miércoles, 23 de septiembre de 2020

ASÍ LE PASA FACTURA EL ESTRÉS A NUESTRO CEREBRO (Y MÁS EN PANDEMIA)

 Para nuestros antepasados, el estrés suponía una clara ventaja, dado que era necesario para conseguir alimentos, reproducirse, encontrar un sitio para cobijarse… En nuestra sociedad la mayoría de esas necesidades están cubiertas, y ahora las fuentes de estrés son sobre todo de tipo social: vivimos en un mundo con altas demandas laborales y familiares, lo que supone un desafío constante.

 

¿Es el estrés perjudicial? Aunque la contestación pudiera parece obvia, no es tan simple. De hecho, la respuesta más correcta sería «depende». Partamos de que el estrés es un componente normal de nuestra vida. La respuesta de estrés ha sido seleccionada evolutivamente para hacer frente a amenazas ambientales que ponen en peligro nuestra supervivencia. Para nuestros antepasados, el estrés suponía una clara ventaja, dado que era necesario para conseguir alimentos, reproducirse, encontrar un sitio para cobijarse…

 

Pero las cosas han cambiado. En nuestra sociedad la mayoría de esas necesidades están cubiertas, y ahora las fuentes de estrés son sobre todo de tipo social. Vivimos en un mundo con altas demandas laborales y familiares y con un ritmo de vida acelerado, lo que supone un desafío constante. Este estilo de vida frenético favorece la aparición de estrés.

 

A eso hay que añadirle que el momento que estamos viviendo actualmente, como consecuencia de la pandemia por la COVID-19, ha aumentado el estrés social. Una situación excepcional que genera incertidumbres sobre el futuro, la salud, la situación económica… Al duro aislamiento social por el confinamiento se suma que la carga de trabajo ha aumentado (teletrabajo, conciliación familiar, apoyo escolar de los hijos…). Sin olvidar que, para los jóvenes, la pandemia ha supuesto una amenaza de sus proyectos vitales y una alteración de su estilo de vida.

 

Estas circunstancias pueden generar respuestas negativas de estrés. Y si bien el ser humano dispone de mecanismos para hacerle frente, el impacto del estrés dependerá de la percepción individual. Ante una misma situación de estrés cada persona puede reaccionar de maneras muy diferentes en función de múltiples factores (personalidad, apoyos sociales, experiencias previas…). Cómo sea esta percepción determina cuál será la respuesta neurobiológica al estrés. Si nos sometemos a un estrés muy intenso o repetido, o si sencillamente se percibe como impredecible e incontrolable, puede tener consecuencias importantes para nuestra salud, especialmente para el cerebro.

 

¿Cómo puede dañarse nuestro cerebro por estrés?

Cuando el estrés nos hace sentir que la situación escapa a nuestro control, se produce un aumento de una de las hormonas del estrés, el cortisol. Como en todo en la vida, hormonalmente necesitamos un equilibrio. El cortisol es necesario para regular numerosas funciones. Pero cuando se rompe ese equilibrio, puede alterar numerosos genes que afectan al sistema inmune y a procesos tan importantes como a la neuroplasticidad.

 

¿Qué entendemos por neuroplasticidad? Podría definirse como la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse a nuevas experiencias. Gracias a ella somos capaces de adaptarnos y aprender de las nuevas situaciones, además de hacer frente a circunstancias adversas. Lo malo es que el estrés actúa reduciendo la neuroplasticidad y, por tanto, afecta a cómo nos enfrentamos a los problemas.

 

Por otra parte, cuando nos estresamos nuestro organismo reacciona de la misma manera que si se tratara de un proceso infeccioso, es decir, movilizando a las células que combaten una infección, aunque no exista. Esto recibe el nombre de inflamación. El estrés es capaz de provocar reacciones en nuestro organismo similares a las producidas por una infección, y eso incluye también a nuestro cerebro.

 

Así sufre el cerebro estresado

Aunque el estrés puede producir problemas cardiacos, digestivos, inmunológicos…, sin duda nuestro cerebro suele ser el peor parado. Los cambios en el cerebro pueden ser responsables de la aparición de numerosos trastornos neuropsiquiátricos, como el trastorno de estrés postraumático, la ansiedad y, sobre todo, la depresión.

 

La depresión será en los próximos años otra de las pandemias con las que tendremos que convivir. Se cree que será la enfermedad más diagnosticada en las próximas décadas. Posiblemente una de cada seis personas sufrirá al menos un episodio de depresión a lo largo de su vida. Si, como hemos explicado, su plasticidad nerviosa disminuye por el estrés, la persona tendría menos capacidad para hacer frente a los desafíos de la vida y menos recursos para enfrentarse a los problemas del día a día. Por ello podría llegar a caer en un estado que se conoce con el término de desesperanza.

 

Por otro lado, pensemos cómo nos sentimos cuando tenemos una infección. Estamos más cansados, sin energía, sin ganas de hacer nada… ¿Nos recuerda alguno de esos síntomas a la depresión? Es lógico pensar, por tanto, que el estrés puede provocar depresión.

Además, la exposición al estrés también modifica el comienzo y el curso de muchas enfermedades neurodegenerativas, entre ellas la enfermedad de Alzheimer, que entre otras cosas se relaciona con alteraciones inflamatorias y de la plasticidad nerviosa. Justo las mismas que induce el estrés.

