lunes, 15 de febrero de 2021

El síndrome de docente quemado será considerado enfermedad relacionada con el trabajo

La OMS ha cambiado la consideración de este síndrome desde los "problemas relacionados con dificultad en el control de la vida" a los relacionados con un estrés crónico en el trabajo.


Hace muchos años que el síndrome del profesor quemado o burnout no ocupa espacio en los medios de comunicación o en la discusión pública cuando se habla de enseñanza. Igual que hace una década eran muchos quienes hacían estudios o informes más o menos importantes sobre la prevalencia de ese síndrome entre el profesorado, hacer una búsqueda de datos hoy día no es tan fácil.
Y esto, precisamente, en un momento en el que las condiciones de trabajo del profesorado han empeorado de manera significativa, principalmente, dede el Real Decreto 14/2012 de razcionalización del gasto en el que se aumentaron las ratios de alumnos por docente o se ampliaba la jornada lectiva en todas las etapas. También, en un momento en el que se han amortizado más de 30.000 puestos de trabajo mientras el número de alumnos y alumnas crecía en decenas de miles.
Hasta la fecha, los casos que se producían dentro del mundo de la enseñanza tenían que pasar por los juzgados para conseguir el reconocimiento de esta situación como producto de la compleja labor de profesoras y profesores.
El burnout es un síndrome con diferentes estadios. El primero de ellos, el agotamiento, tanto físico como psicológico de la persona. Después viene el de despersonalización, en el que se produce un endurecimiento emocional y una mayor o menor despreocupación hacia el alumnado y sus problemas o circunstancias. Por último, el síndrome tiene impacto en la eficacia en el trabajo.
Para Francisco Javier Gómez, responable de Salud Laboral de STEs es una buena noticia que la Organización Mundial de la Salud haya dado este paso en la consideración de enfermedad producida por el trabajo. Para este experto, docente y que lleva 12 años trabajando temas de salud laboral en el sindicato, el sí¡ndrome del profesor quemado tiene muchos factores que interrelacionan. Desde la organización del centro educativo (o su desorganización), pasando por la falta de recursos materiales, el aumento de las horas lectivas, de las ratios o de la presión de una burocracia siempre creciente.
A pesar de la falta de datos oficiales, Gómez estima que entre un 10 y un 20% (más cerca del 20 que del 10) del profesorado se encuentra en esta situación de burnout. Pueden encontrarse, según su experiencia, en mayor medida en la etapa de la ESO, también en Bachillerato. Y en algunos casos en infantil o los primeros cursos de la primaria.
Uno de los posibles efectos de esta nueva consideración por arte de la OMS puede ser, además de evitar la judicialización de los procedimientos, que se sienten las bases para considerar las difíciles circunstancias en las que las y los docentes desarrollan su trabajo cotidiano.
Hasta ahora, y desde 1990, la OMS había catalogado el burnout dentro de los «problemas relacionados con dificultad en el control de la vida». A partir de ahora, lo circunscribe a problemas de estrés crónico en el trabajo. «El burnout se refiere específicamente a los fenómenos en el contexto laboral y no debe aplicarse para describir experiencias en otras áreas de la vida», explica la Organización.
Uno de los problemas más importantes que le encuentra a esta situación, frente a otras que pueden causar bajas laborales, está el hecho de que «te señalan a ti como el culpable». Algo que no sucedería con otro tipo de enfermedades o causas de baja.
Entre las posibles propuestas que pone sobre la mesa Gómez, además de la mejora de las condiciones de trabajo y de la consideración del profesorado socialmente, estaría, para empezar, la recuperacón de los médicos inspectores de educación que poco a poco han desapareciendo de las comunidades autónomas con su jubilación y la amortización de la plaza. Según el sindicalista, estas figuras realizan una importante labor de formación y prevención, además de un trabajo en relación al estudio de la prevalencia de determinadas enfermedades desarrolladas por docentes. Hoy su labor la llevan a cabo las mutuas, que no hacen seguimiento en los centros ni llevan a cabo ninguna labor estadística, según dice Gómez.
Además, el responsable de Salud Laboral de STEs defiende la creación de la figura del docente acompañante que ayude a la reincorporación de quien vuelve de este tipo de bajas que, además, suelen ser de alta duración, rondando el año. Un docente que durante un tiempo determinado esté en el aula asumiendo la labor y responsabilidad de quien se reincorpora para que este pueda hacerlo con seguiridad y tranquilidad.
El burnout está muy relacionado, además de por causas materiales de desempeño del trabajo (cantidad de alumnado, necesidades educativas especiales de todo tipo, falta de recursos…), con elementos personales como una posible baja autoestima. Un problema que, además, aumenta según el o la docente se va adentrando en el síndrome.
Es necesaria una labor de prevención, así como recursos para la formación en el centro de trabajo relacionadas con la gestión de los conflictos en el aula, por ejemplo.




