jueves, 19 de noviembre de 2020

El 54% de los docentes presentan ansiedad tras la vuelta a las aulas por culpa del Covid-19

 La pandemia del Covid-19 ha hecho que los riesgos psicosociales, dentro del sector educativo, aumente. El riesgo al contagio está afectando al estado psicológico de los profesionales, según se analiza en el Informe de Educación de la consultora Affor. Según podemos ver en este informe, más de la mitad de los encuestados presentan síntomas de ansiedad. Entre los principales indicios que manifiestan, destacan la alteración del sueño (90%), nerviosismo, irritabilidad o tensión (89,5%), dolor de cabeza (79,2%), retraso en el comienzo de las tareas (62,9%) o sensación de ahogo sin esfuerzo físico (52,1%).

 


“El impacto del COVID-19 ha provocado desajustes de carácter psicológico en muchas personas, sobre todo entre la población activa a la hora de compatibilizar vida profesional y familiar en un entorno novedoso para todos. Si además se une que el sector educativo es tradicionalmente uno de los más expuestos a la ansiedad y que más se ha visto afectado desde el inicio de la pandemia, con el inicio del curso escolar las consejerías de educación y los centros educativos deberían reforzar el seguimiento de los riesgos psicosociales entre los profesores para evitar que su incidencia aumente”, considera Carmen Rodríguez, directora del área de Intervención Psicológica de Affor.

 

El informe destaca también que el 64,6% de los docentes se siente agobiado y en tensión, un síntoma que identifican como más frecuente de lo habitual, el 55,2% presenta pérdida de sueño por preocupaciones, el 58,7% no se concentra y un 42,7% se siente poco feliz y deprimido. Atendiendo a la escala de Goldberg, el estudio refleja que el 71,33% de los profesores encuestados requeriría realizar una valoración detallada desde el área de salud ocupacional por posible ansiedad y depresión, siguiendo los criterios recogidos en el Protocolo PSICOVS2012 publicado por Osalan-Instituto Vasco de Seguridad y Salud Laborales.

 

Anabel Fernández, CEO de Affor, considera que “la educación es fundamental para construir sociedades más prósperas. Por eso, es necesario que las administraciones públicas y los centros educativos implanten medidas para que puedan enseñar a los alumnos sin sufrir desgaste psicológico y se prevengan los riesgos psicosociales y posibles situaciones de ansiedad y estrés ante regreso a las aulas en un curso marcado por la incertidumbre”.

 

El estudio se ha realizado paralelamente en España y en siete países de Latinoamérica (Argentina, Colombia, Chile, Ecuador, México, Panamá y Perú), y ha contado con la colaboración de los partners de Affor en destino, así como de la Cátedra de Prevención de la Universidad de Sevilla, PRL Innovación, Foro de Recursos Humanos y DCH – Organización Internacional de Directivos de Capital Humano. Para su ejecución se han empleado dos escalas psicológicas validadas: el Test de Salud Total (TST) y el GHQ Goldberg.

 

 

 

 

Fuente

https://educacion2.com/el-54-de-los-docentes-presentan-ansiedad-tras-la-vuelta-a-las-aulas-por-culpa-del-covid-19/

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Burnout y estrés

 Escuelas y familias al borde de un ataque de nervios

Familias y docentes sobrepasados. Y, en el medio, los chicos. La especialista en educación Laura Lewin reflexiona sobre las altas dosis de estrés y burnout de estos momentos de pandemia por coronavirus.

 


Si hay algo que hizo, entre muchas cosas, esta pandemia​, es poner a prueba nuestra empatía, nuestra habilidad de ser flexibles y de desarrollar la resiliencia emocional.

 

Para muchas familias, acompañar a sus hijos con las actividades académicas fue (y sigue siendo) un desafío épico. Para otras, una gran oportunidad de ver cómo los chicos aprenden, qué los motiva, qué los frustra y cómo piensan, y de acompañarlos en sus trayectorias académicas. Y del otro lado están los docentes. Muchísimos de ellos dando una respuesta formidable, y con mucho coraje, a una situación inusitada. Otros, desbordados. Y en el medio… Los chicos.

 

Educar implica mucho esfuerzo no sólo mental, sino también emocional y espiritual. Muchos docentes tuvieron que aprender, desaprender y reaprender, e inclusive estar disponibles por muchas horas más que las que estaban acostumbrados. Pasaron de enseñar a aprender….