 

En principio, este panorama no parece muy alentador. Pero no hay que caer en la desesperanza. Existen estrategias que podemos usar para reducir las consecuencias del estrés. El ejercicio físico, una alimentación equilibrada, los apoyos sociales y la meditación son algunos ejemplos de estrategias que reducen sus efectos. Estrategias a tener muy en cuenta para afrontar la situación generada por la actual pandemia.

 

 

 

 

Por

Carmen Pedraza Benítez, catedrática de Psicobiología, Universidad de Málaga y Margarita Pérez Martín, profesora de Fisiología y Neurocientífica, Universidad de Málaga. Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

Fuente

https://ethic.es/2020/07/asi-le-pasa-factura-el-estres-a-nuestro-cerebro-y-mas-en-pandemia/

 

miércoles, 16 de septiembre de 2020

La organización del trabajo y el estrés

 La organización del trabajo y el estrés. 

Este documento es el tercero de la serie sobre salud ocupacional titulada Protección de la salud de los trabajadores. Lo publica la Organización Mundial de la Salud.


miércoles, 9 de septiembre de 2020

Los efectos que puede provocar el aislamiento en la salud física y emocional

 Cuarentena: ¿Qué cambios produce en el reloj interno?

 

El día y la noche, la luz y la oscuridad, se alternan constantemente produciendo un ciclo ambiental que modula nuestro comportamiento: la mayoría de las personas estamos activas de día y dormimos de noche.

La luz es el estímulo más importante, capaz de poner en hora a nuestro reloj biológico interno, localizado en el cerebro en los núcleos supraquiasmáticos. Esta estructura pone en hora y "dirige" nuestros ritmos circadianos: las fluctuaciones diarias que ocurren en nuestro funcionamiento y que incluyen niveles de hormonas, temperatura corporal, rendimiento cognitivo, número de células del sistema inmune, etc.

 

Pero además de la luz, nuestras actividades cotidianas también son capaces de poner en hora a nuestro reloj interno. ¿Por qué es importante que nuestro reloj interno esté "en hora"? Porque es necesario para que funcione adecuadamente. Cuando esto no ocurre, por ejemplo en trabajadores en turnos rotativos o nocturnos, o en personas con jetlag por viajes transmeridianos, aparecen trastornos en nuestra salud física y mental, incluyendo problemas en nuestro sueño. Y si no dormimos adecuadamente (y esto incluye no solo los horarios sino también la calidad y la duración del sueño), nuestra salud y nuestro rendimiento cognitivo se podrían afectar aún más.

¿Qué ocurre entonces con nuestros ritmos circadianos en la situación de confinamiento actual asociada a la pandemia de Covid-19?

El aislamiento se asocia con cambios en los patrones de exposición a la luz y en nuestras actividades cotidianas. Nos exponemos menos a la luz del sol (porque estamos en nuestras casas), más a la luz artificial y a pantallas de tipo led (en horarios inadecuados) y nuestras actividades tienen horarios más flexibles.

 

Si los estímulos que ponen en hora a nuestro reloj son más débiles (sobre todo menor exposición a la luz del sol), nuestros ritmos circadianos se hacen menos robustos y se desacoplan entre sí. Y esto se traducirá eventualmente en problemas para nuestra salud.

¿Cómo, cuándo y cuánto están siendo afectados nuestros ritmos circadianos por el confinamiento? Estamos llevando a cabo un proyecto de investigación denominado Mi Reloj Interno, que tiene como objetivo en primer lugar obtener información sobre nuestros ritmos circadianos durante el confinamiento.

 

Es importante que muchas personas participen de esta primera etapa, completando una encuesta relacionada con hábitos de sueño (puede participar cualquier persona que viva en Argentina y que tenga al menos 13 años, ingresando a www.mirelojinterno.org).

 

A partir de las evidencias que obtengamos podremos generar recomendaciones específicas y prácticas destinadas a mitigar los efectos del confinamiento sobre nuestro reloj biológico. A través de una aplicación de telefonía celular, cada usuario podrá volcar sus propios datos cronobiológicos para recibir automáticamente recomendaciones personalizadas, según su edad, sus hábitos y el lugar donde vive.

 

 

 

 

 

Por María Juliana Leone

Lic. en Biotecnología (UNQ) y Dra. en Ciencias Básicas y Aplicadas (UNQ). Investigadora asociada del CEPE. Investigadora del Conicet en la UNQ y la UTDT.

Fuente: Télam

En: https://www.pagina12.com.ar/284400-cuarentena-que-cambios-produce-en-el-reloj-interno

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Herramientas emocionales para la vuelta al cole de la ‘nueva normalidad’

 El próximo curso se presenta con numerosas dudas debido a la pandemia. Por ello, es muy importante que el cuerpo docente y los estudiantes se encuentren fuertes emocionalmente. María López de Silanes, docente y psicóloga, ofrece algunas pautas para ello aplicando los valores emocionales de la ‘CASA’ (Curiosidad, Admiración, Seguridad y Alegría) cuando vuelvan a las aulas.

