienen los profesores emocionalmente inteligentes en sus estudiantes y en los resultados de clase, se ha constatado que la IE de los profesores es crucial para el desarrollo de las habilidades socio-emocionales de sus alumnos, para establecer relaciones positivas con ellos (lo que ayuda a conseguir alumnos más motivados y menos indisciplinados), y mejorar su ajuste psicológico, engagement y rendimiento académico (Fernández-Berrocal y Extremera, 2003).
Por lo tanto, la capacidad para identificar, usar, comprender y regular las emociones, tanto positivas como negativas, se hace imprescindible en esta profesión, ya que estas capacidades no sólo son importantes para prevenir desajustes en la salud mental del profesor y desarrollar dichas competencias en los estudiantes, sino también para crear entornos favorecedores del aprendizaje.

Por: María del Pilar Berrios Martos
Publicado originalmente en: http://www.proyectocepa.com/wordpress/por-que-se-estan-quemando-los-profesores/

Psicóloga, profesora del área de psicología social de la Universidad de Jaén

miércoles, 16 de marzo de 2016

Estar quemados

La siguiente es un artículo escrito en un periódico de gran circulación, en la ciudad de Buenos Aires.

El estrés laboral o síndrome de burnout (lo que comúnmente llamamos "estar quemados") es un estado de decaimiento físico, emocional y mental caracterizado por padecer cansancio crónico, sentimientos de desamparo, desesperanza, vacío emocional y por el desarrollo de una serie de actitudes negativas hacia el trabajo, hacia la vida propia y hacia los demás.
¿Cómo llegamos a eso? El agotamiento emocional (disminución y pérdida de recursos emocionales) suele ser lo primero que aparece. Esto se manifiesta a través de la pérdida progresiva de la energía vital y una desproporción entre el trabajo realizado y el cansancio experimentado (no sé qué me pasa, no hice tanto y no doy más). La irritabilidad, la queja y la pérdida de la capacidad de disfrutar de las tareas son cualidades de ese momento. Posteriormente surge la deshumanización o desconsideración por el otro: ante la dificultad de manejar el malestar, se tiende a expresar la hostilidad hacia el medio y a generar actitudes negativas hacia los demás. La falta de realización personal es la tercera fase de este proceso: la pérdida de ideales repercuten en la autoestima y en los sentimientos de autoeficacia.
Los síntomas físicos más comunes del síndrome de burnout son la fatiga crónica, los dolores de cabeza, las alteraciones de sueño y gastrointestinales y la pérdida de peso; y a nivel emocional, además de los ya citados, los sentimientos depresivos y la falta de concentración. Esto trae consigo muchas veces también la ausencia de motivación por acudir al trabajo, el abuso de drogas (café, tabaco, alcohol, fármacos, etc.), la incapacidad para relajarse o el aislamiento social.
¿Cuándo nos quemamos? Cuando existe mucha sobrecarga laboral, o cuando aquello que tenemos que realizar es monótono y repetitivo. El ambiente físico o social también influye: por ejemplo, cuando trabajamos en lugares ruidosos, pequeños o con poca ventilación; o cuando existen relaciones deterioradas con superiores, personal a cargo o compañeros. También puede incidir la búsqueda de perfección absoluta o la necesidad de control total.
La detección temprana del síndrome de burnout es fundamental para prevenir el malestar generalizado que provoca. Pero en todos los casos, para prevenirlo o tratarlo es fundamental reservar tiempo y espacio para las cosas que nos despejan y nos hacen disfrutar de la vida como son los hobbies, los paseos al aire libre, la práctica de deporte y las relaciones con nuestros amigos y nuestra familia.
Debemos tenerlo en cuenta cada día: ser trabajadores responsables y profesionales eficaces no se logra necesariamente por trabajar mucho. Para eso, además de nuestra dedicación y esfuerzo, también es clave sentirse bien.

Autor
Facundo Manes, para La Nación (Arg)

lunes, 28 de septiembre de 2015

Efectos del estrés docente

El estrés es una situación problemática general, con amplia incidencia en numerosas actividades laborales, pero que en el caso de la enseñanza, específicamente, tiene unas connotaciones evolutivas especialmente alarmantes. Desde los negros presagios descritos y sufridos en la década de los 70s en la enseñanza, se pasó en la década de los 80s a una situación todavía más aguda donde se ha pagado un elevado precio, tanto en los aspectos personales como económicos. Se trata pues, de una situación profesional de alto riesgo en la enseñanza que requiere, sin duda, una atención especial.

