sábado, 4 de septiembre de 2010

El autocuidado del profesor

Los índices de depresión de nuestro país se han alimentado de ciudadanos con jornadas extenuantes, desincentivados en su trabajo y en conflicto permanente con su círculo interpersonal inmediato.

La Encuesta Longitudinal Docente, que realizó el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile por encargo del Ministerio de Educación, mostró que, entre otros resultados, casi un tercio de los docentes presentó licencia médica durante 2009.

Esta cifra dobla el número de ausencias de 2005, siendo un fenómeno que se constata en todos los sectores: en los colegios particulares, 29% presentó permiso médico y en los colegios subvencionados lo hizo 30% (contra 14% de 2005). En las escuelas municipalizadas, 37% de los profesores presentó licencia durante 2009, mientras que en 2005 lo hizo el 19%. ¿Están los docentes más enfermos que hace cuatro años y/o están más disconformes y resienten sus condiciones de trabajo? ¿Cómo implementan sus prácticas de autocuidado?

Si se entiende el autocuidado como una actividad del individuo aprendida por éste y orientada hacia un objetivo concreto, regular los factores que afectan a su propio desarrollo y actividad en beneficio de la vida, salud y bienestar, entonces muchos de nuestros profesores adolecen de estos escudos protectores para enfrentar su demandante labor diaria. ¿Cómo proveérselos? ¿Existe algo particular que podamos brindarles en un sistema laboral en que nos hemos acostumbrado -mal acostumbrado- a trabajar más horas de las estipuladas para lograr los objetivos? Pareciera que la cantidad supliera la calidad... ¿a qué costo?

El informe McKinsey, que analizó las propiedades de los mejores sistemas educativos del mundo, arribó a una clara conclusión: los profesores son la clave. Pero cuando un profesor se enfrenta a múltiples dificultades contextuales y personales para realizar su labor, no dispone de tiempo para sí mismo y, además, no posee o posee escasos incentivos económicos, el resultado es lamentable, tanto para sus estudiantes como para ellos mismos. Un número importante de docentes trabaja en otro lugar, con jornada vespertina, después de las ocho horas diarias. Con ese nivel de trabajo, pocos tienen energía para utilizar su tiempo "libre" en pro de la planificación y desarrollo de estrategias que contribuyan a mejorar y enriquecer los aprendizajes de sus estudiantes y menos aún para distraerse en actividades de esparcimiento, sociales y/o deportivas… o simplemente descansar sin culpa o angustia. En estricto rigor, están agotados y empiezan a expresar su cansancio en diversos signos: problemas para conciliar el sueño o para despertarse, pesadillas, dificultades para alimentarse bien, desconcentración, falta de motivación, irritabilidad, en síntesis, están expuestos al estrés crónico y la depresión. O más sencillamente "se han fundido".

Los índices de depresión de nuestro país se han alimentado de ciudadanos con jornadas extenuantes, desincentivados en su trabajo y en conflicto permanente con su círculo interpersonal inmediato. ¿No será hora de atender a su bienestar, cuidarlos para que puedan autocuidarse? ¿Proveerles de la confianza necesaria para expresar sus problemas y de la voluntad para idear soluciones compartidas, pertinentes y oportunas a sus requerimientos contextuales y, muy centralmente, a sus necesidades de salud mental?

Se propone, por tanto, incorporar espacios de capacitación y acompañamiento -de carácter voluntario- en temáticas de salud mental y auto-cuidado, tanto en la formación inicial como en el desempeño posterior del docente, que les permitan a los profesores valorar el uso del tiempo en actividades "ociosas" que estimulen el contacto consigo mismos y sus necesidades afectivas y vivenciales. La incorporación de esta importante dimensión del funcionamiento humano -lo emocional e interaccional- posibilitará, además, otorgarles un espacio formativo relevante en su entrega diaria con los estudiantes, generando las condiciones de posibilidad para que el aprendizaje significativo e integrativo ocurra de modo vicario. Contar con salud para educar es educar para la salud y el bienestar de nuestra población.


Por Paola Andreucci A.
Sicóloga Facultad de Educación UDP

 
http://www.lanacion.cl/
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