 

Estos meses han sido muy duros para algunos maestros y docentes. La finalización del curso ha ido de la mano de la incertidumbre de no saber aún cómo empezará en septiembre. Las continuas instrucciones de las instituciones, incompletas y en ocasiones contradictorias, han dejado un mal sabor de boca que no sé si las vacaciones estivales podrán cambiar. El miedo y la ansiedad de ‘más de lo mismo’ acecha las mentes de algunos docentes y amenaza con no permitirles descansar y desconectar en condiciones. Y, esto, sería muy contraproducente.

 

La importancia del bienestar docente

Muy pocas personas son conscientes del desgaste psíquico y emocional al que están sometidos los docentes durante el curso escolar. Aunque unos pocos disfrutan de un alumnado implicado y su trabajo se desarrolla de manera fluida y armónica; una gran mayoría ha de enfrentarse de manera cotidiana al estrés de disciplinar su clase, resolver conflictos entre alumnos y, además, atender las quejas de familias que acuden a ellos, algunas veces de manera imprevista, y no siempre con los mejores modales. Todo ello teniendo en mente el currículo y atendiendo a las diferencias individuales. El cóctel no es muy apetecible. Quizás, por ello, cada vez menos jóvenes se decantan por esta profesión.

 

Desde las instituciones, el bienestar docente se pasa por alto. Podemos tener la sensación de que no importamos mucho, de que solo somos peones de ajedrez para mover en el tablero de la escuela o instituto. Ahora aquí; mañana allí. Al grupo A, impartes esta asignatura; al B, esta otra, diferente. Ahora no se puede asistir a clase: das las clases online. ¿No sabes? ¡Te apañas! El sentimiento de abandono se expande. La sensación de ahogo también. La frustración y el sentimiento de indefensión aprendida se generaliza. Comienza el desánimo, sigue la apatía y para algunos termina en depresión.

 

Entre las demandas de los profesores se sitúan unas instrucciones claras y más recursos humanos y técnicos. 

 

¿Qué información tenemos acerca del inicio del nuevo curso?

Parece ser que se nos recomienda bajar las ratios e incluso el desdoble de grupos, si es posible, y me pregunto: ¿supone también un desdoble de los docentes? ¿O llegarán refuerzos? ¿Y qué pasará en los comedores, en general llenos y actualmente con doble o triple turno para comer? Organizar los horarios, el uso de los espacios, los turnos… Los centros educativos tienen por delante grandes desafíos para completar el puzle ¡y que no les sobre ni falte ninguna pieza, porque tendrán mil ojos encima! 

 

«Muy pocas personas son conscientes del desgaste psíquico y emocional al que están sometidos los docentes durante el curso escolar.»

 

La complejidad es enorme. Cada centro tendrá que adaptar las soluciones a medida, implementando unas pautas comunes. Las autoridades deben dar esas pautas: si prima la educación presencial,habrá un número máximo de alumnos por grupo y una distancia mínima entre pupitres, pero luego el equipo docente tendrá que ver cómo aplicarlas a cada caso.

 

 

Con este panorama, cabe preguntarnos si es realmente necesario volver al colegio o instituto. Rotundamente, sí. Se han hecho estudios muy bien documentados (como este informe de Unicef) sobre las consecuencias negativas de la no asistencia a los centros educativos relacionadas con sentimientos de seguridad, bienestar y aprendizaje de niños y jóvenes. 

 

Además, el aprendizaje en casa es menos efectivo, y aumenta la desigualdad. Sin olvidar que la escuela, en muchos casos, es un ‘santuario’ donde los alumnos encuentran refugio y paz. Un lugar que debería ser seguro y donde pueden expresarse y desarrollarse, apartados de las condiciones desfavorables que pudieran estar sufriendo en casa. Los centros educativos y, en concreto, sus maestros y docentes pueden ser ese flotador que les ‘salve la vida’. 

 

Las herramientas emocionales para el nuevo curso

Si el docente dispone de las herramientas y estrategias emocionales necesarias, si sabe dónde colocarse, puede mejorar la vida al alumno. Hoy en día los niños y jóvenes aprenden más con los tutoriales que encuentran en YouTube que en el aula. No nos necesitan tanto como transmisores de conocimiento. En ese aspecto, somos fácilmente sustituibles. 

 

«Con este panorama, cabe preguntarnos si es realmente necesario volver al colegio o instituto. Rotundamente, sí.»

 

Sin embargo, si un niño tiene problemas personales y el profesor, como referente, se coloca delante con emociones que resuelven las situaciones de manera armoniosa, le puede salvar. La variable que interviene con más fuerza en el éxito escolar no es la capacidad intelectual, sino la capacidad emocional de situarnos, la mayor parte del tiempo, en las emociones correctas y que pueden hacer que nuestra vida fluya con sentido.

 

Los docentes que enseñan desde la curiosidad, admiración, seguridad y alegría son los que tienen más posibilidades de ser felices y tener éxito. Si estamos en ‘CASA’ (Curiosidad, Admiración, Seguridad y Alegría) hay una sintonía entre lo que se dice y lo que se hace. El bienestar docente depende de ser consciente de estas emociones y actuar para sentirlas cada día.