Autor
Pablo Gutiérrez del Álamo
Fuente

domingo, 13 de diciembre de 2020

Por qué nos enganchamos al “doomscrolling” y cómo superar la adicción a las malas noticias.

 La pandemia mundial de Covid-19 ha sacado a pasear a uno de los instintos más difíciles de reprimir en la profesión periodística: el catastrofismo. Cualquier noticia relacionada con una amenaza captura la atención de las personas con mayor eficacia que una noticia normal, así que los medios de comunicación, que viven de capturar atenciones, las utilizan desde siempre.

 


Incluso se podría argumentar que esta misma noticia que estás leyendo cae en la misma trampa, porque te explica por qué si lees muchas noticias catastrofistas tu cerebro resulta perjudicado.


Lo que se ha podido comprobar durante la pandemia de Covid-19 es que hay un aumento de las personas que pasan horas leyendo noticias negativas. Esta práctica se ha denominado en inglés doomsurfing o doomscrolling, de la palabra ‘doom’, que se puede traducir como condenación o amargo destino. Las palabras han sido incorporadas al diccionario Merriam-Webster precisamente a causa de la pandemia.


Las noticias catastrofistas no son necesariamente falsas, aunque algunas también lo sean. Basta con que se enfoquen en las consecuencias negativas de algo. El año 2020 ha sido especialmente fecundo en esta negra cosecha: la pandemia de Covid-19, los muertos, el colapso de la sanidad, las protestas, los asesinatos racistas en EEUU, el desempleo, las revueltas en otros países, el inexorable cambio climático y, en términos generales, la política. Si quieres amargarte, hay un menú largo y variado esperándote en Twitter y Facebook.


Pero ¿por qué se produce la adicción a las malas noticias? En 2014 el diario ruso The City Reporter decidió publicar solo buenas noticias durante un día completo, con titulares como “No hay atascos en la autopista a pesar de la nieve” o “Las obras del túnel estarán terminadas a tiempo”. Su audiencia cayó a una tercera parte.


La culpa no es de los medios. Los seres humanos procesamos los datos negativos más rápido y más exhaustivamente que los positivos, y los recordamos durante más tiempo. Socialmente, invertimos más en evitar la mala reputación que en construir una buena. Emocionalmente, nos esforzamos más en evitar conflictos que en crear buen rollo.


El cerebro humano presenta una preferencia por lo negativo, que está asociada al instinto de supervivencia. La región del cerebro llamada amígdala, encargada de procesar el miedo y la respuesta de “lucha o huida”, tiene dos tercios de sus neuronas dedicadas a procesar emociones negativas, respondiendo inmediatamente y activando el almacenamiento en la memoria a largo plazo.


No es de extrañar. En un entorno natural, si no sabemos qué causa ese movimiento en los matorrales tenemos más probabilidades de sobrevivir asumiendo que es un tigre que pensando que se trata de uno de la tribu aliviándose. El precio de pensar en positivo y equivocarse es muy alto.
Al mismo tiempo, cuanto más conozcamos sobre lo que hay detrás del matorral, más probabilidades tendremos de reaccionar la próxima vez. La necesidad de averiguar más sobre las posibles amenazas es lo que nos lleva a pararnos a ver qué ha ocurrido cuando hay un accidente de tráfico, y también a leer noticias catastróficas en Facebook.


Esta tendencia al morbo está amplificada por la tecnología. La información que se nos sirve en Google o Facebook está seleccionada por algoritmos que refuerzan aquello en lo que más interés mostramos. Si buscamos o hacemos clic en noticias catastróficas, veremos más noticias catastróficas.


Los efectos psicológicos del uso compulsivo de las redes sociales ya se han estudiado, y se ha podido ver que se asocia a la ansiedad, provocada por la envidia hacia otras personas, y la depresión en general. Las redes sociales pueden tener un efecto positivo en la salud mental, pero solo cuando su uso está separado de una reacción emocional, y eso no es lo que ocurre con el doomscrolling, sino más bien lo contrario.

