lunes, 16 de abril de 2012

Algunos factores individuales que pueden influir en el proceso del síndrome

El “estrés malo” no afecta a todos por igual, en un mismo contexto, algunos docentes pueden estar “quemados” y otros permanecer inmunes ¿Cuáles son las características que nos exponen más? ¿Son aspectos de la personalidad? ¿Acaso incide el sexo, estado civil, antigüedad docente? ¿El rol asignado al docente es importante?



Aspectos de la personalidad
Las características de la personalidad configuran un elemento que debe ser considerado en relación con la intensidad y frecuencia de los sentimientos. Por ejemplo, la existencia de sentimientos de altruismo e idealismo acentuados puede facilitar el proceso de Burnout, el trabajador con predisposición a “quemarse” se caracteriza por una serie de rasgos tales como: ser entusiasta, con mayor dedicación profesional, susceptibles a identificarse con los problemas de los demás, sensibles, obsesivos y con baja autoestima; pero, a la vez, excesivamente idealistas.

Este idealismo y los sentimientos altruistas llevan a los profesionales a implicarse excesivamente en los problemas y convierten en un reto personal la solución de los mismos. Todo ello va a conllevar que se sientan culpables de los fallos, tanto propios como ajenos, lo cual repercutirá en bajos sentimientos de realización personal en el trabajo.

La mayoría de las veces, los profesionales que eligen un trabajo de servicio humano, como la enseñanza, comparten una característica común: son personas que poseen un desarrollo de la inteligencia interpersonal, es decir, son personas especialmente sensibles a las necesidades de los demás. Es en este sentimiento de base altruista, pero en exceso idealista, donde se sitúan algunos de los orígenes del Burnout. Ciertamente los profesionales guiados por esta voluntad de servicio tienen un mayor nivel de empatía hacia los demás y sufren más con las diferentes problemáticas y, en consecuencia, experimentan un mayor desgaste emocional. Si el individuo en cuestión no puede afrontar eficazmente las situaciones estresantes que va vivenciando, esto le conducirá al fracaso profesional y, por ende, al fracaso de las relaciones interpersonales.

Expectativas personales
En los procesos del síndrome de Burnout, las expectativas personales sobre el trabajo ocupan un papel central. Algunas de las más frecuentes, en el ámbito de la enseñanza, son las siguientes:

•     La confianza absoluta e ilimitada en la capacidad profesional (idealismo narcisista).
•     La creencia de que realizar servicios extraordinarios para los educandos conllevará beneficios extraordinarios para ellos y para el propio profesor o profesora.
•     La expectativa de que todos los estudiantes tendrán una respuesta positiva ante la intervención personal.
•     La impaciencia por ver los resultados del trabajo inmediatamente o con un margen temporal demasiado breve.
•     La confianza en que los educandos se comporten según cierta expectativa del docente y la docente y les permitan ejercer su autoridad.
•     La necesidad de que su trabajo sea apreciado y valorado por sus compañeros (as) y superiores inmediatos y especialmente por el estudiantado y sus padres y madres.
•     El deseo de ejercer la docencia en un ambiente de trabajo estimulante y recompensado, pero la realidad es muchas veces opuesta.
•     Deseo de recibir preparación formal para la innovación y los cambios. La ausencia de esta preparación suele comportar otro elemento de desencanto.

De todo lo expuesto hasta el momento se deduce que el factor subjetivo es primordial. Las expectativas frustradas o que no corresponden con la realidad son, en gran medida, el desencadenante de que se pierda el entusiasmo por la profesión.

La vivencia del estrés
El término estrés es muy usado en la actualidad. Generalmente se asocia a efectos negativos; pero, en alguna medida, potencia consecuencias positivas, ya que puede ser un estimulante. Al respecto, resulta importante que cada individuo descubra su nivel óptimo de estrés y no lo sobrepase, pues:
El estrés se manifiesta, de modo general, como una respuesta de activación anormal de algunos sistemas del organismo (hipotálamo-hipofisio-suprarrenal, autónomo simpático, médula suprarrenal) con inhibición de la glándula tímica cuando el equilibrio del organismo (homeostasis) se ve alterado por algún agente interno y externo.