 

Las circunstancias que tendremos que afrontar a partir de septiembre no son sencillas, ni para los docentes ni para los alumnos, pero si estamos llenos de rabia, rechazo o tristeza, aunque aparentemos estar bien, se va a notar que no es así. “No somos lo que decimos ni lo que hacemos, somos lo que sentimos”, dice el psicólogo Roberto Aguado. Por otro lado, y resumiendo las palabras del político francés, Jean Jaurès: “No enseñamos lo que sabemos, no enseñamos lo que queremos, enseñamos lo que somos”. Por lo tanto, en este nuevo curso dentro de la ‘nueva normalidad’, los docentes han de procurar ser y estar sanos, no solo a salvo de la Covid-19, sino mentalmente sanos y fuertes, alejados del caos y la rigidez emocional.

 

El curso de la flexibilidad emocional

El curso 2020-21 será el curso de la flexibilidad emocional, ya que si los maestros y docentes se instalan en emociones como la tristeza, la rabia, el asco o el miedo acabarán enfermando. Si los docentes enferman, contagian al sistema y las instituciones educativas se pudrirán sin remedio.

 

«Los docentes que enseñan desde la curiosidad, admiración, seguridad y alegría son los que tienen más posibilidades de ser felices y tener éxito.»

 

Por ello, cuidar y atender a los docentes como se merecen es una asignatura pendiente de la sociedad española. ¿Hay alguien que no esté de acuerdo en que los profesores y maestros felices facilitan el éxito escolar? En este sentido, la ‘CASA’ (Curiosidad, Admiración, Seguridad y Alegría) ayuda a los docentes a enseñar a su alumnado a tomar conciencia de sus emociones, regularlas y desarrollar sus fortalezas personales. Para el profesorado supone un crecimiento personal mientras desarrollan su profesión. También, los estudiantes aprenden las herramientas que les permiten afrontar la vida con seguridad y optimismo, creyendo no sólo en sí mismos sino construyendo además relaciones positivas con sus iguales. 

 

 

 

 


EDUCACIÓN 3.0

Fuente

https://www.educaciontrespuntocero.com/recursos/educacion-emocional/herramientas-emocionales-vuelta-cole-nueva-normalidad/

martes, 25 de agosto de 2020

“La pandemia nos marcará y formará parte de nuestra biografía”

 Luis Rojas Marcos, psiquiatra de formación, casi no necesita presentación. A sus 77 años ha sido una de las figuras referentes de la medicina en las últimas décadas. Lleva desde 1968 trabajando y viviendo en Nueva York, en donde ha sido nombrado por tres alcaldes diferentes para dirigir diferentes puestos del sistema sanitario de la ciudad. Hablamos con él de esta pandemia y de las cosas que podemos esperar en el futuro más o menos reciente.

 

Médicos Afiliados de Nueva York es una organización sin ánimo de lucro compuesta por 3.500 médicos y profesionales de la salud que prestan sus servicios en seis hospitales públicos y en las diez cárceles de la ciudad. Luis Rojas Marcos es el director ejecutivo de esta asociación, a la que dedica buena parte de sus energías. El estallido de la pandemia de la Covid-19 ha puesto de nuevo a prueba la capacidad de trabajo de este doctor que, recién licenciado en Medicina, se instaló en Nueva York en 1968. Quince años más tarde, el alcalde Edwar Koch le eligió para dirigir los servicios psiquiátricos de los 11 hospitales generales de la ciudad. Otro alcalde, David Dinkins, le nombró, en 1992, responsable de los servicios municipales de salud mental, alcoholismo y drogas. Y, en 1995, un tercer alcalde, Rudolph Giuliani, le encargó la presidencia del Sistema de Salud y Hospitales Públicos. A punto de cumplir 77 años, constata los efectos devastadores de la pandemia y se desvive por minimizar sus consecuencias sobre la salud de los neoyorquinos. Se considera un ‘vencedor lento’.

 

¿Qué impacto está teniendo la crisis de la Covid-19 en la salud mental de los ciudadanos?

Indudablemente, esta pandemia está teniendo efectos devastadores para la salud en su sentido más amplio: estado de bienestar físico, psicológico y social. En cuanto a la salud mental, está siendo un gran reto para nuestra resiliencia; la mezcla de resistencia y flexibilidad que necesitamos para afrontar y superar adversidades. Concretamente, este enemigo invisible socava el sentido de futuro: desde pequeños, en cada momento pensamos con ilusión sobre lo que vamos a hacer más tarde, el mes que viene o incluso dentro de unos años. Por eso, cuando nos sentimos incapaces de anticipar el porvenir nos invade el estrés, la incertidumbre, la vulnerabilidad y se agrieta el cimiento vital de la confianza en nosotros mismos y en el mundo que nos rodea. Como resultado, han aumentado considerablemente los trastornos de ansiedad, la depresión y la incidencia de problemas personales y de convivencia asociados al consumo de alcohol y drogas.

 

¿Ese impacto es idéntico en los ciudadanos de Estados Unidos, China, España o cualquier país europeo o del mundo?

El impacto psicosocial varía según los valores culturales del país. Se dice que la cultura es como la sal en la sopa, no la vemos, pero tiene efectos importantes en nuestra forma de ver la vida. Así, en los países donde predomina el sentido de grupo o colectividad, se tiende a pensar que el impacto de la pandemia depende de los recursos y la colaboración del grupo y es responsabilidad de la comunidad. Por el contrario, en las sociedades individualistas, como Estados Unidos, en las que se piensa que el individuo es el principal responsable tanto de sus éxitos como de sus miserias, los efectos de la pandemia tienden a considerarse fallos personales.