 

Y no sólo eso, en las circunstancias actuales, las presiones son cada vez mayores y las condiciones de trabajo no siempre son las adecuadas; los docentes pasaron de tener una rutina y horarios, a casi no tener una agenda, en donde se desdibujan los horarios de trabajo. De trabajar en silencio, a planificar clases en el medio de living, con la familia alrededor y la complicadísima situación de tener que acompañar tanto a sus alumnos como a los propios hijos.

 

Pero una cosa es ajustarse y exigirse por un tiempo relativamente corto, y otra cosa es adaptarse a una nueva modalidad de trabajo, sabiendo que esta situación se va a extender en el tiempo.

Para los padres, tampoco fue fácil encontrar el lugar en dónde pararse: ¿enseño, acompaño, me corro?

 

Estos últimos meses han sido completamente diferentes a lo que veníamos acostumbrados, con mucho bombardeo de información –no sólo acerca del Coronavirus​, sino acerca de cómo hacer cosas que ya teníamos automatizadas e internalizadas- y todos hemos tenido que salir de nuestras zonas de confort, lo que genera, sin duda, un estado de agotamiento.

 

Es momento de desacelerar, de ordenarnos y de recalcular… y por sobre todas las cosas, de aplacarnos.

 

 

Familias y escuelas al borde de un ataque de nervios

El estrés es una reacción física y psicológica a ciertos estímulos. Cuando el estrés nos da un envión o un impulso para superar algunas situaciones, ese estrés es bueno.

 

Sin embargo, si sentís que se fue la magia y hacer cosas que siempre te gustaban ahora ya no te gustan tanto, te la pasás quejándote de todo y por todo o si sentís un estado de agotamiento no sólo físico, sino también mental y emocional... ¡¡¡Alerta!!! ¡Pueden ser síntomas de agotamiento!

 

¿Qué es el burnout, o síndrome del quemado?

El burnout es un estado de agotamiento emocional, mental, y físico causado por un excesivo y prolongado estrés. Mientras el estrés continúa, comenzás a perder el interés o la motivación por las cosas que estás haciendo.

 

Algunos síntomas del burnout:

- Todos los días son malos.

- Sentís que nada de lo que hacés sirve o es valorado.

- No tenés ganas de preocuparte por tu trabajo (o tu vida)

- Estás cansado todo el tiempo; cuando te vas a dormir, pero también cuando te levantás.

 

Diferencias entre estrés y burnout

En el estrés todo pareciera ser mucho. Mucha corrida, mucho esfuerzo, mucha presión. Mucho desgaste físico y emocional. Sin embargo, la gente que sufre de estrés siente que es una etapa, y una vez que se termine, volverán a estar como antes.

 

En el burnout, por el otro lado, es sentir que nada es suficiente. Las personas que sufren de burnout sienten que nada les alcanza, se sienten vacíos, sin un motivo para levantarse de la cama, sin objetivos. La gente que sufre de burnout no ve una salida.

 

Mientras que el estrés hace que una persona esté cansada físicamente, el burnout genera un agotamiento y embotamiento emocional.

 

Hay, además, una clara diferencia en relación a las emociones. Mientras que en el estrés las emociones son reactivas, en el burnout las emociones se tapan. A simple vista, pareciera que la persona está anestesiada. Un docente puede tener un caos en su clase de Zoom y simplemente decir “¿se pueden callar para que pueda hablar yo?”, pero sin realmente tener esperanza de que sus alumnos se callen.

 

La gente que sufre de estrés corre y se mueve y todo tiene que ser para “ayer”, mientras que la gente que sufre de burnout, no corre porque no tiene dónde ir. El burnout les produce un sentimiento de desesperanza.

 

Otra diferencia es que el daño principal en el estrés es físico. La gente estresada suele enfermarse con frecuencia, pero en la gente que sufre de burnout, lo que vemos es que sufren emocionalmente.

 

Aprender a preservarnos

Independientemente de qué rol cumplamos, debemos aprender a preservarnos y a cuidarnos.

Además de lo básico: descansar, dormir bien, alimentarte, reírte, conectarte con gente positiva, hacer ejercicio y tomar un poco de sol, debemos agregar algunos cuidados extra.