Es decir, es un mecanismo de defensa ante un determinado estímulo. Como ya se mencionó, no siempre es malo: se puede tornar negativo en determinadas circunstancias frecuentes en ciertos modos de vida y desencadenar problemas graves de salud. Cuando esta respuesta natural se da en exceso, se produce una sobrecarga de tensión. Esta repercute en el organismo y provoca la aparición de enfermedades y anomalías patológicas que impiden el normal desarrollo y funcionamiento del cuerpo humano. En este sentido, la mayoría de los profesionales indican trabajar bajo estrés, situación más potenciada en quienes ejercen la docencia, por las características propias de la labor, sus expectativas personales y sociales, por su personalidad, entre otras.

Problemática del rol
El docente y la docente deben proyectar, poner en ejercicio, medir y adecuar permanentemente las estrategias para el desarrollo integral de la persona (maduración personal, moral y cívica), por medio de la promoción del aprendizaje y la construcción de saberes, habilidades y actitudes de los educandos, más allá de la mera instrucción, transmisora de conocimientos normalizados, propia de un sistema de enseñanza tradicional, logo céntrico en el cual se ha formado la generación actual de docentes. Este rol requiere de profesionales comprometidos, social e institucionalmente, que sean capaces de diseñar líneas de intervención que surjan de interpretar realidades, definir problemas, actuar dentro de márgenes no definitivos y ante circunstancias específicas, únicas e irrepetibles. El docente ya no ejercen su labor en solitario, deben conformar equipos humanos y laborales que les permitan formarse, replantearse sus prácticas y reflexionar sobre ellas.

Junto a lo anterior, la sociedad exige al docente que tenga sentido crítico con respeto a sí mismos, a los contenidos culturales y al contexto social; que sean objetivos, democráticos y con vocación de servicio; que tiendan al trabajo cooperativo y amen su institución y sus estudiantes; que se sientan parte viva de la comunidad en que interactúan; que se esfuercen por alcanzar una conducta racional y científica; que manifiesten preferencia por el orden y la sistematización y que, sobre todo, sean muy creativos para desempeñar su formación y su experiencia al servicio del estudiante y de la institución, ambos parte de su zona de desarrollo próximo.

La multiplicidad de funciones que debe desempeñar el docente, puede incluir la de formular diagnósticos, hacer de consejeros, desempeñar funciones terapéuticas, desempeñar funciones administrativas, ser evaluadores, hacer informes de los educandos, y finalmente la de docentes; todo ello puede llevar a los conflictos interrol, surgidos cuando los docentes y las docentes tienen que asumir distintas funciones dentro de la institución. Este panorama refleja una situación en la que se dedica menos tiempo a la función docente. Cada vez se les exige a los profesores y profesoras que dediquen más tiempo a tareas administrativas y menos a la función propia del docente. Vale rescatar que este problema de rol no se debe confundir con el mobbin ya que este implica “(…) una situación continuada de acoso moral volcado sobre un individuo de modo que siente la presión del entorno (…)”.

Edad, años servidos, sexo y estado civil
En cuanto las variables de edad y años de ejercicio profesional, no está bien definida la relación existente con el Burnout. Si bien Tonon indica que, a medida que los años avanzan, el sujeto va ganando en experiencia y seguridad en las tareas laborales y puede mostrar, en consecuencia, una menor vulnerabilidad; en contraste, otros autores sostienen que, en los primeros años de trabajo, el educador o educadora es más vulnerable, por las expectativas que lleva de poder realizar un trabajo integral, de cooperación y calidad. Es decir, sus propias exigencias son mayores. Por otro lado, los docentes más experimentados, con más de veinte años en la profesión, pueden tener una respuesta de estrés mayor que la de sus compañeros. En relación con la variable sexo, algunos autores coinciden en que las mujeres están expuestas a mayores situaciones de tensión, puesto que, en su mayoría, realizan una doble jornada: la laboral y la familiar.

En cuanto al estado civil, este no es determinante, pues no es el estar casado o soltero lo que influye, sino el nivel de apoyo socio emocional que brinde la familia o personas con las que convive.




Extraído de
Los profesionales de secundaria, como factores de riesgo en el síndrome de Burnout
Giselle León León
División de Educología Centro de Investigación y Docencia en Educación Universidad Nacional Heredia, Costa Rica
Revista Electrónica Educare Vol. XV, N° 1, [177-191], ISSN: 1409-42-58, Enero-Junio, 2011



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