 

En Nueva York, ¿se constata que los colectivos más vulnerables son los más afectados por la enfermedad? La pandemia ¿afecta de forma muy diferente a ricos y pobres?

Sin duda. Los recursos personales, sean económicos o sociales, determinan definitivamente la defensa ante la pandemia, tanto en el acceso a los remedios sanitarios como a los dispositivos protectores. Es evidente que los colectivos de niveles socioeconómicos más bajos –que suelen incluir las minorías étnicas e inmigrantes– sufren y mueren desproporcionadamente. Este hecho representa un enorme desafío a los principios fundamentales de justicia y a valores humanos muy básicos, incluyendo el derecho a acceder a cuidados médicos independientemente del nivel económico.

 

Parece como si esta pandemia se viviera a dos niveles por cuestiones de edad: los jóvenes, poco susceptibles de sufrir contagios graves, y los ancianos, con altos niveles de mortalidad

Así es. Los efectos patológicos del virus discriminan a la población según la edad y la presencia de dolencias como diabetes, hipertensión y trastornos pulmonares, que son más prevalentes entre los mayores. Un ejemplo tan evidente como conmovedor es el contraste entre las altas cifras de mortalidad entre los residentes de asilos y residencias de ancianos y el impacto del virus, a menudo asintomático, en la población menor de los 35 años. Este hecho reta a la sociedad a tomar medidas específicas para proteger a las personas mayores.

 

¿Qué efecto está teniendo ese hecho en la forma de reaccionar ante la crisis de unos y otros?

En numerosas situaciones vemos que mientras la población más joven, amparada por el sentido de invulnerabilidad, actúa a menudo imprudentemente ante los riesgos de infección, los mayores tienden a sentirse desamparados o incluso desahuciados al ser considerados fuente de contagio por unos o victimas irremediables por otros.

 

Esta crisis ha demostrado que vivimos en un mundo insolidario, egoísta, o, por el contrario, ha puesto de manifiesto las grandes dosis de solidaridad que hay en nuestras sociedades?

Creo que la pandemia está poniendo de manifiesto, una vez más, la impresionante capacidad para resistir y superar adversidades de la especie humana y el papel fundamental que juega la solidaridad en la supervivencia de las personas y, en definitiva, de la humanidad. Quizá los medios no ayuden a exponer este aspecto positivo de los seres humanos. No olvidemos que las buenas noticias no son noticia. Creo que el titulo de los informativos debería ser “Malas Noticias” o “Sucesos Aberrantes”.

 

¿Algunos sistemas sanitarios han reaccionado mejor que otros ante la pandemia? Son muchas las voces que reclaman ahora que la sanidad tiene que ser 100% pública para que sea el máximo de eficiente ante crisis como esta.

La reacción de los sistemas sanitarios ha variado dependiendo de los recursos disponibles, de la fiabilidad de la información recibida y de los mensajes de los profesionales de la salud y lideres sociales y políticos. Indudablemente, la sanidad de misión pública –algo que aún escasea en países potentados–, dotada de los recursos necesarios, está mejor preparada para afrontar las epidemias y demás amenazas a la salud de los ciudadanos.

 

¿La pandemia marcará esta generación? ¿Qué huella dejará en nuestras vidas y en la forma de organizar nuestra sociedad?

Nos marcará y formará parte de nuestra biografía. El tipo de huella va a depender de las consecuencias que haya tenido en nosotros y en nuestro entorno y de la interpretación o explicación que le demos a su impacto, a nuestras decisiones y al papel que hayan jugado en su momento los lideres sociales. Es reconfortante recordar que la humanidad no sólo ha sobrevivido a terribles epidemias y calamidades, sino que a menudo ha salido reforzada de ellas. Y es que son muchos los hombres y mujeres que en su lucha por superar la adversidad descubren cualidades en ellos mismos que desconocían, reconfiguran sus prioridades y afirman haber experimentado cambios positivos. Esto es lo que llamamos Crecimiento Postraumático.

 

¿La solución llegará con esa vacuna que todos esperamos?

La vacunación masiva de la población y la consiguiente prevención de futuras infecciones por la Covid-19 marcará el fin de la pandemia. La recuperación de los daños producidos por el virus requerirá un proceso de duelo para los que hayan sufrido pérdidas de seres queridos y de rehabilitación para quienes hayan afrontado los efectos perniciosos de la pandemia sobre la convivencia familiar y social, la seguridad económica y laboral y el plan de vida.

 

Lidera la asociación Médicos Afiliados de Nueva York, que trabaja en hospitales públicos y cárceles. ¿Cómo ha impactado la Covid-19 en las prisiones que usted conoce?

En el escenario de las cárceles de NY, la pandemia ha adquirido un matiz especialmente desolador. El confinamiento involuntario de 9.000 reclusos en celdas construidas para un máximo de 4.000, que no permiten distanciamiento físico, ha planteado un enorme reto a la prevención de los contagios y ha creado un ambiente de alto riesgo y estrés en la población encarcelada y de gran tensión entre presos y guardias. Las intervenciones más frecuentes, aparte de las urgencias médicas, han sido crisis de ansiedad, depresión e intentos de suicidio.