Un indicador más de lo crítico de esta situación en la enseñanza es la acuñación de un nuevo término para describir un
síndrome nuevo, diferente al mero estrés, aunque potencialmente relacionado con él, y que se denominó “burnout”, en la terminología anglosajona, que se podría interpretar como “quemado”, o en sentido más literal y extremo, “abrasado”; sería por tanto, el síndrome de los abrasados por su profesión. Los trabajadores que desarrollan el síndrome de burnout son, fundamentalmente, aquellos de las profesiones denominadas de ayuda o de servicios humanos (enseñanza, sanidad, servicios sociales, etc.), y se caracteriza por un agotamiento emocional extremo, la despersonalización en el trato con las personas y los clientes y la ausencia de realización personal en la ejecución del trabajo.
El malestar docente se refiere a una situación problemática que se vive en las escuelas y colegios, que afecta profundamente la actividad educativa de las mismas, y determina en gran medida las condiciones laborales adversas en las que desempeñan diariamente su labor profesional cientos de miles de profesores. Los rasgos más llamativos y sensacionalistas de esta problemática aparecen con frecuencia en la prensa (violencia en las escuelas,
carencia de profesores, incremento del absentismo laboral y de las enfermedades en las escuelas, etc.), aunque otros rasgos, incluso más profundos y críticos, permanecen ocultos a los ojos del gran público, pero no por ello resultan menos importantes (creciente complejidad de las tareas docentes, los conflictos interpersonales en la escuela, las exigencias cada vez mayores que caen sobre las espaldas de los profesores, la falta de apoyo social hacia la escuela, el desprestigio social de la profesión y de sus profesionales, etc.).
Son diversas las manifestaciones que pueden darse derivadas de este síndrome , y hemos de estar alerta a todas ellas para evitar futuros problemas de salud.
A continuación, tenéis una pequeña lista con los síntomas más comunes del síndrome del desgaste profesional docente, en sus diversas manifestaciones.
• Manifestaciones mentales:
La persona desgastada se siente agotada y vacía de sentimientos o atrapada en el desempeño del rol profesional. También se han descrito las vivencias de fracaso, de insuficiencia y de impotencia que conducen a baja autoestima y autoeficacia personal. Además, la persona afectada tiene una menor capacidad de tolerancia a la frustración, con tendencia a reaccionar de forma agresiva o paranoide no sólo hacia los clientes, sino hacia los compañeros de trabajo. Pueden observarse síntomas de nerviosismo, inquietud psicomotora, incapacidad para concentrarse, olvidos, etc. La presencia de burnout se considera un predictor significativo, que contribuye a la aparición y/o sostenimiento de un trastorno depresivo.
• Manifestaciones físicas:
Cefaleas, trastornos gastrointestinales, dolores osteomusculares, pérdida de apetito, alteraciones sexuales y del sueño, úlceras, enfermedad coronaria.
• Manifestaciones conductuales:
Se ha observado el consumo aumentado de estimulantes como café y té, así como sedantes, bebidas alcohólicas, tabaquismo y el abuso de otras sustancias tóxicas, sedentarismo, y mala dieta.
• Manifestaciones sociales:
Junto con el agotamiento, las actitudes negativas hacia los alumnos son las principales características del burnout, que pueden manifestarse por: insensibilidad, excesivo distanciamiento defensivo, irritabilidad, impaciencia y ansiedad, exagerada hipercrítica y desconfianza con hostilidad.
Los profesores pueden desplazar estas actitudes negativas hacia la profesión misma, la Administración educativa o hacia una parte de ella, hacia sus representantes sindicales, que les sirve como elemento neutralizador de su malestar. La persona quemada no se siente valorada o querida por sus colegas o por la Administración, y por eso se defiende pagando con la misma moneda con la que se siente él pagado.
• Manifestaciones organizacionales:
Se ha observado que el burnout lleva al profesor a tomar decisiones en relación a una seria intención de abandonar la docencia, a cambiarse a otro centro educativo, incrementar su absentismo laboral, llevándose así, a una marcada disminución de su productividad individual.
 Para paliar el problema, se debería  impulsar y dignificar la profesión docente, lo cual para esto tendría que ser necesario un reconocimiento de las principales autoridades de la educación de las diversas dificultades y de los riesgos que implican la labor de los maestros y procurar una formación continua donde se trabajen sobre las necesidades reales de los profesionales de la enseñanza.
Como recomendaciones se sugiere que se llevaran a cabo programas preventivos que se ajusten a las necesidades especificas de la institución para mantener altos los grados de satisfacción del cuerpo docente que se vera reflejado en la calidad de su trabajo.