 

La pandemia de Covid-19 ha producido un aumento de los trastornos psicológicos en todo el mundo. En España, un estudio de la población durante el principio del confinamiento reveló cifras de entre el 15 y el 20 por ciento de incidencia de la depresión, ansiedad y estrés postraumático, agravándose en el caso de las mujeres y las personas con trastornos anteriores.


Lo último que necesitamos es aumentar nuestra ansiedad y depresión con una obsesión mórbida por las malas noticias. ¿Qué hacer? Estas son algunas posibles soluciones:


La amígdala y la experiencia del afecto
El afecto negativo, medido durante el procedimiento de muestreo de experiencias del año anterior, se correlacionó positivamente con la activación de la amígdala en respuesta a estas breves presentaciones de las representaciones del miedo.


El impacto de los mirones en el tráfico urbano de las autopistas
Los datos indicaron que alrededor del 10 por ciento de los accidentes fueron causados por los mirones, y que la demora media causada por la presencia de mirones en la dirección opuesta fue de 10,7%


Por qué los amigos que siguen pueden hacerte daño
Una investigación exploratoria de los efectos de la envidia en los sitios de redes sociales entre usuarios de edad universitaria


Al surgir en respuesta al consumo de información social, se ha demostrado que la envidia está asociada con un menor bienestar cognitivo y afectivo, así como con un aumento de la autoestima reactiva.


Asociación entre el uso de los medios sociales y la depresión entre los adultos jóvenes de los Estados Unidos
El uso de los medios sociales se asoció significativamente con el aumento de la depresión. Dada la proliferación de los medios sociales, la identificación de los mecanismos y la dirección de esta asociación es fundamental para informar las intervenciones que abordan el uso de los medios sociales y la depresión.


Los datos de una muestra representativa a nivel nacional (n = 1.027) de adultos estadounidenses mostraron que, si bien el uso rutinario se asocia con resultados de salud positivos, la conexión emocional con el uso de los medios sociales se asocia con resultados de salud negativos.
Consecuencias para la salud mental durante la etapa inicial de la pandemia de coronavirus de 2020 (Covid-19) en España


El 18,7por ciento de la muestra reveló síntomas depresivos, el 21,6 por ciento de ansiedad y el 15,8 por ciento de TEPT. [… ] el sexo femenino, los diagnósticos previos de problemas de salud mental o trastornos neurológicos, los síntomas asociados al virus, o aquellos con un pariente cercano infectado se asociaron a una mayor sintomatología en las tres variables.

 

 

 

 

Por: AIM Digital.

Fuente

https://insurgenciamagisterial.com/por-que-nos-enganchamos-al-doomscrolling-y-como-superar-la-adiccion-a-las-malas-noticias/

sábado, 28 de noviembre de 2020

LA APNEA DEL MÓVIL, Y CÓMO EVITARLA.

 Nuestra respiración se altera cuando leemos y contestamos mensajes de email o de texto delante de una pantalla, hasta el punto de privarnos de oxígeno temporalmente.



¿Te estresa el email? ¿Los mensajes constantes de WhatsApp? Si la respuesta es sí, no se trata de una sensación, sino de un fenómeno conocido que tiene consecuencias fisiológicas. En 2008 la divulgadora Linda Stone observó que cuando estamos procesando nuestra interminable lista de mensajes de email, o enviando mensajes de texto, nuestra respiración se vuelve más superficial e incluso llega a suspenderse durante unos instantes.

 

Stone bautizó este fenómeno como “apnea del email” o apnea de pantalla. Hizo una serie de medidas con un sensor de HRV (variabilidad de ritmo cardíaco) que mide la capacidad del organismo para recuperarse del estrés. Los valores son altos en los atletas y las personas que sufren poco estrés o tienen un buen día, y bajos en las personas estresadas o fuera de forma. De hecho, las personas que sufren el síndrome de estar “quemadas” por el estrés en el trabajo presentan los mismos síntomas.


Lo que Stone pudo comprobar, y que corroboraron más tarde en un estudio de la Universidad de California en Irvine, es que leer y responder emails o mensajes de texto hacía que bajaran los valores de HRV. Los que es lo mismo, el nivel de estrés era más alto mirando una pantalla, de forma similar a cuando nos sentíamos amenazados por un depredador.