 

¿Saldremos de esta pesadilla con una sociedad más solidaria o crecerán los populismos y los nacionalismos?

Sin negar la persistencia de los prejuicios y la discriminación en muchos países, incluido Estados Unidos, donde coincidiendo con la pandemia hemos vivido de cerca pruebas desgarradoras de un racismo empedernido, la evidencia demuestra que la mayoría de las personas viven convencidas de que la tarea diaria más importante es convivir en armonía y que el mejor negocio es el bien común. De hecho, cuando afrontamos situaciones catastróficas como esta pandemia y nos invade el pesimismo, con el tiempo, el resplandor de la solidaridad se convierte en la fuente más segura de esperanza.

 

¿Cómo valora la gestión de Donald Trump ante esta crisis?

En mi opinión, la gestión del presidente Trump ha sido caprichosa, impulsiva, mal informada y ha estado empapada de motivaciones políticas personales y manipulada con el fin de encubrir la ignorancia y serios errores de juicio y culpar a fuerzas externas o a contrincantes políticos. Menos mal que han surgido lideres locales como los gobernadores de ciertos estados, incluido Nueva York, que han tomado las riendas, han absorbido la confianza de los ciudadanos y nos han guiado en la superación de la devastadora pandemia.

 

En noviembre quería correr la maratón de Nueva York. ¿Volverá la normalidad a nuestras vidas en unos pocos meses?

Como cabía esperar, la maratón de Nueva York ha sido cancelada por motivos de salud pública. Pero tenemos la oportunidad de correrla individualmente monitorizados por la organización. Esta opción ha sido una buena noticia para los que estamos enganchados a esta prueba anual -yo llevo 26-, acabadas a duras penas en más de una ocasión, ya que soy un vencedor lento. Este es mi lema que aprendí de Martin Luther King y recomiendo: “Si no puedes volar, corre; sino puedes correr, anda; si no puedes andar, gatea; pero hagas lo que hagas, ¡sigue avanzando!”.

 

 

 

Por Siscu Baiges

Fuente

https://eldiariodelaeducacion.com/2020/07/31/la-pandemia-nos-marcara-y-formara-parte-de-nuestra-biografia/

martes, 18 de agosto de 2020

URUGUAY: 9% DE LOS DOCENTES REPORTA BURNOUT, SEGÚN ESTUDIO DEL INEED

Se relevó la salud y el bienestar de casi 5.000 docentes de todos los subsistemas.

El Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) presentó este martes los resultados del estudio de salud ocupacional docente que hizo en 2019. La encuesta llegó a 159 centros y 4.734 docentes (74% de cobertura) y con ella se relevaron datos sobre el empleo docente, el ambiente y las condiciones de trabajo, la percepción sobre las demandas y recursos del trabajo, y los efectos en la salud y el bienestar de los docentes.


La presidenta del Ineed, Alex Mazzei, dijo en la presentación de los resultados de la investigación que relevar la salud ocupacional y el bienestar docente “ha sido una de las preocupaciones desde que empezó el instituto; hay muy pocos antecedentes, lo hemos tomado como una responsabilidad para poder aportar elementos rigurosos y confiables para lograr una mejor forma de vínculo del docente con su profesión y con los estudiantes”.

El estudio evalúa la percepción docente sobre las demandas de trabajo; esto significa, sobre todo, las sobrecargas cognitiva, cuantitativa y emocional a la que están expuestos los docentes. Los investigadores concluyen que estas demandas “son percibidas en mayor medida por las mujeres, quienes trabajan en inicial y primaria pública, y quienes tienen mayor edad y antigüedad (exceptuando el tramo final, cuando vuelven a disminuir)”.

En esta línea, señalan también que “los docentes con mayor formación presentan más sobrecarga cognitiva y emocional”, y subrayan que “cuantas más horas y en mayor cantidad de centros se trabaje”, más aumenta la percepción de estas demandas. Por otra parte, observaron que “los docentes efectivos suelen tener una percepción de mayor sobrecarga respecto a los interinos y suplentes”.

Asimismo, se relevó la percepción que tienen los docentes de los recursos disponibles tanto a nivel organizacional del centro (organización del trabajo, confianza, reconocimiento, equilibrio, esfuerzo, recompensa) como a nivel personal (autoeficiencia, resiliencia, satisfacción, significatividad). A nivel general concluyen que “la percepción de los docentes sobre sus recursos organizacionales y personales –salvo el reconocimiento– tiene un punto alto al comienzo de la carrera o dentro de los más jóvenes, va descendiendo en la etapa de desarrollo profesional, para volver a tener un punto alto hacia el final de la carrera o a mayor edad”.

Dentro de las conclusiones generales, los investigadores afirman que “las mujeres, y en mayor medida las de inicial y primaria pública, son las que perciben más demandas y menos recursos”. Además, aseguran que “a mayor carga global de trabajo, mayores demandas y menores recursos, lo que se relaciona con menores niveles de bienestar en todos los subsistemas”.

Estresados
La investigación también buscó saber más sobre el bienestar de los docentes uruguayos. Lo midieron siguiendo tres constructos: la dedicación y el entusiasmo, los síntomas de estrés, y el síndrome de burnout.