Publicado en ACTIVIDADES INFANTILES

lunes, 29 de junio de 2015

Grados de burnout y técnicas de afrontamiento del estrés en los docentes universitarios

En esta publicación transcribo las conclusiones sobre una investigación sobre el burnout en docentes universitarios, ¿De qué manera podemos asociar las diferentes dimensiones del burnout con las características personales? ¿Qué estrategias de afrontamiento propone el autor?


Conclusiones
Los docentes universitarios que sufren mayor grado de Agotamiento emocional presentan sentimientos de Despersonalización más frecuentemente y de modo significativo, es decir, grados de Despersonalización es directamente proporcional a grados de Agotamiento emocional. Asimismo, confirmamos que grados de Agotamiento emocional y Despersonalización son inversamente proporcionales a grados en Logro personal, es decir, los docentes que presentan los grados más bajos de Agotamiento emocional y Despersonalización se sienten más competentes personal y profesionalmente que, aquellos que se sienten agotados o despersonalizados con una frecuencia media o baja, presentando estos grupos diferencias estadísticamente significativas.

También se confirma que ante situaciones de estrés laboral, los profesores de la UEX emplean más unas estrategias de afrontamiento que otras. Los modos de afrontamiento del estrés diferencian de modo significativo a los sujetos de la muestra en función de los diferentes grados (bajo, medio y alto) de burnout, de manera que, en primer lugar, los profesores-as con un alto Agotamiento emocional utilizan frecuentemente las estrategias: Desahogarse, Desconexión mental, Desconexión conductual, Consumo de Drogas y Aceptación. El grupo que presenta un Agotamiento emocional medio no recurre ni a Negación ni a Aceptación. En segundo lugar, el profesorado altamente Despersonalizado emplea más frecuentemente las estrategias: Búsqueda de Apoyo Social, Desahogarse, Negación y Desconexión Mental, cuando se compara con los restantes grupos. Aquellos que presentan un elevado grado de Agotamiento emocional y Despersonalización son quienes recurren para manejar situaciones de estrés en el ámbito laboral, a estrategias pasivas, de aceptación y no orientadas a búsqueda de soluciones eficaces.

Finalmente, aparecen asociaciones significativas entre un grado alto o medio Logro personal y el uso frecuente de los modos de afrontamiento: Planificación, Afrontamiento Activo y Búsqueda de Apoyo Instrumental y Búsqueda de Apoyo Social, Reinterpretación Positiva y Refrenar el Afrontamiento.

Las conclusiones extraídas corroboran que en el desgaste profesional están implicados los modos de afrontamiento del estrés. La calidad de vida, la prevención, el cuidado, etc., van a formar parte de los objetivos de intervención por parte de la salud pública. Se entiende, fácilmente, que desde este enfoque se pretenda contribuir a optimizar las condiciones de vida mediante la implantación de programas que promuevan la salud y prevengan la aparición de procesos degenerativos.

También desde la Psicología de la Educación y las Ciencias de la Educación se ha de intervenir en las organizaciones educativas, e incluso en los currículas de los planes de estudio de estas profesiones, para introducir modificaciones que prevengan las consecuencias nocivas que pueden llegar a derivarse del desgaste psíquico que estos profesionales experimentan. Por nuestra parte, estamos firmemente convencidos de que el desgaste está en mayor o menor medida asociado a la formación profesional que se recibe en los centros universitarios.

Proponemos el desarrollo de programas de intervención para entrenar estrategias de manejo y afrontamiento del burnout, enfocadas tanto a las organizaciones educativas como al individuo. Algunas técnicas que han sido utilizadas en programas de prevención y control de estrés laboral aparecen recogidas en la revisión de Guerrero y Vicente, destacando los programas dirigidos a estrategias instrumentales cuando se tiene como objetivo la adquisición de destrezas para la resolución de problemas, y programas dirigidos a las estrategias de carácter paliativo, cuando su objetivo es la adquisición de destrezas para el manejo de las emociones.

