viernes, 18 de octubre de 2013

El síndrome de burnout en los docentes


¿Qué factores inciden en la aparición del síndrome de burnout en la docencia? ¿Qué estresores se pueden observar en el ámbito laboral docente? ¿Influyen en todos los docentes de la misma manera? ¿Qué diversos efectos podemos apreciar?
 


Existen múltiples estudios e investigaciones sobre el burnout en los docentes. En la literatura científica se han establecido diversas causas que contribuyen a la aparición y mantenimiento del burnout en el colectivo docente. En líneas generales se puede decir que estas son: los factores personales, como la falta de autoestima, el locus de control, la introversión, la tendencia a la neurosis etc., la relación directa con los alumnos, que tienen escasa motivación por el aprendizaje y problemas de disciplina, y finalmente los factores organizacionales, entre los que se pueden citar la escasez de recursos, la falta de reconocimiento profesional, el no tener apoyo de compañeros y directores, el exceso de trabajo y las presiones de tiempo.

Desde un primer momento se ha considerado que la autoestima o los rasgos de personalidad son factores personales cuya ausencia se asocia a la aparición y mantenimiento del burnout, pero más recientemente, la aparición del constructo de inteligencia emocional ha puesto de relieve la importancia que el conocimiento y la regulación de las emociones pueden tener en el bienestar social, personal y laboral de las personas. La inteligencia emocional es la capacidad para procesar la información que nos proporcionan las emociones, por lo que las personas emocionalmente inteligentes son aquellas que saben atender a las emociones que se originan en su entorno, comprenden las posibles causas y consecuencias de esas emociones y, en consecuencia, desarrollan estrategias para regularlas o manejarlas, por lo que este constructo influye en padecer o no y en afrontar de una mejor manera el burnout.

Otro concepto importante proveniente de la psicología positiva que estudia la capacidad de los trabajadores para ilusionarse con lo que hacen en sus tareas, este concepto recibe el nombre de “engagement” que se define como un estado motivacional positivo y persistente relacionado con el trabajo, e integrado por las dimensiones de vigor, dedicación y absorción, y en el que muchas investigaciones se han centrado en los últimos años. De esta manera, la dimensión de vigor, se refiere a la persistencia en la labor que se lleva a cabo a pesar de los contratiempos y dificultades, al igual que a los altos niveles de energía y al esfuerzo empleado, la de dedicación, hace referencia a altos niveles de entusiasmo, inspiración e implicación y a orgullo y reto en las tareas, y la dimensión de absorción, se refiere a altos niveles de concentración y de felicidad en el desarrollo de la actividad laboral.

En los últimos años ha habido numerosos autores que han analizado y defendido la necesidad de investigar el burnout en el profesorado, y todos han constatado que este no es cuestionable en el caso de la docencia, puesto que en estos profesionales que se dedican a la enseñanza se desarrollan problemas somáticos y psicológicos que dañan notablemente su labor académica y afectan de una manera importante a las relaciones con los alumnos y a la calidad de la enseñanza.

Hoy en día sabemos que el síndrome de burnout no es específico del profesorado pero existen diferentes estudios que demuestran que el burnout es un problema más importante en la profesión docente que en otras profesiones con similares demandas académicas y personales. Estudios realizados durante los últimos años muestran un elevado índice de burnout en el profesorado. El síndrome de burnout ocupa un lugar destacado y prioritario en la investigación básica, encontrando diversas investigaciones centradas en el colectivo docente tanto de primaria como en general. A continuación citaré varias conclusiones de estas investigaciones sobre las causas y consecuencias del burnout en los docentes de primaria y en el profesorado en general.

Arís recoge cuatro grupos de síntomas que caracterizan este síndrome de burnout en los profesores, estos son los conductuales, dándose problemas de relación con los demás y absentismo laboral, los emocionales, produciéndose un distanciamiento afectivo de las personas que tiene que atender, los defensivos con actitudes cínicas ante los alumnos y negación de emociones y los psicosomáticos con molestias gastrointestinales, cefaleas, insomnios y dolores musculares. Este síndrome hace que los profesores no rindan adecuadamente empeorando así la calidad de la enseñanza.

Según Esteve la escasez de instalaciones, las condiciones de trabajo y la falta de recursos materiales, influyen en el síndrome de burnout del docente. También Bogler recoge varios factores que influyen en la satisfacción y en las condiciones laborales de los profesores como la formación que estos poseen, la promoción profesional, los incentivos económicos que reciben y el reconocimiento social. Por otro lado Cordeiro, indica ciertas características que los docentes que padecen depresión e insatisfacción suelen presentar, que son las siguientes: suelen tener más de 50 años y estar separados, divorciados o viudos y llevar alrededor de 15 años ejerciendo la docencia como funcionarios propietarios definitivos, manifestando animadversión por su profesión y sin talante innovador .

