domingo, 5 de enero de 2014

Antecedentes del Estrés laboral y Síndrome de Burnout


A pesar de que el Síndrome de Burnout es un mal de la actualidad, ya tiene su historia ¿Cuáles fueron las primeras señales observadas? ¿Qué evidencias físicas se encontraron? ¿Qué dimensiones se estudian?

El concepto de Estrés encuentra los antecedentes de su construcción hacia el siglo pasado en las inmediaciones de los años 30’s, cuando un joven estudiante de segundo año de la carrera de medicina en la Universidad de Praga, de 20 años de edad, Hans Selye, observó que muchos de los enfermos a quienes estudiaba, presentaban síntomas comunes y generales: cansancio, pérdida del apetito, baja de peso, entre otros. Esto llamó mucho la atención a Selye, quien lo denominó el "Síndrome de estar Enfermo".

Una vez convertido en médico continuo realizando estudios que le permitieron profundizar más en el tema. Con el paso del tiempo, surgió la Psiconeuroinmunología, la cual es una disciplina que estudia la autorregulación psicofisiológica del organismo; es decir, la interrelación entre los procesos psicológicos y los tres sistemas que mantienen la homeostasis del organismo: nervioso, endócrino e inmunológico.

Se ha descubierto que a un nivel biológico, el estrés tiene que ver con mecanismos celulares y moleculares involucrados en estos procesos, que son llamados interacciones neuroendocrino-inmunológicas. Estas interacciones se caracterizan por la comunicación constante multidireccional y concertada entre el sistema nervioso, el sistema endocrino y el sistema inmunológico, mediada por una compleja red que incluye vías neurales y mediadores solubles como citocinas, hormonas, neuropéptidos y sus receptores.

Ante los estímulos estresantes ya sean físicos o psicosociales la red neuroendocrino-inmunológica se activa, provocando el estrés, que se puede definir como la respuesta de alarma del organismo ante los eventos productores de una “tensión” psicológica o biológica que rompa la homeostasis o regulación.

Así, durante el estrés, las citocinas proinflamatorias (moléculas características de la respuesta inmunológica) que se producen en respuesta a un daño físico en el sitio de la lesión, o son liberadas por el cerebro como consecuencia de un evento estresante de tipo emocional, incrementan la actividad del sistema nervioso simpático, produciendo noradrenalina (NA) y estimulando la médula de las glándulas suprarrenales para liberar adrenalina (A) y activan al hipotálamo para que a través de la hipófisis libere cortisol en la corteza de las glándulas suprarrenales.

Estos mediadores biológicos a su vez son capaces de modificar otros parámetros físicos, incrementando la presión arterial, los niveles de glucosa (azúcar) y colesterol en sangre, etc.

De esta manera, el trabajo pionero de Selye algunos años más tarde lo llevó a definir el estrés ante la Organización Mundial de la Salud como: "la respuesta no específica del organismo a cualquier demanda del exterior".

A la vuelta de más de 50 años el concepto estrés ha cobrado popularidad, particularmente en las sociedades occidentales, situación que ha posibilitado su seguimiento y estudio en los contextos donde éste se presenta.

El fenómeno del estrés ha sido y es analizado desde diferentes disciplinas, de tal forma que la Medicina y la Psicología, entre otras ciencias al servicio del ser humano, han sido dos de las disciplinas científicas que más han posado su mirada sobre el fenómeno y han estudiado sus diferentes formas y contenidos, de manera particular en las organizaciones humanas.

Como resultado de estas investigaciones, el contexto laboral ha sido uno de los escenarios donde más se ha analizado el fenómeno del estrés, dando como resultado el término estrés laboral o burnout, el cual fue introducido en la literatura científica por Freudenberger como un término que describía el desgaste laboral que experimentaban trabajadores de la salud mental (psiquiátras, psicólogos, enfermeras) que laboraban en instituciones donde se atendían adicciones. Este desgaste era atribuido principalmente al constante contacto con los usuarios de estos servicios. Posteriormente, el constructo fue investigado en otros contextos donde el trabajo implica interactuar con personas. De manera por demás importante, se ha encontrado que la docencia es la actividad que mayores posibilidades de estrés laboral puede llegar a producir.

El burnout o estrés laboral está compuesto por tres dimensiones. De acuerdo con Maslach se forma de cansancio emocional, despersonalización e ineficacia (medida a través de la ausencia de logros personales en el trabajo). La autora explica que el cansancio emocional es sin duda el factor más característico del burnout, y se refiere a sensaciones de agotamiento y de sentirse totalmente “quemado” por la carga de trabajo.

El segundo componente, la despersonalización, tiene que ver con un distanciamiento entre la persona y las personas que reciben sus servicios. En el caso de personas que tienen puestos directivos en universidades, el distanciamiento se puede generar hacia los trabajadores que coordinan o hacia los alumnos mismos, que son los usuarios finales. A menudo, la despersonalización se convierte en actitudes cínicas hacia la actividad por hacer, y en “cosificar” a las personas que atienden. Por último, la ineficacia es la sensación de falta de logro laboral.

La relación entre los tres componentes ha sido motivo de debate y aún no está del todo clara. La secuencia de cansancio emocional que conduce a la despersonalización, es la relación que ha encontrado mayor respaldo en las investigaciones realizadas (Maslach).
La relación con la ineficacia no es del todo evidente. Otros autores como Taris han encontrado evidencia de que el estrés laboral sigue un proceso evolutivo que hace que los tres factores estén conectados de manera interrelacionada, de manera tal que altos niveles de cansancio emocional están relacionados con altos niveles de despersonalización, y altos niveles de despersonalización conducen a altos niveles de cansancio emocional y bajos niveles de logro laboral.

En síntesis, los diversos estudios sobre el tema han reconocido la existencia de una relación casi directa entre el estrés y factores de incidencia laboral, tales como el establecimiento de relaciones interpersonales en el trabajo, las presiones sobre resultados, la complicación en la obtención y mantenimiento del empleo y la situación económica cada vez más difícil, los cuales predisponen estados emocionales de estrés.



Evaluación de estrés laboral en directivos de una Universidad privada del occidente de México: un estudio Exploratorio
Bernardo Enrique Roque Tovar,
Rodrigo González Araiza,
Raymundo Calderón Sánchez
Universidad del Valle de Atemajac
En ESTRÉS, BURNOUT Y BIENESTAR SUBJETIVO
Investigaciones sobre la salud mental de los agentes educativos

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