sábado, 5 de septiembre de 2009

ESTRÉS Y DEPRESIÓN

La depresión o trastorno del humor o trastorno afectivo ocupa es esta década la 3ª causa de discapacidad en el mundo, por detrás de las enfermedades infecciosas y de los accidentes. Se estima que dentro de 20 años ocupará el 2º lugar, siguiendo la tendencia alcista que comenzó tras la segunda guerra mundial. Afecta al 12 % de los varones y al 20 % de las mujeres en cualquier momento a lo largo de toda la vida.

Podíamos repetir aquí lo dicho respecto a la ansiedad respecto a la relación del estrés con la depresión. Los “trastornos adaptativos con ánimo depresivo severo” sería el trastorno que directamente se relacionaría con el estrés (se trata en realidad de un estadío final de aquella 3ª fase del síndrome general de adaptación de Seyle, o fase de agotamiento).

En el resto de tipos depresivos, el estrés juega también un papel agravante del trastorno depresivo o incluso desencadenante de un nuevo episodio, dado que se trata de una enfermedad con tendencia recurrente.


El trastorno depresivo comienza en una primera fase de inicio insidioso, aumentando el cansancio habitual del sujeto y disminuyendo su interés por las tareas habituales, apareciendo o aumentando las molestias orgánicas (cefalea, problemas en la digestión, estreñimiento). El sueño se torna poco reparador, apareciendo como rasgos típicos el cansancio matinal, despertares nocturnos y despertar matinal precoz.


En una segunda fase, va empeorando el estado ánimo, haciéndose la tristeza más profunda y apareciendo llanto frecuente. Es característica la anhedonia y pérdida del interés o capacidad para el placer. Hay anestesia afectiva incluso por la familia (“como si no tuviera sentimientos”) y pérdida de interés por la actividad laboral, lúdica y sexual. El enfermo tiende al aislamiento (“no saldría de casa”) realizando esfuerzos desproporcionados para tareas habituales (“todo es una montaña”). Se amplifican sus molestias físicas, hasta el punto de que pueden llegar a ocupar el primer plano de síntomas (depresión enmascarada). La pérdida de la autoestima es evidente y se produce anorexia con pérdida de peso frecuente.


En la tercera fase, aumenta la anhedonia que lleva a gran inhibición. Los sentimientos de culpa intensos y persistentes y tienen gran relieve las ideas de muerte (“la vida no vale la pena”, “para vivir así ...”) terminando en ideación suicida e intentos de suicidio.

EL ESTRÉS DEL DOCENTE DESDE LA PERSPECTIVA

MEDICO-LABORAL.

Autora: Ana Gómez Seguí

Generalitat Valenciana

Consellería de Cultura Educación y Ciencia

Fuente: http://www.edu.gva.es/per/docs/rlestres_1.pdf

1 comentario:

Anónimo dijo...

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