Salanova se centra en las fuentes de estrés que los profesores consideran más importantes, las cuales son: la cantidad de trabajo, que llega a desbordarles, bien sea por exceso de tareas o por la falta de tiempo. La sobrecarga de carácter emocional, debida a la implicación a nivel personal con los alumnos, padres y sociedad en relaciones que pueden ser conflictivas. La ambigüedad, en el sentido de que el profesorado no tiene claro cuál es su rol como docente, y qué esperan de él no solamente el centro educativo si no también los alumnos, los padres y la sociedad en general. Otra fuente de estrés es el conflicto de rol o grado en el que el profesor percibe instrucciones contradictorias respecto a cuáles son sus cometidos laborales. También encontramos la falta de apoyo social no solamente por parte del centro si no también por parte de los compañeros. Otra fuente es la falta de coordinación entre los compañeros para llevar a cabo el trabajo en equipo. También influye la falta de disciplina, desmotivación y apatía que presentan los alumnos, y por último los obstáculos técnicos como averías en las instalaciones y problemas en el material didáctico.

Por otro lado Guerrero y Vicente indican un gran número de estresores que se dan en el ámbito escolar como son la ambigüedad de rol, el nivel de participación en la toma de decisiones, las condiciones de trabajo, la desvalorización del contexto escolar, la evaluación de los docentes, la relación que tienen con el alumnado, la falta de promoción, el apoyo por parte de la organización, la autoestima, la orientación vocacional, la falta de disciplina, la apatía, los bajos resultados en las evaluaciones de los alumnos, los abusos físicos y verbales, la baja motivación del alumnado, las presiones temporales, la baja autoestima y estatus social, los conflictos con los compañeros, los cambios rápidos en las demandas curriculares, los sistemas de premios y la autonomía en el ejercicio de la actividad profesional entre otros.

Entre las variables que influyen en el síndrome de burnout en los docentes hay que tener muy presentes las relaciones personales y los conflictos interpersonales. Estas relaciones personales serían del docente con el alumnado, con los padres, con los compañeros y con la dirección del centro.

Otros factores a tener en cuenta son los organizativos, entre ellos los cambios rápidos y continuos que se producen en la educación, la mala distribución horaria y el estilo directivo, sin olvidarnos de los factores del propio individuo. Aparte de todas estas variables, debemos citar ciertas causas externas que provocan estrés como son falta de iluminación, falta de seguridad, temperaturas extremas y hacinamientos, aunque estos factores se tienen en cuenta en la prevención de riesgos laborales y pueden eliminarse fácilmente.

Salanova, Llorens y García-Renedo indican que también hay que tener en cuenta que por parte de un amplio sector de la población se espera del profesor que forme, oriente y eduque a los alumnos pero a la vez que ejerza, en muchas de las ocasiones, la función de los padres, por lo que esta responsabilidad junto con las elevadas exigencias cada vez más complejas tanto por los cambios y reformas de los planes de estudio y de la reestructuración del sistema educativo como por parte de los alumnos y familiares están convirtiendo la docencia en una profesión de alto riesgo para el desarrollo de ciertos síndromes. Por otro lado señalan que los síntomas que presenta el profesorado que padece burnout son: una baja motivación hacia el trabajo, el desarrollo de actitudes cínicas hacia los estudiantes y hacia el trabajo, agotamiento, malestar psicológico y sensación de baja competencia, que a largo plazo pueden llegar a provocar problemas de depresión y ansiedad llevando al profesorado a un bajo rendimiento en su trabajo, a absentismo laboral, a un mayor número de bajas laborales y a una disminución en la calidad de la enseñanza y consecuentemente en el aprendizaje del alumnado. Otro factor que también influye de una manera importante en el desarrollo del burnout es el alumnado, siendo los alumnos jóvenes con problemas conductuales y con baja motivación los que desencadenan el síndrome con mayor frecuencia en sus profesores.

Según Pines las consecuencias psicológicas que se dan en el profesorado que padece burnout son variadas, entre ellas están: aislamiento, autoculpa, actitudes negativas hacia uno mismo y hacia los demás, sentimientos de inferioridad e incompetencia, falta de autorrealización y baja autoestima. Moriana y Herruzo señalan como consecuencias personales problemas gastrointestinales, dolores de espalda y cuello, la incapacidad para desconectarse del trabajo, los problemas de sueño y el cansancio. Por otro lado Marrau nos indica un dato importante y es que no hay métodos que nos permitan realizar un diagnóstico de alteraciones orgánicas incipientes al igual que tampoco se puede conocer en qué grado la sobrecarga de trabajo supera el nivel de tolerancia del docente, debido a que cuando éste presenta problemas de salud no los adjudica directamente a su trabajo.

También hay que destacar que no todos los estresores influyen de igual manera en los docentes, ya que estos estresores están modulados por características personales, como la experiencia, la edad o la personalidad, el no dominar técnicas de relajación y respiración, el no disponer de técnicas de resolución de conflictos y de ciertas habilidades como la asertividad, la empatía, el control emocional o el optimismo, también los estresores están modulados por la falta de habilidades en la comunicación con los demás y por el nivel de inteligencia emocional, es decir por un conjunto de herramientas que el docente puede poseer o no. Existen otras características de la personalidad que también influyen en el desencadenamiento y desarrollo del burnout, como baja motivación, pocos recursos o deficientes estilos de afrontamiento, falta de empatía, predominio del locus de control externo, baja autoestima y autoconcepto, falta de autocontrol y autoeficacia, nivel de expectativas elevado y poco realista, disminución de una personalidad resistente y sentido de coherencia, patrón de conducta tipo A, tendencia a pensamientos irracionales, una personalidad caracterizada por la inestabilidad emocional y el neuroticismo.