 

¡Cuidado con la computadora! Fijate que la computadora esté a 65 cm de tu cara, no más cerca, y chequeá el brillo y contraste, asegurándote que la pantalla no esté nunca más brillante que la luz de la habitación. Para descansar la vista de la pantalla, cada 20 minutos, mirá algo a 6 metros o más.

Tomate, además, recreos de 15 minutos cada dos horas. Movete, parate, caminá, hacé ejercicio. ¡No te la pases en una silla todo el día!

 

Preservarse es diferente para cada persona: para alguno será poder seguir con un hobby que le de placer, que lo ayude a relajarte; para otros, algo diferente como meditar o leer, pero no te olvides: “esto también pasará”. Cuando esta crisis se aleje, vamos a habernos fortalecido, y vamos a haber desarrollado nuestra resiliencia, la flexibilidad y nuestro poder de adaptación, todas habilidades que nos van a seguir acompañando en nuestra vida.

 

El aprender a preservarnos en situaciones de estrés, como es esta, no nos va a servir solo para la cuarentena; nos va a servir en la vida.

 

Y mientras tratamos de estar en eje y no desesperar, no nos olvidemos que nuestros hijos y nuestros alumnos nos están observando. Que vean nuestra mejor versión.

 

 

 

 

Por Laura Lewin

Fuente

https://www.clarin.com/entremujeres/hogar-y-familia/estres-coronavirus-cuarentena-crianza-educacion_0_5FIbymIL8.html

viernes, 6 de noviembre de 2020

En qué consiste la fatiga pandémica y cuáles son los consejos para evitarla

 Este tipo de fatiga afecta la salud emocional de millones de personas en el mundo, no solamente a quienes se contagiaron de coronavirus. Algunos consejos para evitarla, según los especialistas


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La fatiga pandémica se caracteriza por sentirse mentalmente agotado, indefenso, triste, preocupado, frustrado e irritable, cambios que pueden causar trastornos del sueño, del apetito y la concentración mental, además de nerviosismo, irritabilidad y falta de motivación (EFE)

 

La pandemia mundial de COVID-19 afecta y afectará nuestras vidas para siempre. El registro de lo traumático comenzó a manifestarse en los seres humanos como ansiedad, pánico y diferentes formas de congoja y tristeza. El temor y la ansiedad con respecto a una enfermedad pueden ser agobiantes y generar emociones fuertes, tanto en adultos como en niños.

 

Se conoce como fatiga pandémica la sensación de apatía, desmotivación y agotamiento mental que sufre una persona, y cuyo origen está en el impacto que ha causado el nuevo coronavirus en su vida. Su causa está en los cambios en el estilo de vida relacionados con las cuarentenas parciales o totales, la ansiedad producida por el miedo a contagiarse, las constantes noticias enfocadas en las desgracias causadas por la enfermedad, el temor a perder el trabajo, la soledad causada por la falta de contacto con amigos y familiares o la misma sensación de desesperanza que nos hace preguntarnos: ¿cuándo se va a acabar esta pesadilla?

 

En este contexto, el doctor Elmer Huerta, prestigioso oncólogo peruano, médico y comunicador radicado en Estados Unidos, explicó en un podcast especial de la CNN, Coronavirus: Realidad vs. ficción: “El punto es que cuando hablamos de la fatiga pandémica, no nos estamos refiriendo al tipo de fatiga o cansancio físico o del cuerpo, secuela de la enfermedad, sino a la fatiga mental que afecta la salud emocional de millones de personas en el mundo, más allá de quienes directamente se contagiaron con el virus”.

 

La fatiga pandémica se caracteriza por sentirse mentalmente agotado, indefenso, triste, preocupado, frustrado e irritable, cambios que pueden causar trastornos del sueño, del apetito y la concentración mental, además de nerviosismo, irritabilidad, falta de motivación para hacer las cosas que a uno le gustan, y querer apartarse de los demás.

Expertos y la OMS avisan: el hartazgo conduce al incumplimiento de las medidas. No se puede vivir permanentemente alerta, ni siempre recluido (Shutterstock)

 

Una epidemióloga en Estados Unidos inventó un nuevo tipo de contabilidad. Una de tipo social. Se trata de hacer cada semana un «presupuesto de contactos», que tenga en cuenta el «gasto» obligatorio, como el necesario por motivos laborales, pero también incluya una partida para mantener la salud mental. Todo ello distribuyendo el «crédito» de riesgo de contagio. Parece la última ocurrencia pandémica, pero la ha respaldado la Organización Mundial de la Salud (OMS). Lo que hay detrás es un intento de lograr un equilibrio entre la antigua vida y la nueva, y así paliar un fenómeno que, según las primeras estimaciones de la OMS, afecta al 60% de la población europea: la fatiga pandémica.