Otras estrategias de afrontamiento individual que se recomiendan es que los profesionales aumenten sus sentimientos de competencia social y su competencia profesional, tomar pequeños momentos de descanso durante el trabajo se ha señalado como estrategia ideal para afrontar el burnout, ya que sirven como respiros emocionales que facilitan la relajación del sujeto y el distanciamiento psicológico. Además de la aplicación de estrategias cognitivas y conductuales, hay un elemento importante a incluir en los programas de prevención e intervención en burnout, nos referimos a la información. Una información realista que contenga aspectos relacionados con las tareas y las funciones que ha de desempeñar el profesorado, sus derechos y obligaciones, las orientaciones referentes a la problemática a la que usualmente van a ser sometidos, la información acerca del síndrome de burnout, su génesis y desarrollo, así como de las estrategias para su manejo y control.

Al hilo de esto, la Universidad por su parte ha de prestar atención a aspectos organizativos y como propuesta de intervención a nivel departamental destaca la aportación de Benedito quien ha sugerido algunas iniciativas y acciones para paliar esta situación, y en general el malestar docente universitario.

También, De la Cruz propone un programa de formación para docentes universitarios que contenga los siguientes aspectos: un marco teórico, formación previa a la docencia (cursos de capacitación psicopedagógica para futuros docentes universitarios reconocidos como créditos en los cursos de doctorado) e información acerca de la estructura de la organización y organigrama universitario. De la misma manera se incluye la formación, una vez producida su incorporación a la tarea docente y después de la misma (a través de grupos de discusión y técnicas de grupo a través de metodologías activas y participativas).

Un servicio de ayuda a la docencia se hace necesario para asumir actividades de evaluación de la eficacia docente (evaluación del rendimiento de los alumnos como medida de la competencia docente, evaluación de los profesores por los alumnos mediante cuestionarios y escalas de evaluación y otros métodos tales como; registros de videos, autoinformes, pruebas estandarizadas o los juicios de otros profesores); actividades de reflexión teórica, de investigación y la aplicación de la Psicopedagogía universitaria, la formación inicial y permanente de su profesorado, así como el fomento de la innovación educativa.

Concluimos alegando que la mayor parte de estas propuestas no dejan de ser más que una posible forma de abordar el desgaste profesional docente y no podemos olvidar que cualquier programa de intervención se ha de insertar dentro de una planificación estratégica mucho más amplia que involucre la toma de conciencia del problema, especialmente, por parte del profesorado.



Extraído de
Análisis pormenorizado de los grados de burnout y técnicas de afrontamiento del estrés docente en profesorado universitario
Eloísa Guerrero Barona
Universidad de Extremadura (España)



lunes, 22 de junio de 2015

Análisis de los grados de burnout y técnicas de afrontamiento

En esta publicación transcribo las conclusiones de una investigación del burnout en docentes universitarios ¿Qué técnicas de afrontamiento son las más utilizadas? ¿Cuáles son las recomendadas?



Conclusiones
Tras el análisis de datos,  verificamos que los docentes universitarios que sufren mayor grado de Agotamiento emocional presentan sentimientos de Despersonalización más frecuentemente y de modo significativo, es decir, grados de Despersonalización es directamente proporcional a grados de Agotamiento emocional. Asimismo, confirmamos que grados de Agotamiento emocional y Despersonalización son inversamente proporcionales a grados en Logro personal, es decir, los docentes que presentan los grados más bajos de Agotamiento  emocional  y Despersonalización se sienten más competentes personal y profesionalmente que, aquellos que se sienten agotados o despersonalizados con una frecuencia media o baja, presentando estos grupos diferencias estadísticamente significativas.

También se confirma que ante situaciones de ests laboral, los profesores de la UEX emplean más unas estrategias de afrontamiento que otras. Los modos de afrontamiento  del estrés diferencian de modo significativo a los sujetos de la muestra en función de los diferentes grados (bajo, medio y alto) de burnout, de manera que, en primer lugar, los profesores-as con un alto Agotamiento emocional utilizan frecuentemente las estrategias: Desahogarse, Desconexn mental, Desconexión conductual, Consumo de Drogas y Aceptación. El grupo que presenta un Agotamiento emocional medio no recurre ni a Negación ni a Aceptación. En segundo lugar, el profesorado altamente Despersonalizado emplea más frecuentemente las estrategias: Búsqueda de Apoyo Social, Desahogarse, Negación y Desconexn Mental, cuando se compara con los restantes grupos. Aquellos que presentan un elevado grado de Agotamiento emocional y Despersonalización son quienes recurren para manejar situaciones de ests en el ámbito laboral, a estrategias pasivas, de aceptación y no orientadas a búsqueda de soluciones eficaces.