Como estamos viendo el burnout en los docentes es un tema muy estudiado, en parte debido a que los profesores, no solamente de primaria si no de todos los niveles, tienen que hacer frente a demandas muy exigentes y a condiciones laborales que suponen una alta implicación emocional en su trabajo, por lo que el profesorado en su día a día a nivel laboral percibe un desequilibrio entre las demandas de su trabajo y los recursos personales y organizacionales que tiene, pudiendo llegar a desencadenar el síndrome de burnout a largo plazo.

Un nuevo marco conceptual dentro de las ciencias sociales, conocido como psicología positiva, mencionado brevemente anteriormente, ha proporcionado un enfoque innovador para analizar los recursos personales y actitudes positivas del trabajador. Su propósito es la consecución y mantenimiento del bienestar personal que conllevaría también el bienestar laboral. Este marco se centra en el análisis de las características de las personas que logran desarrollar un buen funcionamiento individual y colectivo en las organizaciones, ya que las personas tenemos diferentes estilos de pensamiento, competencias sociales y emocionales, sistemas de creencias y rasgos de personalidad que moderan el efecto negativo de los estresores organizacionales, llegando a aumentar o disminuir el impacto que el estrés laboral ejerce sobre la salud psicológica, social y física del individuo. Por lo que estas características personales pueden influir en gran medida en el desencadenamiento o no del burnout y en la sintomatología asociada que pueden padecer los docentes.

Teniendo en cuenta lo anterior diversas investigaciones muestran que los recursos personales del profesor juegan un papel importante en la explicación de sus niveles de estrés laboral por lo que a continuación las expondré junto con los principales recursos personales individuales en relación con el síndrome de burnout y con el bienestar de los docentes. Uno de estos recursos personales es la autoestima, que es un proceso afectivo autoevaluativo en el que la persona realiza una valoración positiva de sí misma. Las investigaciones al respecto relacionan bajos niveles de autoestima con las tres dimensiones del burnout, pudiendo ser esta un síntoma asociado a su desarrollo o un antecedente del síndrome. Otro de los recursos personales es la autoeficacia percibida, que es el conjunto de creencias que tiene cada persona de las propias capacidades de planificación y la puesta en práctica de cursos de acción que se necesitan para alcanzar objetivos propuestos. En varias investigaciones la autoeficacia percibida ha mostrado su potencial predictivo en el desarrollo del síndrome de burnout y específicamente en el colectivo docente. El optimismo disposicional es otro de los recursos personales con los que puede contar el profesor y este se define como las expectativas generalizadas hacia la ocurrencia de resultados positivos en el futuro. Varias investigaciones señalan un menor riesgo de padecer síntomas de burnout en las personas más optimistas. Dentro de los recursos personales encontramos las habilidades emocionales y más concretamente la inteligencia emocional que es una habilidad para percibir, asimilar, comprender y regular las emociones propias y las de otras personas. Varios estudios han comprobado que los trabajadores con mayores habilidades emocionales tienen menores niveles del síndrome de burnout. Aunque hay que señalar que existe un debate sobre la validez de este constructo y su aportación a la literatura psicológica ya conocida por lo que se demanda que las investigaciones empíricas en el ámbito de la IE controlen el grado de influencia que tienen otros factores psicológicos en las dimensiones de salud y bienestar general para verificar que los resultados a los que se llega se deben a estas nuevas dimensiones emocionales y no a un posible solapamiento con otros constructos similares.

Teniendo en cuenta todo lo mostrado anteriormente se puede decir que las causas del síndrome burnout son variadas, que influyen muy diversos factores como son los personales, organizacionales y sociales, en la aparición y desarrollo de este; que hay un gran interés en el estudio del síndrome en la población docente tanto de primaria como de otros niveles ya que es una de las profesiones en las que más se da el burnout; y que presenta consecuencias de muy diferente índole como son personales, sociales, económicas y profesionales que en el caso del docente se traducen en evitación del trabajo, absentismo, falta de compromiso en el trabajo e incluso al abandono de la profesión, todo esto influyendo en el rendimiento académico del alumnado. Pudiendo presentar también consecuencias psicosomáticas como alteraciones cardiorrespiratorias, trastornos del sueño y vértigos, conductuales entre ellas conductas adictivas y conflictos interpersonales, emocionales como distanciamiento afectivo y también alteraciones mentales presentando agotamiento, fracaso y pobre realización personal.


Extraído de:
La prevención y el afrontamiento del síndrome de burnout en los docentes de Educación Primaria
Autor: Francisco Andrés Tudela Carrillo
Universidad Internacional de La Rioja Facultad de Educación
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