 

La apatía, la desesperanza y, sobre todo, una desmotivación creciente y general por protegerse o informarse sobre el COVID-19 son los principales efectos que genera. Los mensajes de las autoridades que antes eran efectivos, como insistir en el lavado de manos, el uso de mascarillas o el distanciamiento físico, ya no calan igual. Y cuando la situación lleva a restricciones del todo o nada, “es más probable que las personas se rindan fácilmente y vuelvan a comportamientos muy peligrosos”, dice la OMS.

 

Algunos consejos para evitar la fatiga pandémica

Además de infectar a 43 millones de personas en el planeta y matar a más de un millón de almas, el coronavirus está causando problemas de salud mental en millones de personas en todo el mundo (Shutterstock)

 

Al respecto, un artículo de la Universidad de California en Los Ángeles, publicado el 7 de julio, nos da algunos consejos para ver el futuro con más optimismo y que esta dañina fatiga pandémica no afecte negativamente nuestra salud mental.

 

1. Cuidar el cuerpo practicando un estilo de vida saludable. Haz ejercicio diario, come saludablemente, trata de establecer una rutina de sueño saludable. Eso te dará energía, y fortalecerá tu sistema inmunológico.

 

2. Limitar el consumo de noticias a una hora o menos al día. Si bien es bueno estar bien informado, sumergirse todo el día en noticias te sobrecarga de emociones negativas y agota tu energía.

 

3. Reducir el estrés. Hacer actividades que te calmen o te den alegría pueden reducir tu nivel de estrés. Por ejemplo, aprender ejercicios de respiración, practicar yoga, dar paseos en el campo, leer o ver comedias.

 

4. Conectarse con los demás. Recuerda que los seres humanos somos criaturas sociales por naturaleza. Estar solo y sentirse aislado puede aumentar el estrés y la desesperanza. Teniendo cuidado de limitar tu contacto físico con personas extrañas a tu hogar, el hacer llamadas telefónicas, videoconferencias, chatear en las redes sociales, escribir cartas o asistir a servicios religiosos en línea pueden ayudar mucho.

 

5. Aceptar los sentimientos. Recuerda que tratar de reprimir o ignorar los sentimientos no los hace desaparecer. Si notas que tus sentimientos de tristeza o desesperanza interfieren con tus actividades diarias, no tengas miedo de buscar la ayuda de un profesional de salud mental.

 

6. Intentar el diálogo interno positivo. Trata de no pensar en lo que va a pasar. Recuerda lo que Mahatma Gandhi decía: en la vida hay dos días que no existen, ayer y mañana. La angustia de pensar en el mañana puede hacer que pierdas la belleza del hoy.

 

7. Crear nuevas rutinas de vida. Por ejemplo, reserva un momento del día para hacer algo que te guste y te haga sentir bien física, mental o emocionalmente. Es posible que esas nuevas rutinas o tradiciones continúen después que haya pasado la pandemia.

 

“El gran peligro de la fatiga pandémica es que una población fatigada es más propensa a relajarse y descuidarse cuando el punto máximo inicial de la epidemia disminuye en su región geográfica”, advirtió el experto. Y continuó: “Es posible que mucho del resurgimiento de la pandemia en Europa pueda ser explicada por una población fatigada que salió sin control en el verano boreal. En las Américas, aunque algunos ya hablen de una segunda ola, aún no hemos terminado de salir de la primera. No permitamos que la fatiga de la pandemia haga que bajemos la guardia, nos relajemos y por no cuidarnos, terminemos contagiados en una segunda ola”.

 

 

 

 

Fuente

https://www.infobae.com/salud/2020/10/31/en-que-consiste-la-fatiga-pandemica-y-cuales-son-los-consejos-para-evitarla/?utm_medium=Echobox&utm_source=Facebook&fbclid=IwAR2_fvlx0P2UFDuC3yoYlMQhKYExh8pHXwLMshww2Z_jLZY2ppyFvhRcXv4#Echobox=1604163523

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