Escuelas y familias al borde de un ataque de nervios
Familias y docentes sobrepasados. Y, en el medio, los chicos. La
especialista en educación Laura Lewin reflexiona sobre las altas dosis de
estrés y burnout de estos momentos de pandemia por coronavirus.
Si hay algo que
hizo, entre muchas cosas, esta pandemia, es poner a prueba nuestra empatía, nuestra habilidad de ser flexibles
y de desarrollar la resiliencia emocional.
Para muchas familias,
acompañar a sus hijos con las actividades académicas fue (y sigue siendo) un
desafío épico. Para otras, una gran oportunidad de ver cómo los chicos
aprenden, qué los motiva, qué los frustra y cómo piensan, y de acompañarlos en
sus trayectorias académicas. Y del otro lado están los docentes.
Muchísimos de ellos dando una respuesta formidable, y con mucho coraje, a una
situación inusitada. Otros, desbordados. Y en el medio… Los chicos.
Educar implica
mucho esfuerzo no sólo mental, sino también emocional y espiritual. Muchos
docentes tuvieron que aprender, desaprender y reaprender, e inclusive estar
disponibles por muchas horas más que las que estaban acostumbrados. Pasaron de
enseñar a aprender….
Y no sólo eso, en
las circunstancias actuales, las presiones son cada vez
mayores y las condiciones de trabajo no siempre son las adecuadas; los docentes
pasaron de tener una rutina y horarios, a casi no tener una agenda, en donde se
desdibujan los horarios de trabajo. De trabajar en silencio, a planificar
clases en el medio de living, con la familia alrededor y la complicadísima
situación de tener que acompañar tanto a sus alumnos como a los propios hijos.
Pero una cosa es
ajustarse y exigirse por un tiempo relativamente corto, y otra cosa es
adaptarse a una nueva modalidad de trabajo, sabiendo que esta situación se va a
extender en el tiempo.
Para los padres,
tampoco fue fácil encontrar el lugar en dónde pararse: ¿enseño,
acompaño, me corro?
Estos últimos meses
han sido completamente diferentes a lo que veníamos acostumbrados, con mucho
bombardeo de información –no sólo acerca del Coronavirus, sino acerca de cómo hacer cosas
que ya teníamos automatizadas e internalizadas- y todos hemos tenido que salir
de nuestras zonas de confort, lo que genera, sin duda, un estado de
agotamiento.
Es momento de
desacelerar, de ordenarnos y de recalcular… y por sobre todas las cosas, de
aplacarnos.
Familias y escuelas al borde de un ataque de nervios
El estrés es
una reacción física y psicológica a ciertos estímulos. Cuando el estrés nos da
un envión o un impulso para superar algunas situaciones, ese estrés es bueno.
Sin embargo, si
sentís que se fue la magia y hacer cosas que siempre te gustaban ahora ya no te
gustan tanto, te la pasás quejándote de todo y por todo o si sentís un estado
de agotamiento no sólo físico, sino también mental y emocional... ¡¡¡Alerta!!!
¡Pueden ser síntomas de agotamiento!
¿Qué es el burnout, o síndrome del quemado?
El burnout es
un estado de agotamiento emocional, mental, y físico causado por un excesivo y
prolongado estrés. Mientras el estrés continúa, comenzás a perder el interés o
la motivación por las cosas que estás haciendo.
Algunos síntomas
del burnout:
- Todos los días
son malos.
- Sentís que nada
de lo que hacés sirve o es valorado.
- No tenés ganas de
preocuparte por tu trabajo (o tu vida)
- Estás cansado todo
el tiempo; cuando te vas a dormir, pero también cuando te levantás.
Diferencias entre estrés y burnout
En el estrés todo
pareciera ser mucho. Mucha corrida, mucho esfuerzo, mucha presión. Mucho desgaste físico y
emocional. Sin embargo, la gente que sufre de estrés siente que es una etapa, y
una vez que se termine, volverán a estar como antes.
En el burnout, por
el otro lado, es sentir que nada es suficiente. Las personas que
sufren de burnout sienten que nada les alcanza, se sienten vacíos, sin un
motivo para levantarse de la cama, sin objetivos. La gente que sufre de burnout
no ve una salida.
Mientras que el
estrés hace que una persona esté cansada físicamente, el burnout genera un
agotamiento y embotamiento emocional.
Hay, además, una
clara diferencia en relación a las emociones. Mientras que en el estrés las
emociones son reactivas, en el burnout las emociones se tapan. A simple vista,
pareciera que la persona está anestesiada. Un docente puede tener un caos en su
clase de Zoom y simplemente decir “¿se pueden callar para que pueda hablar
yo?”, pero sin realmente tener esperanza de que sus alumnos se callen.
La gente que sufre
de estrés corre y se mueve y todo tiene que ser para “ayer”, mientras que la
gente que sufre de burnout, no corre porque no tiene dónde ir. El burnout les
produce un sentimiento de desesperanza.
Otra diferencia es
que el daño principal en el estrés es físico. La gente estresada suele
enfermarse con frecuencia, pero en la gente que sufre de burnout, lo que vemos
es que sufren emocionalmente.
Aprender a preservarnos
Independientemente
de qué rol cumplamos, debemos aprender a preservarnos y a cuidarnos.
Además de lo
básico: descansar, dormir bien, alimentarte, reírte,
conectarte con gente positiva, hacer ejercicio y
tomar un poco de sol, debemos agregar algunos cuidados extra.
¡Cuidado con
la computadora! Fijate que la computadora esté a 65 cm de tu cara,
no más cerca, y chequeá el brillo y contraste, asegurándote que la pantalla no
esté nunca más brillante que la luz de la habitación. Para descansar la vista
de la pantalla, cada 20 minutos, mirá algo a 6 metros o más.
Tomate,
además, recreos de 15 minutos cada dos horas. Movete,
parate, caminá, hacé ejercicio. ¡No te la pases en una silla todo el día!
Preservarse es
diferente para cada persona: para alguno será poder seguir con un hobby que
le de placer, que lo ayude a relajarte; para otros, algo diferente como meditar
o leer, pero no te olvides: “esto también pasará”. Cuando esta crisis se aleje,
vamos a habernos fortalecido, y vamos a haber desarrollado nuestra resiliencia,
la flexibilidad y nuestro poder de adaptación, todas habilidades que nos van a
seguir acompañando en nuestra vida.
El aprender a
preservarnos en situaciones de estrés, como es esta, no nos va a servir solo
para la cuarentena; nos va a servir en la vida.
Y mientras tratamos
de estar en eje y no desesperar, no nos olvidemos que nuestros hijos y nuestros
alumnos nos están observando. Que vean nuestra mejor versión.
Por Laura Lewin
Fuente
https://www.clarin.com/entremujeres/hogar-y-familia/estres-coronavirus-cuarentena-crianza-educacion_0_5FIbymIL8.html
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