Finalmente, aparecen asociaciones significativas entre un grado alto o medio Logro personal y el uso frecuente de los modos de afrontamiento: Planificacn, Afrontamiento Activo y Búsqueda de Apoyo Instrumental y Búsqueda de Apoyo Social, Reinterpretación Positiva y Refrenar el Afrontamiento.

Las conclusiones extraídas corroboran que en el desgaste profesional están implicados los modos de afrontamiento del ests.

La calidad de vida, la prevención, el cuidado, etc., van a formar parte de los objetivos de intervención por parte de la salud pública. Se entiende, fácilmente, que desde este enfoque se pretenda contribuir a optimizar las condiciones de vida mediante la implantación de programas que promuevan la salud y prevengan la aparición de procesos degenerativos.

También desde la Psicología de la Educación y las Ciencias de la Educación se ha de intervenir en las organizaciones educativas, e incluso en los currículas de los planes de estudio de estas profesiones, para introducir modificaciones que prevengan las consecuencias nocivas que pueden llegar a derivarse del desgaste psíquico que estos profesionales experimentan. Por nuestra parte, estamos firmemente convencidos de que el desgaste está en mayor o menor medida asociado a la formacn profesional que se recibe en los centros universitarios.

Proponemos el desarrollo de programas de intervención para entrenar estrategias de manejo y afrontamiento del burnout, enfocadas tanto a las organizaciones educativas como al individuo. Algunas técnicas que han sido utilizadas en programas de prevención y control de estrés laboral aparecen recogidas en la revisión de Guerrero y Vicente, destacando los programas dirigidos a estrategias instrumentales cuando se tiene como objetivo la adquisición de destrezas para la resolución de problemas, y programas dirigidos a las estrategias de carácter paliativo, cuando su objetivo es la adquisición de destrezas para el manejo de las emociones.

Otras estrategias de afrontamiento individual que se recomiendan es que los profesionales aumenten sus sentimientos de competencia social y su competencia profesional, tomar pequeños momentos de descanso durante el trabajo se ha señalado como estrategia ideal para afrontar el burnout, ya que sirven como respiros emocionales que facilitan la relajación del sujeto y el distanciamiento psicológico. Además de la aplicación de estrategias cognitivas y conductuales, hay un elemento importante a incluir en los programas de prevención e intervención en burnout, nos referimos a la información. Una información realista que contenga aspectos relacionados con las tareas y las funciones que ha de desempeñar el profesorado, sus derechos y obligaciones, las orientaciones referentes a la problemática a la que usualmente van a ser sometidos, la información acerca del síndrome de burnout, su génesis y desarrollo, así como de las estrategias para su manejo y control.

Al hilo de esto, la Universidad por su parte ha de prestar atención a aspectos organizativos y como propuesta de intervención a nivel departamental destaca la aportación de Benedito (1991) quien ha sugerido algunas iniciativas y acciones para paliar esta situación, y en general el malestar docente universitario.

También, De la Cruz, Grad y Hernández, propone un programa de formación para docentes universitarios que contenga los siguientes aspectos: un marco teórico, formación previa a la docencia (cursos de capacitación psicopedagógica para futuros docentes universitarios reconocidos como créditos en los cursos de doctorado) e información acerca de la estructura de la organización y organigrama universitario. De la misma manera se incluye la formación, una vez producida su incorporación a la tarea docente y desps de la misma (a través de grupos de discusión y técnicas de grupo a través de metodologías activas y participativas).

Un servicio de ayuda a la docencia se hace necesario para asumir actividades de evaluación de la eficacia docente (evaluación del rendimiento de los alumnos como medida de la competencia docente, evaluación de los profesores por los alumnos mediante cuestionarios y escalas de evaluación y otros todos tales como; registros de videos, autoinformes, pruebas estandarizadas o los juicios de otros profesores); actividades de reflexión teórica, de investigación y la aplicación de la Psicopedagogía universitaria, la formación inicial y permanente de su profesorado, así como el fomento de la innovación educativa.

Concluimos alegando que la mayor parte de estas propuestas no dejan de ser más que una posible forma de abordar el desgaste profesional docente y no podemos olvidar que cualquier programa de intervención se ha de insertar dentro de una planificación estratégica mucho más amplia que involucre la toma de conciencia del problema, especialmente, por parte del profesorado.



                                                                                                   


Extraído de
Análisis pormenorizado de los grados de burnout y técnicas de afrontamiento del estrés docente en profesorado universitario
Eloísa Guerrero Barona*
Universidad de Extremadura (España)
Anales de psicología, 2003, vol. 19, nº 1 (junio)


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