En cuanto a la dedicación y el entusiasmo, las respuestas fueron de puntuaciones “altas”: “60% o más señala que siempre o casi siempre se siente con energía, está entusiasmado o está compenetrado con su trabajo”. Por otra parte, es “baja la proporción de docentes que reporta que nunca o casi nunca percibe en su trabajo las emociones planteadas”.

Se consultó sobre los 12 síntomas que diagnostican el estrés. Los investigadores detallan que “algunas veces dan cuenta de la presencia de ansiedad y somatización; son consecuencia de experiencias de estrés crónico o bien se presentan por la sumatoria de estresores agudos”.

El síntoma que aparece con más frecuencia fue el sentirse tenso o alterado (14% de los docentes señala que “lo ha tenido bastante o mucho”, le sigue las náuseas o malestar en el estómago (10%), y en tercer lugar debilidad en partes del cuerpo (8%). A nivel general, 51% de los docentes señala no tener síntomas de estrés.

En relación al síndrome de burnout, los investigadores explican que quienes lo padecen “muestran altos niveles de agotamiento, cinismo e ineficacia”. Los resultados se dividieron en tres grupos: los que no padecen el síndrome, los que lo padecen y no sienten culpa, y los que lo padecen y sienten culpa (crítico). El informe del Ineed marca que “7% de los docentes reporta burnout” y solo 2% tiene el síndrome en un nivel crítico. Inicial y primaria pública encabezan la lista del subsistema con más docentes con burnout con 10% de los encuestados; le sigue secundaria pública con 7%, y educación técnica con 6%. En el ámbito privado, media tiene 5% y primaria 3%.

En cuanto a las enfermedades más frecuentes, aparecen la disfonía o alteraciones de la voz (51%). Luego, con más de 40%, problemas de columna, musculares y gastrointestinales, y cerca del 20% de los docentes reportan obesidad (24%), tendinitis (22%), hipertensión (20%) y colesterol alto (19%).

Bienestar
Basados en el burnout, la dedicación y entusiasmo, y los síntomas de estrés, los investigadores midieron el bienestar. El grupo de docentes con bienestar bajo conforma 26% del total. Estos profesionales presentan “mayores niveles de culpa, desgaste emocional, indolencia y síntomas de estrés, y, a su vez, menores niveles de ilusión por el trabajo y dedicación y entusiasmo. Con las características opuestas se encuentra el grupo con bienestar alto (28%), mientras que el resto de los docentes está en el grupo de bienestar medio.

En educación inicial y primaria pública hay una mayor proporción de docentes con un nivel de bienestar bajo (33%); le sigue secundaria pública (28%), técnica (26%), inicial y primaria privada (16%) y, por último, secundaria privada (15%). 27% de las mujeres presenta un nivel de bienestar bajo, mientras que esa cifra baja a 21% para los hombres. Por otra parte, en el interior del país hay mayor proporción de docentes en el nivel bajo de bienestar que en Montevideo (27% y 23%, respectivamente).

A nivel general los investigadores concluyeron que “menores niveles de dedicación y entusiasmo, mayores niveles de síntomas de estrés y burnout se encuentran asociados con niveles bajos de bienestar”. Además de que “los docentes con menores niveles de bienestar son los que presentan mayor prevalencia de enfermedades”, incluso “muestran mayor prevalencia de enfermedades que la población general”.




Fuente: https://ladiaria.com.uy/educacion/articulo/2020/7/9-de-los-docentes-reporta-burnout-segun-estudio-del-ineed/

miércoles, 12 de agosto de 2020

El estrés emocional crónico puede iniciar el proceso de un cáncer

El doctor Pere Gascón ha demostrado que existe una estrecha relación entre la inflamación, el sistema nervioso y el tumor maligno
Las personas que se hunden durante meses en una depresión a causa de una muerte cercana están en riesgo
Autora; Àngels Gallardo

Pere Gascón (Barcelona, 1949), es uno de los máximos exponentes internacionales en la investigación que vincula sistema nervioso –las neuronas, el cerebro– y cáncer. Ejerce en el servicio de Oncología del Hospital Clínic. Fue su responsable hasta el 2015.
–Usted ha estudiado la relación entre sistema inmunológico y cáncer.
–Soy inmunólogo tumoral y siempre he investigado el microambiente que rodea al tumor: los linfocitos, los macrófagos... con el fin de atacar al cáncer. Por desgracia, hemos visto que cuando un tumor se ha aposentado bien, las células de su microambiente, que son parte del sistema inmunológico, cambian de chaqueta y se ponen de parte del tumor.
–Autoagrede.
–Sí. Los macrófagos, que estaban para defendernos, se pasan al bando del cáncer. Los fibroblastos, que daban consistencia al tejido conectivo, apoyan al tumor, que las compra y lo favorecen. Así en todos los cánceres.
–¿Y en las metástasis? [Diseminación de un cáncer a varios órganos]
–Sabemos que cuando se produce una metástasis existe un nido celular previo que se aprovecha de procesos inflamatorios crónicos asintomáticos, que tenemos en diferentes partes del cuerpo sin saberlo. El cáncer crece en núcleos inflamatorios.
–¿Siempre?
-Si. Esto es muy importante. El cáncer siempre surge de un proceso inflamatorio, y crece más en ese ambiente. Es su microambiente.
–¿Un ejemplo?
–Fácil: ¿qué hace el tabaco? Causa una inflamación crónica en los pulmones. Fumas e irritas constantemente los bronquios. Eso es un campo abonado –no todos los fumadores lo sufrirán– para que una célula cancerosa anide allí. Para que se produzca una mutación.