 

En esta situación de amenaza nuestra respiración se altera. Las inspiraciones son menos profundas y más rápidas, e incluso se puede llegar a aguantar la respiración. ¿En qué otro momento dejamos de respirar? Durante la apnea del sueño, en la que la glotis desciende e interrumpe repetidamente el flujo de aire. La apnea del sueño está relacionada con la hipertensión, enfermedades coronarias, infartos y diabetes. Lo mismo nos está ocurriendo mientras leemos el email.


Cuando estamos estresados respiramos poco y mal. Se trata de una respiración rápida y superficial en la que solo se llena de aire la parte superior de los pulmones intentando aumentar la concentración de oxígeno. Es decir, estamos hiperventilando, algo útil si te persigue un oso, pero nada recomendable cuando estás en una silla delante de una pantalla.

 

La tensión en los músculos y la anticipación también dispara otra respuesta natural a las amenazas: aguantar la respiración, es decir, apnea. Esto aumenta la presión arterial, de nuevo algo conveniente para huir o pelear, y reduce la sensación de dolor, como pudieron comprobar en un experimento de la Universidad de Jaén.


Sin embargo ninguna de estas adaptaciones es saludable si se mantiene en el tiempo. La respiración superficial y la apnea, especialmente cuando se respira por la boca, hacen descender los niveles de óxido nítrico (NO), y pasa menos oxígeno a la sangre y al cerebro.

 

¿Hay solución? En el mismo estudio de Irving se proponía tomarse un descanso del email, y se pudieron medir los resultados en las personas que lo hicieron. Cuando las personas dejan de estar continuamente conectadas por correo electrónico se pudieron concentrar más tiempo en sus tareas, en consecuencia abandonaron la multitarea y tuvieron menos estrés.


Pero cuando tomarse vacaciones no es una opción, hay una solución inmediata. El estrés afecta a la respiración, pero usando la respiración también se puede controlar el estrés. Lo primero es darse cuenta de que estamos aguantando la respiración frente a la pantalla. Una vez identificado el problema, basta con respirar hondo siguiendo estos pasos:


Recuperar la postura erguida, a menudo estamos encogidos frente al ordenador o el móvil.

Tomar aire usando respiración diafragmática: en lugar de hinchar el pecho, distender el abdomen para que el aire llene la parte baja de los pulmones.


Exhalar completamente, vaciando los pulmones y metiendo el abdomen.

Repetir unas cuantas veces hasta alcanzar un ritmo de seis respiraciones por minuto, es decir, inspirar en cinco segundos, espirar en cinco segundos.

Estos ejercicios tan simples activan el sistema nervioso parasimpático, el encargado de “apagar” el fuego de la respuesta del estrés.

¿En qué se basa todo esto?
El síndrome de agotamiento en la fisiología humana y el rendimiento operativo
La fuerte relación entre la variabilidad de frecuencia cardíaca (HRV) y el agotamiento sugieren que uno podría evaluar objetivamente el agotamiento y el agotamiento en los soldados y mejorar toma de decisiones sobre qué individuos podría necesitar una intervención más que las personas con menos agotamiento.


“Un ritmo no dictado por los electrones”: Un estudio empírico del trabajo sin correo electrónico
Además, medimos directamente el estrés usando monitores de frecuencia cardíaca portátiles y encontramos que el estrés, medido por la variabilidad de la frecuencia cardíaca, era menor sin el correo electrónico. Los datos de las entrevistas fueron consistentes con nuestras medidas cuantitativas, ya que los participantes reportaron ser capaces de enfocarse más en sus tareas.


Apnea obstructiva del sueño, hipertensión y enfermedades cardiovasculares
La mayoría de las pruebas verifican la relación positiva entre la AOS y la hipertensión, la enfermedad de las arterias coronarias, la fibrilación auricular, el accidente cerebrovascular y la insuficiencia cardíaca.

La contención de la respiración durante la exhalación como una simple manipulación para reducir la percepción del dolor
La percepción del dolor se reduce cuando se aplica una estimulación dolorosa durante la retención de la respiración inmediatamente después de una inhalación profunda.

 

 

 

 

Por AIM DIGITAL

Fuente: https://www.aimdigital.com.ar/salud-y-bienestar/la-apnea-del-mvil-y-cmo-evitarla.htm

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