–¿Qué ocurre en una inflamación?
–Las células del propio tejido inflamado se van multiplicando, con intención de repararlo, hasta que hay un error. La inflamación indica que hay células activadas por un virus, el tabaco, asbestos… No hablo de la inflamación que surge cuando te tuerces un tobillo. Esa no es cancerosa.
–¿La solución del cáncer vendrá del propio sistema inmunológico?
–Es uno de los futuros más actuales. Se han identificado las células que impedían actuar al sistema inmunológico que debe defendernos. Esto es una revolución de hace cinco años. Hay fármacos específicos para tratar metástasis por melanoma, cáncer de riñón, y otros. Esas personas, antes morían en pocas semanas y ahora están viviendo hasta cinco años.
–¿Es la línea definitiva anticáncer?
–Con el cáncer nunca existirá una línea definitiva. La línea inmunológica, combinada con otras, puede ser la respuesta al cáncer en la primera mitad del siglo XXI. Pero la célula cancerosa se las sabe todas. Se hace resistente. Yo ya no estoy ahí.
–¿Y en qué está usted?
–En el desarrollo de algo que identifiqué hace 20 años, cuando trabajaba en EEUU. Descubrí que células del cáncer de mama tenían un receptor [enlace] que es un neurotransmisor [mensajero químico entre neuronas]. Yo siempre he tenido la neurología en la cabeza, y la he estudiado muchísimo. Entonces pensé: si un producto de las neuronas libera una sustancia que se une a un receptor de la célula cancerosa, eso significa que existe una comunicación entre sistema nervioso y cáncer.
–¿Lo confirmó?
–Si. Un investigador de Sevilla, Miguel Muñoz, siguió mis publicaciones y demostró que prácticamente en todas las células cancerosas que él estudió existía aquél receptor neuronal que yo encontré. Lo detectó en tumores de colon, próstata, pulmón, cerebro y leucemias.
–¿Y qué ocurrió?
–Vimos que esos cánceres también tienen receptores de otro neurotransmisor, la adrenalina. Luego, si en las células cancerosas existen receptores de neurotransmisores, eso significa que el sistema nervioso está dialogando con el cáncer. Y ahora viene lo fuerte.
–Adelante.
–Últimamente, hemos demostrado  que el sistema nervioso, en general, propicia el crecimiento del cáncer, forma parte de la tumorogénesis, es decir, de la formación y el crecimiento del tumor. Varios investigadores de EEUU han aludido a esa relación en sus publicaciones.
–¿Adónde lleva todo esto?
–Hace 20 años que voy detrás de demostrar que existe una conexión entre el sistema nervioso y el cáncer. Y es lógico, porque el sistema nervioso nos regula el rítmo cardiaco, la respiración, el intestino. Todo. La sustancia que yo he estudiado es un neurotransmisor inflamatorio: he observado la conexión entre inflamación, cáncer y sistema nervioso.
–¿Esto relaciona al cáncer con los choques emocionales fuertes?
–Por ahí puede ir la cosa. Pero, yo he dicho por activa y por pasiva que las emociones no causan cáncer. El cáncer es consecuencia de un proceso lento, y el organismo tiene una capacidad de regeneración brutal. No es fácil generarlo. Surge de la rotura de muchos sistemas corporales.
–De múltiples coincidencias.
–Si. Cada vez tenemos más evidencias de que cuando una persona sufre estrés crónico, de meses –por la muerte de una persona que te rompe la vida o la pérdida de un hijo–esas emociones conducen a un estrés en el que se liberan citoquinas inflamatorias, sustancias que crean un ambiente proinflamatorio del que no se es consciente. Esto lo hemos visto en personas de 50 y pocos años que pierden el trabajo y año y medio después les surge un cáncer.
–¿Si ese parado encuentra otro empleo el proceso maligno se detiene?
–Imposible saberlo. Si el estrés emocional ha durado muchos meses, es posible que el proceso canceroso ya vaya por libre. Lo importante es la cronificación del conflicto.
–¿El sistema nervioso potencia las defensas inmunológicas?
–Claro. Cuando el sistema nervioso está equilibrado, las defensas están óptimas. Esto se ha demostrado. Un buen sistema nervioso que permite dormir bien, estar equilibrado y hacer ejercicio físico potencia el sistema de defensas. Y a la inversa, sabemos que los estados estresantes, deprimentes y crónicos, son estados proinflamatorios.
–Riesgo de cáncer.
–Lo que causa el cáncer no es la emoción, sino el proceso que conduce a un ambiente celular inflamatorio, que es esa situación personal negativa. El estrés emocional crónico puede poner en marcha el proceso que inicia un cáncer.
–¿Qué tipo de estrés es maligno?
–El contínuo, que va ligado a una depresión e impide dormir. Puede tener su origen en el trabajo o en una vida familiar infernal.
–¿El control mental de cada persona en esas circunstancias límite es determinante? Si.El control mental de cada cual es determinante. Se suma a su predisposición genética.




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